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domingo, 23 de agosto de 2026

 


Carlos Oscar Basulto Rodriguez


Desde hace mucho los pueblos se han copiado entre sí.

Los judíos vivieron muchísimo tiempo en Egipto y aunque cuando salieron con Moisés dijeron que ya no querían nada con los egipcios, de todas formas se les quedaron algunas costumbres de cómo vestirse para ser sacerdote y cómo organizarse.

Después los griegos y los troyanos también tuvieron sus dioses y sus ritos y cuando Roma los conquistó, Roma no los borró, se los trajo y los hizo suyos. Les cambió el nombre pero dejó las fiestas y las imágenes porque la gente ya estaba acostumbrada.

Cuando Roma se juntó con Egipto por lo de Cleopatra pasó lo mismo. En Roma se puso de moda rezarle a Isis que cargaba a su niño, igualito a como después pintaron a María con Jesús. El bastón de mando y el gorro alto que usaban los que mandaban allá también gustaron mucho en Roma.

Luego llega Jesús que nace judío pero vive bajo dominio romano, rodeado de todas esas mezclas. Cuando el cristianismo se hace grande y Constantino lo hace religión oficial, necesitaba que todo el imperio creyera lo mismo sin pelearse, por eso junta a los obispos en Nicea para que se pongan de acuerdo.

Ahí para que la gente no sintiera raro el cambio, agarraron cosas que ya conocían y les dieron otro significado. El bastón que antes era de mando ahora decían que era de pastor que cuida borregos, el gorro alto que antes era de poder ahora decían que era de obispo, la cruz que antes era para castigar ahora decían que era de vida.

Es lo mismo que pasó aquí con la Virgen de Guadalupe que la pusieron donde antes estaba Tonantzin, le cambian la carátula para que la gente lo acepte pero por dentro es la misma necesidad de la gente de ver a alguien que manda con sombrero alto y bastón.

Entonces la conclusión es que la religión católica no salió de la nada ni es copia directa de una sola, es una mezcla de muchas que se fueron juntando con el tiempo y a todo lo viejo le fueron poniendo nombre nuevo para que pareciera propio.


 Caridad Leira


 

Tres presidentes. Una maquinaria bélica continua.

La imagen muestra a Obama, Bush y Clinton sonriendo juntos, mientras publicaciones virales afirman que invadieron nueve países en 23 años y mataron a 11 millones de civiles; cifras que se repiten constantemente pero que no coinciden con los recuentos más rigurosos.

Sin embargo, los datos reales siguen siendo sobrecogedores. El proyecto *Costs of War* (Costos de la Guerra) de la Universidad de Brown estima entre 900.000 y 940.000 muertes directas en las zonas de conflicto posteriores al 11 de septiembre (Afganistán, Irak, Pakistán, Siria, Yemen y teatros de operaciones relacionados), mientras que las muertes indirectas —causadas por la destrucción de infraestructuras, enfermedades y hambrunas— elevan la cifra total a cerca de 4,5 millones. Se produjeron invasiones a gran escala en Afganistán e Irak. Los bombardeos sostenidos, las campañas con drones y las operaciones especiales se extendieron a Libia, Siria, Yemen, Somalia, Pakistán y otros lugares, abarcando múltiples administraciones casi sin interrupción.

Clinton autorizó ataques e intervenciones en la década de 1990. Bush inició las dos grandes guerras terrestres. Obama amplió el programa de drones a niveles récord e intervino en Libia, al tiempo que mantenía los otros conflictos. Los rostros cambian. La maquinaria, no. Y casi nadie en los medios convencionales aplica la etiqueta de "criminal de guerra" a ninguno de ellos.

Cuando el costo humano se cuenta por millones y el mismo círculo de responsables sigue rotando en el poder sin consecuencias, la pregunta surge por sí sola: ¿cuántas veces más debe repetirse el guion antes de que el patrón mismo se convierta en la noticia?

El recuento de víctimas es real. La continuidad es real. La ausencia de rendición de cuentas es lo que debería inquietar a todo el mundo.

