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viernes, 10 de julio de 2026

 



 Sol y Alegría

¡EL MAYOR ESCÁNDALO DE LA IGLESIA QUE TE PONDRÁ LOS PELOS DE PUNTA! Pasó por santo durante 60 años, fundó un imperio mundial de colegios y universidades, y era el protegido de los hombres más poderosos de la Tierra. Pero detrás de su carisma impecable, Marcial Maciel ocultaba una doble vida monstruosa que sacudió al Vaticano hasta sus cimientos más profundos. ¿Cómo pudo un depredador con sotana engañar al mundo entero y violar la confianza de decenas de jóvenes sin levantar sospechas? Descubre toda la verdad oculta y los escalofriantes secretos de esta caída histórica. ¡Los detalles completos de la historia que nadie quería contar te esperan en el enlace del primer comentario!


La armadura de la mentira: Cómo Marcial Maciel construyó un imperio intocable y la verdad que sacudió los cimientos de la Iglesia Católica

La historia de la Iglesia Católica en el siglo XX está repleta de figuras que alcanzaron un estatus casi celestial en vida, hombres cuya obra parecía tocada por el dedo de la divinidad. Sin embargo, ninguna de estas trayectorias resulta tan vertiginosa, dolorosa y aleccionadora como la de Marcial Maciel. Nacido en Michoacán, México, en 1920, este hombre no fue un sacerdote común de una parroquia perdida. A los 21 años fundó los Legionarios de Cristo y el movimiento laico Regnum Christi, organizaciones que en pocas décadas se convirtieron en una de las fuerzas más pujantes, influyentes y millonarias del catolicismo moderno. Para el mundo entero, Maciel era un milagro viviente, el "apóstol de la juventud" que llenaba seminarios cuando el resto del mundo se vaciaba. Pero detrás del brillo cegador de las aulas de prestigio, los altares perfectos y las fotografías junto a los pontífices, se escondía un abismo de perversión, crímenes y una doble vida monumental que tardó más de sesenta años en derrumbarse por completo.


Comprender la magnitud de la caída de Marcial Maciel exige, en primer lugar, entender cómo logró construir una armadura aparentemente impenetrable que hizo que cualquier acusación en su contra resbalara durante décadas. Maciel no confió su impunidad al azar; diseñó de forma meticulosa un escudo compuesto por tres piezas infalibles: un carisma magnético, un flujo inagotable de dinero y la protección de las más altas esferas del poder eclesiástico. Su personalidad seductora le abría las puertas de las familias más adineradas y de los despachos más influyentes, confundiendo el encanto con la bondad. A esto se sumaba su talento único como el mayor recaudador de fondos de la Iglesia moderna, atrayendo fortunas que financiaban colegios y seminarios en más de veinte países. Una organización que aporta tantos recursos se vuelve necesaria, y a los necesarios se les suele conceder el beneficio de la duda una y otra vez. La coraza definitiva la otorgaba su cercanía con el Papa Juan Pablo II, quien lo consideraba públicamente una guía para las nuevas generaciones. Ante semejante blindaje, ¿quién se habría atrevido a dar crédito a las denuncias de unos desconocidos contra el hombre al que el mismísimo Vicario de Cristo abrazaba ante las cámaras del mundo?

Sin embargo, toda armadura, por reluciente y costosa que sea, posee una grieta indispensable. En el caso de Maciel, esa hendidura la abrieron un puñado de hombres corrientes que, habiendo sufrido abusos en su adolescencia dentro de los seminarios de la congregación, decidieron que el silencio ya no era una opción soportable. Durante años, estas víctimas callaron ante el peso aplastante del prestigio de su agresor. Denunciar a un ídolo venerado mundialmente es una de las acciones más aterradoras e ingratas que un ser humano puede emprender, pues implica enfrentarse no solo al individuo, sino a un sistema entero que prefiere negar la verdad para evitar un daño institucional devastador. A pesar del aislamiento absoluto, en 1997, ocho hombres valientes, liderados en el testimonio público por figuras como el mexicano José Barba, dieron la cara en un pequeño periódico de Connecticut, Estados Unidos, revelando al mundo los horrores padecidos bajo el yugo espiritual de su fundador.


