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domingo, 25 de enero de 2026

 


Zarpazos

En esta vida todo empieza y termina, aunque no siempre como uno quisiera.

Cada día los medios de comunicación nos traen noticias de todo el mundo con una rapidez sorprendente, hasta el extremo de que en algún caso el suceso todavía se está produciendo. Durante mucho tiempo recopilaba los más insólitos y los comentaba en un artículo, casi diario, que publicaba en un periódico digital. Algunos de estos acontecimientos, por su peculiaridad o por el hecho de encontrarme inmerso en el evento, lo escribía como un relato corto. Aquí leerás a continuación, algunos de ellos. Permanecí siempre fiel a la historia que contaba, sobre todo en el desarrollo y el final, manteniendo nombres y lugares cuando los conocía. Me limité a “decorar” ligeramente el relato. En algún caso, incluso, llegué a ser colega, interlocutor, amigo…de los protagonistas como me ocurrió en el Psiquiátrico del Padre Jofré, de Valencia, primero que se fundó en el mundo en 1.409, con algunos de los “internos” que quedaban y estaba previsto trasladar a otro establecimiento similar porque clausuraban este tan antiguo. Una experiencia inolvidable. Aquí no fue necesario cambiar ningún nombre.

Historias basadas en hechos de la vida real

Zarpazo 1º Amada esposa. Amado esposo.

Zarpazo 2º El Mamón

Zarpazo 3º La boda

Zarpazo 4º Un traje de madera

Zarpazo 5º ¿Dónde dormirán los pájaros si no hay árboles?

Zarpazo 6º Paca, La Culona.

Zarpazo 7º El Rey Corrupto, Contumaz Falo Priápìco.

Zarpazo 8º Santa Pedofilia y Santa Pederastia, Mártires.


Nota:

Algunos lectores pueden sentirse ofendidos con la lectura de este libro, por sus creencias morales, éticas, religiosas o políticas.(Tres editoriales de auto-publicación no se atrevieron a editarlo) No es mi intención y pido disculpas de antemano. A otras, por el contrario, les puede gustar, por lo que les pido lo transmitan a sus amigos, conocidos o a todas aquellas personas que consideren oportunas.



 


 




 




 


Foto: Luis Viadel

 

  Foto: Luis Viadel

 


 

  Foto: Luis Viadel

 



Rosa Marcos

Marian Fz Okariz 

ESTAR AL LADO DEL FASCISMO ,ES ESTAR EN EL LADO BUENO DE LA HISTORIA ..Esto puede decirlo solo una encefalograma plano.

Ayuso siempre he sabido que eres una mediocre ,pero decir está frasecita ya ,no es solo ignorancia.

Eso es una declaración de principios de mediocridad.

Una frase que revela tu incapacidad absoluta para entender historia, ética, política o siquiera la realidad que te rodea.

Porque banalizar el fascismo, minimizar el sufrimiento de millones y, además, sonreír mientras lo haces, solo puede salir de alguien profundamente desconectada de la vida, arrogante y sostenida por un séquito que aplaude cualquier barbaridad que digas.

Tú no estás en el lado de la historia, ni del derecho, ni de la ética.

Estás del lado de la pasta.

Del lado del poder. De la corrupción .

Del lado de quienes creen que el mundo existe para reverencias y elogios, como si fueras la mismísima reina de Saba.

Todo lo demás te resbala, los abuelos a los que te llevaste por delante, con ese protocolo de la vergüenza , la sanidad que privatizas, los derechos que destruyes, la gente que sufre.

Lo que tú sirves es un espectáculo de mediocridad y torpeza moral.

Privatizas lo que es de todos y lo llamas progreso.

Recortas derechos y lo llamas eficiencia.

Pasas por encima de los débiles y lo llamas liderazgo.

Todo eso mientras tu séquito aplaude.

Como los miuras que cargan contra lo que se mueve, siguiendo un trapo rojo que tú agitas con orgullo.

Y tú ahí, feliz, creyéndote la más lista, la más valiente, la más grande, cuando en realidad eres torva, superficial y ridículay malvada .

