QUE
NO NOS BORREN LA MEMORIA!
El
18 de Julio de 1936, dieron un golpe de Estado monárquico, militar y
fascista,
El
mes de julio comenzó golpista. El día 1, en su Informe Reservado,
el general Mola, presenta un plan definitivo. El financiero Juan
March entrega un cheque en blanco al marqués de Luca de Tena,
propietario del diario ABC, para financiar la adquisición de un
avión que traslade a Franco a Marruecos para ponerse al frente de
las tropas sublevadas. Con el asesoramiento de Juan de la Cierva,
inventor del autogiro, contratan un De Havilland D.H.89 "Dragon
Rapide". El golpe de Estado se venía gestando desde hace tiempo
y a principios de julio de 1936 la fecha quedó fijada para los días
10 al 20 de julio, pero se produjeron algunos acontecimientos que lo
hicieron adelantar: la insurrección comenzaría el sábado 18 a las
06:00 en Marruecos y el 19 a primeras horas de la madrugada en la
Península.
La
conspiración militar se puso en marcha nada más formarse el
gobierno de Azaña, tras la victoria del Frente Popular. En la calle
estaba cantado, en los despachos era conocido y los cuarteles eran
hervideros de conspiradores. Al gobierno le llegaron noticias sobre
lo que se estaba tramando y no actuó con la contundencia debida
contra la golpista. Exceso de confianza, errónea valoración
política, y falta de ánimo para abordar la situación llevaron a la
tragedia.
El
golpe de Estado se dio contra la legitimidad de la República.
Políticamente fue antidemocrático; jurídicamente
anticonstitucional; socialmente conservador y tradicionalista;
espiritualmente clerical; ideológicamente totalitario;
económicamente capitalista; militarmente absolutista; y moralmente
inhumano. El plan abarcaba todos los sectores y actividades.
Comprendía una acción de fuerza militar, desde diferentes puntos de
España y África; una colaboración religiosa y una acción social,
que debía poner en juego a la banca, la judicatura, la industria, y
a grupos políticos de acción violenta. El directorio del general
Mola, coordinaría todos los recursos a su alcance: fuerzas
militares, ayuda diplomática, financiera, armamento y personal
voluntario.
En
los días posteriores al golpe, y tras el fracaso de la rebelión en
Madrid, con la caída del Cuartel de la Montaña y el de Campamento,
la ciudad queda bajo el dominio del Gobierno legítimo de la
República. Desde el mismo instante, la toma de Madrid fue un
objetivo para las tropas sublevadas. Nunca ante se había bombardeado
una ciudad como objetivo civil; después se haría en diversas
ciudades españolas y en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.
Cuando un grupo de periodistas extranjeros preguntó al general Mola,
comandante del Ejército del Norte, cuál sería de sus cuatro
columnas la que conquistaría Madrid (una venía por el suroeste,
otras dos desde Galicia y Castilla La Vieja y una cuarta desde
Navarra y Aragón), él contestó: la "quinta columna"
(según cuenta Hugh Thomas).
El
libro Los mitos del 18 de julio (de Ángel Viñas y otros ocho
autores), viene a dar respuesta al revisionismo histórico que hace
la derecha, para descalificar a la República y legitimar la
rebelión. Según las tesis que defienden los autores, el brazo
ejecutor del golpe fueron militares desleales a su juramento en
defensa de la República y los civiles que tenían un papel
fundamental para que triunfase. Estaban implicados militares,
falangistas, monárquicos, la derecha conservadora más reaccionaria
y la iglesia católica, que habían oprimido al pueblo durante
siglos. No fue un golpe doméstico, sino que contó con la Italia
fascista, quién jugó un papel determinante para el triunfo del
golpe, vendiendo y suministrando armas.
La
fecha de inicio del golpe de Estado, nada tuvo que ver con el
asesinato de Calvo Sotelo. Todo estaba previsto con antelación,
ligado a los contratos de compra de armas y al apoyo italiano
prometido. En el diseño del plan director no estaba prevista la
defensa de la iglesia y del catolicismo ni era un objetivo de
motivación. El golpe tampoco pretendía acabar con ninguna
insurrección armada en marcha, porque no la había; sino eliminar
las reformas abordadas durante el primer bienio republicano (agraria,
laboral, militar y de la enseñanza) y defender la unidad de España,
que a su entender se rompía. Vamos, el mismo discurso de hoy.
