Santaolalla
dice basta: el machismo ultra se verá en el juzgado
Cuando el acoso se disfraza de periodismo y el insulto se convierte en método, la respuesta ya no es debatir, es denunciar.
La analista política Sarah Santaolalla ha anunciado acciones legales contra el agitador de extrema derecha Bertrand Ndongo tras recibir nuevos insultos machistas públicos. La frase con la que zanjó el episodio es clara y poco habitual en un ecosistema acostumbrado a la impunidad: “Nos vemos en el juzgado, agresor”.
Ndongo no pregunta, hostiga. No informa, intimida. Su forma de operar vuelve a quedar en evidencia tras otro episodio de acoso, esta vez durante la campaña en Extremadura, donde increpó físicamente al candidato socialista Miguel Ángel Gallardo, invadiendo su espacio personal, elevando el tono y forzando una escena de tensión mientras se grababa. No hubo entrevista. Hubo presión, forcejeos y un intento de entrar por la fuerza en un espacio privado.
Cuando Santaolalla denunció públicamente estas prácticas, la respuesta fue el insulto sexual directo. Machismo explícito, violencia verbal clásica y desprecio absoluto, el manual de siempre. Lo relevante esta vez no es solo el ataque, sino la reacción. Santaolalla no optó por el silencio ni por la réplica televisiva. Optó por el camino judicial.
La extrema derecha mediática ha convertido el acoso en contenido y el insulto en estrategia política. Durante demasiado tiempo, estas conductas han sido toleradas en nombre de una supuesta libertad de expresión que nada tiene que ver con la intimidación ni con la violencia machista.
Que una mujer decida plantar cara en los tribunales no es un gesto individual. Es un aviso colectivo. Porque el problema ya no es solo quién grita delante de una cámara, sino quién le sigue dejando hacerlo sin consecuencias.
Cuando el odio se normaliza, denunciar deja de ser una opción y se convierte en una obligación.
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