El camino hacia la justicia fue un calvario adicional para estas víctimas. Inicialmente, no hubo palabras de gratitud ni abrazos institucionales; por el contrario, fueron tildados de mentirosos, resentidos y enemigos de la fe que buscaban notoriedad o beneficios económicos. Las denuncias enviadas a Roma permanecieron encalladas y congeladas durante años debido a que los engranajes de la protección de Maciel seguían funcionando a la perfección. No obstante, la perseverancia tozuda de estos hombres demostró que la mentira no posee raíces eternas. La acumulación incesante de testimonios, sumada a la posterior e impactante revelación de que Maciel mantenía relaciones ocultas y había tenido descendencia secreta —contradiciendo radicalmente la castidad y pureza que predicaba en los altares—, hizo que el muro de contención cediera de forma irreversible.

La Iglesia se vio obligada a actuar ante una reality que ya no se podía ocultar debajo de toneladas de prestigio. En 2004, bajo el pontificado de Juan Pablo II, se abrió finalmente una investigación formal que culminó en 2006, cuando el Papa Benedicto XVI ordenó a Marcial Maciel retirarse de manera absoluta del ministerio y de la vida pública, condenándolo a un periodo de oración y penitencia. El fundador omnipotente e intocable era despojado de sus honores de un plumazo. A pesar de este dictamen histórico, la justicia de los hombres dejó una profunda sensación de amargura y vacío en las víctimas: Maciel falleció en 2008 por causas naturales a una edad avanzada, sin haber pisado jamás un tribunal penal ni haber respondido penalmente ante las leyes civiles por sus atrocidades.

La confirmación oficial definitiva llegó tras su fallecimiento. En 2010, la Santa Sede emitió un comunicado de una dureza sin precedentes, reconociendo que la vida de Maciel estuvo completamente desprovista de escrúpulos y verdadero sentimiento religioso, calificando sus actos como "comportamientos gravísimos y objetivamente inmorales" que constituían "auténticos delitos". Años más tarde, en 2019, la propia congregación de los Legionarios de Cristo publicó un informe histórico donde admitía que su fundador había abusado de al menos sesenta menores de edad, reconociendo además que la problemática se había extendido a otros miembros de la institución a lo largo de las décadas. Aunque tardía e insuficiente para reparar el daño psicológico y espiritual de los afectados, la verdad histórica quedaba sellada de manera oficial.

Este doloroso episodio deja grandes lecciones espirituales y humanas para el futuro de los creyentes y de la sociedad. En primer lugar, expone el peligro mortal del culto a la personalidad y de colocar a seres humanos de carne y hueso en pedestales de infalibilidad. Cuando se idolatra a un líder, se nubla la capacidad crítica de juzgar las acciones por sus frutos y se termina protegiendo, de forma involuntaria, al lobo que se disfraza de cordero. Las obras masivas y las recaudaciones millonarias sirvieron en este caso como un telón espeso para ocultar el mal más perverso. Asimismo, la historia reafirma un principio teológico fundamental: la fe cristiana no puede apoyarse jamás en la figura de un sacerdote, un obispo o un papa, sino única y exclusivamente en la figura de Jesucristo, el único cimiento que no se corrompe, no tiene dobles vidas y permanece inmutable frente a los escándalos humanos.

Por último, es fundamental recalcar que esta catástrofe institucional no debe utilizarse para juzgar o condenar en bloque a miles de personas honestas, laicos generosos y sacerdotes íntegros que formaron parte de la congregación y que resultaron ser tan engañados y traicionados como el resto del mundo. De las crisis más profundas y de las heridas severas, cuando se limpian con valentía y transparencia, emerge una Iglesia más humilde, más vigilante y firmemente comprometida con la protección de los más pequeños y vulnerables por encima de la defensa de su propia imagen institucional. Aunque Marcial Maciel eludió las prisiones terrenales, la lección final es un bálsamo de justicia divina y consuelo para las víctimas: ante el tribunal de Dios no existen escudos de dinero, influencias ni máscaras de santidad; allí, toda falsedad se desvanece como el humo y solo prevalece la verdad desnuda de lo que fuimos. La luz, aunque tarde décadas, siempre termina disipando las tinieblas más densas de la mentira.



