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lunes, 9 de febrero de 2026

 


En la mitología griega, los sátiros encarnan el costado más instintivo, salvaje y desenfrenado de la naturaleza humana. No son dioses propiamente dichos, pero tampoco simples mortales: habitan los márgenes del mundo civilizado, allí donde el bosque espeso, las montañas y las pasiones gobiernan sin ley.

Tradicionalmente se los describe como seres híbridos, con torso humano y rasgos caprinos o equinos: patas peludas, pezuñas, cola, orejas puntiagudas y, en muchos relatos, una sexualidad desbordada que simboliza fertilidad, deseo y exceso vital. Esta apariencia no es casual: los sátiros representan la fuerza primaria de la naturaleza, aquello que no puede ser domesticado ni reprimido.

Compañeros de Dioniso

Los sátiros forman parte inseparable del séquito de Dioniso, dios del vino, la embriaguez, el teatro y la ruptura de las normas. Allí donde aparece el dios, aparecen ellos: danzando, bebiendo, tocando flautas, persiguiendo ninfas y entregándose a fiestas caóticas conocidas como bacanales.

En este contexto, los sátiros no son simples borrachos lujuriosos, sino símbolos de liberación: rompen con el orden racional impuesto por la polis y recuerdan que el ser humano también está hecho de instinto, placer y descontrol.

Silenos y sátiros jóvenes

La tradición distingue entre los sátiros jóvenes, impulsivos y burlones, y los silenos, más viejos, sabios y corpulentos. El más célebre es Sileno, tutor de Dioniso, descrito como eternamente ebrio pero poseedor de verdades profundas sobre el cosmos y la condición humana. Esta dualidad —ebriedad y sabiduría— refuerza una idea central del mito: el conocimiento puede surgir del caos.

Sátiros en los mitos y el arte

En los relatos mitológicos, los sátiros rara vez son héroes. Su papel es el del contrapunto: irrumpen en historias de dioses y mortales para introducir el deseo, la risa o el peligro sexual. En el arte griego, sobre todo en cerámicas y esculturas, aparecen persiguiendo ninfas o acompañando procesiones dionisíacas, siempre en movimiento, nunca en reposo.

También dieron nombre a un género teatral propio: el drama satírico, una obra corta que se representaba tras las tragedias, donde un coro de sátiros parodiaba los mitos heroicos, devolviendo la historia al terreno de lo grotesco y lo humano.

Significado profundo del mito

Más allá de su imagen caricaturesca, los sátiros cumplen una función esencial en la mitología griega: recordar los límites de la razón. Frente al orden de Apolo, ellos encarnan la fuerza de Dioniso; frente a la ciudad, el bosque; frente a la ley, el impulso.

En definitiva, los sátiros no son simples criaturas lascivas del mito, sino la personificación de aquello que la civilización intenta ocultar… pero jamás puede eliminar. Son la risa, el deseo y el caos que habitan en el corazón mismo de lo humano.

@fansdestacados


 


 


 


 


 



 


 



Los soldados alemanes las llamaban las «Brujas de la noche» — y habían aprendido a temer el sonido del silencio en la oscuridad.

Verano de 1942. Las fuerzas alemanas ocupan territorios soviéticos. Un soldado de guardia nocturna oye algo — un leve susurro, como si una tela se rasgara en el aire. Levanta la vista, pero no ve nada en la negrura. Luego, el silencio.

Después, las explosiones.

Cuando comprende lo que ocurre, las bombas ya han caído. La artillería antiaérea dispara inútilmente contra un cielo vacío. Lo que los atacó ya ha desaparecido, fundiéndose con la noche como un fantasma.

Los alemanes dieron un nombre a esos atacantes invisibles: Nachthexen. Las Brujas de la noche.

Y tenían razones para temerlas.

Lo que no sabían — y que los habría aterrorizado aún más — es que esas pilotos que sembraban el pánico entre los mejores soldados de la Wehrmacht eran mujeres. Jóvenes soviéticas, algunas apenas mayores de edad, volando en biplanos de madera y tela ya obsoletos incluso antes del inicio de la guerra.

Y una de las más temidas entre ellas era Nadezhda Popova, con apenas 19 años.

Nadezhda — «Nadya» para sus cercanos — soñaba con volar desde los 15 años, cuando vio por primera vez un biplano planear sobre su aldea. A los 16 se unió a un aeroclub. A los 19, cuando Alemania invadió la Unión Soviética en junio de 1941, ya era piloto formada y veía arder a su país.

