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lunes, 12 de enero de 2026

 


🇳🇱🎶 Traditionele Nederlandse Volksmuziek – Feestelijke Klanken voor de J...

♟ El Tablero 3x86 | Oriente Medio en la mira: ¿Qué está pasando en Irán?

 



Valentín Tomé

Hasta 1975, las mujeres casadas en España necesitaban el permiso por escrito de sus maridos para:

· Comprar, vender o hipotecar bienes inmuebles (casas, terrenos).

· Constituir una sociedad mercantil o ser socia de una.

· Solicitar un préstamo o abrir una cuenta bancaria a su nombre.

· Aceptar una herencia con cargas (obligaciones).

· Realizar donaciones.

· Firmar un contrato de trabajo. El marido podía revocar este permiso en cualquier momento, lo que en la práctica significaba que podía obligarla a dejar su empleo.

· Ejercer el comercio o una profesión de forma independiente.

· Obtener el pasaporte y viajar al extranjero. Muchas mujeres necesitaban una autorización firmada ante notario para poder salir de España.

· Testar (hacer testamento) después de casada.

· En la práctica, incluso para gestiones cotidianas como matricularse en la universidad o sacar el carnet de conducir, la presión social y la interpretación de la ley hacían que muchas instituciones exigieran este permiso.

Aquí un ejemplo de licencia marital de 1973.


 


 



No hay nada más chabacano que un cateto haciéndose pasar por chulillo. Éste pobre hombre, y cuando hablo de “pobre hombre”, conviene matizar: hay quienes son hombres pobres porque carecen de lo necesario y hay pobres hombres que lo son porque deambulan como almas errantes, sin pena ni gloria por la sociedad, precisamente cuando pretenden acaparar esa gloria que nunca les perteneció.

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Feijóo afirma que la historia castigará a Sánchez y a Zapatero por su posición respecto a Maduro. Sin embargo, al único al que la historia no va a perdonar es a él mismo por su amistad con un narcotraficante. Quedó retratado, y bien retratado. Todo lo demás no es más que un intento torpe de salir del propio fango embarrando al adversario.

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Trump ha descolocado a este fenómeno de la verborrea fácil. Como acostumbra, lanzó las campanas al vuelo antes incluso de tener la pieza, imaginando ya dónde colocar el trofeo. Pero Trump le rompió el guion: no ha ido a Venezuela a derrocar a Maduro para colocar a Corina, sino a gestionar los beneficios derivados de los barriles de petróleo. De paso, le ha dado a Maduro la coartada perfecta para aferrarse al poder y a los recursos del país.

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Venezuela, hoy, se alinea con Trump por puro interés comercial y político. Cuando alguien llega al poder —aunque sea por encargo o por las carambolas de la vida— le cuesta enormemente soltarlo. Los Rodríguez han optado por situarse del lado de Trump: es preferible tenerlo como “amigo” y mantenerse en el poder, aunque este no sea real, que quedar fuera del tablero. Al menos, así, ocupan el lugar que mejor sirve a sus intereses personales. Este es el verdadero cabreo de la derecha pepera: no le sale una. Cuando juega con cartas marcadas, la jugada acaba volviéndose en su contra.

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Y, por cierto, ¿Cuántas veces hemos escuchado en los últimos meses a la derecha proclamar que la justicia española es la mejor del mundo y que hay que dejarla actuar porque eso es democracia? Pues ahí tienen a los demócratas: a la primera citación del catetillo para declarar ante la jueza de Valencia, la magistrada pasa a ser “tal y cual” porque solo llama a su líder y no a los miembros del Gobierno. A esos mismos que él, con mentiras, artimañas delirantes y bulos, quiso implicar. Cuando lo ocurrido en Valencia tiene un nombre claro: Mazón. Y, junto a él, todo el PP que lo ha arropado sabiendo perfectamente que él y la DANA eran los responsable de lo ocurrido.

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El Bellotero .


 



Peter Freuchen: el hombre que se negó a morir bajo el hielo

Estaba atrapado bajo el hielo del Ártico.

