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domingo, 25 de enero de 2026

 


 



 


Felix Manuel Inés Muro

La monja facista. Si así la llamo, se dedica a ayudar a los facistas ucranianos, diciendo que estan pasando necesidades. Están en una guerra, y el dinero europeo no va para ayudar a la población cansada de una guerra que están perdiendo, y por que Zelensky si firma la paz, sera asesinado por los propios ucranianos.

Pero Lucia Caram como buena facista argentina que huyo de su país por las ventas de bebes de presas que fueron asesinadas por los golpistas.

Se olvida de África y Asia sin olvidar a muchos paises de su America.

Pero nunca a hablado del genocidio del pueblo Palestino, en la tierraa donde nacio el hijo de su Dios. El mayor genocidio del siglo XXI y la iglesia catolica está escondida, y esta es una monja que al parecer esta del lado de Israel.

Lo malo es que Jesús Cintora le da demasiada voz, cuando no se lo merece.


 


 


En la primavera de 1979, el arzobispo de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero, viajó al Vaticano.

Pidió, rogó, mendigó una audiencia con el Papa Juan Pablo II, pero fue en vano.

Por fin, poniéndose en la fila de los fieles que esperaban la bendición, Romero sorprendió a Su Santidad para robarle unos minutos.

Intentó entregarle un voluminoso informe con fotos y testimonios, pero el Papa no lo aceptó. "No tengo tiempo para leer tanta cosa" le respondió.

Romero balbuceó que miles de salvadoreños habían sido torturados y asesinados por el poder militar.

Que el día anterior, el ejército había acribillado a 25 ante las puertas de la catedral.

El Santo Padre lo paró en seco: "¡No exagere, señor arzobispo!"

Luego le exigió, mandó, ordenó:

"¡Ustedes deben entenderse con el gobierno. Un buen cristiano no crea problemas. La Iglesia quiere paz y armonía!".

Diez meses después el arzobispo Romero cayó fulminado en una parroquia de El Salvador. Las balas lo alcanzaron en plena misa, cuando estaba alzando la hostia.

Juan Pablo II, fue declarado beato y luego Santo

#MataPronobis

EDUARDO GALEANO


 


 


sábado, 24 de enero de 2026

 

 Foto: Luis Viadel

 




 

Los hombres TAMPOCO nos prefieren castas y puras”



La sociedad está envuelta en una inmensa burbuja de hipocresía con grandes dosis de mentiras, falacias y calumnias que nos afectan negativamente. El cinismo y el fariseísmo son armas de destrucción masiva.

El libro es fundamentalmente una defensa a ultranza de la mujer, dirigido básicamente al público femenino tan denostado, denigrado, deshonrado, violado...por especímenes, instituciones y estamentos que no dejan de ser auténticos cacófagos. Puede parecer la segunda parte de mi primer libro (Los dioses No las prefiieren castas y puras) aunque con otro estilo. Entré en un convento de novicia y salí siendo adulta, allí perdí mi virginidad y cuando me hice seglar lo escribí. En este procuro aleccionar a las jóvenes, luchar con las adultas mientras voy contando los avatares que nos ofrece la sociedad cotidianamente. ¿Las mujeres tenemos alma? Ahí dejo la pregunta.