Tu concepto de libertad y de historia es como tu coeficiente ético: muy limitado y fácilmente desmontable.

Con un mínimo de inteligencia, la gente ve tu espectáculo, ruido vacío, slogans sin fondo y mediocridad puesta en vitrina.

Con gente que tiene memoria histórica, coeficiente y principios, tu discurso se desinfla de inmediato.

Porque nada de lo que dices resiste el contacto con la realidad, la verdad o la dignidad.

Y por cierto, un detalle que se te escapa siempre que hablas de libertad y principios, los que no estamos a favor del fascismo no nos arrodillamos ante nadie.

Tú, en cambio, eres todo lo contrario.

Como diría Groucho Marx si adaptara su estilo a tu vida: “No me levanto ni aunque me lo pidan, pero tú pareces tan arrodillada que ya rozas el suelo.”

Ese es tu estilo, inclinarte, reverenciar, obedecer al poderoso de turno, aceptar cualquier humillación a cambio de mantener el sillón, el foco y la ilusión de grandeza.

No es liderazgo, es servilismo.

No es fortaleza, es vasallaje de manual. Y además, lo ejerces con una sonrisa, como si el acto de doblar la rodilla fuese una gesta política.

Mientras tú te pavoneas, yo estoy del lado de quienes sí lucharon, quienes sí resistieron, quienes sí pagaron con su vida por defender la libertad y la justicia.

Estoy del lado de Las Trece Rosas, mujeres jóvenes que murieron de pie enfrentando la barbarie, y del lado de mi aitite , que vivió con principios y dignidad.Y murió por ello .

Ellas y ellos no necesitaban pinganillos ni guionistas para saber lo que era correcto.

Tú, en cambio, dependes de guiones, titulares y aplausos acríticos.

Si quieres hablar de principios, te pongo otra frase de Groucho.

Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.”

Esa es la coherencia que te falta.

Tú cambias de argumento como quien cambia de guion, dependiendo de quién te aplauda o de qué titular te convenga.

No estás en el lado bueno de la historia.

Estás en el lado del ruido barato, del ego inflado, del marketing de la ignorancia, del desprecio por lo que no entiendes.

Estás del lado de la mediocridad que se cree grande y de la torpeza que se cree audaz.

Estás en el lado donde la ética se disfraza de oportunidad y la memoria se convierte en accesorio.

Mientras tú celebras tus ocurrencias y tus seguidores te aplauden, la gente con inteligencia, memoria y dignidad ve tu vacuidad.

Se ve tu fanatismo.Se

ve tu gorrigismo.

Se ve que, frente a quien tiene coeficiente y sentido común, no tienes nada que ofrecer salvo ruido y arrogancia.

Y recuerda otra joya de Groucho sobre la inteligencia, que va contigo como anillo al dedo:

Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente.”

Esa frase describe a la perfección tu discurso cada vez que hablas de historia, derechos o ética, hablas demasiado y quedas totalmente descubierta.

Quédate con tu lado, el del ego, los aplausos fáciles, los trapos rojos y el marketing de la mediocridad.

Yo, por mi parte, estaré del lado de la inteligencia, la memoria, la justicia y la dignidad.

Ese lado donde tú nunca podrás entrar, por más que lo intentes.

La historia recuerda a quienes luchan, a quienes defienden, a quienes actúan con ética y valor.

Y ahí, Ayuso, tú no estás.

Ni siquiera rozas ese lado.

Porque el que se ríe de los muertos, pisotea a los vulnerables y convierte la ignorancia en poder, solo deja un legado de vergüenza y repugnancia


 



Natalia González

"Primero vinieron por

los socialistas, y yo no dije nada, porque yo no era socialista.

Luego vinieron por

los sindicalistas, y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los judíos,

y yo no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los profesores e intelectuales, y yo no dije nada porque yo no lo era.

Luego vinieron por los palestinos, y yo no dije nada porque no era palestino.

Luego vinieron por los negros y los latinos, y yo no dije nada porque no lo era.

Luego vinieron por las feministas y yo no dije nada porque no era feminista.