 


 Francisco Cuadrado


 


 


 


Antonio Rodrigo Torrijos


¡PINCELADA!

A un paso de "elevar a Cruzada" el golpe de estado en marcha contra el Gobierno y la democracia.

Las declaraciones de Arguelles, Presidente de la Conferencia Episcopal, son la cobertura religiosa que les faltaba al conglomerado cavernario que viene organizando, planificadamente, la "salvación" de España y, de paso, la reducción de conquistas, derechos y libertades.

¡Vade retro, Satanás!




 



 

Pedro Javier González

POCA VERGÜENZA, SI QUE TIENE

El arzobispo de Valladolid, Sr. Argüello, Presidente de la Conferencia Episcopal Española, ha entrado a saco criticando las "paguitas" y las bajas laborales.

Vamos a ver Sr. Argüello, que un organismo como la iglesia católica, en un país como España, aconfesional, que recibe más de 11.000.000.000 millones de euros al año del Estado, se atreva a criticar eso de las paguitas, me parece aberrante, aunque claro, acostumbrados a recibir esa millonada, la ayuda que pueden recibir los necesitados, le parezca algo despreciable.

PAGUITAS, DICE AQUÍ EL SEÑOR ARZOBISPO




 


José Miguel

Permítame usted, Pérez, que hoy le hable de Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española. Y es que el bueno de don Luis ha vuelto a situar a la jerarquía católica en un terreno que no le corresponde: el del activismo político. La micción fuera de tiesto de monseñor, descalificando directamente al legítimo Gobierno de la nación, confundiendo, además, Gobierno con Estado, de forma tan gratuita como interesada, suma a la planta noble de la Iglesia católica al «quien pueda hacer que haga» decretado por el Don.

Cuando un responsable eclesiástico afirma públicamente que «cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones», no está haciendo una reflexión teológica ni un análisis moral abstracto; está lanzando una acusación explícita, revestida de autoridad religiosa, contra las instituciones democráticas del país. Y eso, en una democracia, aunque sea en una democracia tan presunta como la democracia española, merecería una crítica firme por parte de toda la sociedad, comenzando por las organizaciones políticas y terminando por doña Virtudes cuando vaya a comulgar en la misa de nueve. En democracia, el ciudadano Luis Argüello puede opinar lo que le plazca, pero el presidente de la Conferencia Episcopal, el presidente de los curas españoles, no puede meterse en jardines políticos, máxime cuando está aceptando el millonario óbolo anual del Estado, de ese mismo Estado que él define como «banda de ladrones». No parece ético, serio ni coherente, y se aproxima más al fanatismo ideológico.

Argüello sostiene que «a las pruebas» se remite, pero evita concretar cuáles son esas pruebas, qué tribunales las han validado o qué responsabilidades políticas han sido depuradas. La insinuación permanente, el dedo que apunta sin precisar, es una estrategia conocida: sembrar odio, inculcar sospechas sin asumir el coste de no ofrecer ninguna evidencia.

Más preocupante aún es la deriva discursiva que presenta a la ciudadanía como masa pasiva, anestesiada por ayudas públicas y convertida en súbdita agradecida. Esa caricatura que ha dibujado del Estado del bienestar —«te doy una paguita y eres bueno, dócil y agradecido votante»— no solo ignora la realidad económica de millones de familias, que lo están pasando muy mal por culpa de un sistema depredador y avaricioso, de un liberalismo absolutista y criminal, sino que reproduce un viejo paternalismo eclesial que pretende dictar cómo debe comportarse el buen cristiano, en un país como España, sujeto aún a la cadena religiosa y en el que la secta católica mantiene una enorme influencia entre la población.