Al principio, la Fuerza Aérea Soviética rechazaba a las mujeres piloto. Pero a medida que las pérdidas se acumulaban y el avance nazi parecía imparable, la desesperación abrió puertas antes cerradas. La heroína de la aviación Marina Raskova apeló directamente a Stalin para crear unidades aéreas compuestas exclusivamente por mujeres.

En octubre de 1941, Stalin aprobó la creación de tres regimientos formados por mujeres pilotos, navegantes y mecánicas. Nadezhda se alistó de inmediato en el 588.º Regimiento de Bombardeo Nocturno, más tarde renombrado 46.º Regimiento de Bombardeo Nocturno de la Guardia «Taman» tras obtener el estatus de Guardia por su valentía.

Les asignaron los peores aviones del arsenal soviético: los Polikarpov Po-2. Aviones de entrenamiento o uso agrícola — frágiles biplanos de cabina abierta, hechos de madera y tela, incapaces de superar los 150 km/h. Sin radio. Sin ametralladoras. Sin blindaje. Sin paracaídas. Sin cabina cerrada. En invierno volaban con temperaturas que podían descender hasta los −40 °C, con el viento cortándoles el rostro.

Los pilotos hombres se burlaban de ellas. Algunos mecánicos se negaban a trabajar en esos «aviones de juguete para niñas». Incluso ciertas aviadoras soviéticas que volaban cazas modernos las despreciaban.

Pero Nadezhda y sus compañeras convirtieron sus debilidades en armas.

La madera y la tela hacían que el Po-2 fuera difícil de detectar por radar. Su baja velocidad y su vuelo muy bajo — a veces a solo 150 metros del suelo — lo volvían casi imposible de interceptar. Y, sobre todo, su pequeño motor permitía una maniobra única: apagar el motor en pleno vuelo y planear.

Así nació el terror de las Brujas de la noche.

Una misión típica era así: Nadya y su navegante (sentada en una cabina abierta detrás de ella) despegaban al anochecer con 4 a 6 bombas de entre 50 y 100 kg sujetas bajo las alas. Llegaban al frente, localizaban el objetivo, ascendían a unos 900 metros… y entonces apagaban el motor.

El avión quedaba casi en silencio — solo el murmullo del viento sobre la tela y los tensores. Planeaban sobre las posiciones alemanas, soltaban las bombas manualmente y desaparecían antes de que el enemigo comprendiera qué había ocurrido.

Los alemanes lo intentaron todo: reflectores, artillería antiaérea, cazas. En vano. Los Messerschmitt entraban en pérdida al intentar volar lo suficientemente despacio para apuntarles. El Po-2 volaba más lento que la velocidad mínima segura de los cazas alemanes.

Entonces ofrecieron recompensas: cualquier piloto que derribara a una Bruja de la noche recibiría automáticamente la Cruz de Hierro — la misma condecoración otorgada por derribar un gran bombardero. Ese era el nivel de temor que inspiraban.

Pero ese terror tenía un precio.

En la noche del 24 al 25 de julio de 1942, Nadezhda Popova y su navegante Yekaterina Ryabova realizaron 18 salidas de bombardeo. Dieciocho. En una sola noche. Dieciocho despegues, dieciocho descensos silenciosos bajo el fuego enemigo, sin descanso, sin comida.

Cada misión duraba unos 40 minutos. Volaban desde el crepúsculo hasta el amanecer, con apenas tiempo entre vuelos para repostar, cargar bombas y beber un poco de agua.

En la decimoctava salida, sus manos estaban entumecidas por el frío, los ojos ardían de tanto escrutar la oscuridad. Pero siguieron. Porque los soldados en tierra dependían de ellas. Porque detenerse significaba condenar otras vidas.

Para Nadya, no era una excepción. Era su rutina.

En total, Nadezhda Popova realizó 852 misiones de combate — más que la mayoría de los pilotos en toda una carrera. Fue derribada varias veces, aterrizó tras las líneas enemigas y perdió a muchas amigas.

De unas 400 mujeres que sirvieron en el regimiento, alrededor de 30 murieron en combate. El impacto psicológico fue aún mayor.

Al final de la guerra, Nadezhda recibió el título de Heroína de la Unión Soviética, la más alta distinción militar. Su navegante también.

El regimiento llevó a cabo más de 23 000 misiones y lanzó miles de toneladas de bombas sobre posiciones enemigas.

Tras la guerra, la sociedad soviética empujó a las mujeres a volver a roles tradicionales. Muchas Brujas de la noche tuvieron dificultades para reintegrarse a la vida civil.

Nadezhda se casó con otro piloto, Semyon Kharlamov — alguien que comprendía lo que ningún civil podía comprender.

