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lunes, 5 de enero de 2026

 



20 verdades sobre Venezuela que no te cuentan (con huevos 🥚 🥚 )

1️⃣ 🛢️ 🔥 El petróleo es el centro de todo

Venezuela no es atacada por “fracaso socialista”, sino porque tiene las mayores reservas de petróleo del planeta. Cuando un país controla su energía y no la entrega a corporaciones estadounidenses, se convierte automáticamente en enemigo.

2️⃣ 🦅 🌍 EE. UU. no invade países, invade recursos

Nunca ha sido por derechos humanos. Si así fuera, EE. UU. habría invadido Arabia Saudí hace décadas. El criterio real es: ¿obedeces o no obedeces?

3️⃣ 💸 ⛓️ Las sanciones económicas son una forma de guerra

Bloquear cuentas, impedir importaciones, cerrar acceso a divisas y sabotear ventas de petróleo mata más lento, pero mata igual. Es castigo colectivo.

4️⃣ 🏥 💊 La crisis humanitaria fue fabricada en gran parte

No empezó “porque Maduro es malo”, sino cuando se impidió comprar medicinas, repuestos, alimentos y créditos internacionales.

5️⃣ 🧠 📺 Los medios occidentales no informan: construyen enemigos

Usan el mismo guion siempre: simplificar, infantilizar y demonizar. Venezuela es presentada como un país sin historia previa a Chávez.

6️⃣ 🧔‍♂️ ⚖️ Maduro no es un dictador clásico

Ha ganado elecciones (con problemas, sí), existe oposición, hay parlamento, partidos, protestas. Compáralo con Pinochet o Videla y la comparación se cae sola.

7️⃣ 🗳️ ❌ Cuando gana la izquierda, las elecciones “no valen”

Si el resultado no gusta a Washington, se cuestiona automáticamente. Si gana un neoliberal represor, silencio absoluto.

8️⃣ 🤝 La oposición venezolana pidió ayuda extranjera

Sanciones, bloqueo, incluso invasión. Eso en cualquier país se llama traición nacional, pero los medios lo llaman “lucha por la democracia”.

9️⃣ 🧍‍♂️ 🎭 Guaidó fue un presidente ficticio

No lo eligió nadie, pero fue reconocido por EE. UU. y Europa. Un experimento colonial moderno… que fracasó estrepitosamente.

🔟 🏦 🛑 EE. UU. robó activos venezolanos

No “congeló”, confiscó empresas y dinero venezolano en el extranjero. Eso es piratería financiera.

1️⃣ 1️⃣ 🩸 📜 La excusa humanitaria siempre precede al desastre

Irak, Libia, Afganistán… primero lloran por el pueblo, luego dejan países en ruinas.

1️⃣ 2️⃣ ⚠️ Libia es el ejemplo que Venezuela quiere evitar

Antes de la “liberación”, Libia tenía el mayor índice de desarrollo de África. Hoy es un estado fallido con mercados de esclavos.

1️⃣ 3️⃣ 🏭 ✊ Nacionalizar recursos es imperdonable para el imperio

El chavismo tocó el petróleo. Ese fue el pecado mortal. Todo lo demás vino después.

1️⃣ 4️⃣ 🤑 📉 La corrupción no explica todo

Países ultracorruptos aliados de EE. UU. no son sancionados. La corrupción solo se usa como excusa selectiva.

1️⃣ 5️⃣ 🚶‍♂️ 🌎 La migración se usa como arma propagandística

Nadie explica que el éxodo masivo se dispara tras las sanciones, no antes. Eso desmontaría el relato.

1️⃣ 6️⃣ 🎤 🚫 Nunca entrevistan a chavistas de barrio

Solo muestran élites, militares o fanáticos. El pueblo organizado no existe para los medios.

1️⃣ 7️⃣ 🧨 📢 Las protestas se narran con doble rasero

Si queman hospitales en Caracas: “manifestantes”.

Si pasa en un país aliado: “vandalismo”.

1️⃣ 8️⃣ 🤐 💣 EE. UU. no quiere democracia, quiere control

Si mañana Maduro privatizara PDVSA y obedeciera, sería “un reformista”.

1️⃣ 9️⃣ 🌎 ⚠️ Venezuela es un mensaje al resto del mundo

No intentes salirte del sistema. No intentes ser soberano.”

2️⃣ 0️⃣ 🏴‍☠️ 🔥 El crimen real de Venezuela fue intentar decidir por sí misma

Y en el orden mundial actual, la soberanía se castiga.

⚠️ Sin miedo

Comparte si no te da miedo decir lo que los medios callan.


 


Sonia Nika

Cuando yo tenia 16 años, mataron a las niñas de Alcasser. Ahí aprendí que era peligroso salir de noche, aunque fuera con amigas.

Cuando yo tenía 17 años, mataron a Anabel Segura. Ahí aprendí que no podía salir a correr sola.

Cuando yo tenia 18 años, violaron y mataron a Marta Obregón y Leticia Lebrato. Ahí aprendí a tener cuidado al entrar en portales y ascensores.

Cuando yo tenía 22 años, mataron a Rocío Wanninkhof. Ahí entendí por que mi padre se levantaba para recogerme a la puerta de la discoteca cada vez que salía de marcha.

Cuando yo tenia 32 años, mataron a Marta del Castillo. Ahí aprendí que hasta tus amigos podían matarte.

Cuando tenía 40 años, mataron a Diana Quer. Ahí entendí por que mis padres o mi pareja nunca me dejaban volver sola a casa.


 


 


 


 


 


 


¡Amigos para siempre...!