La apelación a san Agustín y a la ética pública podría ser una contribución valiosa, interesante incluso, si se hubiera hecho desde la prudencia y el respeto institucional. Pero cuando se utiliza para desacreditar al Gobierno en bloque, sin matices ni rigor alguno, se convierte en una navaja política más clavada en la espalda del Ejecutivo, a traición, con prensa y alevosía, a modo de agravante.

En un momento de polarización social extrema, los españoles necesitamos voces que unan, no púlpitos que señalen enemigos potenciales y alimenten la hoguera de la intransigencia. Si la Conferencia Episcopal quiere participar en el debate público, debería hacerlo con responsabilidad, sin convertir la crítica moral en munición partidista. Si lo que pretende es intervenir en la vida política de España, lo que debe hacer es concurrir a las elecciones.

En cualquier caso, Pérez, me parece una necedad empapar todos los años con una lluvia de millones procedentes de los Presupuestos Generales del estado a unos tipos que nos consideran —todos somos el Estado— unos ladrones.

¿No cree usted, Pérez?




 

Teresa Algaba Galan

MENUDA SECTA!!. """YA ESTA BIEN""¿ QUE DIRIA JESUCRISTO DE LO QUE HACEN, DICEN Y PECAN? MUYSENCILLO LES ECHARUA DEL TEMPLO COMO A LOS FARISEOS MERCADERES QUE MENTIAN Y ROBABAN.

YA ESTA BIEN DE EXPLOTAR UNA HISTORIA TAN BIEN INVENTADA Y ARGUMENTADA. "" EL GUION YA ESTA:PASADO DE SIGLO.

"" SOIS UNOS P E C A D O R E S, """""""""MA N I P U L A D O R E S"""""


 Rafael Ruiz



 


Argüello dice que no llamó “ladrones” a los miembros del Gobierno: “Cada uno verá por qué se siente aludido”

elDiario.es

10-7-26


El presidente de la Conferencia Episcopal y arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, ha sostenido este viernes que él ayer no habló del Gobierno cuando dijo que “cuando un Estado olvida la ética se convierte en una banda de ladrones”, aunque “cada uno verá por qué se siente aludido”· En declaraciones a los medios en Valladolid tras la firma de un convenio sobre conservación de patrimonio, Argüello ha dicho que se trata de una cita de San Agustín y de Benedicto XVI que hacían “una apelación a la hora de la regeneración democrática a la responsabilidad de todos los ciudadanos”.

Sobre la carta que le ha enviado el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, por su alusión a la “banda de ladrones”, y en la que el político se pregunta sobre que pasaría si se calificara “a la Iglesia como una banda de agresores sexuales?”, lo que “sería falso y profundamente injusto”, el prelado ha dicho que la Iglesia en su conjunto ha asumido la responsabilidad por lo ocurrido con algunas personas.“La Iglesia en su conjunto ha asumido la responsabilidad por lo ocurrido hace años por algunas personas, y hemos firmado un acuerdo con el Estado una obligación moral”, ha respondido Argüello sobre esa misiva.

El presidente de la Conferencia Episcopal no ha querido entrar en más detalles sobre una carta que considera una “correspondencia que debería ser privada”.“A mí siempre me alegra que podamos dialogar; lo que me extraña siempre de las cartas es que lleguen antes a los medios de comunicación que al destinatario”, ha zanjado.

Argüello ha incidido en que su participación ayer en el curso El colapso de la democracia, la oportunidad para una geopolítica al servicio del ser humano organizado por la Fundación Pablo VI fue una intervención académica en la que dijo que “no teníamos derecho los ciudadanos a criticar a nuestros responsables políticos si nosotros no teníamos el mismo código moral con el que criticamos”.

Luego, a la hora de poner los ejemplos en un aula, en un intercambio, pues uno puede ser más afortunado o menos en las expresiones, pero en la cuestión de fondo es hacer un llamamiento a la responsabilidad de todos”, ha analizado. Argüello ha explicado que aunque los medios tienen que hacer titulares, y él lo entiende, “al poner el foco en parte de las palabras se desenfoca”.