Ninguna
organización republicana u obrera tenía el propósito de subvertir
el orden constitucional en la primavera de 1936 porque o no querían
o no podían. Tampoco había en marcha ninguna intervención de la
URSS en España. La política de Stalin, desde 1925, no era de
expansión, sino de socialismo en un solo país en la URSS. Antes del
golpe, no había un estado de violencia revolucionaria o de terror
rojo, no había ninguna dinámica de exterminio ni de liquidación de
los enemigos de clase y no se asesinaba a las gentes de orden. Cosas
que si hicieron los golpistas, antes y después de la guerra, con sus
25 años de la paz de plomo.
La
República no fue un fracaso que conducía inexorablemente a una
guerra, sino que fue destruida por un golpe militar, con la
connivencia de países extranjeros y que, al no triunfar en buena
parte del territorio y en Madrid, se encaminó de forma irremediable
a una guerra. Fue la sublevación quien colapsó la administración
republicana. La República, durante la guerra, tuvo que enfrentarse a
una parte de la izquierda obrera, que entendía que la democracia era
irreconciliable con el capitalismo, temiendo que se entregase,
pacíficamente al fascismo, como había sucedido en toda Europa.
La
pretensión de cada grupo social y estamento rebelde era la defensa
de sus propios intereses: la aristocracia pretendía la conservación
del rango y los privilegios; los capitalistas, la libertad de
explotación de los trabajadores y la defensa a ultranza de la
propiedad; la iglesia, la anulación de las disposiciones que habían
mermado sus fueros; los terratenientes e industriales, impedir la
reforma agraria y la intervención obrera en las empresas; la prensa
de derechas, el derecho a crear opinión y defender el negocio; los
militares, profesionales, burócratas y burgueses, la restauración
de un orden rígido y autoritario que respetase el escalafón, la
jerarquía, la antigüedad y las prebendas. Los vencedores
establecieron una dictadura para perpetuar esos intereses y la
mantuvieron mediante la represión y la violación de los derechos
humanos .
Mientras
los tribunales argentinos siguen investigando los delitos de lesa
humanidad cometidos durante la guerra civil y la dictadura
franquista, aquí se siguen poniendo trabas al juicio internacional,
alegando la prescripción de los delitos y sigue sin condenarlos
categóricamente. Los desaparecidos del franquismo, según la
Plataforma de Víctimas de Desapariciones Forzadas, fueron 140.000
personas, entre víctimas de la guerra y de la dictadura.
El
día 17 de Julio, el teniente coronel Juan Yagüe rebela a las tropas
en Ceuta y se hace con la plaza. Sáenz de Buruaga hace lo propio en
Tetuán y detiene al Alto Comisario de Marruecos. El Protectorado
está en manos de los rebeldes. El 18 en Sevilla, Queipo de Llano,
detiene al jefe de la II División Orgánica, Fernández de Villa
Abrille, rebelando a unos 3.000 soldados y se hace con el centro de
la ciudad. Mientras, en Casablanca, El general Franco llega desde
Canarias para tomar el control del ejército del protectorado. En
Madrid, el presidente del Gobierno, Santiago Casares Quiroga, incapaz
de contener la rebelión ya generalizada, dimite. Se arma a las
milicias obreras.
El
día 19 en Pamplona, el general Emilio Mola, que ha dirigido toda la
sublevación, rinde Navarra y la provincia de Álava con la ayuda de
las milicias carlistas. En Madrid el general Fanjul entra en el
Cuartel de la Montaña y rebela a la guarnición con la intención de
tomar la capital. Los milicianos, armados el día anterior, rodean el
cuartel e impiden que salgan los rebeldes. El día 20, el golpe de
Estado ha fracasado, pero ha partido a España en dos. La Guerra es
inevitable.
No
quiero terminar esta reflexión sin recordar a mis abuelos. Cuando
fueron fusilados, vivían en Toledo, en el Callejón de los Niños
Hermosos, en la judería toledana. No me consta que mis abuelos
fueran rojos peligrosos. Tampoco conozco las razones que arguyeron
los asesinos para matarlos, tras la liberación de El Alcázar. No se
celebró juicio ni se declaró sentencia de muerte antes del paseo
criminal. Oigo las botas contra el empedrado, los gritos y empujones,
los culatazos de los fusiles sobre sus espaldas. Veo la cara perpleja
y asustada de mi abuela Antonia Arrogante, embarazada, y las caras
descompuestas por el odio de los asesinos. Oigo el sonido seco de las
descargas de los fusiles y el taac, taac de los tiros de gracia junto
a un paredón en la vega del Tajo. Recuerdo todo para mantener mi
dignidad.
No
tengo herida abierta ni dolor en mi memoria; pero sí un desprecio
frío y razonado contra quienes propiciaron el golpe de Estado.
También siento desprecio por quienes hoy siguen justificando aquella
barbarie que causó tanta muerte y sufrimiento. ¡Malditos bastardos!
VÍCTOR
ARROGANTE
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Nueva Tribuna