Ladrón de Bicicletas, estrenada el 24 de noviembre de 1948 en las salas de su país de origen, es una de las más conocidas referencias del neorrealismo italiano. Movimiento surgido al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que contrasta con el cine de los grandes estudios, y expone una visión realista de la sociedad. Paralelamente, a esta etapa se la puede considerar como un destape, una liberación de la censura impuesta por los regímenes totalitarios.
La historia está inspirada en la novela homónima, publicada dos años antes, de Luigi Bartolini, quien profirió duras críticas a la película, considerándola traidora de su fuente original.
Durante el casting, buscando niños actores para el papel de Bruno, De Sica se focalizó en uno de los padres de estos niños por sus rasgos firmes y duros. Era Lamberto Maggiorani que terminó invistiendo el protagónico, Antonio Ricci.
Enzo Staiola, inmortalizado como Bruno, el hijo de Antonio, en cuyos gestos gravita gran parte de la emotividad de la película, fue elegido por su manera de caminar.
Los dos personajes principales no eran actores profesionales, y de hecho, pese a la inmejorable dupla que formaron, no continuaron sus vidas como figuras del cine.
Maggiorani, antes de hacer Ladrón de Bicicletas fue tornero en una fábrica, a la que volvió después de filmar la película. Al poco tiempo, debido a un proceso de reducción de personal, el flamante actor fue despedido de su puesto de trabajo, considerando que su carrera como estrella de cine estaba despegando y la decisión no le pesaría tanto como a sus compañeros.
Finalmente, Maggiorani no consiguió grandes trabajos en la industria audiovisual, debiendo continuar como albañil. Por su papel en Ladrón de Bicicletas pudo renovar los muebles de su casa e irse de vacaciones con su familia.
De este modo, los actores fueron ellos mismos, haciendo honor a uno de los postulados del cine italiano de posguerra, resumido en lo que decía De Sica, “el cine es la vida misma”.
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reseña de Ladrón de Bicicletas
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