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sábado, 17 de enero de 2026

 


 


 Ricardo Jorba Estorch


 


 Nando Worldcitizen



 


 


 




 

UN ANÁLISIS CRÍTICO A LA NARRATIVA JOB

El día en que “Dios” apostó con el Diablo la tragedia de una familia

Pocas historias bíblicas son tan reveladoras —y tan incómodas— como el conocido caso de Job. No porque enseñe “paciencia” o “fe inquebrantable”, como suele repetirse desde los púlpitos, sino porque deja al descubierto una imagen de “Dios” difícil de conciliar con los atributos que la teología tradicional insiste en adjudicarle: omnisciencia, bondad y justicia. El libro de Job, leído sin un filtro doctrinal, es menos una lección moral y más un retrato inquietante de un dios que hace apuestas, permite la destrucción, y trata a sus adoradores más fieles como piezas intercambiables, como cosas que le pertenecen pero que carecen de valor, que puede tratar como le dé la gana, y que son reemplazables.

Según el relato bíblico, había en el reino de Edom, al sur del Mar Muerto, un lugar llamado Uz, donde vivía un hombre llamado Job, que no sólo le tenía miedo a “Dios” (lo que al parecer era un mérito), sino que era un “hombre perfecto y recto… y apartado del mal.” (Job 1:1). Era además un hombre muy próspero, padre de siete hijos y tres hijas (Job 1:2-5). Sin embargo, un día ocurre una escena sorprendente: “vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1:6).

Sí, como lo lees, el mismísimo Satanás es hijo de “Dios”, junto a otros que desconocemos. Y esto resulta incómodo para la teología cristiana posterior, obsesionada con la idea de que Jesús es el “Hijo único” del Creador. Pero es que en el contexto hebreo antiguo, los “hijos de Dios” (bene elohim) eran seres celestiales subordinados, una especie de corte divina. Y Satanás no era todavía un enemigo externo, sino un miembro del séquito, un funcionario celestial con permiso para actuar. No es un rebelde autónomo ni una fuerza opuesta al poder divino, sino que hace exactamente lo que “Dios” le permite hacer. En otras palabras, para los hebreos de la antigüedad, Satanás no actúa contra “Dios”, sino que actúa para “Dios”, dentro de los límites que Él mismo establece.

Pero independientemente de esto, ya desde aquí surge la primera grieta teológica: “Dios” decide iniciar una conversación con su hijo Satanás, y termina planteándole un desafío: probar si Job le era fiel a él por convicción o por conveniencia. Y la pregunta entonces es inevitable: ¿Cómo puede un ser omnisciente y completamente seguro de sí mismo, sentir la necesidad de probar algo?

Es obvio que como ser omnisciente “Dios” sabía cuál sería el comportamiento de Job bajo cualquier circunstancia, por lo que no necesitaba demostrárselo a sí mismo, y como ser soberano, tampoco necesitaba demostrárselo a nadie, mucho menos provocando una cadena de tragedias sólo para que alguien “viera lo que pasaba”. ¿O será que aun sabiendo lo que ocurriría, quiso entretenerse de esa manera con Satanás jugando a las apuestas, sin importarle el sufrimiento de personas buenas que lo adoraban fielmente? Eso lo despojaría de su supuesta bondad.

Pero veamos a lo ocurrido. Conversando amenamente con Satanás, “Dios” le comenta: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). En otras palabras: “¿No te has fijado en mi adorador Job, cómo me es completamente fiel?”. Y Satanás le responde con suspicacia: “¿[Acaso] No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?” (Job 1:10). Es decir, “Job te es fiel sólo porque lo tienes especialmente protegido y beneficiado, de lo contrario ya habría renegado de ti”. “Dios” entonces plantea a Satanás el reto: “Todo lo que [Job] tiene está en tu mano [lo dejo en tus manos]; solamente no pongas tu mano sobre él [no le quites la vida]” (Job 1:12). Lo que traducido a lenguaje llano es: “Te desafío entonces a que sometas a prueba a Job, haz con él todo que quieras, así como con su familia, sus bienes y sus criados; pero no le quites la vida, porque no podrías saber el resultado de nuestra apuesta”.

