Frasco Luis Pereda de los Rios
Manuel Gómez Cantos, el guardia civil más carnicero del franquismo
Manuel Gómez Cantos fue un guardia civil franquista cuya carrera, marcada desde el inicio por deudas, violencia y abusos, se transformó durante la Guerra Civil en una trayectoria de ascensos gracias a su brutalidad. Dirigió ejecuciones masivas, cometió asesinatos por venganza personal y terminó fusilando arbitrariamente a tres guardias civiles —uno de ellos su propio hijo—, hecho que provocó su caída. Murió en 1977
Trayectoria
previa al Golpe desde sus primeros destinos —Puerto de Santa María,
La Rambla, Cáceres, Écija, Puente Genil, Marbella— acumuló
deudas, detenciones ilegales, amenazas y violencia. El documento lo
describe como un hombre que ya antes de 1936 tenía un expediente
lleno de “insubordinaciones, palizas, deudas… Un auténtico
bandolero”.
Guerra
Civil: ascenso por la Violencia con el alzamiento, se alineó con los
sublevados y recibió carta blanca. Al mando del Grupo Móvil,
ejecutó “depuraciones ideológicas” que consistían en
fusilamientos sistemáticos. En Marbella asesinó a unas 40 personas,
muchas por venganzas personales, incluida su casera embarazada:
“terminado su misión justiciera con ejemplo máximo”, informó a
Queipo de Llano.
Fue ascendido a teniente coronel y nombrado Delegado de Orden Público en Badajoz, donde firmó nuevas ejecuciones.
El atentado fallido contra Franco
En 1939 descubrió un complot para matar a Franco. Ejecutó personalmente a la espía Raquel Gonçalves frente a su hijo Manuel, a quien encarceló. Durante la visita del dictador, “el Francés” disparó y falló por centímetros; también disparó a Gómez Cantos, que sobrevivió.
Represión
contra los maquis
Entre 1940 y 1943 protagonizó algunos de los episodios más brutales de la posguerra:Fusilamiento de 26 campesinos en Villuercas.Ejecución de 30 vecinos en La Calera, elegidos al azar.Intento de fusilar 90 personas en Castilblanco,
Apropiación de 35.200 pesetas de una sanción, archivado como “falta leve”.
Mesas
de Ibor: el crimen que lo Hundió
en abril de 1943, tres guardias civiles —Timoteo Pérez, Sóstenes Romero y Juan Martín— fueron capturados por los maquis. Gómez Cantos llegó con 300 guardias y los acusó de “cobardía ante el enemigo”. Entre ellos estaba Julián, su hijo no reconocido, a quien conoció ese mismo día.
Los tres fueron fusilados sin confesión y arrojados a una fosa común. El documento recoge que Gómez Cantos prometió “aumentar la dureza” y ordenó leer su carta en todos los cuarteles durante diez días.El obispo de Cáceres presionó a Franco. Gómez Cantos fue condenado solo por abuso de autoridad a un año de prisión y una indemnización que nunca pagó.
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