Sin herramientas. Sin ayuda. Y con una sola opción por delante.

Peter Freuchen no estaba hecho para una vida normal. Con más de dos metros de altura, hombros anchos y barba espesa, parecía más un mito que un hombre incluso antes de que se conociera su historia. Nacido en Dinamarca en 1886, no buscaba comodidad ni seguridad. Buscaba límites. Hielo. Silencio. Lugares donde los errores significan la muerte.

Groenlandia se convirtió en su campo de pruebas. La cruzó en trineo tirado por perros, recorriendo regiones que ningún mapa había descrito aún. Vivió entre los inuit no como visitante, sino como aprendiz. Allí conoció a Navarana Mequpaluk. Fue su esposa y su maestra. Le enseñó a leer el hielo, a escuchar el viento, a sobrevivir donde no hay margen de error.

Cuando ella murió durante la gripe española en 1921, algo dentro de él se rompió. Pero no lo detuvo. Lo endureció.

Años después llegó el momento que lo definiría para siempre.

Una ventisca repentina lo sepultó bajo una masa de nieve y hielo. Quedó atrapado bajo tierra. Sin cuchillo. Sin herramientas. Sin forma de pedir ayuda. El aire se volvía espeso. El frío entumecía sus dedos. El pánico presionaba tanto como el hielo sobre su cuerpo.

Entonces tomó una decisión que casi nadie sería capaz de tomar.

Usó sus propios desechos congelados, endurecidos por el frío extremo, los moldeó y los convirtió en una herramienta improvisada. Con ella empezó a cavar hacia arriba. Centímetro a centímetro. Lento. Agonizante. Impulsado por una sola cosa:

No iba a morir allí.

Logró salir.

El Ártico no lo dejó intacto. La congelación le costó varios dedos de los pies. Pero no su vida.

Durante la Segunda Guerra Mundial se unió a la resistencia danesa. Fue capturado por los nazis y condenado a muerte. Escapó. Cruzó a Suecia. Luego a Estados Unidos.

Allí su vida volvió a girar. Hollywood lo llamó como asesor de realismo ártico. Apareció incluso en la película Eskimo (1933), ganadora de un Óscar. En 1956, ya mayor y mutilado por el hielo, ganó el programa The $64,000 Question, sorprendiendo al país con su conocimiento del mundo polar.

Escribió libros. Contó historias de lugares donde el ser humano apenas existe. Vivió como alguien que miró a la muerte de frente y siguió caminando.

Su vida deja una verdad simple:

El heroísmo no es elegante.

Es obstinado.

Y a veces… basta con eso para seguir vivo.

#fblifestyle


 


 


 






En diciembre de 1943, Zinaida estaba lista para una nueva misión, de nuevo en la aldea de Óbol, tenía que infiltrarse en el puesto militar para robar los documentos que exponían los movimientos y la expansión de los nazis en el área.

Disfrazada de vagabunda, Zinaida se coló de nuevo en la base nazi para robar los documentos y entregarlos a los partisanos, consiguió cumplir su misión... pero desgraciadamente fue capturada por la Gestapo en su huida.

Tras su captura, la Gestapo torturaría a Zinaida durante semanas para que delatara a sus camaradas, pero la adolescente se negó a hacerlo.

En un despiste, Zinaida tomó la pistola de la mesa del interrogador de la Gestapo, le disparó en la cabeza al nazi y disparó a 2 nazis más en la sala, siguió disparando hasta que se le encasquilló el arma y fue de nuevo apresada.

Tras ejecutar al interrogador de la Gestapo de un disparo en la cabeza y liquidar a 2 nazis más, Zinaida fue torturada de nuevo y condenada a muerte por fusilamiento por los nazis.

Antes de matarla, los nazis le ofrecieron salvar su vida por última vez si delataba a sus camaradas... pero Zinaida de nuevo se negó, dijo que prefería estar muerta antes que ser una traidora.

El 10 de enero de 1944, finalmente Zinaida fue llevada al bosque y fue fusilada por los nazis con tan solo 17 años.

