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viernes, 1 de mayo de 2026

 


Un documento, de más de 100 páginas que recopila 21 testimonios contra 24 sacerdotes latinoamericanos, de los cuales más de la mitad son colombianos, fue entregado por el diario El País de España al Vaticano.

El informe protege la identidad de las víctimas, pero pone a disposición de la iglesia la información si es que acaso quieren profundizar en las investigaciones. Colombia es el país con más denuncias (13), mientras que el resto proviene de Argentina, Bolivia, Cuba, El Salvador, Estados Unidos, México y Venezuela.

Este documento se suma a otros cinco que el diario español ha compartido con la Santa Sede, en los que detallan casos de abuso de laicos y sacerdotes en países como España, tras investigaciones desde 2018, y Latinoamérica con investigaciones desde 2022. En total, son más de 1.800 páginas y casi 900 casos revelados.

❌ El cardenal colombiano Pedro Rubiano Sáenz, es uno de los acusados

Uno de los casos que más ha impactado en este informe es el de un hombre identificado como Andrés, quien denunció públicamente que fue víctima de abusos sexuales por parte del cardenal Pedro Rubiano Sáenz, una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica en Colombia durante décadas y fallecido en 2024 .

De acuerdo con la víctima, en 1983 fue expulsado de su casa cuando tenía 14 años, por lo que buscó refugio en la catedral primada de Bogotá. Lamentablemente allí en lugar de brindarle ayuda, los sacerdotes, incluido Rubiano, comenzaron a abusar de él a cambio de comida y refugio.

Las violaciones, según su testimonio, se repitieron durante meses en espacios eclesiásticos.

Andrés denunció además que no fue el único niño que fue abusado por estos curas en aquella época, y que aunque denunció los abusos a principios de los años 2.000, nunca encontró respuesta ni en la misma iglesia católica, ni en las autoridades.


 


 Perfy Grueira Rodriguez


 Ed Varcann





 Jordi Emuel

ESTRELLA DE LA IZQUIERDA… PERO SIN CONSENSO EN SU PROPIO PAÍS”

Las palabras llegan desde Alemania. Y están haciendo debatir a toda España.

Cuando no hablan los políticos… sino uno de los periódicos más prestigiosos de Europa, el peso cambia.

Y el mensaje se vuelve imposible de ignorar.

La Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) ha dedicado un análisis en profundidad a Pedro Sánchez.

Y la definición elegida está destinada a generar polémica:

- “La estrella política de la izquierda internacional”

- Pero también: “no cuenta con una mayoría en su propio país”

Dos frases. Dos realidades que parecen ir en direcciones opuestas.

Por un lado, la imagen internacional. Por otro… el apoyo interno.

Según el diario alemán, Sánchez en los últimos meses ha adoptado posiciones firmes:

- contra Donald Trump

- contra Benjamin Netanyahu

Llegando a pedir a la Unión Europea: “poner fin al acuerdo de asociación con Israel, acusado de violar el derecho internacional”

Una línea dura.

Que fuera de España… parece convencer.

Fuera de España, Sánchez se ha convertido en una estrella de la política”

Muchos en la izquierda están fascinados por su intento de presentarse como una alternativa a la derecha global”

Pero luego llega la parte que realmente divide.

Esto no significa que el país apoye a su presidente”

Y aún más directo: “Desde hace años, la impresión general es que Sánchez está principalmente interesado en sí mismo y en su supervivencia política”

Palabras fuertes.

Que abren un debate profundo.

También en los números.

Los socialistas han perdido prácticamente todas las elecciones, incluidas las parlamentarias de 2023”

Y, sin embargo… no todos piensan igual.

Otro diario alemán, Die Tageszeitung (TAZ), ofrece una visión completamente distinta: “El éxito del presidente del Gobierno español habla por sí solo: el futuro pertenece a los valientes”

Se mantiene fiel a sus convicciones”

No duda en condenar las acciones de Israel”

Dos visiones.

Dos lecturas opuestas.

El mismo protagonista.

Y entonces, la pregunta es inevitable: ¿Sánchez es realmente una “estrella internacional”… o un líder cada vez más distante de su propio país?

¿Tú qué opinas?

 


 Perfy Grueira Rodriguez


 Perfy Grueira Rodriguez


 Perfy Grueira Rodríguez


 Ana Pardo de Vera


 

Cospedal se adueña del juicio de la Kitchen: mentiras, audios fuera del juicio y el demoledor relato de Morocho

Cospedal ha pasado de negar encargos a Villarejo a quedar desmentida por su jefe de gabinete, mientras los audios excluidos y la declaración de Morocho han reforzado sospechas en la trama

Carlos Monteagudo

1-5-26

ElPlural



 María Dolores de Cospedal ha terminado convertida en una de las grandes protagonistas del juicio de la operación Kitchen, pese a no sentarse en el banquillo. La expresidenta de Castilla-La Mancha, exministra de Defensa y antigua secretaria general del PP ha comparecido como testigo, pero su nombre ha atravesado buena parte de las sesiones por su relación con el excomisario José Manuel Villarejo, por los audios que han quedado fuera de la vista oral, por las contradicciones detectadas en su declaración y por el relato de Manuel Morocho, el principal investigador de la trama Gürtel, que ha vuelto a colocar a la antigua cúpula popular en el centro político del caso.

