Jueces veganos, políticos caníbales, periodistas omnívoros
Es innegable que algunos jueces "están
haciendo política", como dijo Pedro Sánchez, pero el Poder
Judicial no sabe o no quiere impedirlo: juez no come juez
ElPlural
Antonio Avendaño
7-9-25
La justicia es bastante lenta cuando los justiciables son civiles
pobres, muy lenta cuando los justiciables son civiles ricos y
extremadamente lenta cuando los justiciables son jueces. Una de las
razones de ello es que los cometidos por los pobres suelen ser
delitos penalmente sencillos, fáciles de investigar, juzgar y
sentenciar, mientras que los que cometen los ricos son ilícitos
generalmente mucho más elaborados, más sofisticados penalmente y,
por tanto, más difíciles de desentrañar y condenar. Para un
fiscal, pillar a un delincuente rico con las manos en la masa
es complicado, y no digamos, para un juez, condenarlo, dado que
en no pocos casos el abogado que defiende al rico ha sido antes juez
y conoce el paño penal tan bien como pueda conocerlo el colega que
juzga a su cliente.
En cuanto a los jueces, muy pocos, poquísimos de ellos suelen
cometer algún delito, y cuando lo hacen son en general severamente
condenados. No, la lentitud extrema cuando el justiciable es un juez
no se produce en la justicia penal, estadísticamente insignificante,
sino en la justicia correccional, corporativa, en la
justicia encargada, desde la comisión disciplinaria del Poder
Judicial, de “sancionar conductas inadecuadas de los jueces”, por
decirlo con palabras de la presidenta del Tribunal Supremo, Isabel
Perelló, en su discurso de apertura del año judicial. Pues bien:
cuando esa justicia colegial llega, siempre lo hace demasiado tarde,
pues el perjuicio causado por el ‘delincuente’ suele ser
irreparable.
Juez no come juez
Cuando un juez desprecia de manera flagrante la apariencia de
imparcialidad, sin la cual toda su actuación jurisdiccional queda
bajo sospecha, al Consejo General del Poder Judicial le cuesta
horrores no ya sancionarlo, sino hacerle una mera advertencia o darle
un pequeño tirón de orejas. Juez no come juez. Y seguramente
es preferible que así sea: con respecto a sus compañeros nunca es
bueno que los jueces sean caníbales: basta con que sean carnívoros;
el problema con nuestro Consejo del Poder Judicial es que es
resueltamente no ya vegetariano sino directamente vegano, y eso
favorece los excesos y disfunciones de determinados
instructores que, en contra de su deber y como denunció el
presidente Pedro Sánchez, “están haciendo política”.
Como era previsible, sus palabras han levantado ampollas en el
sector judicial conservador, que es mayoritario entre los casi 5.500
jueces que hay en España: y no tanto porque el reproche sea
infundado como por haberlo dicho quien lo ha dicho. Pedro Sánchez
siempre podrá alegar en su defensa que lo que dijo era verdad, pero
a estas alturas es imposible que el presidente no sepa que hay muchas
cosas sobre las que, sencillamente, un presidente no puede decir la
verdad, y no por ser un mentiroso sino por ser presidente: y la
parcialidad de determinados jueces es una de ellas. ¿Por qué?
Porque las palabras presidenciales van a ser analizadas e
interpretadas con ánimo político, no jurídico, con espíritu
periodístico, no filológico: donde el presidente dijo “algunos
jueces” tras haber recalcado la escrupulosa profesionalidad de la
“inmensa mayoría” de ellos, sus exégetas han querido entender
que el presidente del Gobierno estaba “desacreditando al
poder judicial”. Y no es eso lo que estaba haciendo: solo
estaba señalando una obviedad que todo el mundo conoce, que algunos
jueces parecen operar con criterios políticos más que judiciales.
¿Qué jueces? Al menos, los que vienen instruyendo los casos de
la mujer de Pedro Sánchez, el hermano de Pedro Sánchez y el Fiscal
General designado por Pedro Sánchez. Como
advertimos en otra ocasión, es difícil sustraerse a la
sospecha de que estas tres personas están siendo
investigadas por la justicia no por llamarse Begoña Gómez, David
Sánchez o Álvaro García, sino por tener la directísima
vinculación personal o política que tienen con el presidente del
Gobierno.
Elogio de morderse la lengua
¿Debió decir el presidente lo que dijo? No. Un presidente tiene
que saber morderse la lengua: aunque se haga sangre al mordérsela.
En política no basta con tener buenas razones: hay que poner mucho
cuidado no dárselas al contrario. Y con su alusión a esos pocos
jueces que hacen política, el presidente se las dio tanto a los
políticos de la derecha como a los jueces conservadores. A los
presidentes demasiado habladores no se les juzga por sus
ideas, sino por sus titulares, unos titulares que en teoría
ponemos los periodistas, aunque muchos políticos y algún que otro
juez conocen bien qué clase de titulares nos gusta poner y por
eso nos los sirven cada día en bandeja, listos para ser publicados.
La presidenta del Supremo, por su parte, no pudo dejar de decir lo
que dijo al mencionar “las insistentes descalificaciones de la
justicia provenientes de los poderes públicos”: ni aun estando de
acuerdo con Sánchez podía dejar de aparentar que no lo estaba,
pues en el acto de apertura del año judicial Perelló no
intervenía como jueza, ni siquiera como ciudadana y mucho menos
como filóloga: actuaba como representante y portavoz institucional
de los jueces, es decir, actuaba como política, dicho en el buen
sentido de la palabra, no en el malo y, por tanto, también para
Perelló regían, obviamente, las restricciones sobre la verdad.
¿Hará justicia, es decir, sancionará en su momento el Poder
Judicial a esos pocos jueces que hacen política? Tal vez, pero
no será pronto ni, probablemente, con severidad, pues del mismo modo
que el alimento preferido de un político es otro político ya
que, como todo el mundo sabe, la política es un oficio de caníbales,
los jueces tienden más bien a la dieta vegana cuando se trata de sus
colegas. En cuanto a los periodistas, huelga decirlo: nosotros
comemos de todo.