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domingo, 16 de noviembre de 2025

 



Pilar González García

Las rapadas: el castigo de ser mujer y libre

A las mujeres republicanas no solo las fusilaron.

A muchas las raparon, las pasearon, las humillaron.

Porque el franquismo sabía que el miedo se propaga más rápido que las balas cuando se siembra en el cuerpo de una mujer.

Les cortaron el cabello como si pudieran arrancarles las ideas,

las hicieron desfilar por sus propios pueblos entre risas,

y las marcaron con aceite de ricino para que la vergüenza fuera visible.

Creyeron que así apagarían su dignidad.

Pero no entendieron nada: esas mujeres ya habían elegido la verdad.

El poeta Nicanor García Ordiz lo escribió con la fuerza que merecen los recuerdos más silenciados:

Les raparon la dignidad junto al cabello, como si el alma se cortara al ras de la piel.”

A esas mujeres —maestras, campesinas, modistas, madres, jóvenes— no las castigaron por un crimen.

Las castigaron por ser libres.

Por haber amado sin permiso.

Por haber votado.

Por haber dicho “no”.

Por haber soñado con un país justo, donde la voz de una mujer valiera lo mismo que la de un hombre.

El castigo ejemplar

El franquismo necesitaba ejemplos.

Y ellas lo fueron.

Cada cabeza rapada era una advertencia:

Esto les pasará a las que olviden su lugar.”

Los verdugos creían que estaban purificando, pero en realidad se estaban condenando a la memoria eterna.

Porque ninguna humillación se borra.

Solo se transforma en historia.

Las plazas donde las pasearon siguen existiendo.

El polvo de aquellas calles todavía recuerda sus pasos.

Y aunque nadie escribió sus nombres en los libros de historia, las nietas han empezado a hacerlo ahora.

Cada historia recuperada, cada fotografía, cada testimonio rescatado,

es una reparación moral que el Estado aún no ha sabido ofrecer.

La dignidad que no se corta

Las rapadas fueron el rostro más cruel del machismo político y religioso.

El poder se ensañó con ellas porque sabía que educar a una mujer libre era el principio del fin del miedo.

Por eso las sotanas callaron, los curas bendijeron el ultraje y muchos vecinos bajaron la mirada.

El silencio fue la complicidad más cobarde.

Pero ellas resistieron.

En el exilio o en la sombra, siguieron peinando el silencio con dedos temblorosos.

Esperaron años —a veces toda una vida— para contarlo.

Y cuando lo hicieron, la historia entera se estremeció.

Porque rapar no es purificar: es condenarse a no olvidar.”

Hoy, las nietas de aquellas mujeres llevan su memoria como una trenza invisible.

Cada mechón perdido se ha convertido en bandera,

cada cicatriz, en raíz.

Porque la memoria no pide venganza: pide respeto, justicia y verdad.

Ellas no fueron vergüenza.

Fueron dignidad.

Y mientras las recordemos, nadie podrá volver a rapar el alma de este país.

Texto original de Pilar González. Todos los derechos reservados.

Inspirado en “Las rapadas” de Nicanor García Ordiz.

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Pilar González Garcia

Cuando ganaron, se lo llevaron todo: el saqueo franquista a los republicanos”

Durante cuarenta años, el franquismo intentó borrar su propio saqueo. Mientras los libros hablaban de “cruzada” y “reconstrucción nacional”, la realidad fue otra: una inmensa operación de rapiña legalizada.

Miles de familias republicanas fueron despojadas de sus casas, tierras, talleres, fincas, joyas, comercios y ahorros. A muchos se los fusiló; a sus viudas e hijos se les impuso, además, el castigo de la miseria.

El robo convertido en ley

Nada se hizo al azar. Desde el principio, el nuevo régimen entendió que vencer no bastaba: había que aniquilar económicamente al enemigo.

El Decreto 108 del 13 de septiembre de 1936, emitido en plena guerra, declaró ilegales los bienes de partidos, sindicatos y personas “contrarias al Movimiento Nacional”. Lo que hasta entonces era propiedad privada se convirtió en botín del Estado franquista.

Pocos meses después, el Decreto-Ley del 10 de enero de 1937 creó la Comisión Central Administradora de Bienes Incautados, encargada de gestionar las propiedades requisadas: casas, fincas, fábricas, tiendas, muebles, dinero y documentos.