Durante mucho tiempo, su historia fue poco conocida en Occidente. Pero los diarios de guerra alemanes, los archivos soviéticos y las 23 Brujas de la noche condecoradas como Heroínas de la URSS confirman la realidad.

Nadezhda Popova murió el 8 de julio de 2013, a los 91 años. Al ser preguntada sobre el miedo, respondió:

«Claro que tenía miedo. Cada noche. Pero el miedo no importaba. La misión era lo esencial».

Y cuando le preguntaron qué quería que se recordara:

«Recuerden que éramos soldados. No curiosidades. Soldados».

Hoy, los historiadores reconocen al 588.º / 46.º Regimiento como una de las unidades de bombardeo ligero más eficaces de toda la Segunda Guerra Mundial.

Las Brujas de la noche demostraron que el valor no tiene género, que la inteligencia táctica puede vencer a la tecnología y que, a veces, lo más aterrador en la guerra no es el rugido de un bombardero…

sino el susurro de alas de tela en la oscuridad.

Fuente: Museo Central de las Fuerzas Armadas de Rusia ("El 46.º Regimiento de Bombardeo Nocturno de la Guardia", sin fecha)

 


 


PODEMOS no puede, algo están haciendo mal.

 


 


 


 

  Fernando González Villanueva

    


   Amparo Alonso Blanco   



 Mercedes Llamas

   


 Salvador Rodríguez Vázquez

    


 


  Alicia Santaella Nebro 



 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 

Nita Fernández Bautis

 

 


 

Todas las víctimas a las que el PP ha despreciado o utilizado como arma política: Angrois, Yak-42 o la DANA

Desde la más antigua hasta la más reciente, las víctimas de tragedias en España han evidenciado el desdén demostrado por el PP con estas y sus familiares

Lirios Arques

8-2-26

ElPlural



El accidente ferroviario de Adamuz, la DANA, la pandemia, y múltiples tragedias más han protagonizado la historia de España durante las últimas décadas cubriendo de luto al país pero también sacando a relucir lo mejor que tiene la ciudadanía como es la solidaridad y la empatía. Sin embargo, de cada una de ellas también se ha desprendido la cara más amarga de una clase política que ha convertido el dolor de tantísimas víctimas en estrategia política y rédito electoral.

Y es que desde la más remota en el tiempo hasta la más reciente que aún mantiene el foco de la investigación en aquel juzgado de Catarroja, desde el Partido Popular (PP) han conseguido mantener la misma postura basada en desviar la responsabilidad a otras administraciones y hacer de las víctimas y sus familiares un arma arrojadiza contra las otras formaciones en la oposición. Si se atiende a un orden cronológico, puede que el accidente del Yak-42 en el que murieron 62 militares españoles al estrellarse el avión en Turquía en 2003 o el accidente de Metrovalencia en julio de 2006 que se llevó la vida de 43 personas fueran de las primeras tragedias en las últimas décadas en las que las víctimas se vieron forzadas a alzar la voz ante un PP que no solo las ninguneó sino que no colaboró en la reparación del daño.

Ejemplo de ello fueron las numerosas críticas que partieron de los familiares de los militares españoles fallecidos en el accidente del Yak-42 hacia el ministerio de Defensa, en aquel año al mando de Federico Trillo (PP) y también hacia la que ocuparía el cargo años después también con el mismo partido, María Dolores de Cospedal. En 2018, cuando se conoció que todavía quedaban restos de los fallecidos sin identificar y en territorio turco, las familias denunciaron las mentiras que se estaban vertiendo desde la cartera de Defensa, liderada entonces por Cospedal. “Lo que no se puede consentir es que salga primero en los medios, si esto lo sabían hace mucho, ¿por qué no nos han informado antes?”, fue una de las preguntas que los familiares lanzaron, en este caso, Mari Paz Fernández, viuda del comandante José Manuel Ripollés.

Trasladando el foco hasta Valencia, el gobierno de Francisco Camps fue también receptor de un buen grueso de críticas a consecuencia del accidente que en julio de 2006 conmovió a la capital del Túria cuando un tren de Metrovalencia descarriló dejando 43 muertos. La gestión “opaca y deshonesta” que hizo el PP que en el año del trágico accidente gobernaba tanto en la autonomía como en la ciudad -encabezado por Rita Barberá- fue el motivo que llevó a las familias de las víctimas y los 47 heridos a manifestarse y a protestar contra el abandono y el desprecio que tanto Camps como Barberá les sometieron. Cabe recordar, en este sentido, que la comisión de investigación concluyó señalando a 13 responsables, entre los que figuraron Camps; Juan Cotino, conseller de Agricultura, Pesca y Alimentación, responsable por el uso partidista de las visitas a las familias; Víctor Campos, entonces vicepresidente de la Generalitat; o José Vicente Dómine Redondo, entonces vicepresidente del Consejo de Administración y Director General de Transporte, entre otros.

