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lunes, 17 de agosto de 2026

 


En 1926 Dalí era fan número 1 de Picasso, por aquel entonces, Dalí tenía 22 años y veía a Picasso como un dios. Copiaba su forma de vestir, su pelo y su bigote. Hizo muchos cuadros cubistas iguales a los de Picasso.

Decía que quería "ser como él" cuando fuera grande, gracias a Picasso, Dalí entró al círculo artístico de París, incluso Picasso le pagó el viaje a Nueva York con Gala en 1934.

Se veían seguido en casa de Picasso, hablaban de arte y Gala también iba. Pero en el año 1939,

La Guerra Civil Española los separó, todos sabían que Picasso odiaba a Franco, hizo "El Guernica" en protesta y se exilió en Francia. Era símbolo de la resistencia antifranquista.

Dalí, por su parte apoyó públicamente a Franco y a la dictadura, decía que era "apolitico" pero alababa al régimen, para Picasso eso fue imperdonable. Para Dalí, Picasso se había vuelto "aburrido y político".

A partir de ese año 1939 en adelante, se creo una guerra fría entre ellos, Dalí empezó una rivalidad "casi enfermiza". Quería ser más famoso que Picasso y lo atacaba en entrevistas, llegó a denigrarlo en España.

Picasso hizo lo peor que le podía hacer a Dalí, "lo ignoró" no le contestaba, no hablaba de él, y eso ponía furioso a Dalí, porque él vivía para provocar.

Dalí incluso dijo: "La diferencia entre los surrealistas y yo es que yo soy surrealista" y "Yo no soy surrealista, el surrealismo soy yo". Era su forma de decir que ya había superado a Picasso.

Nunca se reconciliaron, nunca volvieron a ser amigos. Picasso murió en 1973 sin perdonarle el apoyo a Franco. Dalí murió en 1989 y siempre vivió a la sombra/comparación con Picasso.

Picasso fue el maestro que Dalí admiró, superó en escándalo, pero nunca pudo superar en el arte.


 Perfy Grueira Rodriguez



 


HACE 90 AÑOS: LA DETENCIÓN DE FEDERICO GARCÍA LORCA

📍 Granada, 16 de agosto de 1936

Hoy se cumple un nuevo aniversario de uno de los días más oscuros de la historia cultural española. Repasamos lo ocurrido, con nombres y datos documentados por investigadores como Ian Gibson y Miguel Caballero.

🔹 EL CONTEXTO

Un mes antes, el 18 de julio de 1936, estalla el golpe de estado militar contra la República. El 20 de julio, Granada cae en manos de los sublevados y comienza una represión feroz. El propio cuñado de Lorca, Manuel Fernández-Montesinos, alcalde de la ciudad, es detenido y semanas más tarde, fusilado.

🔹 EL REFUGIO

El 9 de agosto, temiendo por su vida en la Huerta de San Vicente, Federico se traslada a casa de sus amigos, la familia Rosales, en la calle Angulo nº 1. Allí viven los hermanos José, Luis, Miguel y Antonio Rosales, jóvenes falangistas que le dan cobijo pese al riesgo de esconder a alguien señalado por sus ideas y su condición sexual.

🔹 EL 16 DE AGOSTO, HORA A HORA

Hacia la 1 de la tarde, un grupo armado rodea la manzana de la calle Angulo. Se apostaron hombres incluso en los tejados vecinos para impedir cualquier fuga.

Al frente: Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA por Granada, tipógrafo de profesión y hombre de confianza del nuevo gobernador civil, el comandante José Valdés Guzmán. Actuaba con una denuncia que él mismo había ayudado a redactar.

Pese a la oposición de la familia Rosales, Ruiz Alonso se lleva a Lorca. Entre los cargos que pesaban sobre el poeta: ser "espía de los rusos", haber sido secretario del político Fernando de los Ríos y su condición de homosexual.

Lorca es trasladado en coche hasta el Gobierno Civil de Granada, en la calle Duquesa nº14, adonde llega esa misma tarde.