El objetivo no era sólo recaudar; era castigar, borrar, repartir el país entre los vencedores.

Según el historiador Eduardo Montagut, el franquismo utilizó la expropiación como herramienta de terror económico: “una guerra contra la propiedad de los vencidos”.

Miles de familias perdieron todo bajo el pretexto de “responsabilidades políticas”.

Los bienes incautados

El mecanismo era siempre el mismo: un tribunal militar o de responsabilidades políticas condenaba a una persona —muchas veces ya fusilada—, y se ordenaba la incautación de sus bienes.

Las propiedades pasaban al Estado, a los ayuntamientos o directamente a manos privadas “afectas al régimen”.

Se incautaron viviendas, talleres, periódicos, fincas agrícolas, joyas, dinero en efectivo, obras de arte, títulos de propiedad y archivos personales.

El robo fue legalizado. Los papeles están en los archivos, con nombres, cifras y fechas.

Casos documentados: del despojo al olvido

1. Granada: la familia Castilla

Virgilio Castilla, presidente de la Diputación de Granada, fue fusilado el 2 de agosto de 1936.

A su familia se le confiscaron la vivienda, el despacho y todas las pertenencias.

Su madre y su hermano fueron obligados a pagar una multa de “responsabilidades políticas” para no ir a prisión.

El valor de los bienes confiscados se estimó en más de 260.000 euros actuales.

En 2011, el Estado español negó la restitución.

(Fuente: Público, “España: el dinero del expolio y la rapiña del franquismo”).

2. Soria: el campesino Fidel Ranz Iglesias

Nacido en Baraona (Soria) en 1896, fue procesado por un tribunal franquista en Burgos el 21 de diciembre de 1940.

Su delito: haber simpatizado con la República.

La condena incluyó incautación de todos sus bienes: una casa, un terreno agrícola y sus animales de trabajo.

Su familia quedó en la pobreza.

(Fuente: Diario Red, “La incautación de bienes durante el franquismo y la nula restitución”).

3. Los hermanos Izquierdo, en San Sebastián de los Reyes (Madrid)

Gonzalo e Hermenegildo Izquierdo fueron despojados de 15 fincas, la mayor de 18 fanegas (12 hectáreas).

También Francisco Navacerrada Lozano, con 20 fincas incautadas, entre ellas “Dos Casas”, de 7 hectáreas.

Todo fue entregado a colonos afectos al régimen o subastado por el Estado.

(Fuente: memoriahistoricasanse.org).

4. Alicante: la incautación de las “Casas del Pueblo”

En la provincia de Alicante, decenas de sedes sindicales y de partidos fueron requisadas.

La más simbólica: la Casa del Pueblo de Alicante, sede del PSOE y la UGT.

Junto a ella se confiscaron bibliotecas, farmacias cooperativas y sedes juveniles.

Nada fue devuelto.

(Fuente: Archivo de la Democracia de la Universidad de Alicante).

5. Madrid: Pedro Rico López, alcalde republicano

Alcalde de Madrid en 1931-34 y 1936.

Exiliado en 1937, vio cómo la Junta de Protección del Patrimonio Artístico le confiscaba 23 cuadros y dos dibujos de su vivienda particular el 9 de julio de 1938.

Entre las obras había retratos familiares y lienzos de artistas del XIX.

Sus herederos iniciaron un proceso de recuperación en 2022, aún sin éxito.

(Fuente: Wikipedia y archivos del Ministerio de Cultura).

Andalucía: el expolio más profundo

La represión económica en Andalucía fue brutal.

Un estudio del Grupo de Investigación de la Universidad de Sevilla (IDUS) calcula que más de 60.000 personas fueron sancionadas o desposeídas entre 1936 y 1945.

Los tribunales franquistas de “responsabilidades políticas” en Córdoba, Jaén, Sevilla y Cádiz impusieron multas, embargos y confiscaciones a campesinos, maestros, farmacéuticos, alcaldes y jornaleros.

Córdoba: confiscaciones y sanciones

Los archivos provinciales recogen decenas de expedientes de embargos en Baena, Priego, Puente Genil y Montilla.

Familias enteras perdieron fincas, olivares, molinos y casas.

En muchos casos, los bienes pasaron a manos de falangistas o de los nuevos ayuntamientos “purificados”.