El detalle no es menor. A “Dios” no le importa que Job lo pierda todo: hijos, hijas, sirvientes, animales. En una demostración de orgullo divino, vidas humanas y no humanas quedan convertidas en fichas de un juego. “Pero deja que Job siga viviendo, para que nuestro entretenimiento no termine.” Y con esto se cae otra pieza clave del discurso teológico: la supuesta bondad de “Dios”. Porque es obvio que un ser bondadoso no utilizaría a sus criaturas como medios para ganar discusiones y entretenerse un poco. Mucho menos cuando se trata de un adorador fiel, “perfecto y recto”, que según el propio texto no ha hecho absolutamente nada para merecer semejante trato.

El mensaje implícito es perturbador: la fidelidad no protege del sufrimiento; al contrario, puede convertirte en candidato ideal para un experimento celestial. Y la vida no tiene valor intrínseco, sino instrumental. Si hay que destruirla para demostrar un punto, se hace. Aunque a todo esto, hay otro detalle curioso: ¿Quién estaba allí escuchando esta conversación celestial para luego anotarla en un libro sagrado?

Pero bueno, el caso es que Satanás, ni corto ni perezoso, asumió el desafío de su Padre, dedicándose desde ese momento a hacerle la vida imposible a Job, con un único objetivo: ver si el pobre hombre renegaba de su dios, y de esa forma le ganaba la apuesta a Jehová. Satanás causa entonces a Job múltiples desgracias: enfermedades, ataques a sus criados, le quita la vida a su ganado, lo sumerge en pobreza, su mujer lo repudia, y hasta sus hijos también pierden la vida. Sin embargo, Job nunca reniega de su dios, por lo que al final Jehová sale triunfante en medio de la desgracia de su fiel adorador, por lo que decide, como “premio”, no darle una vida mejor que la que tenía antes, sino solamente restituírsela parcialmente, no devolviéndole la vida a los hijos que ya tenía, sino dándole otros hijos, además de otros bienes materiales (Job 42:10). Y como en los cuentos de hadas, dice la Biblia que “Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo y lleno de días” (Job 42:16-17).

Pero tenemos aquí otro dato revelador que rara vez se menciona: las vidas que Satanás quita durante este reto —los hijos de Job y algunos criados— son las únicas víctimas fatales de Satanás en toda la Biblia. En contraste, “Dios” es responsable, directa o indirectamente, de miles y miles de víctimas mortales en el Antiguo Testamento: diluvios, plagas, exterminios masivos y castigos colectivos. Pero curiosamente, el título de “malvado” se lo lleva Satanás.

Sin embargo, la historia de Job desmonta esta narrativa. Aquí Satanás sólo actúa con autorización divina, mientras “Dios” observa, evalúa… y gana la apuesta. Y al final del relato, “Dios” supuestamente “restaura” a Job. Le devuelve bienes, le concede larga vida y… nuevos hijos. Pero no los mismos. No los resucita. Simplemente los reemplaza. Como si los primeros hubieran sido prescindibles, intercambiables y desechables. Esto, desde una perspectiva humana, no es justicia ni consuelo. Es sólo una lógica fría y contable: perdiste diez, aquí tienes otros diez. Y todo el mundo feliz.

Pero al final, gracias a esta absurda historia, Job es hoy un santo que tiene hasta su propia fiesta litúrgica (el 10 de mayo), siendo venerado como modelo de paciencia y fe ante la adversidad. Job es considerado santo principalmente por la Iglesia Católica, pero también por las iglesias ortodoxas y orientales, además de ser para los drusos un profeta, con un santuario en su honor en Niha, Líbano.

Todavía hoy el caso de Job es enseñado en las iglesias como un ejemplo de virtud: un hombre aplastado por una apuesta divina, que se convierte en ejemplo moral para millones. Y no olvidemos que todo su relato es “Palabra de Dios”. Sin embargo, uno no puede evitar pensar: si esta es la bondad, la justicia y la sabiduría divinas… quizás el problema no sea nuestra falta de fe, sino nuestra excesiva capacidad para normalizar lo absurdo y la crueldad, cuando vienen envueltas en lenguaje sagrado. Porque sí, el relato de Job puede ser visto como una linda historia, pero sólo si se lee con los ojos cerrados.

[Godless Freeman]


 


 


Luis López Martínez

   Un 13 de enero es fusilada en Zaragoza, en las tapias del Cementerio de Torrero la joven Gregoria Blasco Casans, tan solo tenia 23 años.

La mujer tendría durante el franquismo una doble represión. Mientras que los hombres eran ajusticiados a la mujer antes de hacerlo se la humillaba, vejaba y violaba. Se rapaba el pelo, como intentando desprenderla de su feminidad y la obligaban a tomar aceite de ricino que las soltaba el cuerpo. Antes de asesinarlas las paseaban de esta manera.

