SaltimbanquiClicClic
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sábado, 28 de febrero de 2026
Cuando el cuerpo se convierte en cera
La saponificación es un fenómeno poco común, pero científicamente documentado. Ocurre cuando el tejido graso del cuerpo humano, bajo ciertas condiciones ambientales, se transforma en una sustancia cerosa conocida como adipocera, a veces llamada “cera de tumba”.
No es un proceso instantáneo ni misterioso.
Es química.
Para que suceda, deben coincidir varios factores: humedad constante, poco oxígeno y un entorno cerrado que impida la descomposición habitual. Criptas selladas, ataúdes herméticos o suelos anegados pueden crear ese escenario. En esas circunstancias, la grasa corporal se transforma gradualmente en una masa blanquecina o amarillenta, de textura firme y quebradiza.
El resultado puede ralentizar considerablemente la descomposición y preservar rasgos físicos durante largos periodos.
La saponificación es más probable en cuerpos no embalsamados y en personas con mayor cantidad de tejido adiposo, ya que es la grasa la que experimenta la transformación química. No implica violencia ni intervención externa. Es un proceso natural condicionado por el entorno.
Uno de los casos más conocidos es el de la llamada “Dama del Jabón”, conservada en el Museo Mütter de Filadelfia. Su cuerpo, fechado probablemente en la primera mitad del siglo XIX, presenta una transformación casi completa en adipocera. Las condiciones del lugar donde fue hallada favorecieron la conservación, convirtiéndola en un ejemplo ampliamente estudiado por la ciencia forense.
Más allá de lo llamativo del fenómeno, la saponificación ha ayudado a los investigadores a comprender mejor los procesos de descomposición y preservación en contextos específicos.
A veces, la naturaleza no solo descompone.
También conserva.
Y lo hace siguiendo reglas invisibles que la ciencia apenas logra descifrar.
Felipe VI explicando a sus hijas como su Superabuelo salvó al País de la tiranía del ejército. -Y entonces fue cuando un señor llamado Tejero grito aquello de Todos al suelo con una pistola de agua en la mano y el abuelo JuanCa le contestó con una de sus míticas frases: Por qué no te callas. Y así gracias al abuelo en nuestra familia volvimos a ser felices y a comer perdices, langostinos, caviar, langostas…
Necesitaba una buena recomendación para subir a los cielos y parece ser que la tuvo
El estado de salud de Tejero había sido motivo de preocupación en los últimos meses. Es más, el pasado octubre se debatió entre la vida y la muerte, llegando incluso a recibir la extremaunción a manos de su hijo Ramón.
Ramón Tejero es el tercero de los seis vástagos que Antonio tuvo con su mujer, Carmen Díez Pereira. Durante los últimos años de vida de su padre, fue uno de sus principales apoyos. Su unión era tal que, estando el exteniente en prisión, solicitó un permiso penitenciario para acudir a la ordenación como sacerdote de su hijo.
La ordenación tuvo lugar en 1989 en el Convento de la Visitación de Santa María en la calle madrileña de Santa Engracia. Un acto en el que estuvieron presentes, entre otros, Mariano Sánchez Covisa o Camilo Menéndez. Y es que, a diferencia de sus hermanos, Ramón tenía claro desde bien joven que lo suyo era la vida sacerdotal.
Conocido en su entorno más cercano como Moncho, estudió Filosofía y Teología en el Seminario Mayor de Toledo. Más tarde, estuvo en la localidad peruana de Cuzco con motivo de una breve estancia misionera.
En un primer momento, fue párroco de la Iglesia de Santa Teresa en la cala de Mijas, en Málaga. Después, a mediados del año 2020, se trasladó a la parroquia de la Virgen Madre de Nueva Andalucía, en Marbella. Aquí, cabe destacar que sustituyó a Pedro Villarejo, hermano del excomisario José Manuel Villarejo (74).
Daniel
Hidalgo