Cádiz: el caso de José Pérez Pérez (Tarifa)

Teniente de alcalde republicano.

Expedientado el 16 de octubre de 1936; fusilado poco después.

A su viuda se le incautaron una vivienda, un terreno agrícola y una pequeña tienda, además de imponérsele una multa económica para “saldar su deuda con la Patria”.

(Fuente: Dialnet – Represión y control social en Tarifa).

Málaga y Antequera: control y castigo

El estudio Represión económica y control social en Andalucía (Academia.edu, 1936-1966) muestra cómo las autoridades franquistas intervinieron créditos bancarios, embargaron bienes de jornaleros y forzaron ventas a precios simbólicos.

Era una política planificada: arruinar al vencido y premiar al fiel.

El resultado: un país repartido entre los vencedores

Mientras las familias republicanas perdían todo, los vencedores del régimen —militares, falangistas, empresarios oportunistas y curas poderosos— se repartían el país.

Muchos negocios que hoy siguen existiendo nacieron sobre propiedades arrebatadas.

Tiendas, farmacias, fincas, talleres y casas cambiaron de manos con una simple orden administrativa.

En pueblos de toda España, los nombres aún se recuerdan: “esa era la casa de los rojos”.

Y los descendientes de aquellos desposeídos, muchos de ellos aún vivos, siguen esperando una reparación que nunca llega.

La herencia del saqueo

El franquismo no sólo impuso el silencio: legalizó el robo.

Las leyes de Responsabilidades Políticas, de Represión de la Masonería y del Comunismo, y los decretos de incautación sirvieron para destruir cualquier posibilidad de restitución posterior.

Ni la Transición ni los gobiernos posteriores devolvieron esos bienes.

El expolio permanece impune.

Memoria, verdad y justicia

Hablar de esto no es remover el pasado: es contar lo que el pasado sigue escondiendo.

Porque sin verdad no hay memoria, y sin memoria no hay justicia.

Miles de familias fueron empujadas a la miseria mientras otros construyeron su fortuna sobre los escombros de la República.

No fue sólo una guerra: fue un robo. Un país saqueado bajo bandera, misa y fusil.”

Texto original de Pilar González. Todos los derechos reservados.

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Pilar González García

Qué pena me da la gente que se tira piedras sobre su propio tejado

Qué pena me da la gente que se tira piedras sobre su propio tejado.

La antigua derecha —esa que hoy vuelve a asomar disfrazada de modernidad— no sabe realmente lo que está haciendo.

Está luchando contra los obreros, contra la sanidad pública, contra la educación, contra todo lo que nos beneficia a todos.

Y lo más triste es que muchos de los que la siguen no son los ricos ni los poderosos, sino los mismos obreros, pensionistas y amas de casa que más sufrirán cuando sus derechos se recorten.

El voto contra uno mismo

Hay personas mayores que vivieron bajo Franco y aún piensan que aquello era “orden”.

No saben —porque nadie se lo explicó o porque nadie se atrevió a hacerlo— que ese “orden” se sostenía sobre el miedo, la censura y el hambre.

Siguen diciendo “con Franco se vivía mejor”, pero no recuerdan las colas para el pan, los pueblos sin médico, los libros prohibidos, las mujeres sin derechos, los presos por pensar distinto.

Esa es la “España grande” que les vendieron.

Y ahora, desde sus sillones o sus televisores, repiten los mismos bulos de siempre: que si los socialistas roban, que si los comunistas odian, que si la memoria es revancha.

No es culpa suya: es el resultado de 40 años de silencio y de otros tantos de manipulación.

El engaño perfecto

La nueva derecha —que en realidad es la vieja con traje nuevo— sabe cómo jugar con el miedo.

Miedo a perder lo poco que se tiene.

Miedo a los jóvenes, miedo a los inmigrantes, miedo a la libertad ajena.

Y lo explota con maestría: en los medios, en los púlpitos, en los bares, en las redes.

Mientras tanto, privatizan hospitales, recortan escuelas, benefician a sus amigos empresarios y venden el país a trozos, con la complicidad de quienes los votan creyendo que defienden “la patria”.

Pero la patria no es un himno ni un muro: la patria es la gente, y la están dejando sin pan, sin médicos y sin futuro.

Amas de casa, obreros, pensionistas

A esas mujeres mayores que hoy aplauden a los mismos que recortan sus pensiones:

¿saben que las pensiones públicas las defiende la izquierda?

