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Jumaat, 3 April 2026

 Domingo Cano Valverde


 


 Alfonso Cabañas Rodríguez


 Marga Gracia


 



 




#TalDíaComoHoy de 1939 terminó la Guerra Civil española con la derrota de la Segunda República.

El 1 de abril de 1939, tras casi tres años de guerra, el bando sublevado proclamó su victoria. La guerra no fue un “conflicto entre hermanos”, sino la consecuencia de un fracasado golpe de Estado reaccionario contra la Segunda República y, en particular, contra el gobierno del Frente Popular.

La República, con todas sus contradicciones y límites, fue percibida como una amenaza por las élites económicas, sectores del ejército y la jerarquía eclesiástica, que desde muy temprano conspiraron para derribarla. Frente al golpe, el pueblo trabajador respondió con una movilización masiva: milicias populares, organización obrera y una resistencia que logró frenar el avance inicial de los sublevados en ciudades clave como Madrid. Posteriormente, el Ejército Popular trató de reorganizar la defensa, destacando episodios como la batalla del Ebro, en un esfuerzo desesperado por cambiar el curso de la guerra.

Sin embargo, la República combatió en condiciones profundamente desiguales. La política de “no intervención” impulsada por Reino Unido y Francia bloqueó el acceso del gobierno legítimo a armamento, mientras la Alemania nazi y la Italia fascista apoyaban abiertamente a los golpistas con aviación, tropas, armamento y asesoramiento militar. Frente a ello, la República solo contó con el apoyo sostenido de la Unión Soviética, México y la solidaridad internacional de las Brigadas Internacionales.

En el tramo final de la guerra, cuando la derrota militar era ya muy probable, las divisiones internas se agravaron. El golpe de Estado del coronel Casado en marzo de 1939, dirigido contra el gobierno de Negrín y con el objetivo declarado de negociar una paz con Franco, desarticuló la resistencia republicana en su momento más crítico. Lejos de lograr una salida negociada, precipitó el colapso definitivo del frente republicano.

La victoria de los sublevados no fue inevitable ni fruto de una supuesta superioridad moral, sino el resultado de la decisiva ayuda exterior fascista, la superioridad material y la asfixia internacional de la República, agravadas por conflictos internos en una situación límite.

El triunfo franquista dio paso a un régimen basado en el terror sistemático: ejecuciones masivas, cárceles, campos de concentración, depuración política y persecución brutal contra republicanos, comunistas, sindicalistas y cualquier forma de disidencia. El franquismo no buscó reconciliación alguna, sino la eliminación del adversario político y social.

La guerra española puso de relieve tanto el valor de los combatientes republicanos como las graves dificultades derivadas de la falta de armamento moderno y de la insuficiente coordinación inicial. Fue una escuela dura, pero llena de enseñanzas militares.”

-Batov, P. (1962). En campañas y batallas.




 

Un día como hoy, el 1 de abril de 1939, termina la guerra civil española, con la trágica victoria del general Franco y sus fuerzas fascistas. Los trabajadores se organizaron ampliamente en la anarquista CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y en la socialista UGT (Unión General de Trabajadores), comenzaron una revolución social en 1936 y habían hecho retroceder la toma del poder por parte de los militares de derecha. Sin embargo, tras cerca de 3 años de intensa batalla, las fuerzas antifascistas fueron superadas por la fuerza bruta.

Mientras los “aliados democráticos” de la República como el Reino Unido bloquearon España, la Alemania nazi y la Italia fascista enviaron ayuda militar para los nacionalistas en el enfrentamiento.

Luego de cientos de miles de muertes, muchos de los antifascistas que sobrevivieron se vieron forzados a dejar el país para evitar los asesinatos masivos que eliminaron a miles. Los refugiados españoles fueron internados en campos de concentración en Francia, que luego quedaron bajo el control nazi durante la ocupación alemana. Aun así, una gran cantidad de veteranos de la guerra civil se unió a los movimientos de resistencia y ayudaron a liberar Francia.


 


 


Exorcistas, Vaticano y miedo: entre hechos reales y superstición institucionalizada

Con fecha 25 de marzo de 2026, medios internacionales publicaron la siguiente noticia: “Exorcistas profesionales visitan al papa León XIV y hacen advertencia ‘demoníaca’”. Según la información, representantes de la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE) advirtieron al papa que se estaba registrando un “preocupante aumento mundial del ocultismo, esoterismo y satanismo”, por lo que le solicitaron “que cada diócesis católica del mundo cuente con ‘uno o más’ sacerdotes exorcistas debidamente capacitados” [1] [2] [3].

