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viernes, 17 de julio de 2026

 


El franquismo construyó carreteras, embalses y monumentos con trabajo forzado de prisioneros republicanos — y lo presentó como el progreso de la nación.

Entre 1940 y 1958, miles de prisioneros políticos fueron obligados a trabajar en obras públicas por todo el país. Los llamaban "Batallones de Trabajadores". La ley era explícita: los penados serían destinados a trabajos de interés público en obras y servicios del Estado.

En la práctica, significaba carreteras, túneles, puentes, pantanos y canales. Significaba el Valle de los Caídos — construido durante años por prisioneros republicanos en condiciones durísimas, lejos de sus familias, sin pago ni derechos.

🔍 Lo que muchos ignoran es la escala sistemática de ese trabajo forzado. No fue un episodio aislado. Fue una política organizada y prolongada durante casi dos décadas. Los Batallones de Trabajadores proporcionaban mano de obra barata y silenciada para el desarrollo de obras que el régimen presentaba públicamente como propias, como signos de modernización y progreso.

Mientras se reprimía, encarcelaba y explotaba a los vencidos, el régimen levantaba con su esfuerzo las infraestructuras que luego protagonizaban el relato oficial del nuevo Estado.

Recordar esta historia es un acto de justicia con quienes fueron privados de libertad, de dignidad y de su trabajo.


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