A esos trabajadores que gritan “¡viva España!” mientras votan a quienes precarizan su empleo:

¿saben que los derechos laborales, las vacaciones pagadas y la jornada de ocho horas se aprobaron con gobiernos progresistas?

Y a esos jóvenes que se burlan del feminismo:

¿saben que gracias a esas mujeres pueden estudiar, votar y decidir su vida?

Hay que abrirles los ojos, porque no es odio lo que nos separa, sino la ignorancia.

La herencia del miedo

El franquismo no murió con Franco: se heredó en el miedo.

El miedo a hablar, el miedo a pensar, el miedo a recordar.

Por eso tantos callan o miran hacia otro lado.

Porque les enseñaron que pensar era peligroso y obedecer era seguro.

Y la derecha lo sabe.

Por eso prefiere una población resignada a una ciudadanía libre.

Cuando los pobres votan a los ricos, los ricos gobiernan para sí mismos y los pobres siguen aplaudiendo creyendo que forman parte de algo grande.”

Eso es lo que pasa hoy en España.

El deber de recordar y enseñar

Nuestro deber no es odiar, sino enseñar.

Enseñar que la sanidad pública se defiende votando a quien la protege, no a quien la vende.

Enseñar que la libertad no se grita: se ejerce.

Y enseñar que el pasado no se supera enterrándolo, sino entendiéndolo.

La derecha ha hecho del engaño su bandera.

Nosotros haremos de la memoria nuestra fuerza.

Texto original de Pilar González. Todos los derechos reservados.

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La mala praxis de Peinado, bochorno telegrafiado ante Europa: “Lawfare’ in Spain”

Las autoridades alemanas o la prensa internacional han apercibido distintas actuaciones del magistrado

Rubén Rozas

16-11-25

ElPlural



Las actuaciones de Juan Carlos Peinado, juez que investiga a la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, no pasan desapercibidas en Europa. El caso al que el magistrado insiste en intentar dar forma sin éxito ha traspasado nuestras fronteras y llegado a países, medios de comunicación e instituciones del continente e incluso de fuera de él.

Sin embargo, y si bien la instrucción más mediática del juez es la que rodea a su esposa, algunas ya habían resultado en ocasiones polémicas fuera de nuestro país. Un ejemplo de ello se produjo durante su investigación del triple crimen de Usera (Madrid) en un bufete de abogados.

Tras aquel asesinato, que tuvo lugar en 2016, Peinado no dudó en irse de vacaciones en un momento decisivo y abandonando una decisión que él mismo había adoptado a pesar de que nadie la entendía, tampoco los cuerpos internacionales que trabajaron también en la resolución del caso.

En el inicio de la investigación, el juez obligó a los agentes españoles a cursar una comisión rogatoria de vía judicial, algo que, en la práctica, dilata los tiempos. Aunque fue una exigencia suya, no tuvo ningún reparo en irse de Madrid en época estival sin haber cumplido los trámites para cumplimentarla.

La decisión provocó desconcierto incluso en Alemania, que reprocharon como inacción las actuaciones del magistrado. Y no fue el único, dado que ya más allá de Europa, desde Cuba también se pronunciaron en contra en tanto en cuanto el padre de una de las víctimas era teniente coronel de inteligencia de Raúl Castro, y ni él ni su mujer, profesora de Medicina forense en la universidad, entendieron la forma de proceder. Trasladaron su descontento tanto a la policía como al propio juez.

Y la prensa internacional se hizo eco también de la situación con Begoña Gómez, que ocupó titulares como el del Financial Times, que titulaba de la siguiente manera: Lawfare’ in Spain: the cases against the Sánchez familiaEs cierto que el cuerpo de la noticia era una cronología de los hechos, pero el título del artículo no dejaba de ser llamativo.

Unas palabras que, con todo, daban buena cuenta de la estupefacción que generaba en la prensa externa a nuestro país la manera en la que se estaba desarrollando el análisis judicial.

La Audiencia Provincial estima el recurso presentado por la defensa de Gómez

En las últimas horas la Audiencia Provincial de Madrid ha estimado el recurso presentado por la defensa de Gómez y la Fiscalía contra el auto del juez que requería a la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil un informe sobre el rescate de Air Europa en pandemia.