La ansiedad que te producirá la lectura del libro viene motivada por el hecho de que todos los sucesos están avalados con fechas, nombres y ciudades, por incidentes reales, aunque en más de una ocasión te pueda parecer exagerado. Son eventos cotidianos que acontecen dentro de la más absoluta normalidad, sin que el tiempo se detenga ni los humanos perdamos el ritmo consuetudinario al estar habituados a convivir con ellos. He preferido llamar a las cosas por su nombre evitando cualquier eufemismo, lo que comporta cierto malestar en aquellas personas con la sensibilidad a flor de piel. No es para menos ante la miscelánea aberración política: Desde Paca la Culona, su joven ayudante alemán, bello teniente, en Marruecos, su profundo amaneramiento y un solo testículo, tal vez el causante de los cuernos que le puso doña Carmen con su hermano Ramón que murió en extrañas circunstancias después de proporcionarle una hija que el no podía tener ya que era estéril, entraba bajo palio en las iglesias como si fuese la hostia. Asumió el eslogan de su otro general lisiado mental y físicamente, Millán Astray, que decía: ¡Viva la muerte!¡Muera la inteligencia!. Para mayor inri la Iglesia católica permitió que se acuñasen unas monedas con su efigie y la leyenda: Francisco Franco, Caudillo de España por la Gracia de Dios. “Si es necesario mataré un millón de españoles” algo que probablemente cumplió ya que finalizada su guerra fraticida siguió llenando de cunetas los alrededores de los pueblos con cientos de españoles que faltan por identificar. General en grado superlativo y Criminalísimo. Su férrea dictadura interminable con la instauración de nueva monarquía y un rey majestuoso, ambicioso, deleznable, corrupto y vicioso que compara su pilila con la de un pariente lejano para ver quien la tiene más larga. Se compró una maquinita para contar los billetes de su inmensa fortuna y toda su vida le persiguió la inteligencia pero él siempre fue mucho más rápido. Hasta el Sumo Pontífice, Papa anglicano y Rey del Reino Unido, Carlos III, que anhelaba ser el Tampax de su amante Camilla Rosemary Shand (Parker Bowles por su anterior boda) con dos hijos adultos y mas fea que Picio. Esto podría considerarse un acierto del Rey Compresa sino fuese porque a su joven y bella primera esposa Lady Di, la casa real le exigió un certificado de virginidad. Era imprescindible legitimar, antes del himeneo, que el pellejito elástico permanecía incólume sin tener en cuenta que esa delgada membrana que cubre la entrada de la vagina puede rasgarse facilmente practicando ciertos deportes, que algunas mujeres nacen sin él y que practicando sexo oral u anal no le afecta lo más mínimo. .

La Iglesia Católica es una entidad plagada de acontecimientos luctuosos: a lo largo de la historia apoyó a los más sangrientos dictadores y genocidas, torturó y prendió fuego a miles de mujeres en la hoguera, asesinó a científicos en el nombre de dios y se ha convertido en el paradigma de la pederastia al convertirse en la institución con más casos de todo el mundo. Y para más inri se autodenominan “pro vida”. Hitler mató a seis millones de personas y la Iglesia, a 41 millones, sin embargo está mal visto ser nazi pero está bien visto ser católico.

Es una de las organizaciones más opacas y poderosas del planeta. No existe ninguna institución que haya protegido a tantos delincuentes, en tantos países, durante tantos años, ni que haya cometido tantos crímenes y asesinatos… en el nombre de dios. En la actualidad con una plaga que remueve sus cimientos, al ser denunciados miles de sus clérigos por pederastia, con Marcial Maciel Degollado, un mejicano fundador de la asociación seglar Regnum Christi y de la congregación católica Los Legionarios de Cristo, a la cabeza. Un auténtico criminal con más de sesenta niños violados, incluidos varios de sus hijos, menores de edad, y casi doscientos por miembros de su comunidad, sus propios acólitos. El Vaticano era sabedor de su perversidad y aún así el papa Juan Pablo II lo convirtió en su protegido predilecto. Santa Pedofilia y Santa Pederastia.

El Vaticano, la moderna Sodoma: un nido de víboras donde “el 80% de los curas son homosexuales” (Frédéric Martel) además de furibundos homofóbicos. La Sagrada Hipocresía, en ese Gran Armario están profundamente convencidos, a modo de justificación, que el propio Jesucristo era gay. “El 60% del clero es gay. Para ascender en puestos hay que acostarse con Obispos y Cardenales” Ex-Padre Alberto Curié.

La signatura de religión se continua impartiendo en los colegios por curas “titulados” maestros así como la Historia...Sagrada, para lavar los cerebros. La Cultura es un arma de construcción masiva. Aunque debería sustituirse por la clase de Sexología. Resulta inaudito que muchas de nuestras jóvenes piensen que se están muriendo cuando les llega la primera regla. Si hay religión en las escuelas deberíamos acudir a las iglesias a pensar, discernir, razonar...

La mal llamada “violencia de género” con miles de mujeres maltratadas, asesinadas y la constante lucha que mantenemos por la igualdad femenina. Buscamos el que todas podamos desarrollar nuestros proyectos de vida y que tengamos los derechos garantizados para ello.

Los hombres tienen la poca inteligencia que dios le otorgó en el Paraíso Terrenal a un tal Adán, en la entrepierna. El Supremo se equivocó y todo el conocimiento se lo inculcó a una tal Eva, la parienta que extrajo del costillar de ese homínido para que no estuviese solo y cumpliesen la orden celestial: ¡Creced y multiplicaos!. Aunque no les proporcionó el “manual de instrucciones” por lo que la ignorancia y el desconocimiento aún hoy en día, persiste. Os lo contaré.

