“Están peleando sobre cuál religión es la más pacífica”. La ironía es brutal: el mundo discute virtudes mientras practica violencia.
Aquí, el “derecho divino” no es metáfora, es estrategia. En Gaza y en Medio Oriente, la promesa sagrada se convierte en argumento territorial y la guerra se reviste de misión histórica, con el respaldo político y militar de Estados Unidos, que habla de democracia mientras protege intereses.
La misma lógica ya se había ensayado en nuestro continente bajo la Doctrina Monroe: intervenir en nombre del orden, Monroe: intervenir en nombre del orden, decidir quién puede autodeterminarse y quién debe alinearse.
Vista desde el espacio, la escena es casi grotesca: humanos defendiendo la paz con discursos sagrados y misiles reales. No es fe lo que domina el cuadro, es poder envuelto en lenguaje celestial.
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