En un auto, recogido por el periódico mencionado, los magistrados dejan sin efecto el auto de Peinado al entender que carece de fundamentación o se refiere a noticias periodísticas que no se investigan en el procedimiento que se sigue en el juzgado.

"La resolución recurrida carece de la motivación necesaria que se exigía en nuestras anteriores resoluciones, para justificar una ampliación del objeto de la investigación, ya que resulta notoriamente insuficiente para justificar la ampliación de la instrucción los razonamientos de las

Interrogatorios de esta semana

Peinado interroga este domingo a las 17:30 a la secretaria general de la Presidencia del Gobierno, Judit Alexandra González, por la contratación y el desempeño de las funciones de Cristina Álvarez, asesora de la mujer del asimismo secretario general del PSOE.

Se trata de la quinta persona que el magistrado imputaba en la causa, después de a propia Gómez, Álvarez, del empresario Juan Carlos Barrabés y el delegado de Gobierno en la Comunidad de Madrid, Francisco Martín.

El cambio de fecha -iba a ser el miércoles- afecta también a las declaraciones como testigos del presidente del Instituto de Empresa, Diego de Alcázar; al responsable institucional y políticas públicas de Google, Miguel Escassi; y el antiguo rector de Relaciones Institucionales de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) Juan Carlos Doadrio, que también declaran en el día de hoy.

El juez Juan Carlos Peinado decidió llamar a la alto cargo de Moncloa para "informarla del objeto del procedimiento y darle traslado de los hechos que se le imputan", así como para "ser oída en declaración en calidad de investigada por el delito de malversación de caudales públicos".

Peinado señaló que "no puede ser en calidad de testigo" y justificó su decisión aludiendo al "comportamiento de carácter pasivo" de su antecesor en el cargo, Martín, que fue secretario general de la Presidencia desde julio de 2021 hasta marzo de 2023, cuando González asumió ese puesto.


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Así fue como el Patronato de Protección a la Mujer transformó Galicia en un convento de clausura.

Las mujeres que cayeron en las redes del Patronato iniciaron un periplo de encierro, humillaciones, abusos y explotación que es desconocido para la mayor parte de la población. Queda hoy en la impunidad de un silencio que tenemos el deber de romper.

Es difícil creer que durante más de cuatro décadas existiera en Galicia, como en el resto del Estado, una institución moralizante que cerraba en congregaciones religiosas a aquellas jóvenes que consideraba descarriladas por no encajar en el estrecho molde franquista, que sólo preveía para ellas la conversión en devota esposa y madre católica. Es difícil creer que a pesar de llevar casi medio siglo de democracia, la mayoría de la población desconozca que fue esto del Patronato de Protección a la Mujer o, lo que es aún peor, que haya quien siga pensando que eran caritativas monjas que ayudaban a chavalas que habían perdido su camino en la vida.

El silencio y la perpetuación del relato de la dictadura siguen obviando la memoria de las mujeres, siguen siendo chinas que nos impiden avanzar en la construcción de una historia más justa con la parte femenina de la población, la más perjudicada sin duda por la puesta en marcha de este organismo que no sólo habilitó en conventos cárceles para niñas “descarriladas”, sino que fue una herramienta poderosa de control sobre el ámbito más íntimo de toda la población. Fue el ojo nacional católico controlando el proceder desde la cerradura de los cuartos.

La dictadura crea el Patronato a través de un decreto del 6 de noviembre de 1941 que establece como objetivo preservar a las mujeres “caídas o en riesgo de caer”. La excusa es amparar as jóvenes que habían sido prostituidas o habían estado en peligro de serlo, pero la parte de la documentación que aún se conserva en los archivos —a pesar de la orden de destruir los expedientes que dio el organismo a las congregaciones en la recta final de la dictadura—, avala que ni tenía nada de protector ni actuaba exclusivamente en el ámbito de la prostitución.

En Galicia no llega a dos de cada diez mujeres las que tenían relación con este mundo y desde luego ninguna estuvo protegida. Caer en las redes del Patronato significó iniciar un periplo de encierro, humillaciones, maltratos y explotación laboral. Rezar, limpiar y trabajar eran las máximas impuestas en unos centros que poco tenían de formación. En las escasas dos horas que internas como Consuelo García del Cid cuentan haber pasado en aulas, lo que se les enseñaba era a planchar, a coger la aguja o nociones aritméticas básicas que les permitieran desempeñar con habilidad los trabajos que las congregaciones tenían previstos para ellas: dentro de los centros, convertidos en naves de explotación laboral para empresas del sector textil, de confección de muñecas, de cartonaje, pero también fuera, como asalariadas de familias del régimen a las que les hacían de criadas o cuidadoras de crianzas por un sueldo que acababa en las arcas de las monjas, las más de las veces, de manera íntegra.

