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martes, 13 de enero de 2026

 

¡Es una estafa!

 

Óscar Puente se mofa de Toni Cantó y del "lanzallamas" de Vox con tan solo un tuit: "Lo dejas como un solar"

'El Debat' cayó a un 0,7% de audiencia en su última emisión en À Punt

C.T.

12-1-26

ElPlural



Tras arremeter contra las televisiones autonómicas en general y contra la valenciana en particularToni Cantó aterrizaba en las filas de À Punt el pasado 1 de diciembre con El Debat. Desde entonces, el presentador no ha levantado cabeza con una emisión que ha ido cayendo en picado hasta tocar fondo este pasado 9 de enero, cuando registraba un 0,7% de audiencia. Con tan solo un tuit, Óscar Puente se mofaba de estos datos y, de paso, del "lanzallamas" de Vox.

Cabe recordar que el pasado mes de septiembre, el diputado de Vox, Manuel Mariscal Zabala lanzaba toda una amenaza a RTVE durante la Comisión Mixta Congreso-Senado. En su discurso, aseguraba que "el último que ríe, ríe mejor, y el último que va a reír es el pueblo español cuando Vox llegue al Gobierno y le despida a usted y despida a todos los que he citado". Salpicando a Génova, Mariscal afirmaba que Vox "sí lo hará" y no "como hizo el PP cuando tuvo mayoría absoluta".  La intervención culminaba entonces en la siguiente advertencia: "Nosotros sólo tenemos una duda, si entramos en RTVE con motosierra o lanzallamas".

El ministro de Transportes recordaba esta amenaza para referirse al fracaso de Cantó en la televisión valenciana: "Cuando Vox habla de entrar con una motosierra o con un lanzallamas en TVE se refiere a esto. Con poner a Toni lo dejas como un solar".

No es la primera vez que Puente se refiere al paso de Cantó por À Punt. La última ocasión se refirió a unas antiguas declaraciones del presentador, quien, en 2019, aseguró que "cuando sea presidente de la Comunidad Valenciana cerraré Tele-Compromís". "Bueno. Dijo que la cerraba y está haciendo lo que está en su mano para conseguirlo", tuiteaba entonces el ministro de manera irónica. 

Toni Cantó cae al 0% de audiencia

El espacio conducido por Toni Cantó debutó en À Punt el pasado 5 de diciembre con una primera emisión dedicada a “El feminismo en crisis”. Aquel estreno congregó a unos 19.000 espectadores y alcanzó una cuota de pantalla del 2,4%, el mejor registro del programa en toda su breve trayectoria. Sin embargo, incluso ese dato inicial ya anticipaba problemas de fondo: en los minutos finales de la emisión se produjeron varios tramos con 0% técnico de audiencia, lo que implica que el consumo fue tan reducido que no llegó a quedar reflejado en la muestra de audímetros de Kantar Media.

La segunda entrega, centrada en “La Monarquía en España”, confirmó rápidamente la fragilidad del formato. La audiencia descendió hasta los 13.000 espectadores, con una cuota cercana al 1,5%. Pese a tratarse de un asunto con amplia presencia en el debate político y mediático, el programa perdió cerca de un tercio de su público en apenas una semana, consolidando una curva descendente que no logró corregirse con los primeros ajustes en duración y ritmo.

El deterioro continuó en la tercera emisión, dedicada a “La cesta de la compra”. El programa volvió a bajar hasta los 12.000 espectadores y una cuota del 1,6%. Ni siquiera un tema directamente relacionado con la inflación y el encarecimiento del coste de la vida consiguió frenar la pérdida de audiencia ni mejorar su competitividad dentro de la parrilla del viernes.

La cuarta entrega abordó una cuestión especialmente sensible en la Comunitat Valenciana: “¿Valenciano o castellano en la escuela?”. Lejos de provocar un repunte, el programa firmó uno de sus peores resultados hasta ese momento, con alrededor de 8.000 espectadores y una cuota del 0,8%. Además, volvió a acumular amplios tramos con 0% técnico de audiencia, un fenómeno que empezaba a repetirse de forma estructural y ya no como una anomalía puntual.

El mínimo absoluto llegó con la quinta emisión, emitida el 9 de enero y dedicada a “¿Ya no nos gusta el turismo?”. El espacio se desplomó hasta unos 6.000 espectadores y una cuota de pantalla del 0,7%, el peor dato desde su estreno. En esta ocasión, cerca de una hora completa del programa registró 0% técnico de audiencia, una circunstancia que evidencia una desconexión casi total con el público medido.