Luego vinieron por las madres, y yo no dije nada porque no era madre.

Luego vinieron por los hijos, y yo no dije nada porque no tenía hijos.

Luego vinieron por mí, y no quedó nadie para hablar por mí".

***Adaptación del poema de Martin Niemöller, Pastor Luterano.

Sólo 80 años han pasado entre una Imagen y otra, y la historia se repite. Y los que una vez fueron víctimas, ahora son carniceros.


 



El Hombre de Grauballe no fue hallado por arqueólogos ni buscado por la ciencia. Apareció por accidente, como si la tierra hubiera decidido devolverlo.

En abril de 1952, en una turbera del centro de Jutlandia, Dinamarca, un trabajador hundió la pala y encontró algo que no era raíz ni barro. Era un cuerpo humano. Estaba tan bien conservado que todos pensaron que pertenecía a alguien desaparecido hacía pocas décadas, quizá durante la guerra.

Pero no.

El análisis reveló algo mucho más inquietante: aquel hombre había muerto alrededor del año 290 antes de nuestra era. Más de dos mil trescientos años atrás. Y, aun así, su piel, su rostro y hasta las huellas de sus dedos seguían ahí.

La turba lo había preservado como un silencio intacto.

No llevaba ropa ni objetos. Su cabello, rojizo al hallarlo, no lo era en vida: el pantano había transformado su color. Tenía unos treinta años, medía cerca de un metro setenta y cinco y sus manos no mostraban señales de trabajo duro. No era un campesino agotado por el esfuerzo físico.

Su cuerpo, sin embargo, contaba otra historia.

Los estudios de sus huesos y dientes mostraron que había pasado hambre en la infancia y sufrido problemas de salud durante años. Su esqueleto presentaba carencias graves y su columna empezaba a deteriorarse. No había sido una vida fácil.

El detalle más inquietante apareció en su estómago.

Había ingerido una papilla hecha con semillas silvestres mezcladas con cornezuelo, un hongo tóxico que crece en los cereales. Sus efectos son devastadores: fiebre, dolor intenso, confusión, visiones. Una enfermedad capaz de transformar a una persona ante los ojos de su comunidad.

En una sociedad antigua, sin medicina ni explicaciones científicas, alguien así podía ser visto como una amenaza, un portador de algo oscuro.

El Hombre de Grauballe no murió por causas naturales. Presenta una profunda herida en el cuello, además de lesiones óseas que pudieron producirse antes o después de su muerte. Todo indica que fue ejecutado y depositado en el pantano de forma deliberada.

No sabemos por qué.

Pudo ser un castigo.

Pudo ser un ritual.

Pudo ser miedo.

Nunca lo sabremos.

Hoy, su cuerpo descansa en el Museo Moesgaard, protegido de la luz y del tiempo. Su rostro, aún visible, no acusa violencia ni rabia. Parece dormido. Como si siguiera esperando una respuesta que jamás llegó.

El Hombre de Grauballe no es solo una momia excepcional.

Es el recordatorio de cómo una comunidad puede decidir el destino de uno de los suyos cuando el miedo pesa más que la compasión.

Y de cómo, a veces, la tierra guarda mejor los secretos que los propios seres humanos.

#fblifestyle


 







   De Madrid al Cielo

 Francisco Morote Picazo


 


 


 


 


 


 

  José Alfonso Martin Martin

  Castigo de Dios, algo has debido hacer mal. Estarás en pecado mortal.

 




Un día como hoy, 24 de enero de 1977, tuvo lugar la matanza de Atocha en Madrid, cuando 9 abogados de izquierda fueron asesinados a balazos en un ataque fascista. Entraron al despacho del sindicato CCOO con ametralladoras buscando a un comunista que convocaba huelgas de transporte. Como no pudieron encontrarle, le dispararon a un abogado y alinearon contra una pared a otros 8 para dispararles, matando a 5 e hiriendo gravemente a los demás, incluyendo a una mujer embarazada.

