Durante casi tres días de marzo de 1938, Barcelona fue bombardeada repetidamente por la aviación italiana. Más de un millar de personas murieron y la mayoría eran civiles.
Barcelona, noche del 16 de marzo. Las sirenas interrumpen el descanso de una ciudad agotada por la guerra. Muchas familias descienden a refugios, estaciones o sótanos. Otras no tienen tiempo de abandonar sus viviendas. Tras las primeras explosiones llega un breve silencio. Algunos creen que el ataque ha terminado y salen para ayudar a los heridos. Entonces vuelven a escucharse motores. El peligro no llega en una sola oleada, sino una y otra vez, sin un horario previsible.
Entre
el 16 y el 18 de marzo de 1938, aparatos de la Aviación Legionaria
italiana despegaron principalmente desde Mallorca, territorio
controlado por los sublevados. La operación formaba parte del apoyo
de la Italia fascista a las fuerzas de Franco. Barcelona era entonces
una gran ciudad industrial, sede de instituciones republicanas y
hogar de una enorme población civil.
Los
ataques se desarrollaron mediante numerosas incursiones separadas por
intervalos.
Esa repetición aumentó el miedo y dificultó los rescates. Las
bombas alcanzaron viviendas, calles, comercios y medios de
transporte. Una explosión especialmente destructiva ocurrió en la
Gran Via, cerca del cine Coliseum. Durante años se debatió si la
magnitud de la detonación se debió únicamente a una bomba aérea.
Algunos estudios señalaron que pudo alcanzar un vehículo cargado con
explosivos,
aunque los detalles continúan siendo objeto de investigación.
Los hospitales recibieron una llegada constante de heridos. Bomberos,
sanitarios y vecinos trabajaron entre edificios dañados. Las cifras
exactas varían según los registros, pero las estimaciones más
citadas hablan de alrededor de un millar o más de fallecidos y
varios miles de heridos. El ataque impresionó a observadores
extranjeros por su duración y por el impacto sobre zonas densamente
pobladas. El Gobierno republicano denunció que la población civil había sido deliberadamente aterrorizada.
Lo
que muchos ignoran... Los bombardeos de marzo no fueron el primer
ataque aéreo sufrido por Barcelona ni el único. La ciudad fue
atacada en numerosas ocasiones durante la guerra. Sin embargo, la
sucesión de incursiones del 16 al 18 de marzo creó una sensación
distinta: nadie sabía cuándo llegaría la siguiente oleada.
Documentos italianos muestran que la aviación fascista desempeñó
el papel principal en la operación.
La decisión de intensificar los ataques
estuvo vinculada al mando italiano, aunque la responsabilidad concreta y el grado de coordinación con las autoridades sublevadas han sido analizados de forma diferente por los historiadores. Tras la repercusión internacional, Franco ordenó detener temporalmente los bombardeos sobre la ciudad. Aquello no significó el final de los ataques aéreos contra Barcelona. La guerra continuó y la ciudad volvió a ser bombardeada. Estas operaciones anticiparon una realidad que se haría
habitual durante la Segunda Guerra Mundial: el empleo masivo de la aviación contra centros urbanos para destruir infraestructuras, desorganizar la retaguardia y quebrar la moral colectiva.
Barcelona
no fue atacada únicamente por su capacidad industrial. Sus
habitantes quedaron convertidos en objetivos de una estrategia que
trasladó la guerra desde el frente hasta las calles, los hogares y
los refugios.
¿Conocías
la magnitud de los bombardeos de Barcelona de 1938? SÍ o NO
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