 

Juanjo Castro, del documental '7291' a la serie de las residencias de Ayuso: "Intentaron desprestigiar, pero se pusieron en evidencia ellos mismos"

El Ejecutivo de la Comunidad de Madrid tildó el documental de "engañoso" y aseguró que ofrecía "información que no se corresponde con la realidad”

Andrea Cabanillas

13-1-26

ElPlural



No es una historia ni una película, es la cruda realidad de lo que ocurrió hace no tanto tiempo aunque algunos intenten borrarlo de la memoria colectiva. Sus protagonistas no son actores, sino personas de carne y hueso, como tú y yo, que perdieron la vida -o sufrieron la pérdida de un familiar- simplemente por no cumplir con las condiciones vitales que se creían adecuadas para luchar por su supervivencia. 7291, así se llama el documental con el que Juanjo Castro recuerda a los fallecidos en las residencias de la Comunidad de Madrid durante la pandemia. Y no solo eso, con el que se desmontan algunas de las mentiras de Ayuso con respecto a esta gestión. ElPlural ha entrevistado al cineasta, con el que hemos hablado sobre las fuentes con las que contó, sus posibles temores ante la publicación o las responsabilidades políticas del Gobierno madrileño. 

7291 nace de otra obra, aunque no audiovisual: Mirarán de forma indigna, el libro de Alberto Reyero, quien fuera el consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid entre agosto de 2019 y octubre de 2020. Él mismo chocó con Ayuso por la crisis en las residencias y terminó dimitiendo, lo que provocó la publicación de esta obra en la que asegura que la cifra de fallecidos en los centros de mayores podría haber sido inferior de no aplicarse los conocidos como "protocolos de la vergüenza". La propia Ayuso pidió la imputación del político tras su testimonio, sin embargo, Juanjo Castro reconoce que esto nunca le hizo recular en su proyecto. "Ni me lo planteé, yo soy un tipo desconocido. Pensé: 'Leyendo el libro de Reyero, si no lo han metido en la cárcel, a mí me van a hacer muchísimo menos porque no me conoce nadie". 

Castro tenía y tiene muy claro que seguirá apostando por contar la verdad de lo que pasó: "Yo no tengo apoyo público ni dependo del gobierno de turno, así que voy a seguir haciéndolo igual". 7291 arrancó en su cabeza en verano de 2023, momento en el que terminó de leer el libro de Reyero y se puso en contacto con él. "Tenía que parar de leer de vez en cuando porque no podía soportarlo y pensé: 'esto se tiene que saber". Así, el director recurrió esencialmente a dos fuentes principales: las más de 50 horas de vídeos de la Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid, constituida en julio de 2020 hasta que Ayuso decidió acabar con ella, y de la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid, presidida por el jurista José Antonio Martín Pallín. 

Pensé: 'Esto se tiene que saber'

Así, el documental "apela a la razón y no entra en sentimentalismos", dando voz a las declaraciones de los responsables y trabajadores de las residencias, los familiares de los fallecidos o los responsables médicos. Ni siquiera hay voz en off y las únicas tres entrevistas externas son las del propio Alberto Reyero, la de Manuel Rico -autor de ¡Vergüenza! El escándalo de las residencias- y la del periodista Fernando Peinado. "El asunto era ver cómo hacía el documental. Ya sabes el qué, pero el cómo es un tema tan delicado", nos cuenta el también productor, que asegura que ha tratado de ser "lo más imparcial posible". 

Con el objetivo de dar voz a todas las partes, Castro se puso en contacto con el consejero de Sanidad de Ayuso durante la pandemia, Enrique Ruiz Escudero, para que él y la presidenta autonómica participaran en el documental. Sin embargo, su e-mail nunca recibió respuesta. "Yo solo quería saber su opinión, pero, de todas maneras, utilizo plenos de la Asamblea de Madrid en la que hablan ambos y, además, en la Comisión de Investigación hay testimonios que dan la versión oficial de alguna manera", explica. 

Las principales mentiras que destapa 7291

"No pretendo condicionar la historia. Abrumo con datos e información", nos cuenta el director. "Yo te estoy dando unos datos. Mira de dónde venimos y lo que pasó en la pandemia, para que cada uno después saque sus propias conclusiones", añade Costa. 

Y con estos datos, el documental desenmascara algunas de las mentiras del gobierno de Ayuso con respecto al traslado de los ancianos que derivó en la crisis de las residencias. La primera de ellas, Juanjo Castro la resume en muy pocas palabras: "Principalmente que IFEMA fue una campaña de marketing", dice el productor, refiriéndose al hospital de campaña que se puso en marcha para tratar a pacientes de Covid. "Cuando salió en prensa dije 'por fin hacemos algo decente', montamos un hospital, pero no sirvió para nada. Ayuso afirma que eso iba a salvar muchas vidas, que iba a descongestionar los hospitales, pero no sirvió para donde realmente hacía falta, que eran las residencias en ese momento", añade.

El Hospital de Ifema fue una campaña de marketing

Por otro lado, Castro habla de la medida de choque adoptada por el Ejecutivo madrileño: adoptar el mando único sanitario. "Hubo un momento en el que la Consejería de Sanidad tomó el mando de Políticas Sociales. Este mando único significaba que controlas tanto los hospitales públicos como privados, y en la Comisión de Investigación se descubre que había camas libres en estos últimos". 

Y, por último, los conocidos como "protocolos de la vergüenza". "Hubo cuatro protocolos que eran totalmente discriminatorios e impedían que la gente fuera llevada a los hospitales, pero si tenían un seguro médico sí que les derivaban a un hospital privado. Eso está en la Comisión de Investigación también y son datos", sentencia. 