El Santo Prepucio con tantos trocitos de la pilila de Jesucristo en iglesias y catedrales de todo el mundo da miedo pensar el tamaño que tendría. La supina ignorancia de Juan Carlos I le hizo creer que su pene era el más largo.

Es descarnado, algo brutal, sin concesiones ni tapujos, perífrasis, circunloquios ni elucubraciones, llamando al pan pan y al vino vino. Pondrás el “grito en el cielo”, te indignarás, te irritarás al percatarte de todas las iniquidades, injusticias, maldades que has leído, con pelos y señales. Intento con este libro que la lucha por la igualdad no decaiga pese a todos los inconvenientes con que nos tropezamos cada día, haciendo hincapié en las barbaridades a las que estamos sometidas las mujeres en esta sociedad desde tiempos inmemoriales. Procuro ir narrando los acontecimientos, sucesos, eventos más sobresalientes que de un modo u otro minimizan nuestra guerra recordándonos la canción que ganó el X Festival de Benidorm en el año 1.968 Julio Iglesias, con su primera canción, “La vida sigue igual”-

Bajo ningún concepto se pretende ofender a nadie, muchas personas pueden ver herida su sensibilidad, por lo que prevengo y aconsejo de nuevo, a todos los que profesen firmes convicciones morales o religiosas, se abstengan rotundamente de leer el libro. Así como a todas aquellas con un exacerbado patriotismo, se dejen de berenjenales, soslayen su lectura, y si lo han ojeado u hojeado formulen una jaculatoria o plegaria para purificarse. Ahora bien no debéis echarlo a la hoguera como hacían vuestros antepasados en las plazas de las ciudades y pueblos. Apelo a vuestra generosidad, permitid que los que no opinan como vosotros puedan leerlo.

Es evidente que las mujeres somos mas inteligentes que los hombres por lo que no se comprende que los hijos lleven primero el apellido del padre y nosotras, como ocurre en algnos países, pasemos a ser propiedad de nuestros maridos perdiendo los nuestros. Somos las que perpetuan la especie...sí, sí claro, con la “colaboración” del macho que con su escasa aportación (placer sexual y unos bichitos más o menos belicosos) cumplen lo establecido por la madre Naturaleza. Y es lo correcto, lo tradicional, pero con los vertiginosos avances de la ciencia no sería extraño encontrarnos en las farmacias, por no decir en los supermercados, unas jeringas cargadas con esos bichitos para inyectar en los dildos. Puede ser la solución aunque los maridos vayan a las guerras y tarden muchos meses, incluso años, en volver...o no.

Seamos sinceras, en realidad lo ideal sería encontrar un hombre, no como dios manda si no que permanezca dentro de los parámetros de igualdad que exigimos.

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VILLARROYA Y HUGO PEREIRA DEBATEN. ¿ESTE SISTEMA ES JUSTO? ¿QUIÉN TIENE ...

 

 


 


Durante cuatro largos años, una mujer permaneció sentada, en silencio, en un museo de París mientras los nazis saqueaban miles de obras de arte a su alrededor.

Nunca sospecharon que entendía cada palabra.

Era octubre de 1940. El museo Jeu de Paume acababa de ser ocupado y transformado en el centro neurálgico del tráfico de arte robado: Allí se catalogaban las obras maestras sustraídas a las familias judías antes de ser enviadas a Alemania.

¿Y esa mujer aparentemente insignificante que seguía trabajando entre esas paredes? Para ellos era invisible. Una simple empleada. Silenciosa. Inocua.

Pero se equivocaban.

Se llamaba Rose Valland. Tenía 42 años, una formación de élite en la Sorbona y en la École du Louvre a sus espaldas, pero en ese momento era solo una voluntaria no remunerada. O al menos así parecía.

En realidad, había aceptado una misión que podría costarle la vida: quedarse, observar y documentar cada crimen.

Mientras los nazis empaquetaban a Cézanne, Monet, Renoir como si fueran cualquier mercancía, ella tomaba notas.

Cada día a escondidas, Hermann Göring, el brazo derecho de Hitler, visitó el museo 21 veces para elegir las obras que colgaría en su castillo. Rose estaba allí, siempre. Aparentemente servil, en realidad atento.