Exactamente el mismo día en otro lugar de la ciudad, la estudiante de 21 años María Luz Nájera Julián fue asesinada por la policía durante una manifestación contra el asesinato fascista de un albañil de izquierdas, Arturo Ruiz, el día anterior en una manifestación que pedía la liberación de los presos políticos. La policía dejó escapar a sus agresores y en su lugar cargó contra los compañeros de manifestación de Ruiz.

El fascismo mata

 


 







HOY SE CUMPLEN 49 AÑOS DE LA MATANZA DE ATOCHA.DOS DE LOS AUTORES DE LOS ASESINATOS FUERON DETENIDOS EN ALMERIA

La noche del 24 de enero de 1977 nueve abogados laboralistas fueron ametrallados en Madrid en el segundo piso del numero 55 de la madrileña calle de Atocha, sede un grupo de abogados de CCOO vinculados al Partido Comunista cinco de los cuales fueron asesinados a sangre fría. Este mes se cumplen treinta y dos años del brutal asesinato. Uno de los dos autores materiales de horroroso suceso, José Fernández Cerrá, natural de Almería, fue detenido varias semanas más tarde en nuestra capital junto con el otro asesino, Carlos García Julia coautor del terrible asesinato y una mujer que fue procesada en su día como encubridora. La matanza de Atocha ha sido uno de los hechos criminales más destacados que marcó la transición española.

La detención de estos criminales reveló una de las tramas más oscuras de la extrema derecha española con numerosos puntos no esclarecidos a pesar de los años transcurridos.

El asunto trajo de cabeza a la Policía porque tras el brutal atentado los asesinos desaparecieron. No se sabía nada de ellos. Sin embargo, unos días mas tarde se supo en el Grupo de Información de la Comisaría que algunos de los implicados podrían estar en Almería, a raíz de unas conversaciones oídas por los agentes a un funcionario del antiguo sindicato vertical al que alguien desde el Sindicato de Transportes de Madrid le había pedido ayuda para que se protegiera a un amigo que estaba metido en un gran problema. A la semana siguiente la Policía fijó la investigación en tres personas, sospechosas de que pudiesen estar involucrados en los hechos centrando sus sospechas en Fernández Cerra.

Mientras tanto en Madrid la Brigada Central de Información seguía de cerca los movimientos de Carlos García Juliá y Gloria Hergueda, por entonces compañera sentimental de José Fernández Cerra. Un día antes habían sido detenidos Fernando Lerdo de Tejada y Francisco Albaladejo. La mañana del 12 de marzo García Julia y Gloria Hergueda fueron detenidos en la Estación de RENFE de Almería nada mas apearse del tren expreso procedente de Madrid.

Policías de de Madrid venían con ellos en el tren, pero fueron detenidos por el grupo de Información de la Policía de Almería nada mas bajarse. Gloria Hergueda llevaba una pistola 6,35 oculta entre las ropas. Casi en simultaneo los otros funcionarios de la Brigada Político Social detenían en casa de unos familiares a Fernández Cerra”. El almeriense llevaba ya casi quince días en la capital e incluso era frecuente verle en el Bar Puga de la capital donde en ocasiones llegaron a coincidir con los propios agentes que seguían sus pasos como uno de los sospechosos del crimen aunque entonces desconocían que fuese éste el individuo que buscaban. Fernández Cerra vivía en aquellas fechas en una calle muy céntrica del casco viejo de la capital y antes de marcharse a Madrid, en su juventud tras finalizar los estudios empezó a trabajar en una agencia de publicidad de la capital donde estuvo un par de años, después paso a unos laboratorios médicos y finalmente trabajaba como vendedor de libros de la empresa Espasa-Calpe.

La misma mañana en que fueron detenidos Carlos García Julia y Gloria Huergueda fueron trasladados a Madrid en un vehículo camuflado de la Comisaría de Policía de Almería que en aquellas fechas dirigía el comisario José Guirao. Almería, una vez más en su lado oscuro, volvía a ser protagonista a nivel nacional en los medios de comunicación aunque en esta ocasión la noticia de alcance desvelaba el final de una trama que durante casi dos meses había suscitado comentarios y especulaciones de todo tipo.