La "pregunta clave" de 7291

Una vez acabado el documental, Juanjo Castro habla de lo que para él es "la pregunta clave". "Yo entiendo que a cualquier persona le puede sobrepasar en un primer momento porque fue una situación tremenda, pero es que, después, se tomaron decisiones que fueron en contra de la gente. Y no solo eso, sino que se murió mucha gente. ¿Por qué se tomaron esas decisiones?", plantea el director.

Así, el cineasta explica el que, bajo su visión, es el "spoiler del documental""¿Por qué la atención primaria fue al Ifema y no a residencias como tenían previsto?". "¿Por qué cuando tenían decidido llevar la atención primaria a las residencias, que es donde se estaba muriendo la gente como loca, decides llevar a la gente al Hospital de Ifema durante cinco semanas? Era gente afectada por el Covid, pero leve. En esas cinco semanas murieron 17 personas en el hospital Ifema de campaña y mientras murieron 5000 personas en residencias, donde no fueron atendidos", explica. 

¿Por qué la atención primaria fue al Ifema y no a residencias como tenían previsto?

Tal y como él mismo subraya, no solo hay que hablar de estos fallecidos, sino también de las "condiciones en las que murieron", privándoles de una "muerte digna". Por ello, Juanjo Castro hace un llamamiento a que se tomen "responsabilidades políticas", no sin mencionar antes que también existen las "irresponsabilidades políticas", y a que se tomen medidas de cara al futuro. Hablando en plata, que al menos todo esto sirva para aprender y subsanar errores de cara a una tragedia similar.  

"Yo lo que quiero es que el espectador se identifique con las familias, también de una manera egoísta. Es decir, todos llegaremos a viejos, con lo cual tenemos que ver qué modelos de trato a las personas mayores queremos. Si no pensamos en ellos, ¿qué va a ser de nosotros? El mal ya está hecho, el dolor de esas familias ya no se puede mitigar pero, por lo menos, sacar unas conclusiones". Nada más que decir. 



 

Julio Iglesias, acusado de agresión sexual por antiguas trabajadoras de sus mansiones

Los testimonios de una ex empleada del hogar y una exfisioterapeuta de Iglesias describen un ambiente de "control, acoso y terror" en las mansiones

Andrea Cabanillas

13-1-26

ElPlural



Dos extrabajadoras de las mansiones de Julio Iglesias en Punta Cana (República Dominicana) y en Lyford Cay (Bahamas) lo acusan de presuntas agresiones sexuales mientras trabajaban en ellas bajo régimen interno. Los hechos descritos por las mujeres tuvieron lugar en 2021, cuando los efectos de la pandemia aún resonaban en República Dominicana, y el artista recurrió al miedo al contagio para prohibir o limitar sus salidas al exterior de la finca, pero no las de las encargadas o los hombres del personal.

Los testimonios de estas mujeres, revelados por elDiario.es bajo una investigación en colaboración con Univision Noticias, pertenecen a una empleada del servicio doméstico y una fisioterapeuta, mujeres que trabajaron para Iglesias en 2021 y que señalan un ambiente de "control, acoso y terror" en las mansiones. 

La empleada del servicio doméstico cuenta que fue presionada para mantener encuentros sexuales con el artista, entre los que describe penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales. Además, tanto ella como su compañera fisioterapeuta relatan tocamientos, insultos y humillaciones durante su jornada laboral. 

Bajo nombres ficticios para proteger su identidad, Rebeca -empleada del servicio doméstico- declara que Iglesias, que por aquel entonces tenía 77 años, la mandaba llamar a su habitación en distintas ocasiones a lo largo de la jornada y era entonces cuando la penetraba con los dedos anal y vaginalmente sin que ella diera su consentimiento. "Me usaba casi todas las noches. (...) Me sentía como un objeto, como una esclava", cuenta a los dos medios previamente citados. Además, señalan que mientras que se cometían estos abusos, otra empleada con rango mayor al de la trabajadora se encontraba presente y también participaba en ellos.

Por otro lado, Laura -fisioterapeuta- cuenta que el artista le besó en la boca y le tocó los pechos sin que ella así lo quisiera: "Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones", cuenta, narrando otro episodio similar que tuvo lugar en la la piscina de la villa Iglesias tiene en Punta Cana. 

Y es que hechos relatados por ambas sucedieron mientras que trabajaban en las mansiones del cantante. Laura comparte que al inicio le pareció “una casa de ensueño”, pero que pronto terminó siendo un lugar marcado por las "peleas" casi diarias y los "enojos" si no se hacía lo que él quería. En este sentido, la extrajabadora asegura que reinaba un ambiente "incómodo" que tenía a las empleadas “en permanente modo alerta” e “irritables”; un lugar donde Iglesias “normalizaba el maltrato”. 

Julio es una persona muy controladora”, dice, contando que Iglesias ejerce su poder “a través del miedo”: "Amenaza con despedirte y constantemente te recuerda que estar trabajando para él es lo mejor que te ha pasado en la vida. Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”.

