Antonio Vallejo-Nájera, el 'Mengele español' que puso la ciencia al
servicio del franquismo
El psiquiatra filonazi obsesionado por el "gen
rojo", que utilizó presos republicanos como cobayas humanas y
convirtió la eugenesia en un instrumento de la represión
JuanLuis Valenzuela
5-7-26
ElPlural
"Somos malos, Malasombra, somos malos de verdad. Somos
como una espina que solo sabe pinchar. ¡Y más malos que la
quina!".
Este popular estribillo de la canción de
los Hermanos Malasombra, personajes de Los
Chiripitifláuticos, el primer programa infantil de TVE
(1965-1974), podría servir para definir a uno de los personajes más
siniestros del franquismo. Permítanme esta licencia, extraída de mi
infancia, para afirmar que, en mi opinión, el psiquiatra Antonio
Vallejo-Nájera, el llamado "Mengele español",
merece figurar, junto al sanguinario general Gonzalo Queipo
de Llano, entre los personajes más perversos de la dictadura. Un
auténtico "malo de verdad", un "malo entre los
malísimos" del régimen franquista. Y ser uno de los peores
entre aquella cohorte significa haber llevado la crueldad, el odio y
la deshumanización hasta extremos difícilmente imaginables.
Ayer se conoció, tras el anuncio realizado por el presidente
del Gobierno, Pedro Sánchez, que el Consejo de Ministros
aprobará el próximo 7 de julio la retirada, a título
póstumo, de la Gran Cruz de Sanidad concedida a Antonio
Vallejo-Nájera, una de las figuras más controvertidas, dañinas y
perversas de la medicina española durante el franquismo por haber
utilizado la psiquiatría para justificar la represión política y
social de la dictadura.
La revocación, según explicó el presidente del Gobierno,
responde a la "incompatibilidad de su legado con los valores
democráticos, éticos y científicos que sustentan el
actual Sistema Nacional de Salud" y constituye, además, "un
acto de memoria, justicia y reparación para las víctimas".
Antonio Vallejo-Nájera fue una figura destacada del régimen
franquista y durante años formó parte del círculo de
confianza del dictador. Psiquiatra, militar y uno de los
científicos predilectos de la dictadura, contó con el respaldo
político y económico del franquismo para desarrollar
algunos de los proyectos más siniestros de la medicina española del
siglo XX. Entre ellos destacó la utilización de prisioneros
republicanos como cobayas humanas en experimentos destinados a
encontrar un supuesto "gen rojo" que permitiera
justificar "científicamente" la pretendida inferioridad
mental de los marxistas.
Aquellas teorías, inspiradas en la eugenesia y en los postulados
raciales del nazismo, pretendían legitimar la supremacía de quienes
el régimen consideraba racial e ideológicamente "superiores".
A esa obsesión por la llamada "higiene racial" se
vinculan también las teorías que acabarían sirviendo de soporte
ideológico al robo de miles de niños durante el franquismo,
con el objetivo de romper los vínculos familiares y desmembrar a las
familias consideradas políticamente sospechosas.
Antonio Vallejo-Nájera Lobón era médico, comandante del
Ejército y padre del también psiquiatra Juan Antonio
Vallejo-Nájera. Se formó en las corrientes de la psiquiatría
europea anteriores al nazismo y, posteriormente, abrazó sin ambages
las teorías de Adolf Hitler sobre la pureza racial y la eugenesia.
En uno de sus libros, publicado en 1937, escribía:
"La política racial tiene que actuar en España sobre un
pueblo aplebeyado cada vez más en las características de su
personalidad psicológica, por haber sufrido la nefasta influencia de
sectarios, de los krausistas, empeñados en borrar todo rastro de las
gloriosas tradiciones españolas... La raza, que no quiere estar
subyugada por los inferiores y débiles de cuerpo y de espíritu,
debe engrandecer los biotipos de buena calidad hasta lograr que
predominen en la masa total de la población. Una raza debe
reproducir sus mejores elementos... Política contraria a la
democrática, que ha nivelado las clases sociales, en beneficio de
los inferiores, en perjuicio de los selectos, para proporcionar
medios de vida a la multitud de mediocres. (...) La nación que
quiera velar por el porvenir de su raza debe crear una aristocracia
eugenésica, tanto en la esfera corporal como en la espiritual y
moral".