Los asesinos, miembros del comando “Roberto Hugo Sosa” vinculados a la triple A el día de los hechos buscaban al dirigente comunista Joaquin Navarro por el tema de la huelga del Transporte. Al abrirle la puerta del despacho una de las victimas el abogado ya no estaba allí. Ciegos de odio, armados con pistolas y una metralleta Ingra se introdujeron en el piso. El primero en caer fue Ángel Rodríguez que fue quien le abrió la puerta a los asesinos. Después tras sacar de sus despachos a los abogados le dispararon a quemarropa tras colocarlos indefensos contra la pared de la sala principal de la vivienda.

Rodríguez Leal, Luis Javier Benavides y Enrique Valdevira murieron en el acto. Serafín Holgado y Francisco Javier Sauquillo un día más tarde en La Paz. Los otros cuatro resultaros heridos y algunos de ellos hoy día le han quedado graves secuelas.

Según la sentencia judicial dictada en febrero de 1990, el crimen se gestó en la sede del sindicato franquista de Transporte cuyo máximo responsable era Francisco Albadalejo. El comando lo formaban tres personas, aunque uno de ellos Fernando Lerdo de Tejada no intervino directamente en los asesinatos. No obstante fueron procesados y condenados Fernando Lerdo de Tejada, Leocadio Jiménez y Francisco Albaladejo.

La Audiencia Nacional en Junio de 1980 condenó al almeriense Fernández Cerra y a Carlos García Juliá a 193 años de prisión a cada uno como autores materiales de los cinco asesinatos. Otro de los implicados Lerdo de Tejada no fue juzgado. Se dio a la fuga en abril de 1979 al otorgársele un permiso de Semana Santa cuando se encontraba encarcelado en la prisión de Ciudad Real.

García Julia autor de los asesinatos de Holgado y Sauquillo salió en libertad condicional en 1991 tras pasar catorce años en prisión. Alguien le ofreció trabajo en Paraguay y no volvió más.

El almeriense Fernández Cerra condenado a 193 años de cárcel por tres asesinatos, salió en libertad provisional en marzo de 1.992. Tenía entonces 50 años. Durante los catorce años que permaneció recluido en la prisión del Dueso estudió Teología y Derecho Mercantil. Una vez en libertad se le relacionó con una empresa de Seguridad.

Fernández Cerrá antes de pertenecer a Falange estuvo en la Guardia de Franco y siendo casi un niño en la OJE y Frente de Juventudes en Almería. Se llegó a decir que también estuvo en Guipúzcoa formando parte de los ATE, los comandos antiterroristas de ETA. Se casó con una mujer del País Vasco de la que posteriormente se separó y con quien tuvo dos hijas. A mediados de 1976, meses antes de la matanza de Atocha se separó de su mujer y se unió sentimentalmente con Gloria Hergueda que también fue condenada por este caso.

JOSE ANGEL PEREZ


VILLARROYA SACA EL PASADO COMUNISTA DE LOSANTOS Y SE LLEVAN LAS MANOS A ...

 


ESCÁNDALO AGRESIÓN SEXUAL IMPLICA A FEIJÓO "GÉNOVA PROTEGE AGRESOR JUNTA...

 



Llegaron a Auschwitz como personajes de un cuento de hadas que entran en una pesadilla. Doce miembros de la familia Ovitz —siete de ellos con enanismo, y el más pequeño era un bebé de unos quince meses— bajaron del vagón de ganado el 12 de mayo de 1944, aferrados a sus trajes hechos en casa y a sus instrumentos en miniatura. Durante años habían sido la Lilliput Troupe, un grupo querido que cantaba en cinco idiomas y llenaba salas de concierto en Rumanía, Hungría y Checoslovaquia. Habían prosperado lo suficiente como para permitirse un coche. Judíos practicantes, no faltaban nunca al Shabat. Y ahora, en la primavera de 1944, eran prisioneros en el infierno.