Zinaida fue nombrada Héroe de la URSS y fue condecorada por el Soviet Supremo con la Orden de Lenin, pusieron su nombre a museos, escuelas, calles, organizaciones de pioneros soviéticos...

Zinaida consumó su venganza contra los nazis que torturaron a su abuelita y pasó a la eternidad.... pero su increíble historia no la verás en películas de Hollywood ni harán series virales en Netflix porque era una chica pobre, soviética y comunista.

Si queréis ver los videos ilustrativos de los textos lo podréis hacer enlazando con el enlace de X de aquí abajo 👇🏻 👇 👇 👇🏿

https://x.com/DaniMayakovski/status/2009910941647823359?s=20


 


 


 

El cine que no debía existir: películas contra el franquismo

La batalla silenciosa entre el franquismo y los cineastas que se negaron a obedecer

Sueen Gasparyan

ElPlural

9-1-26



El despacho está en silencio. Al otro lado de la mesa, un funcionario toma notas con lápiz rojo. No juzga la calidad de la película, sino su peligrosidad. Cada línea del guion es una sospecha, cada diálogo puede esconder una herejía política o moral. En la España del franquismo, rodar una película crítica no era solo un acto creativo: era una forma de resistencia. Antes de que una cámara empezara a grabar, el verdadero rodaje tenía lugar allí, en despachos grises donde se decidía qué podía imaginarse y qué debía permanecer oculto. 

Durante casi cuatro décadas de dictadura, el cine fue uno de los territorios culturales más vigilados por el régimen de Francisco Franco. Consciente de su enorme capacidad de influencia, el franquismo convirtió la industria cinematográfica en un espacio sometido a un férreo control político, moral y religioso. Nada escapaba a la censura: ni los argumentos, ni los diálogos, ni la forma de vestir de los personajes, ni siquiera los finales. El cine debía educar, moralizar y reforzar el relato oficial de una España unida, católica y obediente. 

La censura funcionaba como un sistema perfectamente engrasado. Cada guion pasaba por varias instancias administrativas antes de recibir el ansiado permiso de rodaje. Después, la película ya filmada debía volver a someterse al examen de los censores, que podían exigir cortes, cambios de doblaje o incluso prohibir su estreno. En muchos casos, el resultado final poco tenía que ver con la obra original. El lápiz rojo reescribía el cine español sin aparecer en los créditos. 

El humor como trinchera 

Sin embargo, incluso en ese contexto asfixiante, surgieron cineastas dispuestos a tensar los límites. Directores que entendieron que la confrontación directa era imposible, pero que la ironía, la metáfora y el humor podían convertirse en armas eficaces. Uno de los casos más emblemáticos es el de Luis García Berlanga, que supo retratar como nadie el absurdo, la hipocresía y la miseria moral del sistema sin necesidad de mencionarlo explícitamente. Sus películas no atacaban al régimen de frente, pero lo dejaban en evidencia a través de personajes mediocres, situaciones grotescas y una mirada profundamente corrosiva sobre la sociedad española. 

Junto a Berlanga, otros nombres como Juan Antonio Bardem optaron por un cine más directamente social, inspirado en el neorrealismo europeo. Bardem fue uno de los pocos cineastas que se atrevió a señalar las desigualdades, la injusticia y el vacío moral de la España franquista con menos ambigüedad, lo que le costó persecuciones, detenciones y la vigilancia constante de las autoridades. Hacer cine crítico tenía consecuencias, y quienes lo intentaban lo sabían.

La censura no solo marcó lo que se decía, sino también cómo se decía. Ante la imposibilidad de abordar ciertos temas de forma abierta —la represión política, la pobreza estructural, la falta de libertades— el cine español desarrolló un sofisticado lenguaje simbólico. El humor se convirtió en una coartada, el costumbrismo en un refugio y el silencio en una herramienta expresiva. El espectador aprendió a leer entre líneas, a interpretar miradas y dobles sentidos. Se creó así una complicidad tácita entre quienes filmaban y quienes miraban. 