Es difícil hacer un acercamiento estadístico al número de mujeres que pasaron por los centros gallegos. Apenas se ha encontrado documentación de las juntas que regulaban su funcionamiento en Pontevedra y Lugo, pero de las tablas que se fueron publicando desde la Junta Nacional que bajo la presidencia de Carmen Polo encabezaba desde Madrid un organigrama con ramificaciones en todas las provincias, podemos testimoniar que, por ejemplo, sólo en la provincia de Pontevedra había un promedio de medio ciento de nuevos internamientos cada año: de los 111 recogidos por vez primera en una informe de la década de los 40, se pasó a 51 en un año de la siguiente década y ya en los 70, la etapa de la muerte del dictador, era 47 nuevos expedientes anuales los que se sumaban a los de las ya internas.

El decreto de creación recogía la actuación sobre chicas entre los 14 y los 21 años, pero en 1952, es decir en esa década que la historiografía suene marcar como un valle de cierta tranquilidad entre la voraz represión de los primeros años después del golpe y la persecución contra el movimiento antifranquista, obrero y estudiantil de la década de los 60, se produjo un cambio en la normativa que aumentó las potestades del Patronato: incrementando hasta los 25 la edad en que podían acabar internas y hasta posibilitando que las familias perdieran la patria potestad en favor de las Juntas Provinciales si mostraban oposición a su proceso reformatorio.

Eso era lo que vivía una niña que caía en manos del Patronato, un proceso reformatorio de mayor o menor dureza dependiendo de la congregación religiosa que lo llevara a cabo. Encerrarlas durante días en cuartos sin ventanas, darles tan mal de comer que les robaban los carozos de la verdura a los conejos para matar el hambre, pegarles, obligarles a vaciar con las manos los váteres atascados con los excrementos y las lombrices intestinales de otras internas, raparles el pelo y hasta obligarlas a acceder a las pretensiones sexuales del jardinero de las congregaciones fueron algunas experiencias que patronatas o familiares de patronatas narraron en primera persona en las charlas sobre el organismo organizadas en septiembre en Moaña y en noviembre en Compostela.

El de Loli Benito, víctima de los abusos del jardinero, fue uno de los más duros pues llegó a la institución después de quedar embarazada de su padre, que la violó desde que era niña. Pero nadie preguntó, estaba embarazada siendo menor y era una vergüenza para la familia. Consuelo García del Cid lo era por participar en manifestaciones políticas durante los años 60 mientras que Eva García de la Torre y Mariaje López llegaron a la explotación laboral y la humillación de la manos de sus propias madres, que no pudiendo hacerse cargo de ellas creyeron que en aquellos centros conseguirían la protección que de manera hipócrita pregonaban las monjas, cuando ni tan siquiera tenían edad para ser Patronatas.

Las memorias que periódicamente elaboraba la Junta Nacional habida cuenta los datos acercados por las Juntas Provinciales testimonian que fue obsesión de las cuatro gallegas la creación en sus territorios de reformatorios ad hoc para el Patronato, pero, afortunadamente, sólo lo consiguió Lugo con la apertura de Nuestra Señora de los Ojos Grandes en 1953, así que fueron instalaciones que las congregaciones ya tenían operativas las que formaron la red del organismo en la Galicia: las de las Oblatas en Ferrol, Bouzas y Compostela; las de las Adoratrices en Ourense y A Coruña; las del Buen Pastor en Tui o las de las Trinitarias en Vigo.

Además, en esta misma ciudad, Bañobre y Compostela, Las Hijas de María Inmaculada tenían adscritos al Patronato centros que actuaban como una especia de INEM para colocar internas de sirvientes en las casas acomodadas. Y para aprender a servir estaba el Hogar-taller Santa María de Goretti que tenían, también en Vigo, las Esclavas de la Virgen Dolorosa, congregación que a partir de 1960 gestionó en Pousa-Crecente las instalaciones a las que las juntas derivaban a mujeres con algún tipo de discapacidad intelectual.