En cuanto a si cree que ayer en su intervención cuidó el lenguaje, como reclamó el papa León XIV en su visita a España, cuando aludió a que el Estado no se convierta en una “Cáritas laica que da limosnas”, subvenciones o pagas, ha reconocido que a veces es “muy espontáneo” y no lo hace bien, aunque ha insistido en que se trató de una intervención académica.

Sobre si sigue manteniendo que las terapias de conversión son acompañamientos, Argüello ha defendido que él siempre ha manifestado, y también ayer, que es “contrario a las terapias de conversión”. “Lo que dije ayer, y se lo he dicho a Ana Redondo -la ministra de Igualdad- en algún otro momento, que no vale penalizar las terapias de conversión y canonizar las terapias afirmativas que es lo que hacen las exposiciones de motivos de las leyes ofrecidas”, ha reflexionado.

Terapias de conversión no, pero terapias afirmativas tampoco, porque si no, el Estado se convierte en un Estado confesional de una determinada antropología; y yo defiendo un Estado confesional, pero para todo, no siendo confesional de modelos antropológicos”, ha concluido.



 Magda Sicilia Navarro


 


Tiene 450.000 casos de abusos a menores entre sus compañeros, se financian con el dinero de nuestras rentas, no declaran el robo del "cepillo", adoctrinan en iglesias y templos que construyó con muchísmo esfuerzo el pueblo llano, siguen haciendo negocio con manipular conciencias, vive en un super apartamento en el centro de Madrid con servicio incluido mientras hay milescde personas que les cuesta llegar a fin de mes y el tipo todavía tiene los santos huevazos de decir que con un solo ministro en la cárcel tenemos un gobierno de ladrones

En un país con otra conciencia, este tiparraco, los de hazte oir, los abogados cristianos y quien les protege y toda esa patulea deberían estar cavando olivas a ver si hacen algo productivo y al menos dejan de insultarnos




ALMEIDA DESCUBRE AL CULPABLE: LAS BICICLETAS

José Luis Martínez-Almeida ha encontrado por fin la causa del precio de la vivienda en Madrid. No son los fondos de inversión, ni los grandes propietarios, ni los pisos turísticos, ni décadas de políticas del PP entregando la ciudad al rentismo. Son los aparcamientos para bicicletas. El alcalde afirmó el 8 de julio que obligar a las nuevas promociones a disponer de aparcabicis “es encarecer el precio de la vivienda”. Dos tubos de acero. Ese era el enemigo que faltaba por señalar. Después de convertir el derecho a la vivienda en un producto financiero, el PP pretende convencernos de que el problema es dónde deja la bicicleta una vecina.

La ocurrencia sería simplemente ridícula si no sirviera para ocultar una política muy concreta. Madrid lleva décadas gobernada por el Partido Popular, y buena parte de las competencias urbanísticas y de vivienda corresponden precisamente al Ayuntamiento y a la Comunidad. Pero Almeida necesita un culpable pequeño, absurdo y fácilmente caricaturizable. Una bicicleta, un carril, una norma ambiental. Lo que sea con tal de no mencionar a quienes compran bloques enteros, acumulan viviendas y suben los alquileres mientras el salario de las trabajadoras y trabajadores permanece atrapado. El aparcabicis cuesta poco. El rentismo cuesta barrios enteros.

En las redes se han burlado hablando de “dictadura ciclista”, pero detrás del chiste hay algo bastante serio. El alcalde de una ciudad con una emergencia habitacional utiliza su cargo para fabricar excusas contra la movilidad sostenible y proteger el margen de beneficio de las promotoras. Ni siquiera intenta disimularlo demasiado. Todo equipamiento colectivo pasa a ser un gasto insoportable; la especulación, en cambio, aparece como una fuerza de la naturaleza que nadie puede tocar. No encarecen las casas las bicicletas. Las encarece un modelo político que solo sabe gobernar para quien ya tiene varias.