Por su parte, Rebeca señala que “a esa casa hay que llamarla la casita del terror porque es un drama, una cosa horrible”. La mujer relata que, en su caso, el cantante ejercía el control también a través de la imposición de revisar su teléfono móvil: “Yo no dejaba [el móvil] con nada visible porque sabía que él lo iba a hacer [revisar el teléfono] y siempre archivaba los chats u ocultaba las fotos, ya que teníamos prohibido tirar fotos en la villa”.

Los dos testimonios afirman que estos encuentros sexuales no consentidos se produjeron bajo el conocimiento de las encargadas de la gestión del hogar y la contratación del personal. Sin embargo, la mujer señalada por Rebeca como su primera jefa al ingresar en la mansión de Punta Cana, y con la que aseguró que mantuvo el primer encuentro sexual junto a Iglesias, tildó los hechos de "patrañas" y aseguró que trabajó para él como “bailarina por muchos años”. En este sentido, se deshizo en halagos hacia Iglesias, para el que aseguró que solo tenía "agradecimiento, admiración y respeto por el gran artista y el gran ser humano que es".

Asimismo, la encargada responsable de la contratación de las empleadas también realizó reconocimientos médicos a las empleadas del servicio doméstico, incluyendo exámenes ginecológicos y pruebas de enfermedades de transmisión sexual. Rebeca apunta a que favorecía y participaba en las solicitudes sexuales planteadas por el artista. 

elDiario.es y Univision Noticias han contactado con 15 extrabajadores de Julio Iglesias, que trabajaron en las mansiones del cantante en República Dominicana, Bahamas y España entre finales de los 90 y 2023. Todos ellos confirman los conflictos laborales, el complejo ambiente de trabajo y las condiciones de aislamiento de las mujeres. Tras su salida de las residencias, Laura y Rebeca afirman haber vivido una catarsis: “Ahora soy una mujer y he aprendido muchas cosas”, “pero cuando llegué allí tenía 22 años y mucha inocencia, él jugó con eso”, dice la segunda de ellas. 

“Quiero mandarle un mensaje a las chicas que están allí dentro, que piensan que no tienen salida, que tienen miedo a hablarle. Me gustaría hablarle a una chica que en un futuro piense ir a trabajar allí, que sepa cómo es la vida allí, que no vaya ciega como yo”, añade. 


 


 

La autarquía de Franco: un fracaso económico y un dogma ideológico

El régimen, además de cerrar España a los mercados internacionales, priorizó el control total de la producción y la distribución de bienes básicos, lo que resultó en escasez, racionamiento y pobreza

J.Pardo

12-1-26

ElPlural



Tras la Guerra Civil, la dictadura de Francisco Franco enfrentó una España destrozada y empobrecida. En lugar de optar por una salida pragmática que permitiera la integración en el contexto internacional y la reconstrucción del país, el régimen franquista impuso un modelo económico basado en la autarquía, que, lejos de ser una solución a los problemas del país, resultó en un desastre económico que perjudicó a millones de españoles durante décadas.

La autarquía fue una política ideológica que respondía más a los intereses del dictador que a las necesidades reales del país. Franco y su entorno, alineados con un nacionalismo económico radical, buscaron crear una economía cerrada, basada en la autosuficiencia y el aislamiento del resto del mundo. Esta decisión, tomada en un contexto de aislamiento internacional —especialmente tras la derrota de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial—, no fue una estrategia para reconstruir el país, sino una manera de consolidar su poder y controlar todas las facetas de la vida española.

El régimen, además de cerrar España a los mercados internacionales, priorizó el control total de la producción y la distribución de bienes básicos, lo que resultó en escasez, racionamiento y pobreza generalizada. Mientras el resto de Europa se recuperaba de la guerra, España vivió sumida en un atraso económico que se tradujo en una brutal caída en los niveles de vida. El racionamiento de alimentos y bienes de primera necesidad, como la ropa o los productos de higiene, era la norma. La mayoría de la población sufría de hambre y de falta de acceso a productos básicos, mientras que las élites franquistas, estrechamente vinculadas al régimen, se beneficiaban de un sistema económico controlado y obsoleto.

La autarquía, además, impuso un control férreo sobre los precios y los salarios, sin ningún tipo de consideración por la ineficiencia que ello provocaba. La industria española no avanzaba, atrapada en un modelo productivo anticuado y con escaso acceso a nuevas tecnologías. Las empresas se mantenían a duras penas, con recursos limitados y sin posibilidad de competir con otras naciones más abiertas al comercio. El resultado fue una economía paralizada, que se arrastraba en una espiral de escasez e ineficiencia.

El aislamiento internacional impuesto por Franco tuvo repercusiones aún más graves. Mientras los países europeos reiniciaban sus economías mediante acuerdos y planes de cooperación, España quedaba al margen, atrapada en una política que la mantenía alejada de los avances tecnológicos y económicos de la posguerra. Esta desconexión de la economía global retrasó gravemente la modernización del país y condenó a generaciones enteras a vivir en la pobreza.

