Anita Muños Duarte
Embargada por una profunda emoción y, sobre todo, por un suspense insoportable.
Qué intriga, de verdad. España entera está en vilo, conteniendo el aliento para ver si el lobo, por fin esta vez, decide hacerse vegetariano y morder a uno de su propia manada.
Es conmovedor ver el enorme despliegue de su maquinaria burocrática. Qué manera de abrir diligencias, qué rigor al repasar folios y qué solemnidad para disimular que comparten la misma escuela, las mismas siglas y el mismo carné del club de entre bomberos no nos pisamos la manguera.
Un aplauso de verdad para los guionistas de este paripé, les está quedando una obra de teatro institucional digna de un premio de la academia.
No se estresen demasiado con los plazos de tres meses, no sea que les dé un tirón analizando una frase tan sumamente indescifrable como acusar a la policía de ayudar a fugarse a la gente. Tómense su tiempo. Redacten esos folios infinitos con un lenguaje tan técnico que parezca que están salvando la democracia, cuando en realidad solo están preparando el terreno para el previsible, sorprendente y totalmente inesperado archivo de la causa por "libertad de criterio".
¡Quién lo habría imaginado!
Sigan con la función, por favor, no la corten ahora que está divertidísima. Mantengan las formas, pónganse las togas y sigan haciendo como que se vigilan los unos a los unos. Nosotros, el público, prometemos fingir que nos sorprende el final de la película cuando deciden que, una vez más, perro no muerde a perro.
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