Su única culpa fue ser hijas, esposas, hermanas de aquellos que se levantaron contra los que atentaron contra la libertad y voluntad de un país.

¡Que sus nombres no se borren nunca de la historia !




 Sweet Sprout 

Las atroc!dades cometidas por los soldados alemanes contra las prisioneras de guerra francesas embaraz@das eran peores de lo que puedes imaginar.

La nieve caía con fuerza sobre Tann, un pueblo olvidado de la región de Alsacia, en aquel 14 de enero de 1943. El silencio solo era roto por el crujido de las botas alemanas sobre el hielo y por los llantos ahogados de mujeres arrastradas fuera de sus casas. No había gritos, no había resistencia, solo el terr0r mudo de aquellas que sabían que esa noche lo cambiaría todo para siempre.

Entre las cautivas se encontraba Marguerite Roussell, de treinta años y embarazada de seis meses. No pertenecía a la Resistencia, no escondía armas ni transmitía información. Solo era una costurera que vivía sola desde que su marido, Henry, había desaparecido en el frente en 1940. Pero alguien la había denunciado, y bajo la ocupación alemana, una denuncia bastaba. Una simple palabra, un nombre susurrado, y tu vida ya no te pertenecía.

Cuando los soldados de la Wehrm@cht irrumpieron en su puerta, Marguerite estaba sentada a la mesa de la cocina, cosiendo una manta para el bebé que esperaba. La débil luz de una vela iluminaba su rostro pálido, marcado por las privaciones del invierno. Un oficial alto, de ojos claros y voz firme, le ordenó que se levantara. Ella obedeció, temblando, sintiendo que las piernas le fallaban. Él miró su vientre prominente y luego los papeles que sostenía en las manos: una lista donde su nombre estaba marcado en rojo, como una condena ya dictada.

«Queda usted detenida bajo sospecha de colaboración con elementos subversivos», dijo el oficial sin la menor emoción. Marguerite intentó explicar que no sabía nada, que estaba sola y que solo quería dar a luz a su hijo en paz. Él no respondió y simplemente hizo un gesto. Dos soldados la agarraron por los brazos y la arrastraron hacia la calle helada. Sus pies resbalaban sobre el suelo congelado, y el frío se colaba a través de su ropa demasiado ligera.

Fuera, otras mujeres ya esperaban, alineadas bajo la amenaza de los fusiles. Algunas lloraban en silencio, otras mantenían la mirada fija en el suelo. Marguerite reconoció a algunas: Simone, la enfermera del pueblo, embarazada de siete meses, con el rostro agotado; Hélène, esposa de un profesor desaparecido, con el vientre aún pequeño; Louise, que apenas tenía 18 años, ocultando su embarazo bajo un abrigo demasiado grande; Juliette, Élise, Camille, todas jóvenes, todas llevando en su interior niños por nacer, todas culpables de nada más que existir.

Las casas oscuras parecían observar la escena sin poder intervenir. Algunas cortinas se movieron, siluetas miraron unos segundos antes de desaparecer. Nadie se atrevía a salir; el m!ed0 había sellado todas las bocas.

Si estás escuchando esta historia ahora, ten en cuenta que lo que estás a punto de descubrir ha permanecido oculto durante décadas. Nombres, fechas y documentos fueron borrados para que nadie pudiera probar jamás lo que ocurrió. Pero existen testimonios, huellas y una verdad que ya no puede ser silenciada. Si esta historia te conmueve, deja un comentario diciendo desde dónde la estás escuchando y suscríbete para que esta memoria no muera, porque el silencio alimenta el olvido.


 


 



El pensamiento dicotómico de Jesús

Tener pensamiento dicotómico significa ver el mundo en extremos, en categorías de "todo o nada", "blanco o negro", sin matices ni zonas grises, clasificando experiencias, personas y situaciones como completamente buenas o malas, perfectas o inútiles, lo que lleva a decisiones y percepciones polarizadas, siendo ésta una distorsión cognitiva que puede estar asociada a la ansiedad, la depresión o los trastornos de personalidad.