Franco, sin embargo, no solo aisló económicamente a España, sino que también impuso la autarquía como un dogma ideológico, una especie de ley moral sobre la que no se podía cuestionar. El dictador veía en la autosuficiencia una manera de fortalecer su régimen, controlando todos los aspectos de la economía y de la vida social. De este modo, la autarquía se convirtió en una herramienta para reforzar su autocracia, mucho más que una respuesta a las necesidades del pueblo español.

El fracaso rotundo de este modelo quedó claro en las décadas siguientes. Solo cuando el régimen comenzó a suavizar las restricciones económicas y a abrir el país al mercado internacional, a mediados de los años 50, empezaron a llegar algo de prosperidad y mejoras. Sin embargo, el daño ya estaba hecho: una generación de españoles vivió bajo el peso de una dictadura económica que condenó a su país al subdesarrollo y al retraso.

lunes, 12 de enero de 2026

Weiß-blau- Marsch

FALE DUNAJU, CZARNE OCZY, NA STOKACH MANDŻURII, NA MORZU BURZA HULA - WI...

Éxitos de acordeón - hermosas melodías antiguas en el acordeón

Éxitos de acordeón - hermosas melodías en el acordeón

 


Jakob Steiner | De Soledade a Porto & Lembranças (mit Franz Posch)

GÉNOVA EN SHOCK: FEIJÓO RECONOCE Q MINTIÓ ANTE JUEZA DANA. ESTALLA ESTRA...

 


 



El pueblo sami: la historia que Escandinavia tardó en mirar

Durante siglos, el norte de Escandinavia fue el hogar de un pueblo que aprendió a vivir donde casi nadie más podía.

Los samis habitaban las regiones árticas de lo que hoy es Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. Criaban renos, seguían los ciclos del hielo y del sol, y desarrollaron una cultura profundamente ligada a la tierra, al clima y a los espíritus de la naturaleza. Su religión era animista. Creían que montañas, ríos, bosques y animales tenían alma. No dominaban la naturaleza. Convivían con ella.

Pero entre los siglos XVIII y XIX, esa forma de vida fue considerada un error.

Entre 1700 y 1900, los estados escandinavos iniciaron políticas sistemáticas para borrar la cultura sami. No se trató solo de desplazamientos: aldeas fueron destruidas, familias expulsadas hacia zonas cada vez más inhóspitas, niños separados de sus padres y enviados a internados donde se les prohibía hablar su lengua.

En Suecia, especialmente, los samis fueron tratados como un grupo “inferior”. Se los estudió como objetos. Se midieron sus cráneos. Se fotografiaron sus cuerpos. Se los utilizó como material de laboratorio para teorías raciales que hoy resultan insoportables, pero que entonces eran consideradas ciencia.

No era solo persecución cultural. Era deshumanización.

Mientras Europa avanzaba hacia la industrialización y el progreso, los samis eran empujados hacia el silencio.

Sin embargo, sobrevivieron.

Su lengua no desapareció. Sus rituales no murieron del todo. Su memoria tampoco.

En el siglo XX, esa historia empezó lentamente a ser reconocida. Se restituyeron derechos. Se reconoció su estatus como pueblo indígena. Hoy existen parlamentos sami en Noruega, Suecia y Finlandia, instituciones creadas para proteger su cultura, su idioma y su forma de vida.

No como un favor. Como una deuda.

En 2016, la película Sangre Sami puso imágenes a esa herida histórica: una joven que intenta huir de su identidad para sobrevivir en un mundo que la rechaza. No es ficción. Es memoria.

La historia del pueblo sami no es solo una historia de persecución. Es una historia de resistencia silenciosa. De una cultura que no gritó, no conquistó, no se expandió… pero tampoco desapareció.

Y quizás eso sea, precisamente, su forma de victoria.

#fblifestyle


 


🇳🇱🎶 Traditionele Nederlandse Volksmuziek – Feestelijke Klanken voor de J...

♟ El Tablero 3x86 | Oriente Medio en la mira: ¿Qué está pasando en Irán?

 



Valentín Tomé

Hasta 1975, las mujeres casadas en España necesitaban el permiso por escrito de sus maridos para:

· Comprar, vender o hipotecar bienes inmuebles (casas, terrenos).

· Constituir una sociedad mercantil o ser socia de una.

· Solicitar un préstamo o abrir una cuenta bancaria a su nombre.

· Aceptar una herencia con cargas (obligaciones).

· Realizar donaciones.

· Firmar un contrato de trabajo. El marido podía revocar este permiso en cualquier momento, lo que en la práctica significaba que podía obligarla a dejar su empleo.

· Ejercer el comercio o una profesión de forma independiente.

· Obtener el pasaporte y viajar al extranjero. Muchas mujeres necesitaban una autorización firmada ante notario para poder salir de España.

· Testar (hacer testamento) después de casada.

· En la práctica, incluso para gestiones cotidianas como matricularse en la universidad o sacar el carnet de conducir, la presión social y la interpretación de la ley hacían que muchas instituciones exigieran este permiso.