En la rampa de selección de Auschwitz-Birkenau, donde los niños, los ancianos y las personas con discapacidad eran enviados directamente a las cámaras de gas, ocurrió algo extraordinario —y aterrador—. La noticia de la llegada de aquella familia de personas pequeñas llegó al Dr. Josef Mengele, el médico del campo, cuya obsesión por las anomalías genéticas solo era comparable con su crueldad. Los testigos recordarían después que, al enterarse, estaba “fuera de sí de alegría”.

La familia Ovitz —Rozika, Franziska, Avram, Micki, Frieda, Elisabeth, Perla y sus parientes de estatura media— se convirtió en la posesión preciosa de Mengele. Los trasladaron a barracones especiales, no por misericordia, sino por la curiosidad científica insaciable de Mengele. Eran experimentos vivos, y su supervivencia dependía por completo del valor que él les atribuyera.

Lo que vino después fue una inversión grotesca de sus vidas anteriores. Antes artistas celebrados, ahora cantaban para Mengele, interpretando canciones en alemán para entretener al hombre cuyos caprichos decidían si vivían o morían. Antes admirados por su talento, fueron expuestos ante dignatarios nazis mientras Mengele daba explicaciones sobre genética, presentándolos como rarezas y no como seres humanos.

Los experimentos no paraban. Les extraían médula ósea, les arrancaban dientes y les arrancaban cabellos. Les vertían agua hirviendo y helada en los oídos para medir reacciones. Les inyectaban sustancias en los ojos, causando dolor insoportable. Las mujeres casadas sufrieron exploraciones ginecológicas invasivas. El pequeño Shimshon, un bebé de alrededor de quince meses, fue sometido a extracciones de sangre repetidas, lo que a menudo lo dejaba pálido y débil. Lo llamaba “tatti”, la palabra en yidis para “papá”. Mengele lo corregía: “Di ‘tío’”.

Era el mismo hombre que dejaba morir de hambre a recién nacidos en nombre de la “investigación”, el mismo que enviaba a miles a las cámaras de gas sin titubear. Y, sin embargo, se aseguraba de que los Ovitz estuvieran mejor alimentados, vestidos con cierta decencia y lo bastante sanos como para seguir siendo útiles: no por bondad, sino para que sus pruebas continuaran.

La familia fue testigo de un horror imposible de describir. Vieron a dos personas pequeñas recién llegadas asesinadas y luego convertidas en “muestras” para exhibición. Incluso los encerraron por error en una cámara de gas; jadeando y asfixiándose, se salvaron solo cuando la voz de Mengele gritó desde fuera: “¿Dónde está mi familia de enanos?”. Los soltaron de inmediato. Once miembros de otra familia, los Slomowitz, fingiendo ser parientes, se mezclaron con los Ovitz: una artimaña desesperada que salvó vidas.

Cuando las fuerzas soviéticas avanzaron en enero de 1945, la mayoría de los prisioneros fue obligada a marchar hacia el oeste. Los Ovitz, demasiado débiles y demasiado valiosos para Mengele, estuvieron entre los pocos miles que quedaron atrás. El 27 de enero de 1945, los soldados soviéticos liberaron Auschwitz. Los doce miembros de la familia sobrevivieron: la mayor familia que entró en el campo y logró salir con vida, unida. Su supervivencia fue un milagro sombrío, nacido no de la misericordia, sino de la obsesión.

El regreso fue brutal. Siete meses después volvieron a Rozavlea, en el norte de Transilvania, y encontraron su casa saqueada y la comunidad destruida. La mayoría de sus parientes había muerto. Pero aún se tenían los unos a los otros. Pasaron un tiempo en Bélgica y luego emigraron a Israel en 1949, instalándose en Haifa.

Contra todo pronóstico, volvieron a los escenarios. La Lilliput Troupe se reunió de nuevo, con sus trajes hechos en casa, tocando las mismas canciones, llenando salas como antes de la guerra. En 1955 compraron un cine y se retiraron, recuperando lo que los nazis no pudieron arrebatarles: su dignidad, su arte, su vida.

Rozika vivió hasta los noventa y ocho años y murió en 1984. Perla, la más joven de los hermanos con enanismo —a la que describían como de “rostro más encantador y carácter más amable”— sobrevivió hasta 2001. Llevó la historia de su familia con entereza, hablando con cineastas y periodistas para que el mundo recordara lo que se había soportado.