 

EL 9 DE JULIO DE 1939 MORÍAN MÁS DE UN CENTENAR DE PERSONAS EN LA EXPLOSIÓN EN PEÑARANDA DE BRACAMONTE, UNA TRAGEDIA CENSURADA Y OLVIDADA

Hacía tan solo tres meses que había terminado la Guerra Civil. El dolor y el desgarro por una terrible situación de penalidades y privaciones dominaba a una sociedad que estaba fuertemente controlada. El hambre y la lucha cotidiana por la supervivencia eran los principales denominadores a los que tenía que hacer frente un país que estaba totalmente devastado y a merced de los acontecimientos.

En medio de ese contexto, de incertidumbre y aspereza generalizadas, poco más de 90 días después del fin del conflicto bélico, el 9 de julio de 1939 la localidad salmantina de Peñaranda de Bracamonte sería escenario de una gran tragedia, que sería ocultada a la práctica totalidad de la sociedad de la época, que ya bastante atareada se encontraba en su propia supervivencia y en un devenir cotidiano plagado de dudas.

En la fecha antes indicada, concretamente en torno a las 11:19 horas de la mañana de un caluroso día del mes de julio, domingo para más señas, un tren militar cargado de bombas, munición y mercancías estaba estacionado en la vía junto a un polvorín central que había pertenecido al ejército republicano.

El tren de mercancías número 352 entró en la estación de Peñaranda de Bracamonte con una de las ruedas de sus vagones al rojo vivo debido a la fricción. El calor extremo o una chispa fortuita de esa rueda alcanzó la carga del propio convoy.

El convoy transportaba amonal (una mezcla altamente inestable de nitrato amónico, TNT y polvo de aluminio) junto con otros vagones cargados de munición. Al hacer contacto con el fuego de la rueda, los vagones estallaron en plena vía.

La brutal onda expansiva y el calor de la explosión del tren alcanzaron de manera inmediata al polvorín militar principal, ubicado justo al lado de las vías de la estación. En ese almacén se guardaban más de 300 toneladas de bombas de la Guerra Civil, que explotaron en un segundo estallido masivo que terminó por borrar del mapa la estación y los barrios colindantes.

El desastre causó más de un centenar de muertos y unos 1.500 heridos. Varias manzanas del municipio quedaron completamente arrasadas. El propio tren de mercancías y tres de sus vagones volaron literalmente por los aires. Se calcula que hubo entre 100 y 125 víctimas mortales en total. De muchas de ellas, alrededor de unas 45 personas, nunca se pudieron localizar los cuerpos debido a la pulverización causada por la onda expansiva.

Los heridos superaron los 1.500 civiles. Teniendo en cuenta que la localidad rondaba los 4.500 habitantes en aquella época, prácticamente la tercera parte de la población sufrió lesiones de diversa gravedad, lo que da una idea de la magnitud que provocó aquella tragedia, hoy en día muy desconocida para una gran parte de la sociedad española.

La gran mayoría de las víctimas mortales y heridos fueron población civil local. Dado que la explosión ocurrió en pleno casco urbano, justo al lado de viviendas e industrias locales, el impacto sobre los habitantes de Peñaranda de Bracamonte fue devastador.

La brutal doble explosión destruyó por completo unas 1.000 viviendas, dejando a miles de familias civiles en la calle de la noche a la mañana. Las industrias colindantes a las vías, como las fábricas de harinas y la de caucho, quedaron completamente arrasadas, sepultando a los civiles que se encontraban trabajando en su interior en ese momento.

Muchos niños y jóvenes de la época relataron que al escuchar el primer estruendo pensaron inmediatamente que la Guerra Civil no había terminado. Al ver los fogonazos y cascotes, la primera reacción de las familias fue correr a esconderse debajo de las camas o en los sótanos, creyendo que la aviación enemiga regresaba a bombardear el pueblo.

Quienes lograron salir a la calle describieron un cielo completamente negro de donde caían proyectiles sin explotar, metralla, piedras y restos del propio tren. Varios testigos narraron cómo la onda expansiva los levantó del suelo y los arrojó a metros de distancia, arrancándoles la ropa o dejándolos sordos temporalmente por la rotura de tímpanos generalizada.