Sí, leyeron bien: “Exorcistas profesionales”, “advertencia demoníaca”, “Asociación Internacional de Exorcistas”, ocultismo, esoterismo y satanismo. ¿Es esto serio? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI todavía sigan las iglesias cristianas explotando ese lenguaje arcaico y supersticioso que corresponde a la etapa más oscura del pensamiento mágico de la humanidad? ¿Los medios modernos no tienen vergüenza de publicar este tipo de “información”, retratándose los redactores como personas del peor nivel de ignorancia? ¿Es esta clase de noticas acaso un distractor? ¿En serio personas tan instruidas como sacerdotes, papas o cardenales, creen en este tipo de absurdidades? ¿Cómo es posible que a estas alturas de la civilización todavía pueda existir algo como una Asociación Internacional de Exorcistas? ¿Cómo es posible que puedan existir “exorcistas profesionales” autorizados por el papa? ¿Por qué juegan con la ignorancia de la gente de esa forma tan descarada?

Aunque claro, debemos reconocer que la “noticia” fue divulgada, como suele ocurrir, con buena dosis de dramatización. Porque sí, en efecto, hubo contacto entre representantes de la AIE y el papa el pasado 13 de marzo. Y sí, en esa reunión se presentó un informe pidiendo más “exorcistas” por diócesis y mejor “formación” para los sacerdotes. El Vaticano no desmintió la reunión ni su agenda. Pero también los hechos fueron divulgados con un tono alarmista —casi apocalíptico— con frases dramáticas como “ataques demoníacos” o “advertencia global”. Por lo que una vez más, la maquinaria del miedo y del fomento de la ignorancia de los medios de comunicación, parece haber hecho su trabajo.

Como sea, uno se pregunta: ¿La Iglesia católica no tiene asuntos más serios en qué ocupar su tiempo? ¿Acaso los medios de comunicación no tienen eventos verdaderamente importantes sobre los cuales informar?

Comencemos por explicar que el exorcismo es, en esencia, un ritual mágico: una serie de oraciones, gestos simbólicos y objetos “sagrados” —crucifijos, agua bendita, reliquias— utilizados para expulsar supuestos “demonios”. Es una práctica supersticiosa que descansa sobre una cosmovisión antigua en la que las enfermedades mentales y neurológicas eran interpretadas como “posesiones demoníacas”. Y en ese contexto cultural, no sorprende que los evangelios muestran a Jesús como un verdadero experto exorcista y conocedor de esta clase de seres imaginarios (Mateo 12:43-45, Mateo 17:16-21, Marcos 9:25-29, Lucas 11:24-26), expulsando “espíritus inmundos” en episodios que hoy pueden leerse más como testimonios de ignorancia médica, que como hechos sobrenaturales.

Evidentemente, los autores del Nuevo Testamento creían en demonios, magia, milagros y toda una fauna sobrenatural. Para ellos, un ataque epiléptico o un trastorno psicótico no eran condiciones clínicas, sino manifestaciones de entidades malignas. Y esa visión, lejos de desaparecer, ha sido preservada y promovida durante siglos por las instituciones religiosas.

La propia Iglesia católica no sólo ha tolerado estas absurdas creencias, sino que las ha institucionalizado. Un ejemplo emblemático es el famoso cura italiano Gabriele Amorth (1925-2016), quien fue exorcista oficial de la diócesis de Roma —cazador de demonios del Vaticano— y fundador de la Asociación Internacional de Exorcistas, la cual presidió desde 1990 hasta el año 2000. Amorth escribió varios libros sobre el tema, y aseguraba haber realizado miles de exorcismos, llegando a afirmar que Satanás debía tenerle miedo a él. Todo eso, bajo la vista paciente y consentidora del Vaticano (¿no es esto tragicómico?). Lamentablemente su figura no es marginal, sino representativa de una estructura que legitima y difunde este tipo de prácticas en una época en que tenemos el conocimiento al alcance de la mano.