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 JJavier Flores Sanchez


 Hay verdades contables que por mucho que intenten taparse con los trajes de los despachos oficiales y discursos solemnes, la historia y los tribunales se encargan de dejar grabadas a fuego.

La imagen de hoy nos refresca una memoria que a los de arriba les da un ataque de nervios recordar.

Nos pasamos la vida escuchando lecciones de patriotismo de escaparate, pero la cruda realidad material nos demuestra que el trilerismo con el dinero público viene de muy lejos.

Hubo un tiempo en que los máximos responsables de diseñar las leyes intentaron silenciar a la prensa independiente acudiendo en masa a los juzgados para proteger su honor.

El tiro les salió por la culata: la justicia civil determinó que los papeles eran ciertos, que los balances oficiales no mentían y que las estructuras de los pagos ocultos eran una realidad inapelable, terminando los demandantes con una condena a pagar los gastos del juicio de su propio bolsillo. ¡Blanco y en botella!



 


 


 Angel Escarpa Sanz

Si fueron capaces de fusilar entre 2000 y 4000 hombres desarmados en Badajoz, entre el 14 y el 15 de agosto (¡Día de la Virgen!), ¿quién esperaba misericordia ya para Federico G. Lorca, el maestro de escuela Dióscoro Galindo y aquellos dos banderilleros, dos días más tarde en una Granada bajo el dominio total de Queipo de Llano?


 Claudio Bustos


 FranciscoMolina


sábado, 22 de agosto de 2026

 


#TalDíaComoHoy, en la madrugada del 17 de agosto de 1963, Los anarquistas Francisco Granado Gata y Joaquín Delgado Martínez, fueron asesinados a GARROTE VIL en la cárcel de Carabanchel, acusados de terrorismo cuando eran INOCENTES

Granado era jornalero, forjador, activista antifranquista colaborador de las Juventudes Libertarias. Y Delgado era ebanista fresador, secretario de la Federación Ibérica de Juventudes Libertarias en Grenoble. Ambos fueron detenidos el 31 de julio de 1963, acusados de colocar dos bombas, dos días antes, en la Sección de Pasaportes de la DGS de Madrid, que provocó heridas a una treintena de personas, y en la Delegación Nacional de Sindicatos causando solo daños materiales.

Inicialmente negaron ser los autores de los atentados. Fueron interrogados por el sanguinario policía Saturnino Yagüe González y el inspector Enrique González Herrera, de la Brigada Político Social. Carlos Arias Navarro, entonces Director General de Seguridad, entró a abofetear a uno de los detenidos.

Al sexto día de salvajes torturas los detenidos se confesaron culpables. Días después un tribunal militar franquista les procesó en consejo de guerra; aunque negaron su culpabilidad les condenaron a muerte.

Tras unos años aletargado, el movimiento libertario experimentaba un impulso que suponía un desafío que el régimen no podía tolerar. Y ahí sacó sus terribles garras”, recuerda Tomás Ibañez, líder histórico de la CNT. El Consejo Ibérico de Liberación, uno de los nombres que utilizaba el grupo anarquista Defensa Interior (creado por CNT, FIJL y FAI), reconoció la autoría de los ataques, pero aseguró que los autores habían sido otras personas.

La lucha de Delgado y Granado fue el ejercicio “del derecho a la resistencia contra un tirano, porque eliminar a un tirano era la razón de ser del movimiento libertario”. La misma organización haría público posteriormente que Granado estaba en Madrid para transportar una maleta con explosivos para un posterior ataque contra el dictador Francisco Franco. Delgado, por su parte, había sido enviado desde París para informar a Granado de que la operación debía ser suspendida.