Los supervivientes recordaban cavar con sus propias manos en las fábricas de harina y casas hundidas. El impacto psicológico más duro que relatan los mayores del pueblo fue el descubrir que decenas de vecinos, amigos o familiares directamente habían desaparecido por completo sin dejar rastro, desintegrados por la fuerza térmica del polvorín.

Los civiles supervivientes contaban cómo abandonaron Peñaranda a pie, descalzos, heridos y cubiertos de ceniza, caminando por las carreteras hacia localidades vecinas como Macotera o Nava de Sotrobal en busca de refugio.

Posteriormente, se creó el Patronato para la Reconstrucción de Peñaranda. Los medios censurados dejaron de hablar de los muertos y pasaron a centrarse exclusivamente en la supuesta "ayuda ejemplar" del gobierno y en el modelo de la nueva España, ocultando que muchas promesas de reconstrucción jamás llegaron a completarse.

La censura imperante silenció y minimizó la catástrofe de manera inmediata. Ocurrió apenas tres meses después de finalizar la Guerra Civil, en un momento en que el nuevo régimen intentaba proyectar una imagen de orden absoluto, paz, control y eficiencia. El aparato oficial ocultó el número real de muertos (que superaba el centenar).

Los periódicos de la época, tales como la prensa regional y nacional, recibieron órdenes drásticas para minimizar el impacto del trágico accidente. Se presentaron cifras de fallecidos drásticamente inferiores a las reales para no alarmar a la población.

Al estar tan reciente el fin de la guerra, el estallido generó el pánico generalizado de que se tratara de un atentado o un bombardeo de la resistencia republicana. Para cortar los rumores de inestabilidad política o fallos graves de la logística militar, el régimen impuso rápidamente la versión oficial de que se trató de un puro y fortuito accidente técnico (un sobrecalentamiento del eje de una rueda del tren).

Con estos mimbres, y en una situación todavía mucho más crítica que tres meses antes, los vecinos de Peñaranda de Bracamonte reiniciaban una muy dura y cruel posguerra, que para ellos se veía trágica y dramáticamente acrecentada por una gran tragedia a la que no fue ajeno ni un solo habitante de esta localidad. Ellos mismos, y nadie más, fueron quienes irguieron de nuevo a una gran villa que había quedado reducida casi a cenizas, al igual que si sufriesen el peor impacto de dos guerras juntas.

Tuvieron que pasar tres cuartos de siglo, hasta el año 2014, coincidiendo con el 75.º aniversario de la tragedia, para que se hiciese un mínimo de justicia con las víctimas de esa gran tragedia, para que cuando menos no decayesen en el olvido definitivo. El 9 de julio de 2014 el Ayuntamiento de Peñaranda de Bracamonte inauguró una escultura conmemorativa en memoria de las víctimas.

El monumento está situado de forma simbólica en el Paseo de la Estación, la zona que sufrió el impacto directo y donde se originó el estallido del tren y el posterior polvorín.

Cada 9 de julio, las autoridades municipales y los vecinos se reúnen junto a este monolito para realizar una ofrenda floral y guardar minutos de silencio. El tañido de las campanas de la localidad acompaña el acto para honrar a los fallecidos y heridos.

A pesar de la existencia de esta escultura en la estación, algunos familiares de las víctimas y colectivos locales todavía reclaman que se cumplan antiguas promesas, como la instalación de un gran monolito con los nombres de todos los fallecidos en el cementerio o la asignación de una calle dedicada específicamente a ellos.

FOTO DE LA EXPLOSIÓN DE PEÑARANDA DE BRACAMONTE. ARCHIVOS DE LA JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN.


 


Cuando observo la rigidez de quienes defienden al pie de la letra la genealogía bíblica, no puedo evitar sentir una profunda extrañeza. Se aferran a la idea de que toda nuestra especie desciende de un solo par de seres humanos, Adán y Eva, y cuando se les confronta con la imposibilidad lógica y biológica de poblar el mundo sin recurrir al incesto sistemático, su respuesta es el silencio o una huida hacia la fantasía de una "pureza genética" original que jamás existió.