 


 


 


 


 

Trump comete el delito de agresión: artículo 2.4 de la carta de Naciones Unidas y el peor de todos los crímenes según el tribunal de Núremberg

La captura de Maduro reactiva el intervencionismo estadounidense y desafía el orden internacional surgido en 1945

S. Gasparyan

5-1-26

ElPlural



Donald Trump ha cruzado una línea que el derecho internacional trazó con claridad tras el horror de la Segunda Guerra Mundial. La ofensiva militar contra Venezuela, culminada con la captura de su presidente, Nicolás Maduro, constituye una violación flagrante de la Carta de Naciones Unidas y encaja en la definición del delito de agresión, el crimen internacional supremo según el Tribunal de Núremberg.

La prohibición del uso de la fuerza es uno de los pilares fundamentales del sistema internacional contemporáneo. El artículo 2.4 de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas establece de forma inequívoca que los Estados deben abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier país. La intervención ordenada por Donald Trump, ejecutada sin autorización del Consejo de Seguridad y sin que exista una situación de legítima defensa, vulnera de manera directa este principio básico.

Desde una perspectiva jurídica, la gravedad del acto no admite eufemismos. El derecho internacional solo contempla dos excepciones al uso de la fuerza: la legítima defensa frente a un ataque armado y la autorización expresa del Consejo de Seguridad de la ONU. Ninguna de estas condiciones se cumple en el caso venezolano. Estados Unidos no ha sido atacado por Venezuela ni ha demostrado la existencia de una amenaza inminente que justifique una acción militar preventiva. Tampoco existe resolución alguna que avale la operación.

La captura de un jefe de Estado en ejercicio por fuerzas extranjeras eleva aún más la magnitud de la violación. Se trata de un ataque directo a la soberanía nacional y a la igualdad jurídica entre los Estados, un principio consagrado en el derecho internacional desde 1945. De aceptarse como práctica legítima, cualquier potencia podría arrogarse el derecho de intervenir militarmente en otro país bajo pretextos políticos o ideológicos, vaciando de contenido el orden multilateral.

El precedente histórico es claro. Tras la derrota del nazismo, el Tribunal Militar Internacional de Núremberg sentó una doctrina que marcaría el futuro del derecho internacional: iniciar una guerra de agresión no es un crimen más, sino “el crimen internacional supremo”, porque contiene en sí mismo la suma de todos los demás. Esa definición buscaba impedir que el mundo regresara a la ley del más fuerte y a la normalización de la guerra como instrumento político.

La decisión de Trump, sin embargo, parece inscribirse en una lógica de excepcionalismo que ignora conscientemente ese legado. La operación contra Venezuela no puede entenderse como un hecho aislado, sino como parte de una estrategia que prioriza la coerción y la fuerza militar sobre la diplomacia y el respeto a las normas comunes. En este sentido, la agresión se convierte en un mensaje al conjunto de la comunidad internacional: las reglas existen, pero no se aplican por igual.

Las consecuencias de este acto trascienden el caso venezolano. Al quebrantar abiertamente el artículo 2.4 de la Carta de la ONU, Estados Unidos erosiona uno de los cimientos del sistema de seguridad colectiva. Si la prohibición del uso de la fuerza deja de ser efectiva, se abre un escenario de inestabilidad permanente en el que los conflictos se resolverán por la vía militar y no por mecanismos jurídicos o diplomáticos.

La historia que América Latina conoce demasiado bien

En América Latina, la intervención estadounidense ha sido interpretada como un inquietante retorno a las peores prácticas del intervencionismo histórico que marcaron la región durante gran parte del siglo XX. Desde los golpes de Estado auspiciados por Washington en el marco de la Guerra Fría hasta las invasiones directas y las operaciones encubiertas, la memoria colectiva latinoamericana está atravesada por una experiencia reiterada de injerencia externa. La ofensiva contra Venezuela y la detención de su presidente reactivan ese imaginario y confirman, para muchos gobiernos y movimientos sociales, que esa lógica nunca fue realmente abandonada, sino simplemente reformulada.

La captura de Nicolás Maduro por una potencia extranjera supone un salto cualitativo especialmente grave. No se trata únicamente de una presión diplomática, sanciones económicas o aislamiento político, sino de la intervención militar directa para alterar el liderazgo de un Estado soberano. Este hecho establece un precedente profundamente inquietante para la región: si un presidente puede ser detenido por decisión unilateral de Washington, ningún gobierno que se aparte de sus intereses estratégicos puede considerarse a salvo.

Diversos analistas latinoamericanos advierten de que este episodio refuerza una idea largamente denunciada en el sur global: la soberanía no opera como un principio universal, sino como un privilegio condicionado. En la práctica, los Estados del norte global —y en particular Estados Unidos— se arrogan la capacidad de decidir cuándo un gobierno es “legítimo” y cuándo puede ser derrocado por la fuerza. Esta lógica erosiona el principio de igualdad soberana y consolida un orden internacional jerárquico, en el que el poder militar sustituye al derecho.

Además, la intervención en Venezuela amenaza con reactivar dinámicas de desestabilización regional. La historia reciente demuestra que las acciones militares externas no generan estabilidad ni democracia, sino fragmentación, violencia y crisis humanitarias prolongadas. Países vecinos temen ahora un efecto dominó que incremente la tensión política, el desplazamiento de población y la militarización del continente, en un momento ya marcado por profundas desigualdades sociales y crisis económicas.

Desde esta perspectiva, la operación ordenada por Donald Trump no solo afecta a Venezuela, sino que envía un mensaje al conjunto de América Latina: el margen de autonomía política es limitado y puede ser revertido por la fuerza si entra en conflicto con los intereses de Washington. Un mensaje que reactiva viejas heridas, alimenta la desconfianza hacia el sistema internacional y refuerza la percepción de que, para el sur global, el derecho internacional sigue siendo una promesa frágil y selectiva.