Francisco Franco respaldó y financió el proyecto de Antonio
Vallejo-Nájera para intentar demostrar la supuesta inferioridad
racial y genética de marxistas, republicanos y "rojos".
Como muestra de esa confianza, el dictador lo nombró máximo
responsable de los Servicios Psiquiátricos Militares y puso
a su disposición los recursos necesarios para desarrollar sus
investigaciones.
El contexto favorecía aquellos delirios pseudocientíficos. En
1938, el nazismo impregnaba buena parte de Europa y
las cárceles y campos de concentración españoles estaban repletos
de miles de prisioneros políticos. Para Vallejo-Nájera, aquellos
hombres y mujeres se convirtieron en un inmenso laboratorio
humano.
Uno de los principales escenarios de estas investigaciones fue
el campo de concentración de San Pedro de Cardeña, en
las proximidades de Burgos. Allí utilizó a los presos republicanos
como auténticas cobayas humanas con el propósito
de encontrar pruebas que respaldaran sus teorías raciales.
Los historiadores han documentado que por este campo pasaron
alrededor de 10.000 prisioneros procedentes, sobre todo,
de los frentes del Norte. Entre ellos se encontraban
numerosos brigadistas internacionales, voluntarios
llegados de distintos países para combatir el fascismo junto a la
República.
Cuatro grupos a los que odiaba
Según explica el criminólogo e historiador Luis Miguel
Sánchez Tostado, aquellos presos "además de ser utilizados
como mano de obra esclava, fueron estudiados por el equipo del doctor
Vallejo-Nájera, que estableció tres grupos: los brigadistas
norteamericanos de la Brigada Lincoln, como muestra de control
comparativo frente a los hispanos; los presos españoles
marxistas, en los que esperaba encontrar el 'gen rojo'; y
los catalanes y vascos, por su supuesto antiespañolismo".
Posteriormente incorporó un cuarto grupo formado por mujeres
republicanas encarceladas en Málaga.
Himmler y la inspiración nazi de
Vallejo-Nájera
Aquellos experimentos contaron además con la colaboración de
especialistas vinculados al régimen nazi. Los prisioneros eran
sometidos a largos interrogatorios, pruebas psicológicas y
mediciones antropométricas con la intención de hallar diferencias
biológicas que nunca existieron. Después eran obligados a asistir a
programas de adoctrinamiento político basados en desfiles militares,
exaltación del franquismo y formación religiosa católica.
Buena parte de esas técnicas estaban inspiradas en Heinrich
Himmler, uno de los principales dirigentes del Tercer
Reich, jefe de las SS y gran teórico de la supuesta pureza
de la raza aria. Entre quienes llevaron esas ideas hasta sus últimas
consecuencias destacó el médico de las SS Josef Mengele,
responsable de algunos de los experimentos más atroces realizados en
los campos de exterminio nazis antes de enviar a muchas de sus
víctimas a las cámaras de gas. Las semejanzas entre ambos
personajes explican que Antonio Vallejo-Nájera haya pasado a la
historia con el sobrenombre del "Mengele español".
Las mujeres, doblemente perseguidas
La obsesión de Vallejo-Nájera por clasificar a las personas
según supuestos criterios raciales e ideológicos también alcanzó
a las mujeres republicanas.
Como recuerda Luis Miguel Sánchez Tostado, los
estudios realizados sobre ellas incluían incluso preguntas y
anotaciones sobre aspectos íntimos de su vida sexual, como el
momento o las circunstancias en las que habían perdido la
virginidad.
El psiquiatra franquista sostenía que las mujeres
republicanas compartían rasgos psicológicos con los animales y con
los niños. Las describía como seres mentalmente inferiores,
infantilizados y dominados por los instintos. Desde esa visión
profundamente misógina, llegó a justificar su participación
política afirmando que respondía únicamente al deseo de satisfacer
sus apetencias sexuales.
Aquellas teorías pretendían ofrecer una apariencia científica a
la doble represión ejercida por la dictadura contra las mujeres: por
su condición femenina y por su compromiso político.
La teoría del "gen rojo"
Vallejo-Nájera dejó por escrito cuál era el verdadero objetivo
de sus investigaciones: "Multiplicar los selectos y
dejar perecer a los débiles, los rojos".
Consideraba a los republicanos personas "mentalmente
inferiores" y portadoras de una maldad congénita.
Defendía separar a los hijos de los marxistas de sus
padres para "liberar a la sociedad de una plaga tan
temible" y llegó incluso a proponer la creación de
un Cuerpo General de Inquisidores encargado de
vigilar la aplicación de sus teorías de segregación.