En todas ellas, las monjas les grabaron tan al rojo vivo que eran unas descarriladas, el despojo de la sociedad, que es muy complicado que alguna de las internas reconozca aún ahora haber pasado por las instalaciones, a pesar de que, a diferencia de otros colectivos afectados por la represión, haya muchos testimonios en primera persona, pues el Patronato sobrevivió una década al dictador. En 1983, un Mariano Rajoy secretario de la Comisión Mixta prevista en el Estatuto de Autonomía firmaba el traspaso del organismo a la Xunta y a pesar de que su cierre oficial se sitúa en 1985, la documentación que se conserva en el Archivo Histórico Provincial de Pontevedra testimonia que aun hubo ingresos en el primer trimestre de 1986.

Las que, como Consuelo, Loli o Mariaje sí salieron a la luz piden que no les llamemos víctimas, sino supervivientes porque para ellas víctimas son las compañeras que no pudiendo soportar el encierro del Patronato, se quitaron la vida. Los maltratos fueron de tal calibre que muchas padecieron dolencias mentales y manicomios como el de Ciempozuelos tenían plantas enteras dedicadas a estas internas. De ahí el título que la revista Vindicación Feminista le dio en septiembre de 1977 a un monográfico sobre la institución que la dictadura ordenó secuestrar: “Patronato de protección a la mujer: fábrica de subnormales”.

De hecho, el archivo de Pontevedra atesora expedientes de niñas con dolencias psíquicas a las que las juntas no permiten regresar al hogar. En su composición encontramos los mismos nombres, los mismos apellidos, que durante décadas se habían vinculado a la dictadura: familiares de Barrié de la Maza o Alfonso Molina en la coruñesa, o el propio Lino Sánchez, el guardián del expolio a Castelao, formando parte de la pontevedresa durante cuatro décadas.

La relación del organismo con el robo de bebés es también estrecha. La viguesa Noemí Lima inició en el 2013 un proceso judicial que demostró que aún en 1987 monjas viguesas le habían dicho a su madre que había nacido muerta y la habían entregado en adopción. Pero su caso, como el de cientos de gallegas que pasaron por el Patronato, queda todavía hoy, medio siglo después de la muerte del dictador, en la impunidad de un silencio que tenemos el deber de romper.

(Texto original de Montse Fajardo para El Salto)

 


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Las televisiones públicas del PP se sublevan ante la "manipulación" mientras que Génova se centra en su cruzada con TVE

Los comités de À Punt, Canal Sur, Telemadrid o Televisión Canarias se preparan para una "jornada histórica de huelga"

Andrea Cabanillas

16-11-25

ElPlural



El Partido Popular (PP) lleva meses cargando contra TVE, especialmente desde que sus audiencias han logrado escalar a lo alto de la tabla. Desde Génova aseguran que se trata de una herramienta al servicio del Gobierno, al que algunas teorías conspiranoicas acusan de haber "comprado Kantar Media". Mientras que su particular cruzada continúa, desde las televisiones públicas dominadas por los populares se sublevan ante la "manipulación" que invade sus escaletas. 

Alberto Núñez Feijóo volvía a atizar al Ejecutivo y a la televisión pública en el Pleno del Congreso del pasado miércoles: "Señor Sánchez, podría usted perfectamente presentar el magacín mañanero de TVE, quizás podría usted ser el jefe de Informativos Territoriales de TVE. Realmente está buscando empleo", decía el líder del PP. 

Por su parte, Miguel Tellado aseguraba que se está llevando a cabo "un ejercicio de manipulación que empieza desde muy temprano y que no finaliza hasta la emisión del último de los programas": "Se ha convertido en una especie de No-Do al servicio del César sin ningún pudor y tratando por estúpidos a la mayoría de los españoles. Nosotros no lo vamos a consentir. RTVE tiene que volver a los cánones de servicio público".

Mientras que abanderan acusaciones como esta cada semana, desoyen las múltiples quejas que lanzan las plantillas de las televisiones públicas de sus regiones, como es el caso de À Punt o Canal Sur, que se han visto salpicadas recientemente por diversos escándalos. En los entes autonómicos de radiotelevisión dominados por Génova se están produciendo sublevaciones, que confluirán en una "jornada histórica de huelga".