Bien, pues resulta que desde la psicología crítica —y sin el lastre de la devoción—, hay una frase atribuida a Jesús en Mateo 12:30 (“El que no es conmigo, contra mí es”), que es muy representativa de su modo de ver el mundo, y que encaja de forma casi perfecta con en el pensamiento dicotómico, constituyendo además un ejemplo muy característico de la falacia del falso dilema. Se trata de un encuadre mental que reduce la complejidad humana a un interruptor binario: sí o no, lealtad o enemistad, salvación o condena. No hay matices o puntos intermedios, no hay duda legítima, no hay espacio para el desacuerdo razonable. Hay adhesión… o hay culpa.

¿Y quiénes son las personas que más aplican esta forma de pensamiento? —Según la psicología, es más común en los niños (por su pensamiento concreto), pero además en personas con cualquiera de estas tres características:

1. Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).

2. Ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), o bien trastornos alimentarios.

3. Personas con rasgos narcisistas o de alta autoexigencia.

¿Y en cuál de estas categorías encajaría Jesús? —Pues, quien haya leído los cuatro evangelios canónicos detenidamente y en su totalidad, se dará cuenta de que Jesús se sentía con toda la autoridad que le daba ser, según él, “el príncipe de este mundo” (Juan 16:11), el príncipe de todas las naciones, próximo a coronarse (o más bien ungirse) como rey. Según el texto evangélico Jesús llegó a creer que lo que estaba escrito en la Torá respecto al Mesías se refería a él, y así directamente lo decía: “Escudriñad las Escrituras”, agregando: “ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39). Incluso cuando se refería a Moisés, supuesto autor de los primeros cinco libros de la Biblia, decía: “si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.” (Juan 5: 46).

A la mujer samaritana que le dio a beber agua en medio del desierto, le dijo: si supieras “quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías” (Juan 4:10). El mensaje es claro: “Yo soy superior a ti”. Por eso la mujer, dándose cuenta del plano de grandeza en que Jesús se estaba ubicando, le preguntó si acaso se creía superior a Jacob-Israel, patriarca de los judíos, y también de los samaritanos. “¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob – le preguntó – que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” (Juan 4:12). Y cuando ella le comentó a Jesús que todavía el Mesías estaba pendiente de venir (según la creencia judaica), él le afirmó tajantemente: “Yo soy, el que habla contigo” (Juan 4:25-26).

De hecho, identificándose claramente como el Rey judío, Jesús llegó a verse como el protagonista de los planes que “Dios” tenía para el mundo desde el momento de la creación, “desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34); y en su papel de Mesías, se veía además como gobernante de todos los países del mundo, “reunidas delante de él todas las naciones” (Mateo 25:31-32).

Incluso Jesús se imaginaba que su investidura como nuevo rey universal sería catastrófica, pero a la vez espectacular; con conflictos bélicos entre países, ira sobre el pueblo judío, Jerusalén rodeada de ejércitos, y destruida y humillada por los “gentiles”; judíos abatidos al filo de la espada, o llevados cautivos a otras naciones como había sucedido antes. Aseguraba Jesús que al final todos verían “al Hijo del Hombre [a él], que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.” (Lucas 17:29-36, Marcos 13:8, Marcos 13:15-19, Mateo 24:6-7, Mateo 24:16-20, Mateo 24:27-30, Lucas 21:10-11, Mateo 24:32-44, Lucas 21:10-11, Marcos 13:26-27).

En fin, las ilusiones de grandeza de Jesús eran de tal magnitud, que el psiquiatra francés Charles Binet-Sanglé (1868-1941) lo diagnosticó como un esquizofrénico con delirios de teomegalomanía. Y es que sobre la conducta megalómana de Jesús abundan los ejemplos (Mateo 4:7, Mateo 4:10, Mateo 19:27-28, Mateo 25:31-44, Mateo 28:18, Lucas 2:49, Lucas 4:8, Lucas 4:12, Lucas 22:28-30, Lucas 24:49, Juan 1:49-50, Juan 3:13, Juan 4:10, Juan 4:12, Juan 5:16-18, Juan 5:19, Juan 10:33, Juan 5:20, Juan 5:21, Juan 5:22, Juan 5:24, Juan 5:25, Juan 5:26-27, Juan 5:30, Juan 5:28-29, Juan 5:36, Juan 5:37-38, Juan 5:39, Juan 5:46).

Pero volvamos al pensamiento dicotómico. Se trata de una tendencia mental de personas con incapacidad para tolerar ambigüedades. Para ellos la realidad se fuerza a extremos, porque los grises generan ansiedad. Sin embargo, tienen otras características psicológicas:

1. Egocentrismo moral: confunden cualquier discrepancia con un ataque personal. “Si no me das la razón, me agredes.”

2. Necesidad de control y sumisión: exigen un alineamiento total a ellos, que reduce su incertidumbre y refuerza su poder como líderes.