Aquí un ejemplo de licencia marital de 1973.


 


 



No hay nada más chabacano que un cateto haciéndose pasar por chulillo. Éste pobre hombre, y cuando hablo de “pobre hombre”, conviene matizar: hay quienes son hombres pobres porque carecen de lo necesario y hay pobres hombres que lo son porque deambulan como almas errantes, sin pena ni gloria por la sociedad, precisamente cuando pretenden acaparar esa gloria que nunca les perteneció.

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Feijóo afirma que la historia castigará a Sánchez y a Zapatero por su posición respecto a Maduro. Sin embargo, al único al que la historia no va a perdonar es a él mismo por su amistad con un narcotraficante. Quedó retratado, y bien retratado. Todo lo demás no es más que un intento torpe de salir del propio fango embarrando al adversario.

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Trump ha descolocado a este fenómeno de la verborrea fácil. Como acostumbra, lanzó las campanas al vuelo antes incluso de tener la pieza, imaginando ya dónde colocar el trofeo. Pero Trump le rompió el guion: no ha ido a Venezuela a derrocar a Maduro para colocar a Corina, sino a gestionar los beneficios derivados de los barriles de petróleo. De paso, le ha dado a Maduro la coartada perfecta para aferrarse al poder y a los recursos del país.

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Venezuela, hoy, se alinea con Trump por puro interés comercial y político. Cuando alguien llega al poder —aunque sea por encargo o por las carambolas de la vida— le cuesta enormemente soltarlo. Los Rodríguez han optado por situarse del lado de Trump: es preferible tenerlo como “amigo” y mantenerse en el poder, aunque este no sea real, que quedar fuera del tablero. Al menos, así, ocupan el lugar que mejor sirve a sus intereses personales. Este es el verdadero cabreo de la derecha pepera: no le sale una. Cuando juega con cartas marcadas, la jugada acaba volviéndose en su contra.

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Y, por cierto, ¿Cuántas veces hemos escuchado en los últimos meses a la derecha proclamar que la justicia española es la mejor del mundo y que hay que dejarla actuar porque eso es democracia? Pues ahí tienen a los demócratas: a la primera citación del catetillo para declarar ante la jueza de Valencia, la magistrada pasa a ser “tal y cual” porque solo llama a su líder y no a los miembros del Gobierno. A esos mismos que él, con mentiras, artimañas delirantes y bulos, quiso implicar. Cuando lo ocurrido en Valencia tiene un nombre claro: Mazón. Y, junto a él, todo el PP que lo ha arropado sabiendo perfectamente que él y la DANA eran los responsable de lo ocurrido.

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El Bellotero .


 



Peter Freuchen: el hombre que se negó a morir bajo el hielo

Estaba atrapado bajo el hielo del Ártico.

Sin herramientas. Sin ayuda. Y con una sola opción por delante.

Peter Freuchen no estaba hecho para una vida normal. Con más de dos metros de altura, hombros anchos y barba espesa, parecía más un mito que un hombre incluso antes de que se conociera su historia. Nacido en Dinamarca en 1886, no buscaba comodidad ni seguridad. Buscaba límites. Hielo. Silencio. Lugares donde los errores significan la muerte.

Groenlandia se convirtió en su campo de pruebas. La cruzó en trineo tirado por perros, recorriendo regiones que ningún mapa había descrito aún. Vivió entre los inuit no como visitante, sino como aprendiz. Allí conoció a Navarana Mequpaluk. Fue su esposa y su maestra. Le enseñó a leer el hielo, a escuchar el viento, a sobrevivir donde no hay margen de error.

Cuando ella murió durante la gripe española en 1921, algo dentro de él se rompió. Pero no lo detuvo. Lo endureció.

Años después llegó el momento que lo definiría para siempre.

Una ventisca repentina lo sepultó bajo una masa de nieve y hielo. Quedó atrapado bajo tierra. Sin cuchillo. Sin herramientas. Sin forma de pedir ayuda. El aire se volvía espeso. El frío entumecía sus dedos. El pánico presionaba tanto como el hielo sobre su cuerpo.

Entonces tomó una decisión que casi nadie sería capaz de tomar.

Usó sus propios desechos congelados, endurecidos por el frío extremo, los moldeó y los convirtió en una herramienta improvisada. Con ella empezó a cavar hacia arriba. Centímetro a centímetro. Lento. Agonizante. Impulsado por una sola cosa:

No iba a morir allí.

Logró salir.

El Ártico no lo dejó intacto. La congelación le costó varios dedos de los pies. Pero no su vida.

Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la resistencia danesa. Fue capturado por los nazis y condenado a muerte. Escapó. Cruzó a Suecia. Luego a Estados Unidos.

Allí su vida volvió a girar. Hollywood lo llamó como asesor de realismo ártico. Apareció incluso en la película Eskimo (1933), ganadora de un Óscar. En 1956, ya mayor y mutilado por el hielo, ganó el programa The $64,000 Question, sorprendiendo al país con su conocimiento del mundo polar.