Es fascinante y, a la vez, desalentador ver cómo el ser humano es capaz de sacrificar la razón en el altar del dogma. Al tratar un texto literario antiguo —rico en símbolos, arquetipos y verdades teológicas— como si fuera un manual de biología moderna, estos grupos terminan atrapados en una contradicción que ellos mismos consideran aborrecible. Lo hacen porque, para ellos, cuestionar la literalidad de ese origen significaría admitir que la historia de la "Caída" y la necesidad de una redención externa es una construcción humana, y no un hecho histórico inamovible.

Cuando leo esos textos, no veo un registro civil, sino la voz de una cultura antigua intentando dar sentido a su existencia a través de relatos fundacionales, tal como lo hicieron otros pueblos del Oriente Próximo con sus propios mitos. Pero al despojar al Génesis de su riqueza simbólica, los fundamentalistas lo reducen a una narrativa que, analizada desde la realidad, se vuelve insostenible. Prefieren sostener que la humanidad comenzó a través de uniones consanguíneas, ignorando lo que la ciencia y la historia nos enseñan, solo para no dejar que su castillo de naipes se derrumbe.

La verdadera grandeza del conocimiento no reside en forzar la realidad para que encaje en libros escritos hace milenios, sino en entender la evolución de nuestro pensamiento. Reconocer que la Biblia es un documento humano —producto de su tiempo, de su cultura y de sus limitaciones— no le quita valor; al contrario, le devuelve su humanidad. Es mucho más noble, creo yo, buscar la verdad en el estudio riguroso, en las lenguas originales y en la historia crítica, que refugiarse en una ceguera voluntaria que, al final, solo genera más ignorancia y un fanatismo que se alimenta de negar lo evidente.


 


Fonsi Loaiza

Este cura de la Diócesis de Málaga se llama Francisco Javier Cuenca Villalba. Hoy ha sido condenado a 52 años de prisión por sedar y agredir sexualmente a 4 mujeres. Ni rastro de Abogados Cristianos Cristianos ni de Hazte Oír. La Iglesia es el mayor nido de pedófilos y violadores





 Jesús López




JRamón Ortega


Nombrar la (ética) soga en la casa del ahorcado

"Cuando un Estado olvida la ética...."

Presidente de la Conferencia Episcopal

Europa press 09.07.2026

Tema pederastia en la iglesia

"León XIV ha afirmado que "la pederastia clerical es una plaga y había que empeñarse en la reparación de las víctimas"

¿"Lo van ustedes a retomar después de las palabras del Papa?"

Pregunta una periodista al portavoz de la Conferencia Episcopal :

Contestación del portavoz de la Conferencia Episcopal :

"No, “Esa iniciativa concreta a la que usted se refiere no está en este momento encima de la mesa. En el futuro, se reflexionará y no se excluye”"

El País 24.06.2026






 MariCarmen Moreno

La ignorancia es muy atrevida, sobre todo la CONSENTIDA que cuando se junta con la estulticia produce cerebros discapacitados.

 Miguel Ruiz Fuentes


 






Que pena cuando se va por el mundo sucio en cuerpo y mente y te atreves a ir insultando a personas , grupos o instituciones. Escuchando ayer al que dice que representa a los obispos Españoles, Luis Arguello, insultando al gobierno, hablando de paguitas, ética y moral, uno que tiene memoria se piensa y está cucaracha no estaría mejor callado.

Ética, ayer mismo en Málaga sentenciado un cura que abusaba de las mujeres tras drogarlas y grabarlas, de ética habla usted cuando le estallan caso de pederastia y violaciones de niños por todo el mundo.

Paguitas? A cual se refiere usted a los 11 mil millones que les pasa el estado?

Inmoralidad de esas miles de inmatriculaciones ,de esas cientos de herencias fraudulentas de abuelos engañados.

Se ve que lo que usted Añora, es poder pasear bajo palio a dictadores que le den a ustedes potestad para ocuparse en exclusividad de la educación en España.

Abajo le dejo dos fotos muy clarificadoras de como ustedes la curia se sienten muy agusto y cómodos con una dictadura. #AntonioCriado.