El mapa de las 5.851 fosas de España: 2.650 están localizadas y 1.319 siguen sin ser exhumadas
La
reparación tras exhumar fosas del franquismo: "Hablamos de los
asesinados, pero no de los que se quedaron"
RTVE.es
21.10.2025 -
Habían
pasado solo tres años de la muerte de Francisco Franco cuando en
Navarra empezaron a desenterrar a
los asesinados sin juicio durante
la Guerra Civil y el franquismo. Fueron sus descendientes, sin amparo
legal, económico ni científico, quienes cavaron con pico y pala
para darles una sepultura digna.
Una
de ellas fue Amelia Resano. Esta mujer, vecina de Lodosa, lleva un
tatuaje en su brazo en honor a su abuelo, al que nunca llegó a
conocer, ya que fue fusilado en la Ribera Navarra. Aunque aún no han
dado con los restos, no cesa en su búsqueda, acompañada de su
marido Benito, quien paradójicamente es hijo de uno de los que formó
parte del pelotón que lo mató.
"Hablamos
de asesinados, pero no de los que se quedan, de las mujeres que
tuvieron que sacar sus casas adelante" dice
Amelia, que recuerda que a ellos también les tocó las represalias
del silencio por el miedo a hablar y a los dardos de quienes no
entendían que siguieran buscando las fosas. "Mucha gente se ha
callado y se ha ido a la tumba con la pena de no contar",
afirma.
Roldán
Jimeno, profesor de Historia del Derecho, corrobora el temor: "A
partir del 78 se empiezan a publicar las primeras investigaciones y
eso hace saltar la voz de alarma. Se dice que se están abriendo
heridas y empiezan las amenazas de muerte".
A
flor de tierra: "Es
una historia de dolor, pero también de valentía"
La
directora de A
flor de tierra,
Ángela Gallardo, ha contado la historia de estas familias en un
documental: "Es
una historia de dolor, pero también de valentía, determinación y
autorreparación".
Fueron
los vecinos de la Ribera Navarra que de manera colectiva se
esforzaron por localizar los restos de los fusilados, sin tener en
cuenta el signo político. Era 1978 y se organizaban de manera
clandestina.
"Lo
hacían con sus propios medios. Daba igual si era su familiar o el
vecino del pueblo de al lado. Esa fue su fortaleza", cuenta
Gallardo. "No tenían ningún tipo de respaldo nada, más que a
ellos mismos", agrega.
Tendrían
que pasar décadas para que, con las leyes de memoria democrática e
histórica ya en activo, se iniciase de forma oficial un trabajo
necesario para cerrar las heridas abiertas.
El
mapa de las fosas de España
En
España hay ya registradas cerca de 6.000 fosas comunes,
de las cuales 1.319 siguen sin ser exhumadas. Además, se calcula que
se han exhumado más de 17.000 víctimas desde que hay registros
oficiales.
Pero
todavía queda mucho trabajo por hacer. Con cerca de 12.000 víctimas
a la espera de ser desenterradas, las asociaciones de memoria y los
arqueólogos forenses piden más recursos y advierten de que el
tiempo juega en su contra.
En
el cementerio de Ejea de los Caballeros, en Zaragoza, un equipo de
arqueólogos forenses busca, capa a capa y a un metro bajo tierra,
los restos de represaliados del franquismo, asesinados en 1936. Es el
mayor proyecto de memoria democrática de Aragón.
Los
familiares dejan
sus muestras de sangre con la esperanza de que el ADN coincida con
el de alguno de los cuerpos recuperados. "Hemos sufrido mucho.
Hemos sido siempre perseguidos y no podías hablar ni decir nada",
cuenta la nieta de una de las víctimas. Insisten en que no están
"buscando huesos", sino a sus allegados, a los que quieren
"enterrar con dignidad, porque por ley nos corresponde".
El
arqueólogo forense Javier Iglesias lleva 17 años trabajando en la
recuperación de víctimas de la Guerra Civil. En un laboratorio de
la Universidad Autónoma de Madrid realiza con su equipo los estudios
antropológicos de los restos que recuperan. Cada caja que llega
tiene en su interior un cuerpo sin identificar. Denuncia la falta de
tiempo.
"Nos
vemos en esa coyuntura de decir: o lo hacemos ahora o quizás en un
futuro no muy lejano no haya ese interés o no haya esa posibilidad
de recuperarlo", explica a TVE.
Zoé
de Kerangat es doctora en Historia Contemporánea especializada en
los estudios de memoria y de las exhumaciones de víctimas de la
represión franquista. Asegura que seguir buscando los cuerpos "tiene
un significado muy importante para el bienestar social".