3. Paranoia relacional leve: perciben la neutralidad como una hostilidad encubierta.

4. Autoritarismo afectivo: dividen el mundo en “los míos” y “los otros”, “los que están conmigo” y “los que están contra mí”, legitimando el rechazo del disidente.

Aunque este perfil en realidad no es exclusivo de líderes religiosos; es transversal a caudillos políticos, jefes sectarios y gurús de toda laya. Para ellos la frase “conmigo o contra mí” no es un argumento: es una orden emocional.

Por otra parte, los evangelios atribuyen también a Jesús advertencias explícitas de división familiar: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:26)

Más allá de la literalidad, el mensaje psicológico es claro: la lealtad a la doctrina debe prevalecer sobre los vínculos primarios. En términos clínicos, esto favorece dinámicas de ruptura del apego y dependencia del líder, dos ingredientes clásicos de los sistemas de control ideológico.

El caso es que Jesús habría definido claramente: “El que no es conmigo, contra mí es” (Mateo 12:30), y resulta que el paralelismo histórico de esta frase es evidente. Tras los atentados del 11 de septiembre, George W. Bush declaró ante el Congreso (el 20 de septiembre de 2001): “Cada nación, en cada región, tiene ahora una decisión que tomar. O están con nosotros, o están con los t3rr0ristas”. El contexto era el shock colectivo y la urgencia de construir un frente global. Y el recurso retórico fue eficaz… y profundamente dicotómico: simplificó el debate, deslegitimó posiciones intermedias, y convirtió la cautela en sospecha. Y esto funciona igual en la religión: cerrar el espectro para acelerar la obediencia.

Así, el cristianismo institucional heredó y amplificó esta lógica. La tesis central es binaria: creyente = salvación; no creyente = condena. Incluso después de esta vida, el menú es binario y extremo: cielo o infierno. No hay puntos intermedios. No existe un continuum que refleje la conducta humana real —mezcla inevitable de aciertos, errores, contextos y aprendizajes—. La moral se convierte aquí en un interruptor moral (ON y OFF), no en una evaluación ética.

Y para colmo, la propia tradición se desdice. Porque como comenta el filósofo francés Michel Onfray sobre la Biblia: “¿Una cita dice lo contrario? Sí, pero la tercera afirma lo contrario de lo contrario. Y desglosamos otra frase que, al contradecir lo contrario, restablece la primera proposición.” Y el evangelio de Marcos (9:40) atribuye a Jesús una idea opuesta: “el que no es contra nosotros, por nosotros es”. ¿En qué quedamos? ¿La neutralidad es enemistad, o apoyo tácito?

Y es que la inconsistencia no es un detalle menor: revela que el falso dilema no describe la realidad, sino que sirve a la conveniencia del momento. Cuando conviene sumar aliados, la neutralidad vale; pero cuando conviene presionar, se criminaliza.

En fin, la psicología lo dice sin rodeos: el “conmigo o contra mí” es una herramienta de coacción cognitiva. Reduce la libertad de conciencia, castiga la duda, y transforma en traición el desacuerdo. Y el hecho de que una figura religiosa la haya popularizado no la vuelve virtuosa; la vuelve peligrosa. Que siglos después la repitan líderes políticos, lo único que demuestra es que no estamos ante una verdad profunda, sino ante un atajo autoritario para controlar mentes. Pero la realidad humana no es binaria. Quien insiste en que lo sea, no busca diálogo: lo único que busca es obediencia.

[Godless Freeman]

  María Marín


 


 


 


 Periodistas emigrando a Venezuela para poder desinformar en Libertad.



 


 


 


 


 


 


 


 

La Fiscalía desmonta a Hazte Oír y a Antonio Piña, sucesor de García Castellón, en su informe sobre Zapatero

El auto del Ministerio Público es demoledor contra los argumentos que sostienen la querella

Jaime Fernández

17-1-26

ElPlural



El pasado 9 de enero, el juez de instrucción de la Audiencia Nacional Antonio Piña admitió a trámite una querella de la asociación de extrema derecha Hazte Oír contra José Luis Rodríguez Zapatero. El magistrado consideró oportuno abrir diligencias contra el ex presidente del Gobierno por su supuesta vinculación a una "estructura criminal" dedicada al narcotráfico y liderada por Nicolás Maduro. El famoso 'Cartel de los Soles', con el que Donald Trump justificó su ataque a Venezuela y el secuestro al presidente de ese país, y del que el propio Departamento de Justicia de Estados Unidos desmintió su existencia.