Mientras tanto, el régimen también promovía un cine funcional a sus intereses. El folclore, las comedias ligeras y las llamadas “españoladas” ofrecían una imagen amable y falsa de la realidad, basada en tópicos y evasión. No se trataba solo de propaganda explícita, como la que difundían los noticiarios del NO-DO, sino de una anestesia cultural que ayudaba a normalizar la dictadura. Frente a ese cine complaciente, las películas incómodas eran vistas como una amenaza. 

Después del silencio 

La represión cultural no fue solo institucional. La autocensura se convirtió en una práctica habitual. Muchos creadores aprendieron a anticipar el juicio del censor y a mutilar sus propias ideas antes de que alguien más lo hiciera. El miedo a la prohibición, a la ruina económica o al señalamiento político pesaba tanto como las normas escritas. Esa herida invisible dejó una profunda marca en varias generaciones de cineastas. 

Aun así, el cine crítico del franquismo logró sobrevivir y, en algunos casos, trascender su tiempo. Sus películas no solo documentan una época, sino que revelan los mecanismos de adaptación y resistencia cultural bajo una dictadura. Son testimonios de una creatividad obligada a moverse en la penumbra, de una lucha constante por decir sin decir, por mostrar sin nombrar. 

Tras la muerte de Franco, muchas de esas tensiones no desaparecieron de inmediato. La Transición heredó un sector cultural acostumbrado a mirar de reojo al poder y a medir cada palabra. Algunas inercias del franquismo se prolongaron durante años, y el cine tardó en desprenderse del todo de la censura interiorizada. Revisar hoy aquellas películas no es solo un ejercicio de memoria cinematográfica, sino también una forma de entender cómo el autoritarismo moldea la cultura y cómo la cultura, incluso en las peores condiciones, encuentra resquicios para resistir. 

Porque, al final, en aquellos despachos silenciosos donde un funcionario decidía el destino de una película, no solo se censuraban historias. También se intentaba domesticar la imaginación. Y hubo quienes, a pesar de todo, se negaron a obedecer.


domingo, 11 de enero de 2026

 


 


La mejor escena de apertura de un Western jamás vista | Érase una vez en...

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Venezuela tras el ataque: Delcy al mando, Trump al petróleo y el plan en...

 


Crítica de Cine: LADRÓN DE BICICLETAS - Obra Maestra Absoluta

 


LADRON DE BICICLETAS (La Mejor Escena De...)

 




Ladrón de Bicicletas, estrenada el 24 de noviembre de 1948 en las salas de su país de origen, es una de las más conocidas referencias del neorrealismo italiano. Movimiento surgido al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que contrasta con el cine de los grandes estudios, y expone una visión realista de la sociedad. Paralelamente, a esta etapa se la puede considerar como un destape, una liberación de la censura impuesta por los regímenes totalitarios.

La historia está inspirada en la novela homónima, publicada dos años antes, de Luigi Bartolini, quien profirió duras críticas a la película, considerándola traidora de su fuente original.

Durante el casting, buscando niños actores para el papel de Bruno, De Sica se focalizó en uno de los padres de estos niños por sus rasgos firmes y duros. Era Lamberto Maggiorani que terminó invistiendo el protagónico, Antonio Ricci.

Enzo Staiola, inmortalizado como Bruno, el hijo de Antonio, en cuyos gestos gravita gran parte de la emotividad de la película, fue elegido por su manera de caminar.

Los dos personajes principales no eran actores profesionales, y de hecho, pese a la inmejorable dupla que formaron, no continuaron sus vidas como figuras del cine.

Maggiorani, antes de hacer Ladrón de Bicicletas fue tornero en una fábrica, a la que volvió después de filmar la película. Al poco tiempo, debido a un proceso de reducción de personal, el flamante actor fue despedido de su puesto de trabajo, considerando que su carrera como estrella de cine estaba despegando y la decisión no le pesaría tanto como a sus compañeros.

