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miércoles, 7 de enero de 2026

 





Luis Quiñones

Hoy he visto a Juan Soto Ivars en la tele. Ahí estaba, con Iker Jiménez, fenómenos paranormales y otras zarandajas. Así es la vida y el aburrimiento de estos días posnavideños. Y tengo que decir que no he oído una concatenación más grande de mamarrachadas en mucho tiempo. El muchacho este, Juan, estaba dando una supuesta clase magistral para el docto público que ve Cuarto Milenio, entre el cual me encuentro.

El fulano este del flequillo, haciéndose el interesante, creyéndose a sí mismo en su papel de sabihondo, ha dado una muestra incomparable de falta de rigor y de cultura general. Sí, cultura general. Me explico:

1. Ha comparado a José Antonio con Lorca, como víctimas de la misma intolerancia. No es lo mismo, señor Soto. Lorca era un artista. José Antonio, un fascista. De él sabemos dónde está enterrado, de Lorca no. José Antonio apeló a la violencia para alcanzar el poder e implantar un régimen totalitario. Lorca, no. Comparar a ambos no solo es un ejercicio indigesto y malintencionado. Diría que es hasta de mal gusto. Repugnante.

2. El señor Soto tampoco sabia quién era Ricardo Zamora, uno de los mejores porteros de la historia del fútbol español. Y como no tiene ni idea de lo que habla, ha llegado a afirmar que le salvó la vida un escritor segundón cuando este estaba en una checa. Falso: a Zamora lo salvó la intercesión del anarquista Melchor Rodríguez, mientras estaba en la cárcel de Alcalá de Henares. Y la cárcel de Alcalá no era una checa.

3. El señor Soto ha afirmado, imagino que movido por su ignorancia, y por tanto sin mala intención, que Muñoz Seca estaba en una checa durante la guerra. Falso: estaba en la cárcel de San Antón, dependiente del Gobierno (como lo era la cárcel de Alcalá) cuando fue sacado y después fusilado en Paracuellos.

4. El señor Soto no sabía qué era la quinta columna. Y el término lo acuña el general Mola, en una de sus alocuciones radiofónicas, no Yagüe (como afirma un subtítulo que aparece en pantalla y como no ha sabido explicar el insgine intelectual invitado), refiriéndose a aquellos madrileños leales al movimiento nacional que defenderán el alzamiento desde dentro de Madrid de manera subrepticia.

Así las cosas. Cuando hasta el más tonto hace bolillos, la cultura, la cultura de verdad, es decir, saber cosas, se deja en manos de titiriteros de la palabra, en manos de vendedores de humo y de mequetrefes salidos de no se sabe dónde, que convierten el conocimiento en palabrería barata. El opinólogo que va a programas matinales ha pretendido ser culto por la noche y le ha aflorado el anarrosismo, que no es tener el nivel de un colaborador del programa de Ana Rosa, sino tirarte pedos y pensar que lo que sale de tu ano son rosas de Damasco.


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