🔹 LA FRASE QUE LO CONDENÓ

Según el testimonio de Miguel Rosales, recogido después por investigadores, Ruiz Alonso llegó a decir sobre el poeta: "Hizo más daño con su pluma que otros con la pistola".

🔹 LO QUE VINO DESPUÉS

Retenido en el Gobierno Civil, Lorca fue trasladado días después a Víznar y fusilado junto a otras tres personas en la carretera hacia Alfacar, en una fecha que los historiadores aún debaten entre el 17 y el 19 de agosto de 1936. Tenía 38 años.

Dos meses después, el 17 de octubre de 1936, Antonio Machado dedicaría al crimen su célebre elegía "El crimen fue en Granada".

📚 Fuentes: investigaciones de Ian Gibson y Miguel Caballero.

#FedericoGarcíaLorca #Granada1936 #MemoriaHistórica #GuerraCivilEspañola #16DeAgosto #Lorca

Fotografía del edificio del antiguo gobierno civil de Granada. Foto de Torres Molina (en el libro de Eduardo Molina Fajardo, 'Los últimos días de García Lorca'. Barcelona, Plaza & Janés, 1983, pág. 273).



 Jose Reguera Infante


 


Mercedes Rodrigez

Yo nací en 1946, en una Asturias donde la mina mandaba más que cualquier gobierno y donde la vida de una familia dependía de que el pozo no fallara. Crecí viendo a los hombres, a mi padre, bajar cada día con la lámpara en la mano y el miedo metido en el estómago, al toque del turullu, ese sonido metálico que atravesaba Figaredo, Turón y Mieres como una orden que no admitía réplica. Las mujeres sostenían casas enteras con una dignidad que nunca salió en los periódicos, y todos sabíamos quién tenía el poder y quién tenía la espalda rota. Entre los que tenían el poder estaban los Figaredo, una familia que manejaba una fortuna construida sobre el sudor, el miedo y la vida de miles de mineros. Yo no necesito que nadie me explique quiénes fueron los Figaredo porque yo viví en la Asturias donde su apellido pesaba más que cualquier ley.

Cuando estalló la Huelgona, la recuerdo como si fuera hoy. Recuerdo las conversaciones en voz baja, el miedo a la Guardia Civil, los hombres reunidos en las cocinas, las mujeres organizando la resistencia sin que nadie les diera las gracias. Recuerdo cómo la huelga empezó en el Caudal y se extendió al Nalón, cómo Sama y La Felguera se unieron, cómo la cuenca entera se levantó contra unas condiciones que ya no se podían soportar. Recuerdo la represión, los silencios, los golpes, pero también recuerdo la solidaridad: las cajas de resistencia, las colectas, los tenderos que apuntaban comida sin saber cuándo cobrarían en las ya más que famosas libretas, las mujeres que hacían milagros con nada. Aquella huelga nos enseñó que la única fuerza real que teníamos era la que construíamos entre nosotros.

En mi casa, como en tantas otras, comimos gracias a la caja de resistencia, al socorro rojo. Y yo, como tantos, tuve que hacer algo que nunca se olvida: sumar las libretas. La de la carnicería, la del panadero, la del economato, la del ultramarinos. Cada fin de mes me sentaba con las libretas encima de la mesa y veía cómo los números crecían y cómo la vergüenza se mezclaba con la rabia. Los tenderos apuntaban todo: el pan, la carne, la leche, el aceite, el azúcar. Apuntaban sin saber cuándo cobrarían, apuntaban porque sabían que, si ellos no ayudaban, nosotros no comíamos. Aquellas libretas eran la prueba escrita de nuestra miseria y de nuestra dignidad. Eran la contabilidad de la solidaridad. Eran la memoria de una cuenca que se sostuvo a sí misma cuando la empresa nos dejó tirados. Y mientras la cuenca luchaba por sobrevivir, los Figaredo seguían manejando su negocio desde arriba, sin bajar a la mina, sin respirar grisú, sin sentir el miedo que nosotros sentíamos cada día.