Finalmente, Maggiorani no consiguió grandes trabajos en la industria audiovisual, debiendo continuar como albañil. Por su papel en Ladrón de Bicicletas pudo renovar los muebles de su casa e irse de vacaciones con su familia.

De este modo, los actores fueron ellos mismos, haciendo honor a uno de los postulados del cine italiano de posguerra, resumido en lo que decía De Sica, “el cine es la vida misma”.

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Video reseña de Ladrón de Bicicletas👇🏻 👇🏻

https://youtu.be/jabcw_r0iJU


"Ladrón de Bicicletas" (1948) Vittorio de Sica

TRUMP SE VUELVE LOCO EN UNA REUNIÓN PÚBLICA. HAY VÍDEO.

 


 



Durante las grandes inundaciones, cuando el agua borraba caminos, casas y certezas, una imagen logró detener al mundo.

Sobre el borde de un pequeño tejado que apenas sobresalía del nivel del agua, estaba ella.

Una perra empapada. Temblando. Exhausta.

Y debajo de su cuerpo, protegidos como si fueran el centro del universo, sus seis cachorros recién nacidos.

No había comida.

No había refugio.

No había seguridad.

Solo lluvia helada cayendo durante horas, un río que crecía sin permiso y una madre que se negó a moverse.

No se fue.

No buscó un lugar mejor.

No se salvó a sí misma primero.

Los lamía para limpiarlos.

Los acomodaba para que conservaran calor.

Les daba la poca leche que su cuerpo podía producir, aunque eso la debilitara más.

Mientras todo huía de la tormenta, ella eligió quedarse.

Cuando los voluntarios lograron alcanzarla, descubrieron algo que ni el agua ni el miedo habían logrado romper: una madre que no aceptaba el rescate si no era para todos.

Los veterinarios llaman a esto “protección maternal terminal”: un instinto tan profundo que empuja a una madre a arriesgar su vida antes que abandonar a sus crías.

Pero para quienes vieron esa escena, no era un término científico.

Era amor en su forma más pura.

Los seis cachorros fueron rescatados con vida. Fueron llamados Hope, Life, Protection, Trust, Strength y Love.

Pero el verdadero nombre de esa escena era otro:

Devoción.

Porque las tormentas pueden destruir casas.

Pueden arrancar árboles.

Pueden borrar mapas.

Pero no pueden borrar lo que una madre es capaz de hacer por sus hijos.

Ni siquiera cuando todo lo demás se pierde.

#fblifestyle


 


 


 

Necesita urgentemente un trasplante de Inteligencia Artificial

 


 


 


 


 


 

La vuelta de Dios a la política: el PP y el nuevo discurso conservador

La fe gana peso en el relato del Partido Popular en plena disputa por el electorado conservador

31-12-25

Suren Gasparyan

ElPlural



Hablar de religión ya no es un tabú en el discurso del Partido Popular, sino una elección estratégica. En un momento en el que el debate político se construye cada vez más desde lo emocional y lo identitario, la formación conservadora ha optado por reivindicar la fe cristiana como parte esencial de su relato. No se trata únicamente de una defensa genérica de las tradiciones o de una apelación cultural ligada al calendario navideño, sino de una operación política más profunda que busca redefinir el marco simbólico desde el que el PP interpela a su electorado y compite por la hegemonía en la derecha española.

Este giro discursivo se produce, además, en un contexto de creciente presión por la derechaVox continúa disputando al Partido Popular el voto más conservador, especialmente en el terreno de los valores, la identidad nacional y la religión. En ese escenario, Génova es consciente del riesgo de fuga de electores hacia una derecha que se presenta como más nítida ideológicamente y menos condicionada por el pragmatismo institucional. La reivindicación explícita de la fe cristiana funciona así como un dique de contención frente a Vox, un intento de cerrar flancos y evitar que la batalla cultural se libre exclusivamente en el terreno de la extrema derecha.

