FERNANDO VII... Y EL COJÍN QUE CAMBIÓ ESPAÑA
Hoy toca hurgar en el lecho conyugal de Fernando VII, el "Rey Felón", un monarca que consiguió la proeza de ser odiado por casi todos sus súbditos y, muy especialmente, por sus cuatro esposas. Pero más allá de su nefasta gestión política, que eso no admite mucha discusión, el destino de España se decidió entre las sábanas por una cuestión de tamaño... y desproporción.
A Fernando VII le llamaban "el Deseado", pero en las distancias cortas debía ser "el Temido". El hombre padecía "macrosomía genital", un término médico elegante para decir que la naturaleza se había excedido con él. Los cronistas de la época —y los informes de los embajadores franceses, que se regodeaban en el chisme— describían su anatomía como una "porra de feria": fina en la base y desmesurada en la punta. Para que os hagáis una idea del drama: su tercera esposa, María Amalia de Sajonia, huyó despavorida de la cámara real en su noche de bodas, convencida de que aquello era un instrumento de tortura y no un atributo real. Hubo que pedirle al Papa que interviniese.
Cuando llegó la cuarta esposa, María Cristina de Borbón, la cuestión ya no era solo de alcoba, sino de supervivencia dinástica. Si Fernando no engendraba un heredero, el trono pasaría a su hermano Carlos María Isidro, el líder de los absolutistas más recalcitrantes.
El problema era que el Rey, literalmente, destrozaba físicamente a sus reinas. ¿Cómo asegurar la sucesión sin mandar a la madre del heredero directamente al camposanto? Aquí es donde entra en juego una de las soluciones técnicas más bizarras de nuestra historia: "el cojín con agujero". Según la tradición (y los mentideros de la Corte), los médicos de palacio diseñaron un rodete de seda y terciopelo. Este ingenio actuaba como un "tope", un airbag de la época diseñado para que el ímpetu y el volumen del monarca no causaran daños irreparables. Gracias a esta maniobra de ingeniería erótica, el "trabajo" se pudo completar y nació la futura Isabel II.
Pero cuidado, que no decimos que un cojín pueda provocar una guerra civil por sí solo. El verdadero "explosivo" fue la Pragmática Sanción, por la que Fernando VII, sabiendo que su hija Isabel era su única baza, desempolvó este decreto que permitía reinar a las mujeres, anulando la Ley Sálica. Al hacerlo, le quitó el caramelo del trono a su hermano Carlos. Así que, si a una anatomía desproporcionada le añadimos un cojín que permitió el milagro biológico y rematamos con un cambio legal de última hora que enfureció a los absolutistas, tenemos el cóctel explosivo que desencadenó la Primera Guerra Carlista (y miles de muertes).
Seguro que la próxima vez que visitéis el Museo del Prado os detenéis ante el retrato de Fernando VII y lo miráis... con otros ojos.
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