Luego llegó 1978. Yo ya era adulto, ya tenía vida casi hecha, porque la vida nunca está hecha al completo, pero si sabía lo que era que la población dependiera de la mina para todo. No viví directamente la crisis de Minas Figaredo, pero sí viví lo que significaba que una empresa dejara a miles de familias sin cobrar. Lo vi en los vecinos, en los amigos y vi cómo al desaparecer la nómina y desaparecía la comida. Vi cómo la desesperación se convertía en rabia. Vi cómo la cuenca volvía a sostenerse a sí misma porque nadie más lo hacía.

La retención de la dirección en el Pozo San Inocencio no fue un acto político, fue desesperación pura. Fue el grito de unos padres que ya no podían más. Fue la cuenca diciendo basta. La crisis fue tan grave que en 1980 el Estado tuvo que intervenir y rescatar la mina, integrándola en el INI para evitar que la comarca se hundiera en la miseria absoluta. La cuenca pagó el precio. La familia Figaredo, no. Ellos nunca asumieron las pérdidas. Nosotros sí.

Mientras las cuencas sobrevivían como podían, otro miembro de la familia, Rodrigo Rato Figaredo, ascendía en la política y en las finanzas, llevando el apellido desde las cuencas mineras hasta los despachos del FMI, del Gobierno y de la banca española. El poder económico y político de los Figaredo ya no se limitaba a Asturias: se extendía por Madrid, por Bruselas, por Washington. Y nosotros seguíamos en la cuenca, con nuestras libretas, nuestras cajas de resistencia, nuestras huelgas y nuestras cicatrices.

Hoy, décadas después, el apellido vuelve a estar en el Congreso. El nieto del empresario minero, José María Figaredo, diputado de VOX, cobra un salario público elevado y lidera parte del discurso económico de su partido. Y desde su escaño habla de sindicatos como si fueran un obstáculo, como si la protección laboral fuera un capricho, como si la historia de su propia familia no estuviera escrita sobre las espaldas de miles de trabajadores que hicieron ricos a los suyos. Cuando le escucho decir que hay que recortar derechos laborales, yo no oigo teoría económica: oigo el eco de la Huelgona, oigo el silencio de las nóminas que no llegaron, oigo a las madres diciendo que no sabían qué poner en la mesa, oigo a los vecinos compartiendo comida, oigo a los tenderos apuntando en la libreta, oigo la caja de resistencia que nos dio de comer cuando la empresa nos dejó tirados.

Por eso hablo claro. Yo nací en 1946. Yo viví la Huelgona. Yo comí de la caja de resistencia. Yo comí del socorro rojo. Yo sumé las libretas cada fin de mes. Yo sé quién estuvo ahí cuando la patronal no estuvo. Yo sé quién sostuvo a los mineros cuando la empresa les dejó sin nada. Y sé también quién se hizo rico con el trabajo de los mineros y quién nunca asumió las consecuencias de su mala gestión. Los Figaredo son parte de la historia de Asturias, sí, pero la cuenca también. Y la cuenca pagó el precio. La memoria no se borra con discursos de plató ni con consignas parlamentarias. La memoria está en nuestras casas, en nuestras libretas, en nuestras cicatrices, en nuestras historias. Y yo no voy a dejar que nadie la borre porque soy hijo de minero, porque soy nacido en Turón y criado en Figaredo.

Samuel Hinojal Sa

 


Frasco Luis Pereda de los Rios

'A Capirota', la lavandera gallega que se enfrentó sola a la manada fascista, y fue torturada y asesinada

El 18 de agosto de 1936 es asesinada y su cuerpo paseado, en Mogor (Pontevedra). Carmen Pesqueira Domínguez. Tenía 29 años.

Hija de pescadores, trabajaba como costurera y lavandera.

Fue detenida por unos falangistas después de salir en defensa de un hombre mayor al que estos estaban maltratando por no haber erguido el brazo derecho a su paso.