"Abrir
fosas es cerrar heridas y las heridas están abiertas"
El
secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, ha
defendido las labores de exhumación de los represaliados de la
Guerra Civil y el franquismo y ha instado a aplicar la ley "hasta
en el último rincón de España". "Abrir fosas es cerrar
heridas, y las heridas están abiertas", ha afirmado.
Martínez,
que ha reconocido que el Gobierno "llega tarde", ha
incidido en que la ley de Memoria Democrática está basada en la
"humanidad" y el derecho internacional. "Aquellos que
se están oponiendo tienen una falta de humanidad", ha añadido.
Por ello, ha trasladado la voluntad del Gobierno de no solo recuperar
los restos, sino también identificar a todas las personas posibles.
Para ello, han hablado con 13 laboratorios homologados, según ha
explicado.
Golpe
de Estado de 1936: la sublevación militar que dividió España en
dos
El
despliegue propagandístico de la dictadura de Franco no escatimó en
elogios hacia el régimen. Para el NO-DO, los soldados sublevados del
Norte de África de julio de 1936, no fueron otra cosa que los
salvadores de un país a la deriva. Esta rebelión militar marcó el
inicio del golpe de Estado que acabó con la segunda república y dio
paso a la Guerra Civil.
El
conflicto comenzó el 18 de julio de 1936 y acabó el 1 de abril de
1939. Pero solo en la teoría, porque los
fusilamientos en masa siguieron hasta bien entrada la posguerra. La
ausencia de derechos y la brevedad definieron los juicios
sumarísimos, instrumento esencial en los primeros años de la
dictadura para someter a sus enemigos en frío. Una maquinaria
sofisticada que consumó el exterminio de en torno a 50.000 personas
sospechosas.
A
ellas habría que sumar las muertes en cárceles y campos de
concentración; todas víctimas del poder hipertrofiado, que
inoculaba el terror institucional amparado desde la cúspide del
Nuevo Estado franquista.
Catalina,
la mujer del sonajero
Los
hijos y nietos de Catalina solo conservan una fotografía de ella:
una imagen de su cráneo con una cruel e inequívoca señal del tiro
en la mandíbula que acabó con su vida. La mujer tenía las paletas
separadas, un rasgo que se llama diastema, medía 1,54 y usaba un 36
de zapato. Cuando la mataron, tenía 37 años, mucho genio y cuatro
hijos.
La
enterraron junto al sonajero del más pequeño de los cuatro, que
apareció en la exhumación de sus restos, hace casi 15 años. Un
objeto que habla de amor y de la ternura de una mujer fuerte y con
convicciones claras. Catalina descansa ahora en su pueblo, Cevico de
la Torre, donde la recuerdan sus nietas.
Bustarviejo:
la "semiesclavitud" en los campos de trabajo forzado
Entre
1944 y 1952, en el municipio madrileño de Bustarviejo estuvo
operativo un campo de trabajo donde los presos republicanos vivían en
condiciones de hacinamiento y "semiesclavitud".
Así
lo califica el presidente de la Asociación Los Barracones, José
Carlos González, quien realiza un trabajo de memoria histórica en
el campo de concentración por "la gente a la que se
deshumanizó" durante la dictadura. "Eran trabajos
forzados. Parece que es un sitio de libertad, pero estaban bajo
custodia de la policía armada", cuenta.
Entre
150 y 200 presos trabajaban a la vez en este campo del norte de
Madrid. Durante todos sus años de actividad, la asociación estima
que pasaron 2.000 republicanos.
El
abismo del olvido:
"Muchos no conciben la historia que cuenta este cómic"
La
memoria histórica y las fosas también llega a las novelas gráficas
como El
abismo del olvido.
Basado en hechos reales, relata las ejecuciones que cometió el
régimen tras la Guerra Civil y la lucha por recuperar los cuerpos
enterrados en fosas comunes.
Rodrigo
Terrasa, uno de los autores, asegura que "muchos
no conciben la historia que cuenta este cómic".
"La gente alucina con que esto sea una historia real",
cuenta antes de resaltar que lo que más le ha llamado la atención
han sido las preguntas "básicas" de los más jóvenes
ante la
"irracionalidad" que supuso esa época.
Narra
la historia de José Celda, quien fue fusilado por las tropas
franquistas en septiembre de 1940, cuando su hija Pepica tenía solo
ocho años. Siete décadas después, la ya anciana mujer logró
localizar los restos de su padre para honrar su memoria y recuperar
su dignidad.