Hablaba alemán perfectamente. Pero nadie lo sabía.

Registraba números de vagones, rutas ferroviarias, nombres, detalles. Por la noche lo escribía todo en cuadernos secretos. Si la hubieran descubierto, la habrían ejecutado como espía.

Y sin embargo, nunca dejó de hacerlo. Pasaba información a la Resistencia, salvando convoyes y tesoros inestimables de la destrucción.

En julio de 1943 vio lo impensable: 500 cuadros de Picasso, Miró, Klee — fueron quemados por los nazis en el tejado del museo, tachados de "arte degenerado". Rose no pudo hacer nada. Pero no apartó la mirada. Registró la pérdida y siguió adelante.

Cuando en 1944 los nazis intentaron huir con el botín, Rose lo sabía todo: números de cajas, destinos, horarios de trenes. Lo dio todo a la Resistencia. El convoy fue interceptado. El arte fue salvado.

Sin embargo, a la liberación de París, fue arrestada: Había sospechas sobre quién había trabajado bajo la ocupación.

Pero pronto salió a la luz la verdad. Fue un choque.

Rose poseía un archivo meticuloso: más de 20.000 obras catalogadas con fechas, lugares y recorridos. Un mapa del tesoro para recuperar lo que había sido robado.

En 1945 fue nombrada teniente del ejército francés.

Rechazó cualquier privilegio. Participó activamente en las misiones de recuperación con los Monuments Men. Gracias a ella se encontraron escondites secretos en castillos, minas y búnkeres.

En 1946, durante los juicios de Núremberg, Rose se levantó frente a Hermann Göring.

El mismo hombre que la había ignorado durante años. Y lo clavó con pruebas detalladas.

Al final, fue crucial en la recuperación de 60.000 obras. 45.000 regresaron a sus legítimos propietarios.

Rose Valland nunca empuñó un arma. No colocó bombas.

No hizo gestos llamativos.

Su resistencia fue silenciosa.

Pero cada una de sus notas fue un acto de rebelión. Cada mirada, un golpe al corazón del régimen.

Y en su invisibilidad salvó la memoria de todo un pueblo.

 



La sometieron a tortura durante un largo rato, hundiéndola una y otra vez en agua hasta dejarla al borde del ahogo. No soltó ni un solo nombre. Años después, su hermano bautizó con ella el perfume más famoso del mundo.

Verano de 1944. París.

Catherine Dior fue llevada al 180 de la rue de la Pompe, un elegante edificio del distrito 16 que había sido convertido en un centro de interrogatorios y tortura por colaboradores franceses al servicio de la Gestapo.

Le exigieron nombres. ¿Quién más estaba en su red de la Resistencia? ¿Quiénes eran sus contactos? ¿Dónde se escondían los demás?

Catherine se negó.

La golpearon. La humillaron. Le ataron las manos y la arrastraron hasta un baño. La sumergieron en agua helada y la mantuvieron bajo la superficie hasta que casi se ahogó. Luego le alzaron la cabeza y preguntaron de nuevo.

Mintió todo lo que pudo, pero no les dio nada útil.

Y siguieron.

Días después, la volvieron a llamar para más. Interrogatorios interminables, agua helada, la misma presión para que delatara.

No entregó ni un solo nombre.

Esa era Catherine Dior: la mujer que inspiraría uno de los perfumes más icónicos de la historia. Pero la fragancia que hoy evoca la elegancia parisina nació de algo mucho más oscuro: una combatiente de la Resistencia que sobrevivió a la tortura y a los campos antes que traicionar a los suyos.

Catherine nació en 1917 en Normandía, doce años menor que su hermano Christian. Su madre cultivaba jardines llenos de rosas y jazmín. Ambos heredaron ese amor por las flores, y acabaría marcando sus vidas de maneras que nadie podía imaginar.

Su infancia tranquila se quebró a comienzos de los años 30, cuando murió su madre y la familia perdió su fortuna tras la crisis de 1929.

Mientras Christian se fue a París para abrirse camino en la moda, Catherine se quedó en Provenza, cultivando para sobrevivir y soñando, aun así, con flores.

Y entonces llegó la guerra.

En 1941, mientras buscaba una radio en Cannes —quería escuchar las emisiones del general De Gaulle desde Londres— Catherine conoció a Hervé des Charbonneries, vinculado a la Resistencia.