Fue humillada, torturada, mutilada, apaleada y muerta a tiros por el grupo de falangistas.

Al día siguiente de su muerte, como advertencia al resto de vecinos, pasearon el cadáver con los senos mutilados y por otras localidades de los alrededores, hasta abandonarlo en una calle.

¡Que sus nombres no se borren de la memoria!

'A Capirota', la lavandera gallega que se enfrentó sola a la manada fascista, y fue torturada y asesinada


miércoles, 12 de agosto de 2026

 Igmacio Rodriouez del Dedo


 JOAN MANUEL SERRAT: CÓMO LLEVA EL RETIRO DE LOS ESCENARIOS, SU CRÍTICA AL EDADISMO Y UNA INESPERADA REFLEXIÓN SOBRE EL OLVIDO

El cantautor catalán asegura que todavía podría continuar cantando, pero que la transformación de la industria y del oficio lo llevó a tomar otra decisión. También cuestiona la manera en que la sociedad trata a las personas mayores y habla sin solemnidad sobre la permanencia de su obra.

Tiempo Argentino, 06/08/2026

A los 82 años, Joan Manuel Serrat atraviesa una etapa de su vida alejada de los escenarios, después de haber cerrado su carrera de conciertos en diciembre de 2022. En una entrevista con Juan y Medio para el programa Dos y Medio, de Canal Sur de España, el cantautor habló de sus achaques, de su decisión de retirarse, del trato que reciben las personas mayores y de la posibilidad de que su obra sobreviva a su autor.

He llegado sano y salvo a este punto de mi vida. Tengo un estado de salud aceptable. Me llevo bien con mis achaques. Tener una vida menos agitada me ayuda”, contó Serrat, que a los 82 años disfruta de una vida menos condicionada por las exigencias de una carrera que durante décadas lo mantuvo en movimiento permanente.

El retiro, aseguró, no es una decisión de la que se arrepienta. “Tengo en contra el paso del tiempo. Es bueno parar a tiempo”, explicó. Y aunque reconoce que todavía estaría físicamente en condiciones de continuar, hay algo que considera irreversible: “La manera de entender el oficio, la industria y los conciertos se me está haciendo cada vez más ajena. Me resulta muy distante. Estaría en condiciones de poder continuar, pero de volver a aprender no estoy a tiempo”.

Su reflexión sobre la vejez fue particularmente contundente. Serrat cuestionó el modo en que la sociedad suele tratar a las personas mayores, a las que muchas veces reduce a una imagen infantilizada o considera incapaces de participar plenamente de la vida social.

SERRAT Y LOS «ABUELITOS»

Me parece una idiotez. Es de idiotas. Es como quemar los libros”, afirmó. Y agregó: “La vejez es suficientemente difícil de manejar por ella misma como para encima se cargue de silencio y de desprecio, del infantilismo del abuelito, que levante la patita. El abandono en un rincón”.

El cantante de Mediterráneo también rechazó la idea de que el deterioro sea una característica exclusiva de la edad avanzada. “Te tratan de inferior e inútil. Cosas de viejos”, sostuvo. “Evidentemente, cuando uno se hace mayor, además de fallarle partes orgánicas, también comienzan los problemas mentales. Pero eso no es exclusivo de la gente mayor”.

La conversación también llegó al futuro de su obra y a la posibilidad de permanecer en la memoria colectiva. Serrat respondió con una humildad que contrasta con la dimensión de su trayectoria: “Soy perfectamente olvidable. Las cosas duran lo que duran”.

Después de más de medio siglo de canciones, escenarios y discos, el autor de Mediterráneo parece haber asumido el paso del tiempo sin convertirlo en una batalla. Su presente, lejos de la actividad frenética de otras épocas, no aparece como una espera sino como otra forma de vida: más tranquila, consciente de los límites y también de todo lo que todavía queda por mirar.