El juicio investiga la presunta trama parapolicial desplegada durante el Gobierno de Mariano Rajoy para espiar al extesorero del PP Luis Bárcenas y sustraerle documentación sensible relacionada con la contabilidad irregular del partido. Aunque la instrucción dejó fuera a Rajoy y Cospedal como acusados, el desarrollo de la vista ha ido empujando el foco hacia la planta noble de Génova, donde se tomaban las decisiones políticas en los años más duros de la Gürtel y de la caja B del Partido Popular.

Cospedal acudió a la Audiencia Nacional con una versión muy medida. Reconoció que conocía a Villarejo desde 2009, que se lo presentó su entonces marido, Ignacio López del Hierro, y que se reunió con él "ocho o nueve" veces en una década. Intentó, eso sí, rebajar el alcance de esos encuentros. Según su relato, no hubo encargos, sino simples consultas. "Le hice preguntas, no encargos", afirmó ante el tribunal. También sostuvo que las reuniones se produjeron en su despacho de Génova y que, salvo una ocasión en una cafetería céntrica de Madrid, lo veía en su condición de secretaria general del PP.

Esa versión, sin embargo, apenas tardó unas horas en resquebrajarse. Su propio jefe de gabinete en el Ministerio de Defensa, José Luis Ortiz, declaró después que coordinó "varias visitas" de Villarejo, "siete u ocho", y que algunas se celebraron en el propio Ministerio de Defensa. También contradijo otro punto clave del relato de Cospedal: no siempre era Villarejo quien pedía verse con ella. Según Ortiz Grande, "normalmente" lo solicitaba el excomisario, "pero a veces era ella". La testigo había tratado de circunscribir aquellas reuniones al ámbito del PP y a su despacho de Génova, pero su jefe de gabinete situó parte de esos contactos en una sede ministerial.

La contradicción ha sido especialmente relevante porque Cospedal había intentado presentar su relación con Villarejo como algo informal, casi episódico, desligado de cualquier actuación institucional o policial. Sin embargo, el uso del Ministerio de Defensa para recibir al excomisario introduce una dimensión mucho más incómoda. No era solo una dirigente del PP hablando con un policía jubilado o en excedencia. Era una ministra recibiendo en dependencias públicas a una de las figuras centrales de las cloacas policiales.

A ello se suma el peso de los audios no incorporados al juicio. En esas grabaciones, Cospedal hablaba con Villarejo de la "libretita" de Bárcenas y le trasladaba que "lo de la libretita sería mejor poderlo parar". Ese material no se ha escuchado en sala porque quedó fuera del objeto de la vista oral tras la instrucción del juez Manuel García-Castellón, que rechazó profundizar en los indicios que apuntaban a la exsecretaria general del PP. La consecuencia ha sido paradójica: Cospedal ha declarado como testigo en un juicio en el que no se han incorporado algunas de las pruebas que más directamente la aproximaban al núcleo político de Kitchen.

Los pasajes de Cospedal

La declaración de Cospedal también dejó otros pasajes significativos. Para justificar su relación con Villarejo, recurrió a Rita Barberá, fallecida en 2016, al explicar que el excomisario podía ayudarla a conocer cómo se estaban produciendo filtraciones del sumario que afectaba a la exalcaldesa de Valencia. También deslizó que sospechaba de un posible espionaje relacionado con el Ministerio del Interior cuando lo dirigía Alfredo Pérez Rubalcaba. Con esa doble explicación, trató de presentar sus contactos con Villarejo como una vía de defensa frente a filtraciones o maniobras ajenas, no como una relación operativa vinculada a Bárcenas.

Pero el caso ha ido más allá de su declaración. La comparecencia de Manuel Morocho, el investigador principal de Gürtel, ha vuelto a colocar a Cospedal en un lugar especialmente delicado. Su relato ha reforzado la idea de que la operación Kitchen no puede entenderse como una simple actuación policial aislada, sino como una maniobra dirigida a proteger al PP de los documentos que podía manejar Bárcenas. En ese esquema, la figura de Cospedal resulta central por su cargo en el partido, por su relación con Villarejo y por las referencias que aparecen en conversaciones, agendas y testimonios.

Los primeros días del juicio han dejado, por tanto, una imagen incómoda para el PP. Rajoy ha negado cualquier conocimiento de la operación y Cospedal ha reconocido solo aquello que ya era difícil negar: sus reuniones con Villarejo. Pero el avance de las sesiones ha ido desmontando parte de ese relato defensivo. El expresidente admitió que Cospedal le reclamó apartar a Bárcenas cuando la situación del extesorero se volvió insostenible y reconoció que los papeles con los que luego les amenazaba estuvieron meses en Génova. La exsecretaria general, por su parte, ha quedado marcada por sus propias contradicciones y por el testimonio de quien fue su mano derecha en Defensa.

La vieja dirección del PP ha intentado presentarse como ajena a Kitchen, pero las piezas que han aflorado durante este primer tramo del juicio dibujan un mapa mucho menos cómodo. Cospedal no aparece como una figura lateral, sino como un nombre que vuelve una y otra vez al centro de la causa. Sus reuniones con Villarejo, sus explicaciones sobre Barberá y Rubalcaba, el desmentido de Ortiz Grande, los audios excluidos y el relato de Morocho han convertido su papel en una de las claves políticas del proceso.

El problema para el PP no es solo judicial. Es también político. Kitchen ha vuelto a proyectar la imagen de un partido que, cuando la corrupción llamó a la puerta de Génova, no se limitó a defenderse en los tribunales, sino que presuntamente activó resortes policiales para protegerse de su propio extesorero. Y en ese primer mes de juicio, Cospedal ha quedado situada en el lugar más incómodo: justo donde confluyen Génova, Villarejo, Bárcenas y las cloacas del Estado.