La verdad se conocería más de 30 años después. El documental Un crimen legal, de Lala Gomà y Xavier Muntanyà, emitido en 1996 en el canal francés Arte daría a conocer los nombres de los verdaderos atacantes: Sergio Hernández y Antonio Martín. Así lo reconocían ellos ante las cámaras: “Sergio se marchó para la frontera y yo me quedé en Madrid. Tuve la sorpresa verdaderamente profunda de que habían arrestado a dos compañeros y que les habían inculpado por un hecho que no habían hecho. Fuimos nosotros los que lo hicimos. Habíamos ido a hacer ruido y estando allí los habían acusado… No los conocíamos. Y no sólo los acusaban.. sino que querían matarlos… Para mi fue algo que…. No puedo contar…”

Octavio Alberola, que había sido el coordinador de Defensa Interior durante aquel ataque, declaró públicamente en televisión, que los jóvenes anarquistas Granado y Delgado no eran los autores de los atentados de 1963. La misión que había encomendado a Granado era que “recogiera una maleta con explosivos y se la entregara a otro compañero que realizaría el atentado. Esa era la razón por la que estaba en Madrid desde mayo del 63”.

Sólo quiero que la justicia reconozca que mató a dos inocentes”, explicó en 1997 la viuda de Granado. La CGT y familiares de los dos condenados interpusieron en febrero de 1988 un Recurso de Revisión ante la Sala de lo Militar del Tribunal Supremo contra la sentencia de 1963. La Justicia del régimen del 78 rechazó la revisión del juicio y la anulación de la sentencia. Lala Gomà, directora del documental Un crimen legal, recordó que “Fraga no quiso responder nuestras preguntas, rechazó intervenir. Tuvimos acceso al sumario y ahí estaba todo. Podíamos documentar de una manera rigurosa lo que había pasado y demostrar que eran inocentes”. Fraga estuvo en el Consejo de Ministros que firmó el ‘enterado’ de la pena de muerte sin mayor problema.

El 17 de agosto de 1963 Granado y Delgado fueron ejecutados mediante garrote vil en la prisión de Carabanchel (Madrid). Tenían 28 y 29 años. Los dos cadáveres fueron enterrados en secreto inmediatamente, sin dar cuenta a las familias, en una fosa de caridad del cementerio de Carabanchel. Actualmente los nombres de Granado y Delgado siguen marginados de los libros de historia que, por contra, han calificado a Fraga “padre de la democracia” y una sala del Congreso del régimen del 78 le ha rendido homenaje.


 


 Xabier Repu


 MA Torres


 

 Mercedes Gonzalez Delgado


 


 


 


 


 


 


¿Sabías que Isabel García Lorca 🇪🇦 (1909-2002), fue la hermana pequeña de Federico García Lorca 🇪🇦 (1898 - 1936) y dedicó gran parte de su vida a custodiar su legado y crear la fundación que en la actualidad lleva el nombre del gran escritor?

Isabel era la menor de los Lorca, siendo el mayor de ellos Federico.

Oriunda de Granada como sus hermanos, estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Granada, hasta que se trasladó a Madrid, donde conoció a miembros de la Generación del 27, grupo que integró su célebre hermano. Sobre todo, entabló amistad con Pedro Salinas y Jorge Guillén.

Isabel se volvió especialista en literatura española, y participó en La Barraca, un grupo estudiantil itinerante creado por su hermano, que recorrió España llevando clásicos del teatro.

Cuando el clima político en España se volvió insostenible, Isabel estaba refugiada en casa de Bernardo Giner. Sonó el teléfono. Ella corrió a atender. La voz pedía hablar con la esposa de Giner, pero ella no estaba. Isabel pidió recoger el recado.

Le dijeron: "Bueno, dígale entonces que es cierto que han asesinado a Federico García Lorca en Granada".

A partir de allí, la familia García Lorca se exilió en Nueva York. Isabel brindó clases de literatura española en diferentes universidades de ese país.

Además de la brutalidad ejercida por el franquismo en todas las áreas de la política española, mandó al exilio a generaciones de notables artistas, algunos de ellos perecieron en la Guerra Civil y muchos se exiliaron.

Luego de la muerte de Francisco Franco en 1975, en 1986 Isabel impulsó la creación de la Fundación Federico García Lorca, con el objetivo de gestionar el legado de su hermano.

Un año antes, y por vez primera en su vida, había accedido a hablar en público de su hermano; ocurrió en la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Isabel fue ovacionada en el auditorio.