La reciente reunión —sobredimensionada por los medios de comunicación— entre supuestos “exorcistas” y el papa, encaja perfectamente en esta lógica: reforzar la idea de que el mal tiene un origen sobrenatural, y que la Iglesia posee herramientas exclusivas para combatirlo. Y la petición de que cada diócesis tenga uno o más “exorcistas” no es un detalle menor; es la expansión formal de una creencia que, desde una perspectiva científica, carece de fundamento.

Hoy sabemos que los fenómenos atribuidos a “posesiones” tienen explicaciones médicas bien documentadas. Patologías como la epilepsia, la esquizofrenia, el síndrome de Tourette o los trastornos disociativos, pueden provocar comportamientos que, en épocas antiguas, se interpretaban como “posesión demoníaca”. Pero entendámoslo de una vez: no hay espíritus, lo que hay son cerebros complejos, vulnerables y, en muchos casos, tratables.

Sin embargo, aceptar esto implicaría desmontar una narrativa que ha sido muy útil a las religiones durante siglos. La idea de uno o más “demonios” —o supuestos “espíritus” de cualquier naturaleza— no sólo explica lo inexplicable para quienes desconocen la ciencia, sino que también refuerza la autoridad de quienes dicen poder enfrentar esta clase de seres inexistentes.

Y en este contexto, no resulta descabellado afirmar que el “exorcismo” forma parte de un sistema más amplio de control simbólico. Que forma parte del negocio del miedo. Al presentar el mundo como un campo de batalla entre fuerzas invisibles (e inexistentes), se genera dependencia: el creyente necesita intermediarios, rituales, objetos o sustancias mágicas, y protección constante. Y mientras exista ese miedo, existirá también quien lo administre.

En resumen, la noticia sobre la “advertencia demoníaca” que los “exorcistas profesionales” le hicieron al papa —o que fingieron hacerle, porque dudamos que crean realmente en esas sandeces— no es más que la versión moderna de un viejo mecanismo: tomar un hecho real, adornarlo con elementos sobrenaturales, y amplificarlo hasta convertirlo en una amenaza global (y por supuesto, sacarle provecho). No hace falta que sea completamente falso; basta con que sea lo suficientemente sugestivo.

Al final, no hay evidencia de una “alarma demoníaca global”, pero sí hay evidencia de algo mucho más tangible y verdaderamente alarmante: la persistencia de creencias antiguas tan dañinas en pleno siglo XXI, sostenidas por instituciones que, lejos de promover el pensamiento crítico, continúan alimentando narrativas sobrenaturales.

El exorcismo no es una solución a problemas reales; es, en el mejor de los casos, una reliquia cultural. Y en el peor, una forma de desinformación que desvía a las personas de la ayuda médica que realmente necesitan.

[Godless Freeman]


 Estampas callejeras


 


Pecado y Delito

 


La moral no puede depender de una confesión de último minuto.

Convertir el arrepentimiento en pase automático al cielo trivializa el daño real.

Un sistema que absuelve crímenes con palabras finales no es justicia, es teatro.

La ética no nace del miedo al castigo eterno, sino de la empatía y la responsabilidad.

Premiar la fe sobre los actos es una inversión peligrosa de valores.

Quien hizo daño deja víctimas, no “pecados borrables”.

La idea de infierno para quien piensa distinto es control, no verdad.

Ser buena persona no debería necesitar aprobación divina.

La conciencia humana vale más que cualquier dogma heredado.

La justicia real se construye aquí, con hechos, no con creencias..


 Ricardo Jorba Estorch


 

En nuestro país la ignorancia lingüística es abismal y para más INRI nos ponen señales de tráfico en inglés: (STOP). En Sudamérica, mucho más inteligentes, la señal dice (PARE). Aquí NADIE (HE VISTO SALTARSELO HASTA LA POLICÍA) respeta la señal y quiero pensar que el motivo es que no saben inglés.

 


 Jerome García Blanco


 Paco Catalán


 



¿JESÚS DIÓ SU VIDA, O ROMA LA ARREBATÓ?

Jesús NO podía "dar su vida" por nadie, mucho mejor por el "mundo entero", ya que esto sería ir en contra de su fé, de su religión y en contra de la voluntad de su Padre yahvéh reflejada en la Tanaj Hebrea.

Esta es una distinción histórica fundamental y, para muchos historiadores, el "punto de ruptura" entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe.

