La evangelización como justificación del saqueo
La evangelización no fue solo un acto religioso: fue una estrategia política y económica. Bajo el discurso de “salvar almas”, imperios enteros justificaron el despojo de tierras, culturas y recursos. La cruz llegó primero; detrás venían las armas, los contratos y el oro.
Los pueblos originarios no solo fueron convertidos, fueron sometidos. La fe se usó como excusa moral para destruir cosmovisiones, imponer lenguas y legitimar sistemas de explotación. Convertirse no era una opción espiritual, era una condición para sobrevivir.
Mientras se predicaba humildad, se saqueaban templos, se vaciaban montañas y se trasladaban riquezas a Europa. La evangelización operó como un velo sagrado sobre una maquinaria de conquista y acumulación.
Hoy, muchas de esas estructuras siguen vigentes, disfrazadas de ayuda, desarrollo o misión humanitaria. Pero la historia es clara: la fe fue utilizada como pasaporte moral para el saqueo.
Entre Ceja y Oreja
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