“Suresnes,
o cómo vender la izquierda en cómodos plazos”
Mira,
España es ese país tan peculiar donde la izquierda, en vez de
entrar en la historia por la puerta grande, lo hace por la aduana…
¡con escolta de la policía franquista!
Año
1974. Mientras tú en España necesitabas una contraseña secreta,
tres toques en la puerta y jurar por la memoria de Durruti para
entrar a una asamblea… Felipe González se iba a París a un
congreso del PSOE con un acompañante de lujo: la policía del
régimen. Sí, sí. Le faltaba que le llevaran las maletas y le
dijeran: “Don Felipe, que tenga usted un congreso socialista muy
cómodo. Recuerde que el buffet es libre.”
Y
llegamos a Suresnes, que no es un sitio, es un símbolo. El lugar
donde el PSOE pasó de ser marxista a ser… bueno, “marx-ish”.
Allí
se cargaron a la vieja guardia del exilio —esa que llevaba desde el
39 luchando con cuatro duros y un himno en la boca— y pusieron al
joven Felipe, con su chaqueta de pana y su acento sevillano sedoso, a
decir:
“Compañeros,
hay que renovarse… ¡pero sin molestar al capital!”
Y
claro, uno piensa: ¿Cómo es que justo en ese momento tan delicado,
cuando Franco se moría pero aún coleaba, la policía deja pasar a
unos socialistas como quien deja pasar al técnico del gas?
Pues
porque estos no iban a hacer la revolución… iban a gestionarla.
Porque,
sorpresa: la socialdemocracia alemana (SPD) y probablemente algún
que otro despacho en Langley, ya habían apostado por ellos.
Mientras
el PCE estaba clandestino, perseguido, y con el culo en vilo, al PSOE
le llovían cheques, becas de formación en Alemania y maletines con
más futuro que principios.
No
eran “la izquierda”, eran el cortafuegos perfecto contra el
comunismo.
Y
ojo, que Felipe no era tonto. Sabía que había que parecer de
izquierdas, pero sin pasarse.
El
truco estaba en mantener la palabra “obrero” en las siglas y
enterrar al obrero debajo de 40 años de gestión neoliberal.
Porque
ya me dirás tú: ¿qué clase de socialismo es ese que entra en la
OTAN, privatiza Telefónica y pone a Solchaga a recitarle poemas a
los mercados?
Pero
bueno, todo empezó en Suresnes. En Francia.
Porque
en España no se podía hacer una revolución, pero una transición
pactada con vino caro y servilletas con logos del PSOE, eso sí que
sí.
Y
así pasamos de la pana al IBEX: la metamorfosis de Felipe”
(o
cómo un socialista se convierte en CEO sin pasar por la casilla de
Marx)
Felipe
González empezó con una chaqueta de pana.
Esa
prenda era como el símbolo de todo: del pueblo, del esfuerzo, del
tío que sabía lo que era currar…
Hasta
que, claro, descubrió que los trajes de Armani abrigan más… sobre
todo cuando te los paga el Banco Santander.
Entró
en La Moncloa con promesas de cambio, de futuro, de igualdad…
Y
salió 14 años después con el país lleno de privatizaciones, OTAN
por todos lados, y con los sindicatos diciendo: “Eh, que esto no
era lo que habíamos firmado, Felipe.”
Y
él: “No, no era lo que firmasteis, era lo que os dejé firmar.”
La
chaqueta de pana no es que se la quitara… es que la quemó en un
ritual con Botín mientras le ofrecían un sillón en Gas Natural.
¿Os
acordáis cuando dijo “OTAN, de entrada no”?
Pues
fue entrar y decir:
—“Perdón,
¿dónde está la entrada VIP?”
Y
entró con tanta fuerza que acabamos con bases militares, ejercicios
conjuntos y una suscripción premium a los intereses de Estados
Unidos.
Y
esto, claro, venía de lejos. Que no te mandan a Suresnes con escolta
franquista para que luego te hagas el Che Guevara en Madrid.
Luego
vinieron las privatizaciones.
Aquello
fue un Black Friday del Estado: Repsol, Telefónica, Endesa,
Argentaria…
Lo
único que no privatizó fue el bar del Congreso, y porque ahí ya
mandaban los camareros del PSOE de toda la vida.
Y
mientras tú seguías con la hipoteca y el bonobús, Felipe se fue a
dar conferencias a 100.000 euros la hora diciendo que el socialismo
es compatible con los mercados.
Claro
que lo es, Felipe… si el mercado eres tú.
Y
cuando se jubiló —bueno, jubilado modo Godfather— se fue a vivir
a un ático en el barrio de Salamanca, con su puro y su consejo de
administración.
Tú
le ves y ya no piensas en la pana, piensas en pana-má… como los
papeles.
Felipe
no traicionó al socialismo.
Lo
transformó en una marca blanca.
Ya
no era “Obrero Español”, era “Socialismo Ligero con sabor a
responsabilidad institucional”.
Y
ahí lo tienes, hoy en día dando entrevistas sobre Venezuela,
hablando de democracia…
¡Tú
que en su día te colaste en una cena de la OTAN con más
guardaespaldas que Gadafi en fallas!
Así
que la próxima vez que alguien te diga que el PSOE es de izquierdas,
recuérdale que Felipe González cambió la lucha de clases por la
clase business.