Probablemente sin el cuidado de Isabel con la obra de Lorca, como la de Josefina Manresa 🇪🇦 (1916 - 1987) con la obra de Miguel Hernández 🇪🇦 (1910 - 1942), el legado de los poetas españoles más importante del Siglo XX hubiese estado en serio riesgo.

Isabel García Lorca falleció en el 2002 en Madrid, a la edad de 91 años, y ya desde hace algunos años la dirección de la Fundación Federico García Lorca en Granada, la encabeza Laura García Lorca, hija de Francisco García Lorca y sobrina del célebre poeta.

La Fundación tiene como fin custodiar el legado de la obra literaria de García Lorca, pero también promocionar nuevos artistas en diferentes disciplinas tales como la literatura, la danza, la pintura y la música.

#IsabelGarcíaLorca

#LauraGarcíaLorca

#Fundación

#HistoriaXRedes


 

José de Mairena: Quien pueda facer que faga...!!!!!!!!

 Roberto Sanchez


 Norberto Acosta

La ignorancia es muy atrevida sobre todo la consentida y cuando se junta con la estulticia produce cerebros discapacitados como el de este individuo

 Pep Bo Qe


 

Fueron llevados a los cementerios y fosas comunes y los fusilaron

 José María Lobo


 Rick Reixido


 José Navarro Rodriguez


 


La única voz de un castrato histórico que podemos escuchar todavía fue grabada en el Vaticano en 1902.

Se llamaba Alessandro Moreschi.

Detrás de aquella voz conservada en un disco se encontraba una práctica que durante siglos alteró para siempre el cuerpo de niños con una esperanza incierta: que alguno de ellos se convirtiera en un gran cantante.

La operación debía realizarse antes de la pubertad.

Al impedir el desarrollo hormonal normal, la laringe no experimentaba los mismos cambios que hacían descender la voz de otros varones. El niño podía llegar a la edad adulta conservando un registro extraordinariamente agudo.

Después comenzaban años de formación.

El fenómeno había surgido en Italia durante el siglo XVI, cuando las mujeres estaban excluidas de numerosos coros eclesiásticos y las partes agudas eran interpretadas por niños o falsetistas. Los castrati ofrecían otra posibilidad: una voz aguda que no desaparecía al llegar la adolescencia.

La práctica terminó escapando de las iglesias.

Durante los siglos XVII y XVIII, los castrati se convirtieron en algunas de las mayores estrellas de la ópera europea. Compositores escribieron papeles específicamente para ellos y cantantes como Senesino, Carestini y Carlo Broschi, conocido como Farinelli, alcanzaron una fama que hoy podría compararse con la de grandes celebridades internacionales.

Farinelli llegó a cantar en las cortes europeas y acumuló riqueza y prestigio.

Pero su éxito escondía una realidad mucho menos brillante.

La operación no podía garantizar talento, resistencia, belleza vocal ni una carrera profesional. Un niño podía ser sometido a ella y descubrir años después que jamás tendría la voz necesaria para alcanzar los grandes escenarios.

Su cuerpo, en cambio, ya había sido modificado de manera irreversible.

La ciencia moderna ha permitido observar algunas de esas consecuencias.

Cuando los restos de Farinelli fueron estudiados después de su exhumación en 2006, los investigadores encontraron características compatibles con la castración antes de la pubertad: extremidades excepcionalmente largas, persistencia de líneas de crecimiento óseo y osteoporosis.

Mientras tanto, la sociedad que había celebrado aquellas voces comenzó a cambiar.

Durante el siglo XIX los castrati desaparecieron progresivamente de los teatros. En 1870, la castración con fines musicales quedó prohibida en la Italia unificada. Las voces sobrevivieron durante algunas décadas más dentro de la tradición eclesiástica.

En 1903, el papa Pío X dispuso que las partes agudas de los coros fueran interpretadas por niños, cerrando definitivamente el camino para nuevas incorporaciones de castrati a la música pontificia.

Moreschi permaneció algunos años más en el coro de la Capilla Sixtina.

