La vuelta de Dios a la política: el PP y el nuevo discurso
conservador
La fe gana peso en el relato del Partido Popular
en plena disputa por el electorado conservador
Suren Gasparyan
31-12-25
ElPlural
Hablar de religión ya no es un tabú en el discurso del Partido
Popular, sino una elección estratégica. En un momento en el que el
debate político se construye cada vez más desde lo emocional y lo
identitario, la formación conservadora ha optado por reivindicar
la fe cristiana como parte esencial de su relato. No se
trata únicamente de una defensa genérica de las tradiciones o de
una apelación cultural ligada al calendario navideño, sino de una
operación política más profunda que busca redefinir el marco
simbólico desde el que el PP interpela a su electorado y compite por
la hegemonía en la derecha española.
Este giro discursivo se produce, además, en un contexto
de creciente presión por la derecha. Vox
continúa disputando al Partido Popular el voto más conservador,
especialmente en el terreno de los valores, la identidad nacional y
la religión. En ese escenario, Génova es consciente del riesgo
de fuga
de electores hacia una derecha que se presenta como más
nítida ideológicamente y menos condicionada por el pragmatismo
institucional. La reivindicación explícita de la fe cristiana
funciona así como un dique de contención frente a Vox, un intento
de cerrar flancos y evitar que la batalla cultural se libre
exclusivamente en el terreno de la extrema derecha.
“No hay que pedir perdón por ser católico”
Las últimas semanas han sido especialmente ilustrativas de esta
estrategia. La cena navideña del Partido Popular de
Madrid actuó como un punto de inflexión simbólico.
Allí, Alberto Núñez Feijóo e Isabel
Díaz Ayuso no solo apelaron a la tradición cristiana
como parte del acervo cultural español, sino que introdujeron una
narrativa de agravio, sugiriendo que la fe católica estaría siendo
cuestionada o desplazada del espacio público. La afirmación de que
“no hay que pedir perdón por ser católico” condensa
esa idea y la convierte en un mensaje político con vocación
movilizadora.
Desde un punto de vista analítico, el valor de este discurso no
reside tanto en su literalidad como en el marco que construye. El
PP adopta una lógica similar a la que Vox ha explotado con éxito:
presentar determinadas identidades mayoritarias como si estuvieran
amenazadas por un poder progresista que impone una agenda cultural
ajena. Al hacerlo, el partido intenta disputar ese terreno sin asumir
los rasgos más extremos del discurso de la ultraderecha, pero
asumiendo parte de su gramática política.
La elección
del grupo Hakuna Group Music por parte de la Comunidad de Madrid se
inscribe en esta misma lógica. Hakuna representa una religiosidad
juvenil, emocional y desacomplejada, capaz de conectar con
públicos a los que Vox también interpela desde el discurso
identitario, pero desde un registro menos áspero y más transversal.
Al asociarse con este fenómeno, el PP busca ofrecer una alternativa
conservadora “amable”, moderna y culturalmente atractiva,
evitando que la religión quede monopolizada por los sectores más
radicales de la derecha.
Este movimiento cumple una doble función.
Por un lado, refuerza el vínculo del PP con un
electorado conservador que podría sentirse tentado por
el discurso más contundente de Vox. Por otro, permite al partido
presentarse como una opción capaz de integrar valores
tradicionales sin renunciar del todo a una imagen institucional.
Es un equilibrio complejo: marcar perfil ideológico sin caer en la
estridencia, competir en la batalla cultural sin romper completamente
con el centro político.
La polémica generada en redes sociales por el uso de
“felices fiestas” frente a “Feliz Navidad” debe
entenderse también desde esta clave competitiva. Más allá de su
carácter artificial, el debate permite al PP ocupar un espacio
simbólico que Vox explota habitualmente: el de la defensa de las
tradiciones frente a una supuesta corrección política progresista.
Al hacerlo, el partido intenta evitar que ese tipo de controversias
se identifiquen exclusivamente con la extrema derecha y se normalicen
dentro del discurso conservador mayoritario.
Estos conflictos culturales, aparentemente menores, ofrecen
una alta rentabilidad política. Movilizan emocionalmente,
generan visibilidad y permiten marcar posición ideológica sin
entrar en debates complejos sobre políticas públicas. En un
contexto en el que Vox presiona constantemente para endurecer el
discurso del PP, la batalla cultural se convierte en un terreno más
cómodo que la confrontación programática.
La fe como refugio en un mundo fragmentado
El contexto internacional refuerza esta
estrategia y ayuda a entender por qué el Partido Popular ha decidido
no mantenerse al margen de este terreno. En buena parte de los países
occidentales, la religión y los valores tradicionales
han reaparecido como instrumentos políticos frente a
un escenario marcado por la fragmentación social, la incertidumbre
económica y la crisis de los grandes consensos culturales. Desde
Estados Unidos hasta varios países europeos, los discursos
conservadores han incorporado la fe como elemento de
cohesión identitaria, presentándola como un anclaje frente
a sociedades cada vez más diversas y pluralizadas.
En ese marco, el PP parece haber asumido que renunciar a ese
espacio simbólico implica dejarlo completamente en manos de Vox, que
ha hecho de la religión, la nación y la tradición uno de los
pilares de su relato. Incorporar estos elementos al discurso propio
permite al PP disputar ese terreno desde una posición menos radical
y más institucional, aunque no por ello exenta de tensiones internas
ni de riesgos electorales.
Este giro discursivo también refleja transformaciones
internas dentro del propio partido. El creciente peso
de sectores religiosos en el entorno de Génova 13 no responde
únicamente a una afinidad ideológica o a convicciones personales de
algunos dirigentes, sino a una lectura estratégica del momento
político. En un contexto de competencia directa por el electorado
conservador, estas corrientes han ganado capacidad de
influencia en la definición del mensaje, en la selección
de símbolos y en la priorización de determinados debates
culturales. La centralidad que adquiere la fe en el discurso del PP
indica que estas sensibilidades ya no ocupan un espacio marginal o
testimonial, sino que forman parte del núcleo desde el que se
articula la estrategia política del partido, especialmente en lo
relativo a la batalla cultural.
Más allá del caso concreto del Partido Popular, este giro se
inscribe en un ciclo político más amplio en el que las identidades
vuelven a ordenar el conflicto. La fe, la tradición y los valores
aparecen como lenguajes capaces de ofrecer certidumbre en un contexto
de fragmentación. El PP ha decidido hablar ese idioma. Lo relevante
será observar cómo evoluciona ese discurso y qué lugar acaba
ocupando en el conjunto del sistema político.