Raul Navarro Lopez
Vicente Aleixandre junto al nicho de su amigo Miguel Hernández.
Cementerio de Nuestra Señora de los Remedios ,Alicante.
La amistad entre Vicente Aleixandre y Miguel Hernández fue uno de los vínculos más hondos, sinceros y protectores de la literatura española del siglo XX, marcada por la admiración mutua a pesar de sus diferentes orígenes.
Se conocieron en Madrid en la primavera de 1935, cuando Miguel Hernández, joven de origen humilde, le escribió al ya consagrado Aleixandre pidiéndole un ejemplar de su obra La destrucción o el amor.
Miguel le escribió admirando su poesía y pidiendo el poemario que no podía costearse. Aleixandre respondió de inmediato y lo invitó a su casa en la calle Velintonia número 3.
La casa de Aleixandre y la de Pablo Neruda se convirtieron en los grandes refugios madrileños de Miguel, donde encontró apoyo fraternal frente al rechazo o indiferencia de otros círculos más burgueses.
A pesar de las diferencias de clase y formación, conectaron de forma visceral, compartiendo una visión vital de la poesía y de los grandes temas humanos.
Las cartas enviadas por Aleixandre a Miguel revelan a un Vicente volcado emocionalmente, que consideraba al de Orihuela el amigo en quien tenía mayor confianza.Apoyo en la adversidad
Durante la Guerra Civil y el posterior encarcelamiento y agonía de Miguel Hernández, Aleixandre trató de velar por él y auxiliarlo en su precaria y trágica situacion
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