Se enamoraron. Y Catherine encontró un propósito.

Se unió a la red de inteligencia F2 con el nombre en clave “Caro”. Reunía información sobre movimientos de tropas alemanas, elaboraba informes, transmitía mensajes a Londres.

A principios de 1944, la Gestapo se acercaba. Catherine se instaló en el apartamento parisino de Christian, donde siguió con su labor. Christian la protegió y permitió que su vivienda sirviera de apoyo para reuniones clandestinas, arriesgándolo todo.

El 6 de julio de 1944, Catherine fue a encontrarse con un contacto cerca de la plaza del Trocadéro.

Era una trampa. Su red había sido delatada.

Decenas de personas fueron arrestadas ese día.

Catherine sobrevivió a lo que le hicieron en la rue de la Pompe. Pero el 15 de agosto de 1944 —a pocos días de la liberación de París— la subieron a un tren rumbo a Alemania.

Fue deportada al campo de concentración de Ravensbrück a finales de agosto.

Ravensbrück era el gran campo del sistema nazi destinado casi exclusivamente a mujeres. Cuando Catherine llegó, ya era un lugar de hacinamiento, hambre y muerte. Para comienzos de 1945 había allí más de 50.000 prisioneras.

Catherine fue trasladada entre varios lugares de detención y trabajo forzado: minas, fábricas, marchas en los últimos meses del régimen nazi.

La tortura y el cautiverio le dejaron secuelas permanentes. Su cuerpo nunca volvió a ser el mismo.

En abril de 1945 fue liberada cerca de Dresde. Pasó semanas hospitalizada.

Regresó a París el 28 de mayo de 1945. Christian fue a buscarla a la estación.

No la reconoció.

Su hermana, consumida y transformada por lo que había sobrevivido, estaba tan cambiada que él la miró sin verla.

En los años siguientes, Catherine reconstruyó su vida poco a poco. Volvió a reunirse con Hervé y trabajó con flores, vendiéndolas en París y, más tarde, cultivándolas en Provenza para la industria del perfume.

Mientras tanto, Christian estaba a punto de cambiar la moda para siempre.

El 12 de febrero de 1947, Christian Dior presentó su primera colección, el “New Look”. Lo convirtió en el diseñador más famoso del mundo.

Ese mismo día lanzó su primer perfume.

Según la leyenda, Christian buscaba un nombre para la fragancia cuando Catherine entró en la sala. Una colaboradora exclamó: “¡Ah, aquí está Miss Dior!”.

Christian respondió al instante: “Miss Dior: ese es el nombre de mi perfume”.

Lo bautizó por la hermana que lo había arriesgado todo, que había protegido a otros en medio de lo inimaginable, que había vuelto rota, pero jamás vencida.

En 1952, Catherine testificó en el juicio contra los responsables de la Gestapo de la rue de la Pompe. Contó lo que le habían hecho y recordó a otras mujeres que sufrieron con ella, algunas de las cuales nunca regresaron.

Recibió la Croix de Guerre, la King’s Medal for Courage in the Cause of Freedom y fue nombrada Chevalière de la Légion d’honneur.

Con el tiempo, Catherine se convirtió en una experta en rosas, jazmín y lavanda para la perfumería. Sus flores llegaron a la casa Dior.

Cuando Christian murió de forma repentina en 1957, con 52 años, Catherine se convirtió en una de las grandes guardianas de su legado. Años después, apoyó la creación y la vida del museo dedicado a su hermano en su ciudad natal.

Catherine Dior murió el 17 de junio de 2008, a los 90 años. Había pasado gran parte de su vida rodeada de flores.

Cuando un veterano joven le preguntó una vez cómo había logrado sobrevivir a todo aquello, ella le dijo: “Ama la vida, joven. Ama la vida”.

Así que, cada vez que alguien abre un frasco de Miss Dior, lo sepa o no, está honrando a una mujer que eligió el silencio antes que la traición, que resistió la tortura antes que pronunciar un solo nombre, y que salió del capítulo más oscuro del siglo XX para dedicar el resto de sus días a cultivar belleza.

El perfume nunca fue solo glamour parisino.

Fue supervivencia. Fue amor. Fue la terquedad de hacer crecer algo hermoso incluso después de que todo haya sido arrasado.

Como Catherine.

