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domingo, 1 de febrero de 2026

 



Trabajaron tanto, que ni la muerte les daba permiso para parar

(Muy importante la posdata)

En la España de los milagros sin testigos, donde los santos llevaban uniforme y los pobres rezaban por decreto, los viejos del campo no se jubilaban: se desvanecían. Se les veía al amanecer, saliendo de sus casas silencio, con la azada y la espuerta en la mano y el bastón en la otra, como si la tierra les pidiera perdón por no haberles dado descanso.

La jubilación era un espejismo que se pagaba en cupones agrarios, esos papelitos que prometían el cielo pero no llegaban ni al umbral. Algunos eran falsos, otros simplemente inútiles. Pero todos tenían algo en común: no servían para dejar de trabajar. Trabajaron tanto, que ni la muerte les daba permiso para parar.

Los ancianos morían en el tajo o en cualquier ribazo, con la azada aún caliente, como si la tierra los reclamara justo cuando empezaban a pensar en descansar. Y entonces se decía que habían tenido «una muerte buena», porque no molestaron, porque no cobraron pensión, porque no dejaron de producir. Trabajaron tanto, que ni la muerte les daba permiso para parar.

El régimen, tan paternal como un látigo, les ofrecía lo justo: una misa breve y obligatoria, una esquela mal escrita, y si acaso, un entierro sin mármol o con lápida pagada a plazos. La Seguridad Social era para otros, para los que vivían en ciudades con ascensor y televisión, tampoco para todos, no os hagáis ilusiones. En el campo, la única seguridad era que el cuerpo se rompería antes que la voluntad. Trabajaron tanto, que ni la muerte les daba permiso para parar.

El anciano de la foto, pongamos que se llama Eusebio, lleva en la mano las últimas coles del invierno. No son para vender, son para cenar. El perro lo acompaña, no por fidelidad, sino porque sabe que si Eusebio cae, alguien tiene que ladrar. El bastón no es por debilidad, o tal vez porque sin él no puede andar, también es por dignidad: para no arrastrarse del todo. Trabajaron tanto, que ni la muerte les daba permiso para parar.

Y cuando llega la noche, y el frío se cuela por las rendijas de las ventanas mal ajustadas, Eusebio se sienta junto al fuego y recuerda que hace años le prometieron descanso. Que pagó sus cupones. Que esperó. Que creyó. Pero el descanso nunca llegó. Lo que sí llegó fue la artrosis, el silencio, y el olvido. Trabajaron tanto, que ni la muerte les daba permiso para parar.

© Paco Arenas a 10 de octubre de 2025

Posdata añadida hoy 31 de enero de 2026:

Memoria histórica durante el gobierno del delincuente M.Rajoy, que los jueces no saben quién es.

Durante los años que gobernó M.Rajoy, se subieron las pensiones tres veces, siempre muy por debajo del IPC en 2012, 2013 y 2017, no las subió siquiera ni en el 2014, ni en el 2015, ni en el 2016.

En el 2012, subió un 1%, el IPC subió un 2,9%

En 2013, subió un 1%, el IPC subió un 1,4%

En el 2016 no subió nada y el IPC subió un 1,6%

y por último la gran burla en el 2017, el IPC subió un 1,1% y las pensiones las subieron un 0,25%

Ahora se niega, una vez más, la subida de las pensiones, y su muleta dice que dentro de 15 años no se cobrarán pensiones.

El que quiera entender que entienda.

Paco Arenas

Mi último libro publicado ha sido "Las abarcas desiertas"

Otros libros:

"Magdalenas sin azúcar"

"Palabras calladas"

"Águeda y el secreto de su mano zurda"

"Caricias rotas"

"Los manuscritos de Teresa Panza"

y algunos más.


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