Un año antes de aquella reforma había ocurrido algo que ninguna generación anterior de castrati pudo hacer.

Un gramófono había entrado en el Vaticano.

Moreschi se colocó frente a la enorme bocina de grabación y cantó.

Volvió a hacerlo en 1904.

Murió en 1922.

Farinelli, Senesino y miles de voces de aquella época desaparecieron con quienes las escucharon. La de Moreschi quedó atrapada en unos discos.

Es el sonido que sobrevivió de una tradición musical que necesitaba cambiar para siempre el cuerpo de un niño antes de saber siquiera qué clase de cantante llegaría a ser.


miércoles, 19 de agosto de 2026

 


Mons. Raúl Vera llama a reconocer plenamente a las personas LGBT+ dentro de la Iglesia

Torreón, Coahuila. Durante la celebración eucarística del IV Encuentro Nacional de la Red Católica Arcoíris México, el obispo emérito de Saltillo, Mons. Raúl Vera López, hizo un llamado a las comunidades católicas a acoger, respetar y reconocer plenamente la participación de las personas LGBT+ en la vida de la Iglesia.

En su homilía, afirmó que la orientación homosexual “no es una perversión humana ni una enfermedad”, sino una condición propia de la persona, e invitó a superar actitudes de rechazo o desprecio. Subrayó que las personas LGBT+ tienen derecho a participar activamente en las comunidades eclesiales y a ejercer liderazgos en la vida de la fe.

Acompañar y fortalecer a estas personas es una responsabilidad grave que tenemos”, expresó, señalando que la Iglesia está llamada a admitir su presencia con naturalidad y respeto, tanto en la sociedad como en la comunidad eclesial.

Mons. Vera también exhortó a que las comunidades católicas LGBT+ sean reconocidas por su testimonio de fe, diversidad y unidad, inspirando una Iglesia cada vez más abierta al acompañamiento pastoral.

Posteriormente, a través de sus redes sociales, el obispo emérito señaló que quienes condenan a las personas por su orientación sexual necesitan no solo una actualización en su formación, sino también “un corazón nuevo”, retomando la imagen del profeta Ezequiel como llamado a la conversión y a una mirada más evangélica.

#RedCatólicaArcoírisMéxico #RaúlVera #IglesiaCatólica #OtroRebaño


Sitequillapierdepalomo Boqueta Joel Garcia 


 


 



Roy Galan

Decir que Federico García Lorca murió un día como hoy es faltar a la verdad porque uno se muere de viejo, uno se muere porque algo falla en el interior, uno se muere por un accidente o porque le toca morirse porque todas las personas vamos a morir, pero cuando te llevan debajo de un olivo y te fusilan, cuando cogen tu carne aún posible, aún capaz de decir “azul” o de decir “no”, aún capaz de pensar en las estrellas, aún capaz del temblor y de la esperanza y del dolor, cuando cogen tu carne y le meten dos balas porque están hartos de mari**** en Granada y la desgarran por rojo y la vacían de sangre por masón, cuando dejan a quien te quiere sin la opción de volverte a ver, lo que te hacen no está relacionado con lo inevitable sino con lo indigno. Sugerir que Lorca ganó, que es eterno, que “los poetas nunca mueren porque viven en sus versos” es despolitizar su figura y tratar de romantizar su desaparición. Lorca se acabó un 18 de agosto de 1936 por la sencilla razón de que ya no pudo cambiar de idea, ya no pudo aprender nada nuevo, ya no pudo imaginar, ni crear, convirtiéndose así en un esclavo de lo ya dicho, de lo ya escrito, de lo ya hecho. Decía Leonard Cohen que no entendía cómo en este país no excavábamos con nuestras manos para encontrar a Lorca. Lorca fue uno entre cien mil. Por eso yo diría que no entiendo cómo no excavamos para encontrar a las más de cien mil personas desaparecidas en España forzosamente en el genocidio franquista que fueron represaliadas por defender sus ideas, la escuela pública, el divorcio o el voto, por creer en la democracia y lucharla, por intentar que no se secara el caudal de la libertad, personas que son un recuerdo en la cabeza de otras personas que van desapareciendo. Si Lorca levantara la cabeza tendríamos que explicarle que no hemos usado nuestras manos, que ni siquiera lo estamos buscando y que a quien le busca a él y a los demás los llaman despectivamente “buscadores de huesos” desde el Congreso, que en la radio suena el Cara al Sol, que el fascismo está muy vivo, no como él. Igual que todos aquellos cuerpos que fueron arrancados de sus días como mala hierba y arrojados a cunetas, cunetas que hoy son carreteras, sobre las que circulan coches en los que van sentadas personas que a veces recuerdan a sus abuelos que atravesaron una puerta y después el silencio y después la vida sin ellos, sin que “por el sur de mis pies fue primavera y al norte de mi frente flor de helecho”, al sur y al norte, tierra en la venas.