Este jueves, menos de una semana después, la Fiscalía Antidroga ha sido tajante: "No existe el más mínimo indicio" de que Zapatero pueda ser investigado por los delitos de tráfico de drogas y blanqueo de capitales de los que le acusaba Hazte Oír. El Ministerio Público le corta así las alas a las aspiraciones de la organización ultra, que -en sintonía con PP y Vox- trata de vincular al socialista con el régimen venezolano.

El auto, firmado por el fiscal Javier Redondo, desmonta todos y cada uno de los argumentos esgrimidos por Hazte Oír en su querella: "De la existencia de una acusación formal contra Nicolás Maduro no se puede deducir en modo alguno la implicación" de Zapatero. Del mismo modo, descarta los tres criterios por los que la asociación atribuye a la Audiencia Nacional la competencia para investigar estos delitos.

La Fiscalía sobre la querella de Hazte Oír: "Conjeturas carentes del más mínimo sentido"

El auto es demoledor contra la querella de Hazte Oír: "No se señala cuáles son los hechos relativos al tráfico de drogas, la importación o distribución, las cantidades, las fechas, los tipos de droga, los territorios españoles en los que se ha importado o distribuido, la forma en que se ha efectuado, los destinatarios, etc.". Y va más allá: "La nacionalidad española del autor del delito no es criterio de atribución de la competencia a la Audiencia Nacional".

Sobre la vinculación de Zapatero a una supuesta organización "narcoterrorista" en Venezuela, el fiscal lo reduce a "conjeturas, suposiciones y/o deducciones infundadas y carentes del más mínimo sentido descriptivo ni apoyo fáctico alguno. Sobre el famoso 'Cartel de los Soles', el auto señala que la acusación formal contra Nicolás Maduro del juzgado de Nueva York, del año 2020, "no es la vigente actualmente", además de que Zapatero "no se encuentra" entre las personas acusadas.

Para más inri, el fiscal recuerda al juez Piña que hasta la Administración de Trump ha dado marcha atrás a la teoría con la que justificaron el secuestro de Maduro: "El cartel de los Soles ni siquiera es ya mencionada en la vigente a acusación formal de reemplazo norteamericana (que es la que aporta la querella) como organización narcoterrorista, sino que el propio Departamento de Justicia de EEUU, en el que tanto se apoya la querella, lo considera como mero 'sistema de clientelismo'".

Antonio Piña, el juez que encubrió a Cospedal en la Kitchen

Antonio Piña no es ningún desconocido en la órbita judicial de la derecha política. El pasado 27 de noviembre, la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial le nombró titular del Juzgado Central de Instrucción nº6 de la Audiencia Nacional, sustituyendo al ultraconservador Manuel García Castellón. Una decisión que sorprendió entre la judicatura, al tratarse de un magistrado sin apenas experiencia territorial, ya que ha pasado la mayor parte de su trayectoria -21 de 26 años- entre un juzgado local y la Audiencia Provincial de Ourense.

De perfil conservador, Piña ha estado vinculado durante años a la Asociación Profesional de la Magistratura (APM). Una asociación que, en sus propias palabras: "No se puede asociar la APM a una línea conservadora, es cierto que el PP apoya más a los jueces de la APM". En 2015 se le abrió un expediente disciplinario por dictar resoluciones fuera de sus competencias y por ocupar la vocalía de la Escuela Gallega de Administración Pública sin autorización del CGPJ.

Las palabras del propio Piña sobre el PP no son tan elocuentes como sus actuaciones. Un mes antes de que, con mucha celeridad, el magistrado abriera las diligencias contra Zapatero, se conoció que la Audiencia Nacional contaba con grabaciones en las que se demostraba la implicación de María Dolores de Cospedal en el Caso Kitchen. A pesar de que el informe apuntaba a que la ex secretaria general del PP maniobró junto al comisario Villarejo para sabotear la investigación sobre la caja B de su partido, ni García Castellón ni Piña vieron oportuno abrir diligencias.


viernes, 16 de enero de 2026

 


 


El PSOE dispara a bocajarro contra MAZÓN y FEIJÓO por la DANA: "Nos ha m...