Publicado en Pensamiento Discepoleano




 


Frasco Luis Pereda de los Rios
La Moricha de Trebujena, la mujer que sobrevivió a dos fusilamientos franquistas

Juana Aguilar Pazos "la Morichafue una mujer de 62 años que sobrevivió a dos fusilamientos franquistas

En Trebujena (Cádiz) un pueblecito cercano a Sanlucar de Barrameda

Juana trabajaba como jornalera y también iba por el monte recogiendo leña que después vendía para conseguir algo más de dinero con lo que ayudar a la economía familiar. Vivía en los extrarradios del pueblo en una vieja casa junto a su marido, sus tres hijos y sus dos nietas.

Antes de la Guerra un día traía un conejo que había capturado por el monte mientras recogía leña. Una pareja de la Guardia Civil la para y le pide el conejo acusándola de que lo había robado. Ella se negó a dárselo y les pidió dos pesetas por el. Después de una discusión y ante el cabreo de los Guarda Civiles Juana se marcha con el conejo.

Al comenzar la Guerra hicieron una redada entre los habitantes del pueblo que habían sido señalados como "Rojos". Los Guardia Civiles a los que negó el conejo vieron la oportunidad de vengarse y fueron a por ella

La raparon el pelo en forma de cruz y la pasearon por el pueblo mientras les daban de beber aceite de ricino junto a otros veinte vecinos a los que también había arrestado. Después les mandaron a casa citándolos a las 7 de la tarde nuevamente en la plaza. Imaginando el fin que les esperaba se quedó en casa, metida en la cama, fingiendo estar enferma. A las 22:30 fueron a buscarla a su casa en el momento que llegaba su marido de trabajar en el campo.

Dijeron que venían a por ella y le apuntaron con sus pistolas en la cama. El marido se lanzó para cubrirla y protegerla cuando comenzaron a disparar. Matando a este y a ella le atravesaron la mandíbula aunque pensaron que estaba también muerta. Les subieron en una carretilla y los arrojaron a una fosa común donde habían arrojado los cuerpos de los asesinados esa tarde. Al salir de la fosa le dijo al esposo muerto: "Moriche (así se llamaba el marido) yo me voy, ¿y tú?" Sin percatarse de su estado.

Juana escapó de aquel túmulo de carne y huesos, donde dejó el cuerpo sin vida de su querido esposo. Deambuló por los campos, con una herida abierta en el rostro, siendo atendida a escondidas por algunos vecinos que le ofrecieron comida y agua.

Fue así como la encontró Juan, su hijo mediano, que cargaba a hombros el cuerpo ya muerto de su hermano mayor. Juntos, caminaron hasta llegar a la casa de Antonio, el hijo menor, donde la mujer se refugió. Días después, Juana recibiría la terrible noticia del fusilamiento también de su hijo Juan.

Gracias a ciertas amistades de su hijo Antonio, Juana recibió un indulto. A pesar de eso, cuando a Trebujena llegó la noticia de que la mujer seguía con vida, fueron a buscarla, llevándosela de nuevo a la prisión del pueblo, haciendo caso omiso a su indulto. Ya estaba siendo encañonada, cuando en la sala irrumpió el comandante Arizón, deteniendo este segundo intento de asesinato y liberando a la mujer de nuevo.

Juana murió el 21 de diciembre de 1960 enferma de bronco pulmonía, tras 24 años de pesadumbre, dos intentos de fusilamiento, el recuerdo de dos hijos y un marido muertos por la barbarie fascista y representando la resistencia y la vida que jamás consiguieron apagar.


 Candy Santana


martes, 11 de agosto de 2026

 RicardoJorba Estorch




 Henry Berguer


 


LA BOMBA DE HIROSHIMA

(Por Osvaldo Bayer, a 81 años)

Una ciudad, Hiroshima, vive y de pronto un rayo del cielo les confirma que están todos muertos. Destruidos hasta la última célula. No existen más; borrados.