Fuente: Pritzker Military Museum & Library ("Miss Dior: A Story of Courage and Couture")


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A 30 Segundos De La Cámara De Gas — Y Un “Traslado” Falso La Sacó De Ahí

Auschwitz Birkenu 12 de octubre de 1944, 2:47 p.m. Crematorio tercero. Sara Ley Bobits estaba desnuda en una fila de 200 mujeres moviéndose hacia una puerta de acero con un letrero que decía Baños y desinfección en alemán y polaco. El olor a cuerpos quemados saturaba el aire frío de octubre mientras sus pies descalzos sangraban sobre el concreto helado.

Guardias SS gritaban Schneller, Schneller! Empujando a las mujeres hacia adelante con rifles y perros entrenados para morder a quien vacilara. Ella podía ver el vapor saliendo de la sala de duchas adelante y sabía exactamente qué significaba ese vapor. Porque en Auschwitz todos sabían, aunque nadie lo dijera en voz alta.

¿Por qué decirlo hacía real lo irreal? Y pronunciar la verdad significaba admitir que estabas caminando conscientemente hacia tu propia ejecución industrial. 30 segundos la separaban de la cámara de gas, tal vez 40 si la fila se movía despacio por alguna congestión administrativa o técnica, porque incluso el genocidio industrial tenía cuellos de botella logísticos.

Su mente calculaba obsesivamente el tiempo restante de su vida en segundos. como si los números pudieran de alguna manera alterar la realidad física de lo que estaba sucediendo. 28 segundos, 25, 22, 19. Y entonces escuchó algo absolutamente imposible que no debería estar sucediendo en este contexto, donde todo estaba programado con precisión alemana para maximizar eficiencia de exterminio.

Una voz alemana gritando su número de prisionera. A763, seguido de palabras que no tenían ningún sentido en ese momento. Sonder comando transferus schnell, lo que Sara no sabía mientras era físicamente arrancada de esa fila de muerte. Lo que nadie en esa columna de 200 mujeres sabía mientras continuaban su marcha hacia el crematorio Trezo era que esa orden de traslado al Sonder Comando era completamente falsa, fabricada literalmente 30 segundos antes por un SST Sharfer llamado Hans Müller, quien en ese preciso momento estaba cometiendo

el acto más peligroso de toda su vida en las SS. salvar a una prisionera judía de la Cámara de Gas en plena operación de exterminio masivo programado, violando directamente las órdenes de Berlín, que especificaban que todos los judíos húngaros recién llegados fueran procesados inmediatamente sin excepciones, arriesgando su propia ejecución si algún superior cuestionaba esta transferencia inexistente de una prisionera que oficialmente no tenía ningún valor especial para el campo.

Y todo esto porque 4 meses antes, cuando Sara había llegado a Auschwitz en un transporte desde el geto de Watch, ella había hecho algo completamente involuntario e inconsciente que ningún planificador nazi en Berlín podía haber predicho, cambiaría su destino de maneras que desafían toda lógica racional del holocausto.

Esta es la historia verdadera y verificada por testimonios de Yad Bashem de Inovin Chantinstein como exactamente 30 segundos separaron vida de muerte en la máquina de exterminio más eficiente jamás construida por seres humanos. Como un acto de humanidad irracional en medio del infierno industrial más sistemático de la historia, creó una paradoja moral que todavía desafía comprensión y genera debates entre historiadores del holocausto 70 años después.

Có una prisionera judía convirtió sin saberlo a un oficial SS en conspirador involuntario contra el tercer rage, arriesgando su vida para salvarla de ella. Y como la mentira más peligrosa jamás dicha en Auschwitz terminó siendo la verdad más salvadora para una mujer que viviría otros 64 años después de ese momento. Si esta historia te impacta tanto como me impactó a mí cuando la descubrí investigando archivos de testimonios olvidados en Yad Bashem.

Te pido por favor que te suscribas al canal y actives la campanita de notificaciones porque estas historias absolutamente necesitan ser contadas, necesitan ser preservadas, necesitan ser recordadas para que las generaciones futuras entiendan no solo los horrores del holocausto, sino también los momentos imposibles de humanidad que ocurrieron dentro de ese horror.

Cada suscriptor asegura que podamos seguir investigando y trayendo estas narrativas que frecuentemente la historia oficial simplifica u olvida completamente. Y déjame un comentario contándome qué piensas sobre esta historia, porque estas narrativas generan conversaciones profundas que absolutamente necesitamos tener como sociedad.