 


 


 


 


 


 


 


 


JULIO IGLESIAS y la denuncia por AGRESIÓN SEXUAL | El Abierto

🕯️Groucho Marx y sus Desternillantes Frases #citas #refranes #celebres #...

Monólogo José Luis Ozores en Recluta con niño

 


 



Psicópata nazi paseaba semidesnuda entre los presos y azotaba mujeres y niños con navajas

8 de abril de 1945, a unos cinco kilómetros al noroeste de la ciudad de Weimar, Alemania nazi. Los prisioneros del campo de Buchenwald, utilizando un transmisor secreto de onda corta y un pequeño generador, envían el siguiente mensaje en código Morse: “A los aliados. Al ejército del general Patton.

Este es el campo de concentración de Buchenwald. LLAMADA DE SOCORRO. Solicitamos ayuda. Quieren evacuarnos. Las SS quieren destruirnos”. 3 minutos después de la transmisión, los presos desesperados reciben el mensaje en respuesta: “Esperad. Corriendo en vuestra ayuda. Estado Mayor del Tercer Ejército”.

Tres días después, el 11 de abril, la 6.ª División Blindada estadounidense libera Buchenwald y encuentra a más de 21.000 supervivientes débiles y demacrados. Después de que el general Patton recorra el campo, ordena al alcalde de la cercana ciudad de Weimar que lleve a 1.000 ciudadanos a Buchenwald para mostrarles el crematorio y otras pruebas de las atrocidades nazis.

Los estadounidenses quieren garantizar que el pueblo alemán asuma la responsabilidad de los crímenes nazis, en lugar de descartarlos como propaganda de atrocidades. Muchos de ellos lloran y algunos incluso se desmayan al ver los cadáveres, a los supervivientes hambrientos detrás de alambradas de púas, así como una mesa con pinturas sobre pieles humanas.

También se encontrarán con varias partes de cuerpos humanos conservadas en alcohol y dos cabezas reducidas a una quinta parte de su tamaño normal. Una de las perpetradoras nazis alemanas responsables de estas atrocidades es Ilse Koch. Ilse Koch nació como Margarete Ilse Köhler el 22 de septiembre de 1906 en Dresde, entonces parte del Imperio Alemán.

Ilse y sus dos hermanos fueron criados por padres protestantes y era conocida por ser una niña educada y feliz. Se graduó de la escuela primaria y de comercio, y en la década de 1920 trabajó en varias empresas como secretaria y auxiliar de contabilidad. En mayo de 1932, Ilse, que entonces tenía 25 años, se unió al Partido Nazi.

Se sintió atraída por el movimiento a través de su compromiso social con miembros del destacamento local de las SS en Dresde. Las SS se percibían a sí mismas como la “élite racial” del futuro nazi y la joven Ilse se sentía a su vez atraída por estos jóvenes uniformados, seguros de sí mismos y a menudo ambiciosos. Adolf Hitler y su Partido Nazi llegaron al poder el 30 de enero de 1933.

En mayo de 1934, Ilse conoció a Karl Otto Koch, quien el 1 de septiembre de 1936 fue nombrado comandante de Sachsenhausen, uno de los campos de concentración más grandes de Alemania. Fue en Sachsenhausen donde el 25 de mayo de 1937 Ilse y Karl se casaron. El matrimonio tuvo 3 hijos: su hijo Artwin, nacido en 1938, y dos hijas, Gisela nacida en 1939 y Gudrun, un año después.

Aunque Ilse Koch negó haber entrado alguna vez en el recinto del campo de Sachsenhausen, varios supervivientes comprobaron más tarde que ella había participado en los abusos. Los supervivientes del campo mencionaron más tarde cómo Ilse Koch observaba a los reclusos trabajar desde su ventana y gritaba reproches a cualquiera que se atreviera a mirarla.

Y cuando lo hacían, ella ordenaba a los guardias que le dieran palizas. En agosto de 1937, Karl Otto Koch recibió el encargo de construir un nuevo campo de concentración, Buchenwald, que entonces pertenecía a uno de los campos de concentración más grandes establecidos dentro de las fronteras alemanas. Durante la Segunda Guerra Mundial, que comenzó el 1 de septiembre de 1939, el campo principal de Buchenwald administró al menos 88 subcampos.

 


GÉNOVA EN SHOCK "CARLOS ALSINA OBLIGA A DIMITIR FEIJÓO POR MENTIR Y CUBR...