Los nuevos SS son ahora los científicos y los pilotos de un avión que llevó –casi divirtiéndose– el rayo mortífero y lo lanzó en el centro de una ciudad. En la telefoto, se ve a los aviadores de regreso sonriendo a la norteamericana, como Robert Taylor o Clark Gable en el cine. Están junto a la carlinga del “Enola Gay” como quien hubiera ganado un campeonato olímpico. Junto a ellos están miles y miles de muertos sin sombra. Así de sencillo es cambiar la moral, la ética que les enseñaron en sus iglesias católicas, protestantes, metodistas. Luego cantaron a coro un agradecimiento a nuestro señor Jesucristo.

En Hiroshima habían matado definitivamente a la vida. La ciencia utilizada para matar. Einstein, qué desgraciado, para qué habrá nacido si se usó todo su saber para lo contrario de lo que él soñó tanto.

Qué podemos decir. Bajar los brazos. No creer. Llorar por la Tierra y sus hijos. Llamar a los estadounidenses por su verdadero calificativo. Maldecir hasta el fin de los siglos al señor presidente Truman y al secretario de Defensa, Stimson. Los norteamericanos llevarán una culpa ilevantable por los siglos de los siglos. No se los podrá perdonar jamás.

¿Por qué la bomba, es la pregunta, si los japoneses ya se estaban por rendir? Fue una especie de gustazo final. Un mostrar al mundo y principalmente a los comunistas: ojo, vean lo que tenemos, Dios, como siempre está con nosotros. Japón se merecía perder la guerra por la agresión efectuada en Pearl Harbor. Pero la humanidad, principalmente los niños y los adolescentes y las flores no merecían el fuego del castigo del dios americano.

Era la Justicia de Dios que viajó en un avión americano. El “Enola Gay” llevó la mano del castigo. No había que lamentar nada. Era el triunfo de los justos.

Quien repase la historia de la eliminación de los habitantes naturales de EEUU verá que no hay ninguna diferencia –salvo en el método– con la política racial de Hitler.




El 7 de agosto de 1963, la Guardia Civil atacó en emboscada y dio muerte a Ramón Vila, maquis (guerrillero antifranquista) que había luchado en el bando republicano durante la guerra civil española (1936‑1939) y contra los nazis alemanes durante la ocupación de Francia por las fuerzas del Eje.

Nacido en 1908 en un pequeño pueblo llamado Peguera, en la comarca catalana de Berguedà. Cuando era muy joven, a Vila le alcanzó un rayo que le dejó cicatrices faciales, lo que le valió el apodo de Caracremada (Caraquemada). El rayo mató a su madre, que estaba escondida con él protegiéndose de una tormenta.

En 1932, después de haber participado en una huelga de trabajadores,Insurrección Figols 1932 Vila fue encarcelado en Manresa y deportado a Villa Cisneros (Sahara español), junto a otros 103 militantes anarcosindicalistas. En el periodo comprendido entre su puesta en libertad y el inicio de la Guerra Civil en 1936, Vila se mudó a menudo de residencia (Berga, Fígols...), por temor a acoso por parte de la policía. En abril de 1936, mientras Vila se encontraba en Castellón de la Plana, fue abordado por dos oficiales. Vila y su primo Ramón Rives dispararon contra los oficiales, pero Rives recibió un disparo en el tiroteo subsiguiente, así como ambos oficiales. Uno de los oficiales murió a consecuencia de sus heridas. Vila se dio a la fuga y más tarde se entregó a la Guardia Civil, con la esperanza de un mejor trato que el que recibiría de la policía.

Tras el golpe de Estado de julio de 1936, las cárceles se abrieron en un esfuerzo por ganar combatientes para sofocar el levantamiento. Vila fue liberado, se unió a la lucha incorporándose a la columna Tierra y Libertad con la cual luchó en Madrid, en los frentes de Aragón y el Segre, y alcanzó más tarde el rango de comandante en el Cuerpo de Carabineros. Posteriormente, a finales de la guerra y negándose a ser militarizado, ocupó el cargo de Delegado de Suministros en la fábrica donde trabajó en Fígols.