Escribió libros. Contó historias de lugares donde el ser humano apenas existe. Vivió como alguien que miró a la muerte de frente y siguió caminando.

Su vida deja una verdad simple:

El heroísmo no es elegante.

Es obstinado.

Y a veces… basta con eso para seguir vivo.

#fblifestyle


 


 


 






En diciembre de 1943, Zinaida estaba lista para una nueva misión, de nuevo en la aldea de Óbol, tenía que infiltrarse en el puesto militar para robar los documentos que exponían los movimientos y la expansión de los nazis en el área.

Disfrazada de vagabunda, Zinaida se coló de nuevo en la base nazi para robar los documentos y entregarlos a los partisanos, consiguió cumplir su misión... pero desgraciadamente fue capturada por la Gestapo en su huida.

Tras su captura, la Gestapo torturaría a Zinaida durante semanas para que delatara a sus camaradas, pero la adolescente se negó a hacerlo.

En un despiste, Zinaida tomó la pistola de la mesa del interrogador de la Gestapo, le disparó en la cabeza al nazi y disparó a 2 nazis más en la sala, siguió disparando hasta que se le encasquilló el arma y fue de nuevo apresada.

Tras ejecutar al interrogador de la Gestapo de un disparo en la cabeza y liquidar a 2 nazis más, Zinaida fue torturada de nuevo y condenada a muerte por fusilamiento por los nazis.

Antes de matarla, los nazis le ofrecieron salvar su vida por última vez si delataba a sus camaradas... pero Zinaida de nuevo se negó, dijo que prefería estar muerta antes que ser una traidora.

El 10 de enero de 1944, finalmente Zinaida fue llevada al bosque y fue fusilada por los nazis con tan solo 17 años.

Zinaida fue nombrada Héroe de la URSS y fue condecorada por el Soviet Supremo con la Orden de Lenin, pusieron su nombre a museos, escuelas, calles, organizaciones de pioneros soviéticos...

Zinaida consumó su venganza contra los nazis que torturaron a su abuelita y pasó a la eternidad.... pero su increíble historia no la verás en películas de Hollywood ni harán series virales en Netflix porque era una chica pobre, soviética y comunista.

Si queréis ver los videos ilustrativos de los textos lo podréis hacer enlazando con el enlace de X de aquí abajo 👇🏻 👇 👇 👇🏿

https://x.com/DaniMayakovski/status/2009910941647823359?s=20


 


 


 

El cine que no debía existir: películas contra el franquismo

La batalla silenciosa entre el franquismo y los cineastas que se negaron a obedecer

Sueen Gasparyan

ElPlural

9-1-26



El despacho está en silencio. Al otro lado de la mesa, un funcionario toma notas con lápiz rojo. No juzga la calidad de la película, sino su peligrosidad. Cada línea del guion es una sospecha, cada diálogo puede esconder una herejía política o moral. En la España del franquismo, rodar una película crítica no era solo un acto creativo: era una forma de resistencia. Antes de que una cámara empezara a grabar, el verdadero rodaje tenía lugar allí, en despachos grises donde se decidía qué podía imaginarse y qué debía permanecer oculto. 

Durante casi cuatro décadas de dictadura, el cine fue uno de los territorios culturales más vigilados por el régimen de Francisco Franco. Consciente de su enorme capacidad de influencia, el franquismo convirtió la industria cinematográfica en un espacio sometido a un férreo control político, moral y religioso. Nada escapaba a la censura: ni los argumentos, ni los diálogos, ni la forma de vestir de los personajes, ni siquiera los finales. El cine debía educar, moralizar y reforzar el relato oficial de una España unida, católica y obediente. 

La censura funcionaba como un sistema perfectamente engrasado. Cada guion pasaba por varias instancias administrativas antes de recibir el ansiado permiso de rodaje. Después, la película ya filmada debía volver a someterse al examen de los censores, que podían exigir cortes, cambios de doblaje o incluso prohibir su estreno. En muchos casos, el resultado final poco tenía que ver con la obra original. El lápiz rojo reescribía el cine español sin aparecer en los créditos. 

El humor como trinchera 

Sin embargo, incluso en ese contexto asfixiante, surgieron cineastas dispuestos a tensar los límites. Directores que entendieron que la confrontación directa era imposible, pero que la ironía, la metáfora y el humor podían convertirse en armas eficaces. Uno de los casos más emblemáticos es el de Luis García Berlanga, que supo retratar como nadie el absurdo, la hipocresía y la miseria moral del sistema sin necesidad de mencionarlo explícitamente. Sus películas no atacaban al régimen de frente, pero lo dejaban en evidencia a través de personajes mediocres, situaciones grotescas y una mirada profundamente corrosiva sobre la sociedad española. 

Junto a Berlanga, otros nombres como Juan Antonio Bardem optaron por un cine más directamente social, inspirado en el neorrealismo europeo. Bardem fue uno de los pocos cineastas que se atrevió a señalar las desigualdades, la injusticia y el vacío moral de la España franquista con menos ambigüedad, lo que le costó persecuciones, detenciones y la vigilancia constante de las autoridades. Hacer cine crítico tenía consecuencias, y quienes lo intentaban lo sabían.