Desde una perspectiva estrictamente política y penal del siglo I: Jesús fue ejecutado por el Imperio. No fue un suicidio asistido ni un ritual religioso organizado; fue una operación de orden público.

Contextualicemos:

1. La crucifixión como castigo político.

Roma no crucificaba a personas por blasfemia religiosa o por cuestiones internas de la Ley Judía; para eso estaba la lapidación. La crucifixión era el castigo romano para los sediciosos, rebeldes políticos y esclavos fugados.

El cargo oficial (el titulus sobre la cruz) era "Rey de los Judíos". Para Poncio Pilato, Jesús NO era un "sacrificio por el pecado", sino una amenaza al orden imperial, un pretendiente al trono que desafiaba la soberanía del César.

2. El "Fracaso" del Mesías.

Para cualquier observador en el año 30 o 33 d.C., la escena en el Gólgota no era un acto de salvación, sino una derrota aplastante.

Si Roma tomó su vida, significaba que el sistema imperial había ganado y que las pretensiones de Jesús sobre el "Reino de Dios" habían muerto con él.

La idea de que él "entregó" su vida voluntariamente es la reinterpretación teológica posterior que permitió a sus seguidores procesar el trauma de ver a su líder aniquilado por el poder romano.

3. La agencia de Jesús vs. la fuerza de Roma.

Existe un debate intenso sobre cuánta "agencia" tuvo Jesús en su final.

Perspectiva histórica: Jesús pudo haber sido consciente de que su entrada en Jerusalén y el incidente en el Templo provocarían una respuesta violenta de Roma, pero eso no es lo mismo que "querer morir" para "perdón de pecados" o para fundar una religión (cristiana), si no es el riesgo que asume cualquier activista o profeta radical.

Perspectiva teológica: Los Evangelios (escritos después de la caída de Jerusalén) intentan suavizar la culpa de Roma y presentar a un Jesús que tiene el control total, diciendo: "Nadie me quita la vida, yo la doy por mí mismo". Pero esta narrativa escrita o construida posteriormente para dar propósito a una tragedia.

Al afirmar que "Roma tomó su vida", situamos a Jesús en su contexto real: un hombre judío bajo la ocupación de un imperio brutal que no toleraba disidentes.

La "necesidad" de que fuera a la cruz parece ser, entonces, una construcción para explicar por qué el Reino de Dios que él anunció no llegó de la forma en que todos esperaban.

Es muy posible que, si Jesús hubiera sabido que su muerte se interpretaría como un sacrificio ritual, algo considerado abominable en su religión, habría cambiado su estrategia en Jerusalén...

"No siempre es como nos contaron"

Referencias:

Paula Fredriksen, "De Jesús a Cristo"

John Dominic Crossan "Jesús: Vida de un campesino judío"

Bart D. Ehrman, "Jesús: El profeta apocalíptico del nuevo milenio"

 


LIMPIEZA EN ESPAÑA

El Gobierno de Pedro Sánchez, a través de la Ley de Memoria Democrática (Ley 20/2022), ha impulsado la retirada de monumentos y símbolos que exalten el levantamiento militar, la Guerra Civil y la dictadura franquista. El objetivo es eliminar cualquier vestigio de la dictadura de los espacios públicos, con excepciones para los que tengan un valor artístico, arquitectónico o religioso protegido.

Situación Actual (Febrero de 2026).

Base Legal: La Ley de Memoria Democrática establece la obligación de retirar escudos, insignias, placas y menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del franquismo de edificios y espacios públicos.

Catálogo de Símbolos: El Gobierno anunció en octubre y noviembre de 2025 la creación y próxima publicación de un catálogo estatal con aproximadamente 4.000 símbolos franquistas (vestigios) que deben ser retirados. Este catálogo servirá de base para las actuaciones de retirada.

Implementación: La implementación de la ley recae en diversas administraciones locales y regionales, y su progreso es desigual. Recientemente, en febrero de 2026, asociaciones de memoria histórica han criticado al Gobierno por la lentitud en la retirada de algunos símbolos, como el Arco de la Victoria en Madrid, y han acudido a la fiscalía para denunciar el incumplimiento de la ley en ciertos casos.