“No hay que pedir perdón por ser católico”

Las últimas semanas han sido especialmente ilustrativas de esta estrategia. La cena navideña del Partido Popular de Madrid actuó como un punto de inflexión simbólico. Allí, Alberto Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso no solo apelaron a la tradición cristiana como parte del acervo cultural español, sino que introdujeron una narrativa de agravio, sugiriendo que la fe católica estaría siendo cuestionada o desplazada del espacio público. La afirmación de que “no hay que pedir perdón por ser católico” condensa esa idea y la convierte en un mensaje político con vocación movilizadora.

Desde un punto de vista analítico, el valor de este discurso no reside tanto en su literalidad como en el marco que construye. El PP adopta una lógica similar a la que Vox ha explotado con éxito: presentar determinadas identidades mayoritarias como si estuvieran amenazadas por un poder progresista que impone una agenda cultural ajena. Al hacerlo, el partido intenta disputar ese terreno sin asumir los rasgos más extremos del discurso de la ultraderecha, pero asumiendo parte de su gramática política.

La elección del grupo Hakuna Group Music por parte de la Comunidad de Madrid se inscribe en esta misma lógica. Hakuna representa una religiosidad juvenil, emocional y desacomplejada, capaz de conectar con públicos a los que Vox también interpela desde el discurso identitario, pero desde un registro menos áspero y más transversal. Al asociarse con este fenómeno, el PP busca ofrecer una alternativa conservadora “amable”, moderna y culturalmente atractiva, evitando que la religión quede monopolizada por los sectores más radicales de la derecha.

Este movimiento cumple una doble función. Por un lado, refuerza el vínculo del PP con un electorado conservador que podría sentirse tentado por el discurso más contundente de Vox. Por otro, permite al partido presentarse como una opción capaz de integrar valores tradicionales sin renunciar del todo a una imagen institucional. Es un equilibrio complejo: marcar perfil ideológico sin caer en la estridencia, competir en la batalla cultural sin romper completamente con el centro político.

La polémica generada en redes sociales por el uso de “felices fiestas” frente a “Feliz Navidad” debe entenderse también desde esta clave competitiva. Más allá de su carácter artificial, el debate permite al PP ocupar un espacio simbólico que Vox explota habitualmente: el de la defensa de las tradiciones frente a una supuesta corrección política progresista. Al hacerlo, el partido intenta evitar que ese tipo de controversias se identifiquen exclusivamente con la extrema derecha y se normalicen dentro del discurso conservador mayoritario.

Estos conflictos culturales, aparentemente menores, ofrecen una alta rentabilidad política. Movilizan emocionalmente, generan visibilidad y permiten marcar posición ideológica sin entrar en debates complejos sobre políticas públicas. En un contexto en el que Vox presiona constantemente para endurecer el discurso del PP, la batalla cultural se convierte en un terreno más cómodo que la confrontación programática.

La fe como refugio en un mundo fragmentado

El contexto internacional refuerza esta estrategia y ayuda a entender por qué el Partido Popular ha decidido no mantenerse al margen de este terreno. En buena parte de los países occidentales, la religión y los valores tradicionales han reaparecido como instrumentos políticos frente a un escenario marcado por la fragmentación social, la incertidumbre económica y la crisis de los grandes consensos culturales. Desde Estados Unidos hasta varios países europeos, los discursos conservadores han incorporado la fe como elemento de cohesión identitaria, presentándola como un anclaje frente a sociedades cada vez más diversas y pluralizadas.

En ese marco, el PP parece haber asumido que renunciar a ese espacio simbólico implica dejarlo completamente en manos de Vox, que ha hecho de la religión, la nación y la tradición uno de los pilares de su relato. Incorporar estos elementos al discurso propio permite al PP disputar ese terreno desde una posición menos radical y más institucional, aunque no por ello exenta de tensiones internas ni de riesgos electorales.