 


 



JUICIOS A PLAZOS. La extraña dictadura española

Que el juicio contra la pareja de Isabel Díaz Ayuso no se celebre hasta después de las elecciones autonómicas de 2027 no es una anécdota jurídica ni un detalle técnico sin relevancia política. Es un síntoma. Un síntoma grave de cómo funciona el poder en España cuando el acusado no es cualquiera, cuando el apellido importa, cuando el calendario electoral pesa más que el derecho de la ciudadanía a saber y a juzgar.

Según informó la Cadena SER, fuentes judiciales admiten que la saturación de los juzgados de lo Penal de Madrid hace imposible fijar una fecha anterior. El argumento administrativo suena neutro, casi inocente. Pero la neutralidad se rompe cuando se observan los hechos desnudos: una persona imputada por fraude fiscal, falsedad documental y pertenencia a grupo criminal no se sentará en el banquillo hasta que pase el ciclo electoral completo. Democracia formal, justicia en diferido.

JUSTICIA A CÁMARA LENTA PARA QUIEN MANDA

El caso de Alberto González Amador no es menor. Está acusado de haber defraudado a Hacienda una cantidad inferior a 600.000 euros, umbral que envía la causa a los juzgados de lo Penal y no a la Audiencia Provincial. No hablamos de un error contable ni de una discrepancia administrativa. Hablamos de delitos tipificados, de una instrucción ya cerrada, de una causa lista para juicio. Y, sin embargo, el sistema decide que no toca ahora.

La justicia lenta no es neutral cuando siempre llega tarde para los mismos y rápido para otros. En Madrid, miles de procedimientos se acumulan porque durante años se ha recortado en personal, en medios y en inversión pública mientras se bajaban impuestos a las rentas más altas. La saturación no es un accidente. Es una decisión política sostenida en el tiempo.

En ese contexto, que el juicio se posponga más allá de 2027 no es solo un problema procesal. Es una ventaja política objetiva para quien gobierna la Comunidad de Madrid desde 2019 y aspira a revalidar el poder sin el ruido incómodo de un juicio a su entorno más inmediato. La separación de poderes se vuelve decorativa cuando el calendario judicial encaja tan bien con el electoral.

La reacción no se hizo esperar. Gabriel Rufián ironizó con una frase que ha circulado como un dardo preciso: “Rara dictadura en la que vive esta gente”. La frase no habla de una dictadura clásica, sino de algo más inquietante. Un régimen donde las reglas existen, pero se adaptan con suavidad quirúrgica a quienes mandan. Mordidas para todos y juicios a la carta, resumió.

PRIVILEGIOS, SILENCIOS Y NORMALIZACIÓN DEL ABUSO

No es la primera vez que el entorno de la presidenta madrileña protagoniza episodios que, en cualquier otro contexto, habrían provocado dimisiones inmediatas o una investigación política de calado. Desde los contratos sanitarios durante la pandemia hasta las relaciones empresariales con el sector privado de la salud, el ecosistema que rodea al poder en Madrid se ha movido siempre en una zona gris cuidadosamente protegida.

El detalle aparentemente menor de que González Amador utilizara un correo corporativo vinculado al Grupo Quirón y firmara con el apellido “Burnet” no es solo pintoresco. Es la metáfora perfecta de una élite que se sabe impune, que juega a la ficción mientras maneja recursos reales. Sonny Crockett como alias empresarial en la sanidad privatizada madrileña. No es una serie. Es la vida política española en 2026.

La indignación ciudadana que se ha expresado en redes no surge de la nada. Surge de la acumulación. De ver cómo se persigue con dureza a activistas, a sindicalistas o a personas empobrecidas mientras los poderosos se benefician de la lentitud estructural que ellos mismos han provocado. Surge de comprobar que la igualdad ante la ley es una promesa que se rompe siempre por el mismo lado.

No es que España sea una dictadura. Es algo más sofisticado y, por eso mismo, más peligroso. Es un sistema donde las formas democráticas siguen en pie, pero el contenido se vacía poco a poco. Donde votar sigue siendo obligatorio moralmente, pero decidir se vuelve cada vez más irrelevante frente a redes de poder económico, judicial y mediático que se protegen entre sí.

La pregunta no es por qué el juicio se retrasa. La pregunta es por qué hemos normalizado que ocurra. Porque cuando la justicia aprende a esperar, la democracia deja de ser urgente. Y cuando la democracia deja de ser urgente, el privilegio se convierte en costumbre y la impunidad en paisaje.

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