No eran simples opiniones extravagantes. Eran planteamientos
elaborados desde una aparente autoridad científica y puestos al
servicio de una dictadura que necesitaba justificar ideológicamente
la represión, las cárceles, las depuraciones, los fusilamientos y
la persecución sistemática de los vencidos.
Con el final de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del
nazismo, el franquismo optó por apartar discretamente buena
parte del discurso racial que había inspirado a Vallejo-Nájera.
España necesitaba mejorar su imagen internacional y aquellas teorías
eugenésicas resultaban ya demasiado incómodas incluso para la
propia dictadura. Sin embargo, el daño ya estaba hecho y muchas de
sus ideas continuaron impregnando durante décadas determinadas
políticas represivas del régimen.
La derrota del nazismo desacreditó internacionalmente las teorías
raciales que Antonio Vallejo-Nájera había defendido con entusiasmo.
El franquismo, necesitado de romper su aislamiento exterior, fue
relegando ese discurso biológico y eugenésico a un segundo plano.
Pero las ideas nunca desaparecen del todo. A veces cambian de
lenguaje, se adaptan a los tiempos y reaparecen bajo nuevas
formulaciones.
El eco de un viejo discurso, la extrema
derecha de hoy en España
Y es precisamente ahí donde surge una pregunta inevitable. ¿Hasta
qué punto algunos discursos racistas y xenófobos que hoy vuelven a
abrirse paso en España conservan ecos de aquellas teorías? ¿No
recuerdan determinados planteamientos sobre la supuesta superioridad
de unos frente a otros, sobre la exclusión del diferente o sobre la
llamada "prioridad nacional", a viejas ideas que parecían
definitivamente enterradas tras la derrota del fascismo europeo?
No se trata de afirmar que la España de hoy sea la de 1938, pero
tiene concomitancias. Conviene preguntarse de dónde proceden
determinadas ideas y qué tradición ideológica las alimenta. Porque
las doctrinas de la exclusión casi nunca nacen de la nada. Suelen
ser la actualización de viejos prejuicios revestidos de un lenguaje
aparentemente nuevo. Y hoy teorías perversas como la “prioridad
nacional” de Voz, repugnantemente respaldada por el
Partido Popular, dándole puerta abierta en los gobiernos
regionales, haden temer lo peor La historia no se repite, pero
empieza a rimar.
Antonio Vallejo-Nájera utilizó la psiquiatría para intentar
demostrar que existían seres humanos superiores e inferiores. Buscó
una legitimación científica para el odio político y convirtió la
medicina en un instrumento al servicio de la represión. Sus teorías
pretendían deshumanizar al adversario para justificar después su
persecución.
Cuando hoy se señala a colectivos enteros por su origen,
cuando se atribuye la delincuencia a una nacionalidad, cuando se
presenta al inmigrante como una amenaza por el simple hecho
de serlo o cuando se pretende establecer ciudadanos de primera y de
segunda mediante conceptos como la "prioridad nacional",
conviene recordar hasta dónde pueden conducir determinadas ideas
cuando encuentran respaldo político e institucional.
La historia demuestra que el odio nunca comienza con la
violencia. Empieza mucho antes, con las palabras, con la
deshumanización del diferente y con la construcción de un enemigo
al que se culpa de todos los problemas de una sociedad.
Por eso resulta tan importante la decisión anunciada por
el Gobierno de retirar, aunque sea de forma póstuma, la Gran
Cruz de Sanidad a Antonio Vallejo-Nájera. No cambiará el
pasado ni aliviará el sufrimiento de quienes fueron utilizados como
cobayas humanas o de las familias destrozadas por las políticas
inspiradas en sus teorías. Pero sí envía un mensaje claro como es
el que la democracia no puede seguir honrando a quien puso la ciencia
al servicio del odio, del fanatismo y de la represión.
En virtud de la Ley de Memoria Democrática, se le
quitan honores a quienes, como este vil y ruin psiquiatra
franquista y filonazi, convirtieron el conocimiento, la medicina y
las instituciones en instrumentos para perseguir, humillar y destruir
a seres humanos por sus ideas. Y Antonio Vallejo-Nájera ocupa, por
méritos propios, uno de los lugares más oscuros de esa
historia. Malo de verdad, el más malo entre todos
los malísimos.