 Jose Ferrer Adame


 

En un día como hoy, hace 90 años, era asesinado Federico García Lorca.

Lo recordamos en su faceta más festiva. La fiesta de los marineros, en Buenos Aires. Porque además de un gran músico y escritor, Lorca era el alma de las fiestas.

Lorca y Norah Lange se hicieron muy amigos en Buenos Aires entre octubre de 1933 y marzo de 1934. El poeta español y la escritora vanguardista compartieron tertulias, paseos y el vibrante círculo literario porteño del Grupo de Florida junto a Oliverio Girondo (esposo de Lange) y Pablo Neruda.

Las fotos fueron tomadas en la casa del escritor argentino Oliverio Girondo y la escritora Norah Lange. Se organizó una fiesta de disfraces temática de marineros para celebrar la publicación del libro de Lange: “45 días y 30 marineros”.

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Foto 1:

De izq a dcha, Jorge Larco, Federico García Lorca, Manuel Fontanals y José Glez Caballero, sentado en el suelo

Foto 2:

De izquierda a dcha, Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Federico García Lorca , Jorge Larco y Raúl Jorge Tuñón, sentado en el suelo




 


 Maria Marin


 


Yo nací en 1946, en una Asturias donde la mina mandaba más que cualquier gobierno y donde la vida de una familia dependía de que el pozo no fallara. Crecí viendo a los hombres, a mi padre, bajar cada día con la lámpara en la mano y el miedo metido en el estómago, al toque del turullu, ese sonido metálico que atravesaba Figaredo, Turón y Mieres como una orden que no admitía réplica. Las mujeres sostenían casas enteras con una dignidad que nunca salió en los periódicos, y todos sabíamos quién tenía el poder y quién tenía la espalda rota. Entre los que tenían el poder estaban los Figaredo, una familia que manejaba una fortuna construida sobre el sudor, el miedo y la vida de miles de mineros. Yo no necesito que nadie me explique quiénes fueron los Figaredo porque yo viví en la Asturias donde su apellido pesaba más que cualquier ley.

Cuando estalló la Huelgona, la recuerdo como si fuera hoy. Recuerdo las conversaciones en voz baja, el miedo a la Guardia Civil, los hombres reunidos en las cocinas, las mujeres organizando la resistencia sin que nadie les diera las gracias. Recuerdo cómo la huelga empezó en el Caudal y se extendió al Nalón, cómo Sama y La Felguera se unieron, cómo la cuenca entera se levantó contra unas condiciones que ya no se podían soportar. Recuerdo la represión, los silencios, los golpes, pero también recuerdo la solidaridad: las cajas de resistencia, las colectas, los tenderos que apuntaban comida sin saber cuándo cobrarían en las ya más que famosas libretas, las mujeres que hacían milagros con nada. Aquella huelga nos enseñó que la única fuerza real que teníamos era la que construíamos entre nosotros.