Acciones Previas Destacadas:

Una de las acciones más significativas llevadas a cabo por el gobierno de Sánchez fue la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos (ahora Valle de Cuelgamuros) en 2019, en cumplimiento de los objetivos de la ley.

Excepciones: La ley contempla excepciones si los elementos tienen un "valor artístico, arquitectónico o religioso" reconocido.

La intención del Gobierno es clara, y está respaldada por una ley vigente, pero la retirada completa de todos los vestigios es un proceso en curso que enfrenta desafíos prácticos y legales.

Tengan paciencia.

 


 


 


 


Khamis, 2 April 2026

 


 


 


 


 Franco Ferguson


 


El 29 de marzo de 1956 murió trágicamente a los 14 años Alfonso de Borbón y Borbón, infante de España, hijo de Juan de Borbón y hermano menor del rey Juan Carlos I.

Aquel día de 1956, festividad de Jueves Santo, Alfonso comenzó el día acudiendo junto a toda su familia a la misa matutina. A primera hora de la tarde, Alfonso debía acudir al Club de Golf de Estoril, donde competía en la Taça Visconde Pereira de Machado. Alfonso era un apasionado de este deporte, al igual que su padre, algo que le había acercado mucho a este. Aquel día Alfonso disputó, y ganó, la semifinal de la competición. Tras ello, regresó a Villa Giralda, hogar de la familia real desde 1949, junto a su padre y su hermano, que le habían acompañado al torneo. La familia al completo volvería a salir una vez más, esta vez para asistir a la misa vespertina que se iba a celebrar a las seis de la tarde. Acabada la celebración eucarística, y debido al mal tiempo, todos regresaron a la casa para pasar el resto de la tarde.

Alfonso y Juan Carlos subieron a la planta de arriba. Hacia las ocho, jugueteando con un arma corta, Alfonso recibió un disparo. La bala provenía de un revólver de pequeño calibre disparado por su hermano, que, salvo que afectara a zonas vitales, era prácticamente inofensiva; pero a Alfonso le alcanzó la cabeza, por lo que murió de forma casi instantánea.

Cuando los condes de Barcelona subieron al cuarto de juegos, su hijo menor yacía sobre un charco de sangre. Pese a los esfuerzos del padre por reanimarle, el infante murió en sus brazos. Acto seguido, Juan, según diversas fuentes, cubrió el cuerpo de su hijo con una bandera de España y, volviéndose hacia Juan Carlos, le espetó: «¡Júrame que no lo has hecho a propósito!». A las ocho y media, Joaquín Abreu, el médico de la familia acudió a Villa Giralda, pero no pudo salvarle.

Al día siguiente, la prensa portuguesa publicó el comunicado oficial que había emitido la embajada española:

Mientras su Alteza el Infante Alfonso limpiaba un revólver aquella noche con su hermano, se disparó un tiro que le alcanzó la frente y le mató en pocos minutos. El accidente se produjo a las 20:30, después de que el Infante volviera del servicio religioso del Jueves Santo, en el transcurso del cual había recibido la santa comunión”.

La versión oficial del Gobierno español difería mucho de la realidad, pues Franco en persona había impuesto que se silenciaran los detalles sobre lo ocurrido. Sin embargo, en los días siguientes, se supo que era Juan Carlos quien sostenía el arma, así que fue la disparidad de versiones, más que el hecho en sí, lo que sembró las dudas entre parte de la opinión pública. Las circunstancias exactas no se conocen con seguridad y las versiones varían más o menos según la persona que las cuente. El propio Juan Carlos contó a su amigo Bernardo Arnoso que había apretado el gatillo desconociendo que el revólver estaba cargado y que, tras rebotar en una pared, impactó en el rostro de su hermano.

María de las Mercedes aseguró en su autobiografía que el conde de Barcelona había prohibido jugar a sus hijos con la pistola porque el día anterior habían estado disparando a las farolas. Pero que, aquella tarde, los infantes habían cogido igualmente el arma para disparar contra una diana. Poco después de las ocho el arma se disparó. Posteriormente, la misma María de las Mercedes sugirió la posibilidad de que su hijo Juan Carlos apuntara en broma a Alfonso y disparara sin percatarse de que el arma estaba cargada. Según un reportaje de la periodista Françoise Laot, basado en las entrevistas concedidas por María de las Mercedes, habría sido la propia condesa de Barcelona la que abrió el secreter donde se guardaba el arma, permitiendo a sus hijos que jugaran con ella.

