MARI CARMEN GARCÍA: LA MUJER QUE QUEMÓ VIVO AL VIOLADOR DE SU HIJA
Solo las madres que tienen hijas saben el dolor que soportan, principalmente psicológico, cuando una de sus vástagos es víctima de un execrable y ruín violador, esos seres desalmados sin escrúpulos que son capaces de perpetrar una de las peores aberraciones humanas, dejando marcadas, quizás de por vida, a muchas de sus víctimas. Es comprensible la indignación, rabia e impotencia que anida en el corazón de muchas de estas madres.
El 13 de junio de 2005, hacia las diez y media de la mañana, Mari Carmen esperaba el autobús en la parada que hay al final de la avenida Juan Carlos I, junto a una estación de servicio, a cien metros de su casa en Benejúzar (Alicante). Quería arreglar unos asuntos de trabajo en Torrevieja.
Mientras esperaba el autobús, Mari Carmen levantó la vista y se encontró con un coche rojo avanzando muy despacio delante de ella, como si la conductora tratase de reconocerla. El vehículo se detuvo junto al bar Mary, muy cerca de la parada. Un hombre bajó del asiento del copiloto y cerró la puerta con decisión. El coche se marchó y él se acercó hasta situarse delante de Mari Carmen.
A aquel sujeto no se le ocurrió mejor cosa que hacer una afrenta burlona y chulesca a la pobre Mari Carmen, que solo ella sabe cuanto habrá sufrido en silencio el dolor que, en las carnes de su propia hija, que era una niña de 13 años cuando fue agredida sexualmente, les habría provocado aquel individuo.
-Buenos días, señora. ¿Cómo está su hija? -Fueron las palabras que aquel energúmeno conocido como 'El Pincelito' le dirigió.
Al reconocerlo y sentirse, lógicamente, burlada y ofendida, la mujer estalló de rabia, muy normal también, por otra parte. Mari Carmen vivía con el dolor y las amenazas de aquel sujeto desde hacía siete años. Su hija había sido violada en 1998. Aquel día no fue capaz de contener la ira y le pudo, ante todo, el dolor de madre.
Mari Carmen estaba sometida a tratamiento psicológico desde la violación de su hija. Perdió peso hasta quedarse en apenas cuarenta kilos. Las pastillas para dormir se convirtieron en una necesidad. Y, en ocasiones, sus hijas le escuchaban frases inconexas y carentes de significado. Verónica pensó que, seguramente, estaría sufriendo algún tipo de crisis.
Francisco, su marido, le había preguntado a Mari Carmen qué le ocurría, pero no había obtenido respuesta. Ella revolvía los cajones llena de determinación. Después de un rato, salió de casa con una botella de plástico vacía con capacidad para un litro y medio y con la caja de cerillas que usaba para encender los fogones. Se fue a una gasolinera y la llenó de aquel líquido inflamable, que tal vez sirviese para desinflamar, aunque fuese solo mínimamente, el terrible dolor y la ira que rumiaba en silencio desde hacía siete años, máxime después de la imperdonable burla de la que había sido objeto.
Se fue al bar al que habitualmente acudía 'el Pincelito'. Le dijo que tenía que hablar con él. Mari Carmen dio un pequeño paso atrás y desenroscó el tapón de la botella, que estaba envuelta en papel de periódico. El ruido hizo que el Pincelito se girara levemente para mirarla. En ese momento, la mujer volvió a dirigirse a él.
-¡Pues para que no me olvides! -Fueron las palabras que le espetó la mujer al tiempo que derramaba gasolina sobre su cuerpo. El agresor sexual de su hija intentó defenderse, pero la secuencia discurrió demasiado rápido para detener la acción de Mari Carmen García, a quien le dio tiempo a encender una cerilla y prender fuego en el cuerpo de 'el Pincelito'. Su destino estaba sellado.
Envuelto en una monumental llamarada, muchos trataron de sofocar el fuego en el que se había visto envuelto el violador de la hija de Mari Carmen García. Una gran humareda se levantó en el bar, mientras con un extintor intentaban en vano apagar las llamas que quemaban el cuerpo de 'el Pincelito'.
De inmediato, llamaron a los servicios de emergencias, pero el fuego había provocado quemaduras en el 60 por ciento del cuerpo de Antonio Cosme, alias 'el Pincelito', quien fue sentado en una silla mientras se esperaba por una ambulancia.
El hecho de haber empleado un extintor en la extinción de las llamas que afectaban a su cuerpo no hizo otra cosa que empeorar el estado de las que afectaban a Cosme, pues el polvo químico que lo compone no hace otra cosa que descomponerse y generar a su vez un residuo venenoso y corrosivo que se llama ácido metafosfórico.
Tras pasar ingresado 10 días ingresado en la unidad de quemados del Hospital La Fe de Valencia, Antonio Cosme dejaba de existir al no poder recuperarse de las graves quemaduras que le había provocado tanto el litro de gasolina con el que lo había rociado Mari Carmen García, como las propias abrasiones que le provocó el extintor. No se sabrá nunca si el karma existe o no, como dicen algunos, pero hay gente que se lo busca.
Mari Carmen García fue condenada a cinco años y medio de prisión, en sentencia firme ratificada por el Tribunal Supremo. Se tuvo en cuenta la atenuante de trastorno mental transitorio. Ingresó en la cárcel en abril de 2014, que abandonaría definitivamente en el año 2017. Tuvo que hacer frente también a una responsabilidad civil por la muerte de 'El Pincelito', aunque esto quizás sea lo de menos, después de haber vengado una afrenta y haber sufrido hasta sus últimas consecuencias el dolor en carnes de su propia hija.