Sé
que por ahí están circulando muchas teorías para explicar lo que
pasó en Venezuela
.
Y es normal.
Honestamente, la primera pregunta que me hice fue:
¿se llevaron así a Maduro y a su esposa, sin dar pelea?
Algo no cerraba.
Algo raro pasó ahí.
Por eso conviene ordenar el ruido.
Primero, desmontemos dos mitos que nos metieron a martillazos los medios y agencias occidentales
Mito 1: “Maduro es un dictador que se robó las elecciones”
Este mito se cae con un facto: Trump, indirectamente, lo desmintió.
En su propia conferencia de prensa, Trump apartó a María Corina Machado.
La descartó.
Esa señora, en los hechos, no tiene apoyo popular.
Trump y su gabinete lo saben y lo manejan ante el público sin rodeos.
Entonces, si María Corina no tiene pueblo,
si no tiene estructura real,
si no puede gobernar ni siquiera simbólicamente,
el cuento de que “la oposición ganó las elecciones” es propaganda.
La Venezuela real no es Miami.
No es Twitter.
Ni siquiera esos escuálidos que, desde fuera del país, piden que bombardeen su propia tierra.
Tampoco es la prensa facha de nuestros países.
Los sectores antichavistas duros en Venezuela son cada vez menos, porque la gente ya vivió el experimento de las guarimbas y el fraude político de Guaidó, y no quiere volver ahí.
Mito 2: “Maduro fue neutralizado porque es un tirano aislado”
Esto es históricamente falso.
El liderazgo de Maduro ha soportado:
– el desplome del valor del petróleo,
– la muerte de Hugo Chávez (el momento más frágil del proceso),
– sanciones económicas criminales,
– bloqueos financieros,
– embargos y robo de activos,
– intentos de magnicidio,
– campañas permanentes de fake news occidentales,
– y en los gobiernos uribistas, una frontera narcoparamilitar con Colombia usada como plataforma de agresión.
Ningún “tirano aislado” sobrevive a eso.
Eso solo lo resiste un proceso con base social real,
aunque sea contradictorio, tensionado e imperfecto.
Un punto clave que también se intenta borrar: es sí hubo combate
No es cierto que “no hubo resistencia”.
Sí la hubo. Y fue feroz.
Hubo enfrentamientos en puntos estratégicos.
Hubo intercambio de fuego real.
Y hubo muertos en combate.
Por ejemplo, Estados Unidos asesinó a 32 combatientes cubanos que formaban parte del anillo de defensa y cooperación militar.
Si no hubo “espectáculo” de guerra abierta
no fue porque del otro lado hubiera rendición.
Decir que “nadie peleó” es repetir el relato gringo
y borrar a quienes resistieron hasta la muerte.
Ahora sí, abordemos algunas de las teorías que circulan en redes sociales
Teoría 1: “Maduro pactó su arresto”
No resiste el menor análisis.
Hablamos de un dirigente que ya atravesó los momentos más duros del proceso: el colapso económico, el asedio internacional total, las guarimbas, los intentos de magnicidio y la muerte de Chávez.
Un dirigente que, ante la amenaza directa de Estados Unidos, sacó al pueblo a las calles, lo organizó y evitó una guerra civil cuando el imperio la empujaba abiertamente.
Ah, y en 2017 no respondió a las guarimbas con masacre, sino con política: Asamblea Constituyente.
Pensar que alguien que resistió cuando todo estaba en contra decidió rendirse justo ahora no es serio: es ignorancia o mala fe.
Teoría 2: “Lo traicionó la cúpula / lo vendieron”
Esta teoría es aún más peligrosa.
No porque no exista infiltración, sino porque busca implosionar la resistencia, minarla desde adentro.
Hoy, en pleno 2026, y con el laboratorio de guerra en Palestina, el imperio no necesita grandes traidores en la cima. Puede operar con: redes, datos, patrones, operadores dispersos.
Ayudarles a su narrativa de traición a Maduro por otros líderes chavistas, es ayudar a los gringos a sombrar sospechas, rumores, egos, implosión interna.
Así cayeron otros procesos, por guerras fratricidas inducidas.
Teoría 3: “Delcy pactó con EE.UU.” (porque Trump lo dijo)
Trump envenena.
Sus palabras sólo contaminan la realidad.
Tomarlo como fuente confiable es asumir al terrorista como cronista.
Convertir una frase suya en “prueba” es colonización mental.
Entonces, ¿qué explica mejor lo que pasó?
Una lectura más aterrizada indica que Venezuela enfrentó una operación de inteligencia real que la superó.
La CIA lleva años recolectando rutinas, movimientos y patrones, y esta vez combinó ese trabajo con tecnologías de guerra electrónica que anularon capacidades clave: apagón, bloqueo de comunicaciones, neutralización de radares y desmovilización del sistema antiaéreo.
El resultado fue un país operando con un plan A que fue desactivado en minutos, sin un plan B inmediato.
A eso se suma la novedad más grave del siglo XXI —ya ensayada brutalmente en Palestina—: la inteligencia artificial como arma de dominación y de muerte.
Hoy Estados Unidos ya no necesita que alguien llame diciendo “está aquí”; con suficientes datos cruzados algorítmicamente, el imperio predice, anticipa y caza. Ese salto tecnológico fue subestimado, y ahí se abrió la vulnerabilidad.
El marco mayor: un imperio en caída
Estados Unidos es un imperio en decadencia.
Endeudado.
Desindustrializado.
Sin nada que ofrecer al mundo.
Le queda menos de una década de petróleo propio.
Por eso, obviamente ataca donde hay gas y petróleo:
Libia, Irak, Afganistán, Siria, Nigeria, Irán…
y ahora Venezuela.
El mundo, además, se desdolariza.
Lento, pero irreversible.
Y no es casual que, antes del secuestro, Venezuela estuviera reunida con China cerrando acuerdos comerciales y de defensa.
Eso, en estos momentos históricos para un EEUU en caída, es intolerable. Por eso el zarpazo a lo bestia herida.
Lo de Venezuela es un aviso.
Estados Unidos está en caída y responde atacando recursos y soberanías.
Por eso despliega su terror.
En el Sahel lo entendieron: Burkina Faso, Mali y Níger se unieron también en lo militar.
Aquí, el progresismo habla y no actúa.
Petro, Claudia y Lula no avanzan un centímetro en defensa regional, aunque Venezuela esté bajo ataque
y Trump ya avise que ellos son los siguientes.
La unidad no puede seguir siendo discurso.
Tiene que ser defensa.
O el próximo golpe nos va a agarrar igual:
vulnerables, separados.
https://x.com/Edisson_hilos/status/2008773578867576878?s=20
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