Buscar este blog

miércoles, 27 de mayo de 2026

 

A qué se debe el "malestar" del PSOE con Felipe González: cronología de una traición tras otra

De las primarias de 2014 a la amnistía y Venezuela: el deterioro entre el expresidente y Ferraz culmina con un rechazo político ya irreversible al proyecto 'sanchista'

Jorge Castaño

27-5-26

ElPlural



Durante años, el malestar latente entre el PSOE y Felipe González fue interpretado en Ferraz como una discrepancia propia entre generaciones políticas distintas. Sin embargo, en el entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ya nadie oculta que la relación atraviesa su punto de ruptura más profundo desde la restauración democrática. 

Lo que comenzó como una tensión soterrada tras las primarias socialistas de 2014 ha derivado, con el paso de los años, en una sucesión de reproches públicos, desautorizaciones políticas y choques ideológicos que han erosionado casi por completo el vínculo entre el primer y el segundo presidente con más días en el poder.

En el núcleo duro del PSOE se asume desde hace tiempo que González dejó de ejercer como “voz crítica” del partido para convertirse, de facto, en uno de los principales contrapuntos simbólicos al proyecto político de Sánchez. Tanto es así que el exmandatario socialista llegó a afirmar que ya no votaría al PSOE porque la formación “no le representa”. 

El origen del desencuentro: del Congreso del año 2000 a las primarias socialistas

Aunque la fractura se hizo visible durante la segunda etapa de Sánchez, varios dirigentes históricos recuerdan que la desconfianza entre González y el actual modelo socialista tiene raíces mucho más antiguas. 

El primer episodio se remonta al XXXV Congreso Federal del PSOE, celebrado en el año 2000 tras la mayoría absoluta de José María Aznar. Aquel cónclave marcó el ascenso inesperado de José Luis Rodríguez Zapatero frente al entonces favorito del aparato, José Bono, candidato respaldado personalmente por González.

La derrota de Bono dejó una primera huella política y emocional. González tuvo que convivir con un liderazgo que no había impulsado y cuya visión territorial y generacional chocaba parcialmente con la suya. Pese a ello, durante los gobiernos de Zapatero mantuvo interlocución frecuente con Moncloa e incluso influencia indirecta sobre algunos ministros de perfil felipista, como Pedro Solbes, titular de Economía y Hacienda y número dos del Ejecutivo.

No obstante, el expresidente nunca abandonó del todo su papel de conciencia crítica de la izquierda española. En la Moncloa zapaterista se percibía a menudo como un “pepito grillo” incómodo, especialmente en asuntos vinculados al modelo territorial y a América Latina.

Sánchez y González: dos modelos irreconciliables

La tensión alcanzó otra dimensión con la irrupción de Pedro Sánchez. González apoyó públicamente a Eduardo Madina en las primarias de 2014 y nunca terminó de asumir el liderazgo político del actual presidente del Gobierno. A partir de ahí, los choques se hicieron recurrentes.

En 2016, en plena crisis interna socialista, González expresó públicamente sus dudas sobre Sánchez y deslizó que el entonces secretario general anteponía “el interés del partido al del país”. El enfrentamiento se recrudeció un año después, durante el debate interno sobre la investidura de Mariano Rajoy. Mientras Sánchez defendía el “no es no” al PP, González se alineó con quienes apostaban por la abstención para evitar el bloqueo institucional y la dependencia de fuerzas independentistas.

Aquella batalla dejó heridas difíciles de cerrar. Dirigentes territoriales como el castellanomanchego Emiliano García-Page llegaron a afirmar públicamente que González se había sentido “engañado” por Sánchez respecto a la posición final del PSOE ante Rajoy.

Aunque hubo intentos de recomposición —incluidas reuniones privadas y gestos de reconciliación tras la llegada de Sánchez a La Moncloa en 2018— la distancia ideológica nunca desapareció. El Congreso Federal del PSOE de 2021 escenificó una tregua temporal, con abrazos y mensajes conciliadores. Pero aquella imagen terminó siendo efímera.

Cataluña, la amnistía y la ruptura definitiva

En Ferraz admiten que el verdadero punto de no retorno llegó con la política de alianzas parlamentarias del Gobierno y, especialmente, con el acercamiento a los partidos independentistas catalanes. González nunca ocultó su rechazo a la estrategia territorial impulsada por Sánchez y endureció progresivamente sus críticas tras los pactos con Carles Puigdemont.

La ley de amnistía terminó por dinamitar cualquier posibilidad de reconciliación política. El expresidente sostuvo reiteradamente que esa medida no tenía encaje constitucional y acusó implícitamente al PSOE de alterar los consensos básicos de la Transición. “La Constitución no es un chicle”, llegó a afirmar en una entrevista radiofónica.

La sentencia del Tribunal Constitucional avalando la amnistía no ha suavizado el choque; al contrario, ha cristalizado una división de fondo dentro del socialismo español. En torno a González se agrupan quienes reivindican un PSOE más institucionalista, ‘caoba’, vinculado al consenso constitucional y al modelo clásico de Estado. Frente a ello, el sanchismo reivindica una política basada en la gobernabilidad parlamentaria, la negociación fragmentada y las alianzas plurinacionales.

Venezuela y América Latina: otro foco de conflicto

Otro de los grandes elementos de fricción ha sido la política latinoamericana. González mantiene desde hace años una posición extremadamente crítica con el chavismo venezolano y con el régimen de Nicolás Maduro. El expresidente socialista ha definido reiteradamente al sistema venezolano como una deriva autoritaria incompatible con los estándares democráticos occidentales.

Zapatero, por el contrario, apostó durante años por la mediación diplomática y el diálogo con Caracas, manteniendo interlocución directa con el chavismo. Esa diferencia estratégica terminó proyectándose también sobre la política española, especialmente tras la aparición de Pablo Iglesias y el ascenso de Podemos, formación con la que González mantuvo siempre una relación abiertamente hostil.

Del referente moral al crítico incómodo

La figura de González continúa teniendo un enorme peso simbólico dentro del electorado socialista tradicional y entre sectores históricos del partido. Precisamente por eso, cada una de sus intervenciones públicas genera un profundo impacto político y mediático.

Sin embargo, en el entorno de Sánchez existe la sensación de que el expresidente ha cruzado hace tiempo la frontera entre la discrepancia y la oposición frontal. Sus críticas a la amnistía, a la política territorial, a los pactos parlamentarios y, más recientemente, su afirmación de que ya no votará al PSOE, han sido interpretadas por amplios sectores socialistas como una deslegitimación pública del actual proyecto político del partido.

La consecuencia es una fractura ya prácticamente estructural entre dos maneras de entender el socialismo español: la que representa el legado institucional de la Transición y la que encarna el nuevo ciclo político inaugurado por Sánchez.


No hay comentarios:

Publicar un comentario