Después de la victoria franquista en 1939, Vila cruzó la frontera francesa, y fue internado en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer. Sin embargo, al año siguiente, Vila escapó y regresó a España. Fue entonces cuando Vila formó un grupo de resistencia antifranquista.

No mucho después, Vila volvió a Francia para adquirir suministros, y fue arrestado en 1943 por la Wehrmacht que ocupaba Francia. Fue encarcelado en Perpiñán y lo enviaron a trabajos forzados en una mina de bauxita. Escapó al año siguiente y se incorporó a la resistencia francesa de la zona de Limoges, y puso su experiencia con explosivos para las operaciones de sabotaje contra el invasor nazi. El batallón del que Vila fue miembro pertenecía a la Segunda División Blindada de la Francia Libre, dirigida por el general Philippe Leclerc, y al maquis francés de Rochechouart, donde se le conocía como capitán Raymond, donde realizó también diversas y destacadas acciones de sabotaje que le valieron en conjunto la concesión por parte del Gobierno francés de la medalla de la Legión de Honor, que Vila rechazó.

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Vila comenzó a operar con los maquis españoles en las zonas de Cataluña del Alto y Bajo Llobregat. Vila murió el 7 de agosto de 1963 tras recibir un disparo en el corazón por la Guardia Civil en una emboscada en Rajadell, cerca del castillo en Balsareny. Cuando a Vila le dieron el alto los tres agentes, disparó contra ellos, sin matar a ninguno de los tres. El comunicado de prensa oficial que anunció su muerte lo calificó de "bandido".

Vila fue enterrado en el exterior del cementerio de Castellnou de Bages. Durante la restauración de dicho cementerio, el 15 de julio de 2000 se modificó su estructura para permitir que su tumba estuviera integrada dentro el cementerio, y le fue colocada una placa conmemorativa.



 Ramón Bellotero


 


 


Carl Sagan fue uno de los divulgadores científicos más influyentes del siglo veinte, y muchas de sus reflexiones ayudaron a que millones de personas comprendieran mejor su lugar dentro del universo.

Según los modelos científicos actuales, el Sol se encuentra aproximadamente en la mitad de su vida útil como estrella. Dentro de unos 5.000 millones de años, cuando agote gradualmente el combustible que lo mantiene estable, se expandirá y se convertirá en lo que se conoce como una gigante roja, alcanzando un tamaño mucho mayor al que tiene hoy en día.

Durante esa expansión, el Sol podría llegar a abarcar las órbitas de Mercurio, Venus e incluso alcanzar la órbita de la Tierra, alterando por completo las condiciones de nuestro sistema solar tal como lo conocemos.

Esta reflexión de Carl Sagan invita a pensar en la escala de tiempo tan inmensa en la que se mueve el universo, mucho más allá de cualquier medida que utilicemos en la vida cotidiana. Frente a esa inmensidad, el tiempo que ha existido la humanidad resulta apenas un instante muy breve dentro de toda la historia del universo.

Este tipo de ideas no buscan generar preocupación, sino ayudar a dimensionar cuán especial y efímera es la existencia de nuestro planeta dentro de un panorama cósmico tan vasto, y por qué vale la pena valorar el momento que nos toca vivir.


 Francisco Román Burdalo


 


Monseñor José Roberto Ospina Leongómez fue denunciado por presunto abuso sexual de menores.

Detalles clave de la denuncia:

Origen de la acusación: La denuncia pública se remonta a mediados de la década de 2000. El exalumno del Instituto Tihamer Toth de Bogotá, José Antonio Tavera, lo señaló junto a otros sacerdotes por hechos presuntamente ocurridos a finales de los años setenta, época en la que la víctima tenía 13 años y Ospina era seminarista.

Inclusión en listas de investigación: El nombre de Ospina Leongómez figura como uno de los tres obispos colombianos incluidos en la lista de 585 sacerdotes denunciados por abuso sexual en Colombia, publicada en la investigación periodística de Juan Pablo Barrientos y Miguel Estupiñán en el libro El archivo secreto. Revista Panorama