Otra versión sobre lo ocurrido en el cuarto de juegos fue probablemente sugerida por la infanta Pilar, hermana de Alfonso y Juan Carlos. Según este relato, Alfonso regresaba al cuarto de juegos con las manos ocupadas llevando algo de comer para él y su hermano y empujó la puerta con el hombro. Al abrirse súbitamente, la puerta golpeó el brazo de Juan Carlos provocando que este accionara involuntariamente el gatillo. La bala saldría disparada, entonces, justo en el momento en el que Alfonso accedía a la habitación.

Alfonso fue enterrado el 31 de marzo en el cementerio de Cascais. A su funeral, oficiado por el nuncio papal en Portugal, asistieron diversas personalidades de varios países, entre ellas, Francisco Craveiro, presidente de la República Portuguesa, que acudía en representación del Gobierno luso. Una vez acabados los actos, don Juan arrojó el revólver al mar. Sobre esta arma, el historiador Paul Preston, autor del libro Juan Carlos. El rey de un pueblo, comenta que se ha especulado mucho sobre su origen y que existen diversas versiones, tales como que se trataba de un regalo que Franco había hecho a Alfonso; que el regalo era del conde de los Andes; o que alguien se la había dado a Juan Carlos en la Academia Militar. Sobre este tema, en la citada autobiografía de María de las Mercedes se puede leer: «[...] de Madrid habían traído los hermanos una pequeña pistola de seis milímetros, que nunca se ha contado quién les regaló».

Alfonso permaneció enterrado en Portugal durante treinta y seis años hasta que, a petición de su padre, fue trasladado a España, ya durante el reinado de Juan Carlos. En octubre de 1992, sus restos fueron exhumados y trasladados a su morada definitiva, en el Panteón de Infantes del Monasterio de El Escorial.

Como consecuencia de la tragedia, Juan Carlos, que se volvió taciturno y retraído, fue enviado de vuelta a Zaragoza, mientras que su madre cayó en una profunda depresión por la que hubo de ser ingresada durante un tiempo en una clínica cercana a Fráncfort.

En los meses siguientes, Jaime de Borbón, tío de los infantes, enfrentado con el conde de Barcelona por cuestiones dinásticas, criticó la actuación de su hermano y exigió que se llevara a cabo una investigación judicial. Sobre ello, el historiador Paul Preston opinó que «la mezcla de insensibilidad y pura malevolencia demostradas por don Jaime era inaudita».

Años más tarde, Franco, ante el propio conde de Barcelona, justificó con las siguientes palabras su idea de que lo mejor era mantenerle lejos del trono:

Mírese Vuestra Alteza a sí mismo: dos hermanos hemofílicos [Alfonso y Gonzalo], otro sordomudo [Jaime]; una hija ciega [Margarita]; un hijo muerto de un tiro [Alfonso]. A los españoles, tantas desgracias acumuladas sobre una sola familia no puede agradarles”.


 Jerome García Blanco


 


Este es el nivel.

"¿Me puede explicar alguien cómo coño puede plagiar uno, algo de lo que uno es autor?

Qué lo de los burdeles mediáticos que la organización criminal Partido Popular sostiene con nuestros dineros para esparcir sus mentiras y su odio parecen andar a la desesperada es obvio, pero que Inda, que es una de las rameras mediáticas que más oro recibe de todos los españoles, no se está ganando el dinero nuestro que en él invierte la banda bandolera Partido Popular está clarísimo, casi rayando la estafa, los franquistas del Partido Popular harían muy bien en dejar de hacer millonario con nuestros dineros a la furcia mediática Eduardo Inda y sostener su mediático burdel OKDiario, porque parece que no merece el dinero que le pagamos.

Menuda mierda de titular, si no sabe ni inventar, que cierre y corte el gas".(Josemi, María Quiñones.)


 


Carlos Merediz Pérez

Escuché esta anécdota en la radio hace unos días. En una charla que tuvo José Solís Ruiz, Ministro de Trabajo con Francisco Franco, con el Rector de la Universidad Complutense, el Profesor Muñoz Alonso, el Ministro le preguntó qué para que servía estudiar Latín. El Profesor le respondió:

"Por de pronto, señor ministro, para que a Su Señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa."