Las tropas indigenas marroquíes tenían fama de ser de dudosa lealtad, enfrascados en unas sociedades muy primitivas, jerarquizadas, feudales y tribales denominadas cabilas, gobernadas por caídes, y que a menudo combatían entre ellas.
Estas unidades fueron fundadas en 1909 por el General Berenger, y eran combatientes feroces, autosuficientes, conocedores del terreno, vivian de él y su valor rozaba la temeridad.
Eran guerreros profesionales, la guerra era su vida. La presencia de estas unidades iba a ser fundamental para el bando nacional.
ALISTAMIENTO
¿Por qué combatieron en nuestra Guerra Civil?
El motivo principal era económico, un buen salario y promesas de ayuda para sus familiares.
Los marroquíes que combatieron en Regulares, Mehalas y Tiradores, en la guerra civil sentían que era una "jihad", es decir una guerra santa contra los "sin Dios", contra ateos y comunistas, todos eran enemigos de Ala y de su religión, y a la larga impondrían un genocidio cultural contra los nativos del protectorado y sus costumbres, si llegaban a triunfar sus ideas revolucionarias.
Además se recalcó también el hermanamiento entre los pueblos español y marroquí contra los marxistas ateos.
FORMA DE LUCHAR.
Los regulares estaban acostumbrados a la guerra, pero no a la guerra convencional, sino al más primitivo nivel.
Eran unos expertos en el uso de armas blancas, como se apreció en la toma del puente Pindoque, realizada por el Tabor de Tiradores de Ifni, también con el lanzamiento de granadas y eran consumados tiradores.
Eran temerarios en el combate y tenían gran cantidad de bajas en la lucha.
Estas habilidades los convirtieron en unas excelentes fuerzas de choque donde se necesitaba la sorpresa o el sigilo.
CONDUCTA
Pero había un precio detrás de aquella belicosidad.
Los regulares saqueaban de sus enemigos abatidos sus posesiones más valiosas y luego las vendían tratando de sacar el mayor beneficio posible. Para ellos la guerra era una forma de ganarse la vida más. Habia marroquíes que iban tras las tropas vendiendo relojes, chocolate, bebidas, etc , eran llamados Alijudis.
No acostumbraban a tomar muchos prisioneros y estabas en un grave problema si eras el enemigo y te los encontrabas.
Hubo casos de amotinamientos, abusos y todo tipo de atrocidades descritas, protagonizadas o atribuidas a miembros de los regulares, motivo por el cual debían estar bajo supervisión de oficiales españoles y medidas disciplinarias especiales.
Otras anécdotas mencionan que pese a que no eran problemáticos en retaguardia, "se lavaban con muy poca frecuencia y desprendían mal olor".
Para bien o para mal los regulares no han dejado indiferente a nadie, y su impronta ha quedado marcada en la historia popular de España.
Unos sesenta mil lucharon en nuestra guerra, morirían diez mil de ellos.
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