En el caso de la televisión valenciana, días antes del primer aniverario de la DANA, À Punt emitió una corrida de toros cuando una multitudinaria manifestación recorría la capital del Turia exigiendo responsabilidades y la dimisión de Carlos Mazón, ya expresident de la Generalitat. Días después, y tras las quejas de multitud de trabajadores de la cadena pública, el Consejo del Audiovisual de la Comunidad Valenciana abrió una investigación al considerar que el ente público valenciano podría haber incumplido su “misión específica de servicio público”.

Por otro lado, en Andalucía, los trabajadores de Canal Sur denunciaban su cobertura por los cribados de cáncer de mama. La indignación entre el personal llegó a desembocar en una carta que un grupo de profesionales de la Radio y la Televisión pública de Andalucía envió a la presidenta de la Asociación de Mujeres con Cáncer de Mama de Andalucía (Amama), Ángela Claverol, lamentando el trato informativo que la cadena estaba llevando a cabo sobre el asunto. En dicha misiva, denunciaron que se tardara "72 horas y 19 minutos en dar la primera información sobre el tema", no obedeciendo "al criterio de actualidad".

Mientras, desde el Comité Intercentros de la TVG piden ayuda urgente, denunciando que la "línea editorial alineada con los intereses del Gobierno de la Xunta del Partido Popular" ha causado un gran "daño" a la televisión gallega. A través de un comunicado, acaban de pedir a la dirección de los medios públicos que "asuma su responsabilidad en las bajas audiencias, derivadas de la insoportable manipulación informativa y de una programación alejada de la pluralidad social". El pasado mes de octubre, la TVG promediaba un 7,7% de cuota de pantalla, protagonizando la mayor caída entre los canales de la FORTA y convirtiéndose en su cuarto peor dato de sus 40 años de historia.

Raquel Lema, presidenta del Comité Intercentros de la televisión gallega, denunciaba ante ElPlural.com que la "manipulación" sigue siendo más "burda" y "descarada" que "nunca", y que, lamentablemente, no prevén que se revierta: "Se endurecerá cuanto más cerca estemos de procesos electorales".

En la capital, los trabajadores de Telemadrid han alzado la voz en más de una ocasión para denunciar la alineación de la cadena con el discurso de Díaz Ayuso: "La presidenta marca el camino y los siervos se lanzan a él", denunciaron en un comunicado después de que la cadena emitiera un mensaje replicando el rótulo con el que TVE pidió "Paz y Justicia para Palestina" en Eurovisión 2025. Anteriormente, Jorge Rodera, presidente del Comité Intercentros de Telemadrid, lamentaba en una entrevista con ElPlural que esta injerencia se manifiesta en los índices de audiencia de la cadena: "La ciudadanía deja de verte, solo acaba viéndote un público irrisorio. Estamos en una audiencia que no llega al 5% de share, entonces al final eso lleva a un deterioro”.

"Tenemos compañeros en estado precario que están ganando 800 euros, son fijos de plantilla que están trabajando a media jornada y que están en precario y que no se les está dando una solución de aumento de jornada y cuando pueden lo achacan a un problema de presupuesto, pero no hacen más que gastarse dinero en toros, el fútbol de primera, que no lo ve nadie”. Además, aeguraba también que los trabajadores han mandado "muchos escritos por el comportamiento que tienen los tertulianos", centrado en el "insulto".

Más allá de la península, en territorio insular, el PP, junto a Clavijo, preparan una nueva Ley del Sector Audiovisual de Canarias, que afectará a la gestión de Radio Televisión Canaria, y que "hará posible la externalización de los servicios informativos. El presidente del Comité Intercentros de Televisión Pública de Canarias, Aday Domínguez contaba a este medio que la plantilla rechaza "frontalmente" la nueva norma, ya que "iría en detrimento sin duda de la calidad de la información y de la independencia editorial".

En este sentido, recuerda que los informativos de Televisión Canaria, los que serían los más afectados, "ya fueron privados desde su nacimiento hasta 2018 cuando fuimos subrogados por la empresa pública": "Aquella época la recordamos muy bien y se dieron situaciones de manipulación muy grosera. Tememos que con una nueva externalización esas situaciones se vuelvan a repetir", añade, insistiendo en que, para ellos, un "medio público externalizado o privatizado es un medio manipulado".