Este giro discursivo también refleja transformaciones internas dentro del propio partido. El creciente peso de sectores religiosos en el entorno de Génova 13 no responde únicamente a una afinidad ideológica o a convicciones personales de algunos dirigentes, sino a una lectura estratégica del momento político. En un contexto de competencia directa por el electorado conservador, estas corrientes han ganado capacidad de influencia en la definición del mensaje, en la selección de símbolos y en la priorización de determinados debates culturales. La centralidad que adquiere la fe en el discurso del PP indica que estas sensibilidades ya no ocupan un espacio marginal o testimonial, sino que forman parte del núcleo desde el que se articula la estrategia política del partido, especialmente en lo relativo a la batalla cultural.

Más allá del caso concreto del Partido Popular, este giro se inscribe en un ciclo político más amplio en el que las identidades vuelven a ordenar el conflicto. La fe, la tradición y los valores aparecen como lenguajes capaces de ofrecer certidumbre en un contexto de fragmentación. El PP ha decidido hablar ese idioma. Lo relevante será observar cómo evoluciona ese discurso y qué lugar acaba ocupando en el conjunto del sistema político.


 


 


 


 


 


 


EXCLUSIVA AMANTE DE MAZÓN "TESTIGOS CONFIRMAN SEXO PISO SECRETO" CONFIRM...

 


 


Miguel Fernández

 

2 de enero 

Carta abierta a Alberto Núñez Feijóo lo que no quieres ver 🤓

Señor Alberto Núñez Feijóo

No soy economista, ni político, ni tertuliano.

No tengo una gran cultura ni facilidad para escribir. Me cuesta ordenar las pocas ideas y, cuando lo consigo me estreso, aún así, escribo esta carta porque me cansa y aburre escuchar el balance que haces de España que no se parecen en nada a la realidad que vivimos muchos.

Tu repites que todo va mal, Que el país está hundido, que este Gobierno no ha hecho nada. Y sinceramente no sé si no lo ve por ceguera o por maldad. Yo me inclino por la segunda.

Porque hay cosas que se ven, son hechos, no opiniones.

España tiene hoy más empleo que nunca. Récord de afiliación a la Seguridad Social. Y no, no son solo funcionarios. Es empleo privado, con menos contratos basura gracias a una reforma laboral que tu partido votó en contra y que ahora funciona.

El Salario Mínimo ha subido más de un 50%. Eso no es propaganda es gente que llega un poquito mejor a fin de mes. Y mientras tanto, conviene recordar que con el PP las pensiones subían un 0,25%. Hoy, al menos, se revalorizan con el IPC y los pensionistas no pierden poder adquisitivo año tras año.

Se dijo que no había dinero para esto.

Se dijo que era imposible.

Y resultó que no era verdad.

Se protegieron millones de empleos con los ERTE, (conozco muchos casos) Se ampliaron derechos laborales, Se reformó el Estatuto de los Trabajadores,se igualaron los permisos de paternidad y maternidad, se avanzó en dependencia y cuidados. Se creó el Ingreso Mínimo Vital. Es todo perfecto? No. Pero decir que no se ha hecho nada? Eso no es crítica, es negar la realidad.

La inflación no la creó este Gobierno. Fue la crisis mundial. Y aun así, España fue de los países que mejor la contuvo, con medidas como el tope al gas o las ayudas al transporte, que luego copiaron otros países.

Los Fondos Europeos no son ningún chanchullo como usted insinúa. Están financiando la industria, la digitalización y el empleo. Por eso España crece más que otros grandes paises europeos

hablas de caos y ruina, pero callas lo que hizo tu partido cuando gobernó, nos recortó

la sanidad, a millones nos congeló los salarios, los despido fueron mucho más baratos, rescate a bancos y millones de personas abandonadas a su suerte.

Por eso te pregunto, señor Feijóo

dónde vives para no ver nada de esto?

Porque o no quieres verlo, o prefiere volver al país del 0,25%, de los sueldos de miseria y de “si no te gusta, te vas”.

España no es una dictadura, ni un país comunista, ni una ruina. Es un país con problemas, sí y muchos, pero que ha avanzado más en derechos y protección social que en décadas. Y eso, aunque a ti le moleste, también es España.

Atentamente, Miguel Fernández

Un ciudadano de izquierdas