Ya en la segunda década de este siglo, en 2013 el descarrilamiento de un Alvia que cubría el trayecto entre Madrid y Ferrol desafió la gestión de la Xunta de Galicia, liderada en aquel momento por el PP de Alberto Núñez Feijóo, y del Gobierno de España, bajo el mandato de Mariano Rajoy. La tragedia de Angrois volvió a evidenciar la ausencia de compromiso de los populares con las víctimas de las tragedias que han sacudido al país cuando ellos estaban en el poder. De esta forma, en la comisión de investigación sobre el accidente que se llevó a cabo en el Congreso, las víctimas señalaron a la entonces ministra de Fomento, Ana Pastor, y a diferentes cargos del PP. El presidente de la plataforma de víctimas, Jesús Domínguez, subrayó la falta de “depuración de responsabilidades”. “Nadie ha colaborado, ni nadie ha dimitido. Esa es la responsabilidad política. En vez de asumirla luego les hemos tenido de presidenta del Congreso, de ministro de Justicia o de eurodiputado”, señaló durante una sesión de la comisión de investigación en 2018 Domínguez. Por su parte, la vocal de la asociación Cristina Liras, al ser preguntada por la gestión que llevó a cabo la Xunta de Feijóo, esta lamentó las “patadas” y la “hipocresía” del Ejecutivo autonómico.

Más reciente en la línea temporal, bien sonadas han sido no solo las múltiples denuncias que los familiares de aquellas 7291 personas que fallecieron durante la pandemia en las residencias de ancianos han presentado contra la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, sino los insultos y desprecios que esta ha vertido contra las víctimas. Pese a que la investigación sobre los conocidos como ‘protocolos de la vergüenza’ que impedían derivar a pacientes contagiados de las residencias de ancianos a hospitales se remonta a varios años atrás, hace apenas una semana la lideresa regional se refería a las asociaciones de víctimas como plataformas de frustrados”. Una tónica, lamentablemente, recurrente en la presidenta madrileña que en diferentes ocasiones también les ha tildado de “rebotados” o “resentidos del PSOE o Más Madrid”.

Al hilo de todo ello, bien conocida ha sido la nefasta gestión que el PP de Carlos Mazón ha hecho de la DANA que el 29 de octubre de 2024 dejó 230 fallecidos en la provincia de Valencia. Tuvo que pasar un año entero desde la tragedia, con mentiras confirmadas y la investigación de la magistrada estrechando el cerco, para que el expresidente valenciano presentara la dimisión, con 12 manifestaciones mensuales a sus espaldas exigiendo que lo hiciera. Sin embargo, el desprecio sigue. A día de hoy, Mazón sigue aforado como diputado del PP y su formación sigue sin pedirle el acta.

Con todo estos ejemplos, el PP todavía guardaba un as en la manga para 2025. La crisis de los cribados del cáncer de mama puso en la lupa a la Junta de Juanma Moreno Bonilla. Centenares de mujeres salieron a las calles de toda la autonomía para protestar contra lo que había sido una gestión negligente del PP andaluz que había derivado, en algunos casos, en la muerte de mujeres enfermas de este cáncer.

Con todo, un esquema que, pese a que pasa el tiempo, las circunstancias y el modus operandi de la justicia cambian, se repite. Una actitud mostrada por el PP durante décadas que ha puesto en evidencia, en cada una de las tragedias, su desdén con las víctimas. Además, cabe no olvidar el uso partidista que desde el PP, especialmente el de Ayuso, se ha hecho con las víctimas de ETA. En diciembre, este periódico publicaba una entrevista con Gorka Landaburu, víctimas de la banda armada. Preguntado precisamente por este asunto, Landaburu respondía lo siguiente: “No podemos admitir ni que se muestren fotos de asesinatos, muchas víctimas no están de acuerdo con que se utilice constantemente el terrorismo que ya no existe para intereses particulares e intereses electorales de Ayuso y del PP. A las víctimas se les respeta, no se puede utilizarlas como arma arrojadiza del interés particular del momento”.



domingo, 8 de febrero de 2026

 


 Cuando un hombre vuela es Superman

 

Cuando una mujer vuela es una bruja