En mi casa, como en tantas otras, comimos gracias a la caja de resistencia, al socorro rojo. Y yo, como tantos, tuve que hacer algo que nunca se olvida: sumar las libretas. La de la carnicería, la del panadero, la del economato, la del ultramarinos. Cada fin de mes me sentaba con las libretas encima de la mesa y veía cómo los números crecían y cómo la vergüenza se mezclaba con la rabia. Los tenderos apuntaban todo: el pan, la carne, la leche, el aceite, el azúcar. Apuntaban sin saber cuándo cobrarían, apuntaban porque sabían que, si ellos no ayudaban, nosotros no comíamos. Aquellas libretas eran la prueba escrita de nuestra miseria y de nuestra dignidad. Eran la contabilidad de la solidaridad. Eran la memoria de una cuenca que se sostuvo a sí misma cuando la empresa nos dejó tirados. Y mientras la cuenca luchaba por sobrevivir, los Figaredo seguían manejando su negocio desde arriba, sin bajar a la mina, sin respirar grisú, sin sentir el miedo que nosotros sentíamos cada día.

Luego llegó 1978. Yo ya era adulto, ya tenía vida casi hecha, porque la vida nunca está hecha al completo, pero si sabía lo que era que la población dependiera de la mina para todo. No viví directamente la crisis de Minas Figaredo, pero sí viví lo que significaba que una empresa dejara a miles de familias sin cobrar. Lo vi en los vecinos, en los amigos y vi cómo al desaparecer la nómina y desaparecía la comida. Vi cómo la desesperación se convertía en rabia. Vi cómo la cuenca volvía a sostenerse a sí misma porque nadie más lo hacía.

La retención de la dirección en el Pozo San Inocencio no fue un acto político, fue desesperación pura. Fue el grito de unos padres que ya no podían más. Fue la cuenca diciendo basta. La crisis fue tan grave que en 1980 el Estado tuvo que intervenir y rescatar la mina, integrándola en el INI para evitar que la comarca se hundiera en la miseria absoluta. La cuenca pagó el precio. La familia Figaredo, no. Ellos nunca asumieron las pérdidas. Nosotros sí.

Mientras las cuencas sobrevivían como podían, otro miembro de la familia, Rodrigo Rato Figaredo, ascendía en la política y en las finanzas, llevando el apellido desde las cuencas mineras hasta los despachos del FMI, del Gobierno y de la banca española. El poder económico y político de los Figaredo ya no se limitaba a Asturias: se extendía por Madrid, por Bruselas, por Washington. Y nosotros seguíamos en la cuenca, con nuestras libretas, nuestras cajas de resistencia, nuestras huelgas y nuestras cicatrices.

Hoy, décadas después, el apellido vuelve a estar en el Congreso. El nieto del empresario minero, José María Figaredo, diputado de VOX, cobra un salario público elevado y lidera parte del discurso económico de su partido. Y desde su escaño habla de sindicatos como si fueran un obstáculo, como si la protección laboral fuera un capricho, como si la historia de su propia familia no estuviera escrita sobre las espaldas de miles de trabajadores que hicieron ricos a los suyos. Cuando le escucho decir que hay que recortar derechos laborales, yo no oigo teoría económica: oigo el eco de la Huelgona, oigo el silencio de las nóminas que no llegaron, oigo a las madres diciendo que no sabían qué poner en la mesa, oigo a los vecinos compartiendo comida, oigo a los tenderos apuntando en la libreta, oigo la caja de resistencia que nos dio de comer cuando la empresa nos dejó tirados.

Por eso hablo claro. Yo nací en 1946. Yo viví la Huelgona. Yo comí de la caja de resistencia. Yo comí del socorro rojo. Yo sumé las libretas cada fin de mes. Yo sé quién estuvo ahí cuando la patronal no estuvo. Yo sé quién sostuvo a los mineros cuando la empresa les dejó sin nada. Y sé también quién se hizo rico con el trabajo de los mineros y quién nunca asumió las consecuencias de su mala gestión. Los Figaredo son parte de la historia de Asturias, sí, pero la cuenca también. Y la cuenca pagó el precio. La memoria no se borra con discursos de plató ni con consignas parlamentarias. La memoria está en nuestras casas, en nuestras libretas, en nuestras cicatrices, en nuestras historias. Y yo no voy a dejar que nadie la borre porque soy hijo de minero, porque soy nacido en Turón y criado en Figaredo.

Samuel Hinojal Sans