La supervivencia de la familia Ovitz no fue una historia de misericordia. Fue el testimonio de una ironía cruel del Holocausto: aquello mismo que los convertía en objetivo —su enanismo— terminó siendo la clave de su supervivencia. Vivieron porque un monstruo los encontraba “interesantes”, resistieron porque fueron lo bastante fuertes para soportar la crueldad, y sobrevivieron porque jamás se soltaron entre ellos.

Su historia no habla de redención —en Auschwitz no la hubo—. Habla de resistencia. De una familia que entró junta en el infierno y salió junta. De artistas que cantaron por su vida… y vivieron para volver a cantar.

Fuente: The Guardian ("The dwarves of Auschwitz", 23 de marzo de 2013)

 



El 24 de enero de 1977 se produjo la matanza de Atocha, un atentado terrorista cometido por un comando ultraderechista en el centro de Madrid. Cinco abogados laboralistas del Partido Comunista de España (PCE) y de Comisiones Obreras (CC. OO.) fueron asesinados, en uno de los momentos más tensos de la Transición española iniciada tras la muerte del dictador Francisco Franco.

Un comando ultraderechista penetró en un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras (CC. OO.) y militantes del Partido Comunista de España (PCE), situado en el número 55 de la calle de Atocha y abrió fuego contra los allí presentes, matando a cinco personas y dejando heridas a cuatro. Fueron condenados José Fernández Cerrá y Carlos García Juliá a un total de 193 años a cada uno de ellos, y a Francisco Albadalejo —vinculado a FET de las JONS—, a un total de 73 años.

Los terroristas llamaron al timbre del piso entre las 22:30 y 22:45. Al parecer, iban en busca del dirigente comunista Joaquín Navarro Fernández, secretario general del Sindicato de Transportes de CC. OO. en Madrid, convocante de unas huelgas anteriores. Al no encontrarlo, ya que había salido un poco antes, decidieron matar a los presentes. Eran dos jóvenes con armas de fuego con quienes iba una tercera persona, encargada de cortar los cables del teléfono y registrar los despachos. Esa misma noche, varios individuos asaltaron también un despacho del sindicato UGT.

Como consecuencia de los disparos resultaron muertos los abogados laboralistas Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo; el estudiante de Derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Lola González Ruiz, casada con Sauquillo.

Una de las abogadas del bufete, Manuela Carmena, logró evitar el atentado porque Luis Javier Benavides le había pedido usar su despacho para una reunión, así que se marchó a otro bufete situado a dos manzanas de distancia en la misma calle. 38 años después, Manuela Carmena fue alcaldesa de Madrid, ciudad donde se produjo la masacre, entre 2015 y 2019.

El PCE seguía siendo ilegal. El secretario general del Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, había regresado clandestinamente del exilio en febrero de 1976. Sin embargo, meses después su presencia era vox populi y su detención sirvió para forzar el reconocimiento y legalización del PCE. Fue detenido el 20 de diciembre de 1976 y, al no existir motivos legales para mantenerlo en prisión ni expulsarlo de España, fue puesto en libertad días después.

En los dos días anteriores, en lo que conoce como la Semana Negra de Madrid, habían muerto otras dos personas relacionadas con movimientos de izquierda, Arturo Ruíz a manos de la misma Triple A y Mariluz Nájera por un bote de humo lanzado por la policía a corta distancia durante una manifestación en protesta por la muerte del primero. Debido a todo ello, se temía una reacción violenta que ayudase a desestabilizar aún más la transición política.

Al entierro de las víctimas de Atocha asistieron más de cien mil personas. Fue la primera manifestación multitudinaria de la izquierda después de la muerte de Franco, y transcurrió en silencio y sin incidentes. Le siguieron importantes huelgas y muestras de solidaridad en todo el país, además de un paro nacional de trabajadores el día después del atentado. En estas muestras de fuerza se dio la paradoja de que las fuerzas de seguridad incluso protegieron a los miembros de un partido todavía ilegal, contribuyendo en buena medida —incluso algunos lo consideran como el momento decisivo para su legalización. En abril, tres meses después, la legalización se oficializó el día conocido como Sábado Santo Rojo, por ser sábado de la Semana Santa, festividad católica para así aprovechar y mitigar parte de la oposición política y militar en vacaciones.

