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viernes, 8 de mayo de 2026

 


La Proclama de Yeshua frente a la Impostura de las Religiones

Es imperativo sacudir el polvo de los siglos para encontrar, bajo las catedrales de oro y los dogmas de control, la verdadera intención de un hombre que jamás buscó fundar una corporación. Lo que Yeshua de Nazaret anunció no fue una estructura jerárquica ni un papado romano; lo que él proclamó fue el מַלְכוּת הָאֱלֹהִים (Malkhut HaElohim), el Reino de Dios. En el griego de los códices, esto se traduce como la βασιλεία τοῦ Θεοῦ (Basileia tou Theou).

No se trata de un "Reino" geográfico o político con fronteras y cardenales, sino de una soberanía que irrumpe para desmantelar las opresiones humanas. Cuando escuchamos el eco de la βασιλεία (basiléia), no escuchamos el diseño de una iglesia apostólica romana, sino una crítica feroz a quienes se lucran de la ignorancia. El texto de Mateo 16:18, tan manoseado por la apologética interesada, no es más que una inserción posterior; una herramienta de legitimación para elevar a Pedro sobre las comunidades paulinas en medio de una guerra de facciones que nada tenía de santa.

¿Cómo puede ser santa una iglesia que protege a pederastas y promueve el homosexualismo al permitir que para subir de rangos en el Vaticano tienen que acostarse con otros cardenales?

¿Qué ética y moral divina puede tener una institución corrupta que dice representar a Dios cuando ni siquiera tienen valores terrenales?

Nadie que diga que es embajador de Dios en la tierra, podría ser un monstruo pederasta o cómplice de este tipo de lacra.

Es una ironía trágica que el nombre de aquel que caminó por las tierras de Israel sea usado hoy para justificar la opulencia del Vaticano o los negocios de los megatemplos protestantes. Mientras ellos construyen palacios sobre el suplicio de los ingenuos, la historia nos revela que todas estas instituciones son constructos humanos, tan falibles y oscuros como los hombres que las dirigen. Desde el gnosticismo hasta el mormonismo, pasando por los grupos adoptacionistas y arrianos, no vemos revelación, sino la mano del hombre intentando domesticar lo cósmico para llenar sus arcas y satisfacer sus vicios.

Hablamos aquí para despertar el pensamiento crítico. No se ataca a lo divino, se ataca a la casta que ha convertido la fe en una mercancía íntima y vergonzosa. El מַלְכוּת (Malkhut) que Yeshua anunció es la antítesis de este sistema pederasta y mercantilista. Quien defiende estas estructuras no defiende la verdad; defiende su propia ceguera ante un sistema que le ha robado hasta la capacidad de razonar. La Biblia no es un dictado geométrico del universo; es el registro de cómo los hombres han intentado disfrazar su sed de poder con el ropaje de la santidad.

-- Osmin Zaldaña



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