La censura no solo marcó lo que se decía, sino también cómo se decía. Ante la imposibilidad de abordar ciertos temas de forma abierta —la represión política, la pobreza estructural, la falta de libertades— el cine español desarrolló un sofisticado lenguaje simbólico. El humor se convirtió en una coartada, el costumbrismo en un refugio y el silencio en una herramienta expresiva. El espectador aprendió a leer entre líneas, a interpretar miradas y dobles sentidos. Se creó así una complicidad tácita entre quienes filmaban y quienes miraban. 

Mientras tanto, el régimen también promovía un cine funcional a sus intereses. El folclore, las comedias ligeras y las llamadas “españoladas” ofrecían una imagen amable y falsa de la realidad, basada en tópicos y evasión. No se trataba solo de propaganda explícita, como la que difundían los noticiarios del NO-DO, sino de una anestesia cultural que ayudaba a normalizar la dictadura. Frente a ese cine complaciente, las películas incómodas eran vistas como una amenaza. 

Después del silencio 

La represión cultural no fue solo institucional. La autocensura se convirtió en una práctica habitual. Muchos creadores aprendieron a anticipar el juicio del censor y a mutilar sus propias ideas antes de que alguien más lo hiciera. El miedo a la prohibición, a la ruina económica o al señalamiento político pesaba tanto como las normas escritas. Esa herida invisible dejó una profunda marca en varias generaciones de cineastas. 

Aun así, el cine crítico del franquismo logró sobrevivir y, en algunos casos, trascender su tiempo. Sus películas no solo documentan una época, sino que revelan los mecanismos de adaptación y resistencia cultural bajo una dictadura. Son testimonios de una creatividad obligada a moverse en la penumbra, de una lucha constante por decir sin decir, por mostrar sin nombrar. 

Tras la muerte de Franco, muchas de esas tensiones no desaparecieron de inmediato. La Transición heredó un sector cultural acostumbrado a mirar de reojo al poder y a medir cada palabra. Algunas inercias del franquismo se prolongaron durante años, y el cine tardó en desprenderse del todo de la censura interiorizada. Revisar hoy aquellas películas no es solo un ejercicio de memoria cinematográfica, sino también una forma de entender cómo el autoritarismo moldea la cultura y cómo la cultura, incluso en las peores condiciones, encuentra resquicios para resistir. 

Porque, al final, en aquellos despachos silenciosos donde un funcionario decidía el destino de una película, no solo se censuraban historias. También se intentaba domesticar la imaginación. Y hubo quienes, a pesar de todo, se negaron a obedecer.


domingo, 11 de enero de 2026

 


 


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Crítica de Cine: LADRÓN DE BICICLETAS - Obra Maestra Absoluta

 


LADRON DE BICICLETAS (La Mejor Escena De...)

 




Ladrón de Bicicletas, estrenada el 24 de noviembre de 1948 en las salas de su país de origen, es una de las más conocidas referencias del neorrealismo italiano. Movimiento surgido al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que contrasta con el cine de los grandes estudios, y expone una visión realista de la sociedad. Paralelamente, a esta etapa se la puede considerar como un destape, una liberación de la censura impuesta por los regímenes totalitarios.

La historia está inspirada en la novela homónima, publicada dos años antes, de Luigi Bartolini, quien profirió duras críticas a la película, considerándola traidora de su fuente original.

Durante el casting, buscando niños actores para el papel de Bruno, De Sica se focalizó en uno de los padres de estos niños por sus rasgos firmes y duros. Era Lamberto Maggiorani que terminó invistiendo el protagónico, Antonio Ricci.

Enzo Staiola, inmortalizado como Bruno, el hijo de Antonio, en cuyos gestos gravita gran parte de la emotividad de la película, fue elegido por su manera de caminar.

Los dos personajes principales no eran actores profesionales, y de hecho, pese a la inmejorable dupla que formaron, no continuaron sus vidas como figuras del cine.

Maggiorani, antes de hacer Ladrón de Bicicletas fue tornero en una fábrica, a la que volvió después de filmar la película. Al poco tiempo, debido a un proceso de reducción de personal, el flamante actor fue despedido de su puesto de trabajo, considerando que su carrera como estrella de cine estaba despegando y la decisión no le pesaría tanto como a sus compañeros.

Finalmente, Maggiorani no consiguió grandes trabajos en la industria audiovisual, debiendo continuar como albañil. Por su papel en Ladrón de Bicicletas pudo renovar los muebles de su casa e irse de vacaciones con su familia.

De este modo, los actores fueron ellos mismos, haciendo honor a uno de los postulados del cine italiano de posguerra, resumido en lo que decía De Sica, “el cine es la vida misma”.

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Video reseña de Ladrón de Bicicletas👇🏻 👇🏻

https://youtu.be/jabcw_r0iJU


"Ladrón de Bicicletas" (1948) Vittorio de Sica

TRUMP SE VUELVE LOCO EN UNA REUNIÓN PÚBLICA. HAY VÍDEO.