La matanza de Atocha es quizás el momento más grave de los distintos sucesos violentos que van sucediéndose, poniendo en peligro un cambio político y social en el país, con atentados del grupo terrorista ETA —responsable de 28 muertos en 1977—, el maoísta GRAPO —en el mismo mes responsable de la muerte de dos guardias civiles y un policía— o, por ejemplo, de otras organizaciones, como el Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC). En junio se convocan las primeras elecciones generales democráticas posteriores a la dictadura franquista, en un ambiente de gran efervescencia o inquietud social y política.

En pocos días, la Policía Armada detuvo a José Fernández Cerrá, Carlos García Juliá y Fernando Lerdo de Tejada en calidad de autores materiales de los hechos, y a Francisco Albadalejo Corredera —secretario provincial del Sindicato Vertical del transporte, estrechamente vinculado con la mafia del transporte— como autor intelectual. También fueron detenidos Leocadio Jiménez Caravaca y Simón Ramón Fernández Palacios, excombatientes de la División Azul, por suministrar las armas, y Gloria Herguedas, novia de Cerrá, como cómplice.

No obstante, hubo dudas y polémica de si no habría alguien con una mayor responsabilidad en los atentados. El juez de la Audiencia Nacional encargado del caso se negó a investigar más allá de los encausados comentados. La fuga antes del juicio de Lerdo de Tejada, que continúa en paradero desconocido a pesar de que su delito prescribió en 1997, durante un extraño permiso penitenciario por Semana Santa que el juez Gómez-Chaparro le concedió en abril de 1979, contribuyó a profundizar estas dudas que han perdurado hasta la actualidad. Además, Simón Ramón Fernández Palacios falleció el 23 de enero de 1979. La mayoría de los criminales estaban próximos a Falange Española.

La Audiencia Nacional condenó a los acusados a un total de 464 años de cárcel. José Fernández Cerrá y a Carlos García Juliá, autores materiales de los hechos a 193 años de prisión cada uno; 63 años a Francisco Albadalejo Corredera —fallecido en prisión en 1985—; 4 años a Leocadio Jiménez Caravaca —fallecido en 1985 de cáncer de laringe—, y a Gloria Herguedas Herrando, a un año. Uno de los heridos, Miguel Ángel Sarabia, comentaba al respecto en 2005: «Aunque ahora parezca poca cosa, el juicio de los asesinos de Atocha, en 1980 —pese a la arrogancia de los acusados, con camisa azul y muchos asistentes, también de uniforme—, fue la primera vez que la extrema derecha fue sentada en el banquillo, juzgada y condenada».

García Juliá se fugó también 14 años después, al serle concedida la libertad condicional con todavía pendientes más de 3800 días o unos 10 años de prisión. Fue detenido en Brasil en 2018 y extraditado a España el 7 de febrero de 2020 Fernández Cerrá puesto en libertad tras 15 años en la cárcel, algunos lo sitúan trabajando en una empresa de seguridad. Jaime Sartorius, abogado de la acusación particular, declararía años después: «Faltan las cabezas pensantes. No nos dejaron investigar. Para nosotros, las investigaciones apuntaban hacia los servicios secretos, pero sólo apuntaban. Con esto no quiero decir nada».

El periódico italiano Il Messaggero publicó en marzo de 1984 que neofascistas italianos habían participado en la matanza, tesis que fue respaldada en 1990, cuando un informe oficial italiano y las revelaciones del primer ministro italiano Giulio Andreotti relataron que Carlo Cicuttini, un neofascista italiano próximo a la organización Gladio —una red clandestina anticomunista dirigida por la CIA—, había participado en la matanza. Cicuttini había escapado a España, donde adquirió la nacionalidad española, después del atentado de Peteano de 1972, hecho con Vincenzo Vinciguerra.

 El fascismo mata