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sábado, 24 de enero de 2026

 

Los datos desmontan a Feijóo y Abascal: España crece más, baja el paro y suben los salarios

PP y Vox quedan cada vez más retratados tras oponerse a cada avance social

Miguel Angel heredia Díaz

24-1-26

ElPlural



España vuelve a romper el relato de la derecha. No con consignas ni con propaganda, sino con datos oficiales, informes internacionales y previsiones económicas que sitúan a nuestro país como el gran motor de crecimiento de Europa. Mientras Feijóo y Abascal insisten en pintar un país al borde del colapso, la realidad es exactamente la contraria: España con el Gobierno de Pedro Sánchez crece más, crea más empleo y, por primera vez en décadas, lo hace mejorando su productividad.

La diferencia no es menor ni anecdótica. Es política. Porque detrás de cada punto de crecimiento, de cada décima de paro que baja y de cada salario que gana poder adquisitivo hay decisiones del Gobierno progresista. Y detrás de cada intento de negar estos avances hay un proyecto muy de derechas que nunca ha creído en el empleo digno, en el bienestar de las familias ni en un crecimiento que se reparta con justicia.

El Fondo Monetario Internacional lo ha dejado claro esta misma semana. España crecerá en 2026 un 2,3%, casi el doble que la media de la eurozona, que apenas alcanzará el 1,3%. No hablamos de una previsión optimista aislada, sino del reconocimiento explícito de que la economía española se comporta mejor que la del resto de grandes países europeos en un contexto internacional complicado.

Este dato tiene un valor político enorme. Porque durante años, cada vez que España destacaba, la derecha repetía el mismo mantra: “crece, sí, pero mal”. Crece con precariedad, con bajos salarios y sin productividad. Hoy ese discurso ya no se sostiene. Y no se sostiene porque los propios datos lo desmontan.

Según el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), la productividad española crece a un ritmo del 1,4% anual desde la pandemia. Es un cambio estructural profundo. Significa que España ya no depende solo de crear empleo para crecer, sino que produce de forma más eficiente, más moderna y con mayor valor añadido. Justo lo que durante décadas se dijo que era imposible.

Mientras economías como Alemania o Finlandia se estancan, España refuerza su PIB gracias a la digitalización, la modernización de los procesos productivos y una mejor combinación de capital y trabajo. Este giro no cae del cielo. Es el resultado de políticas públicas orientadas a transformar la economía, no a recortar derechos.

El consenso de los analistas nacionales va en la misma dirección. El Panel de Funcas ha elevado la previsión de crecimiento al 2,2% y anticipa una bajada del paro hasta el 10% de media anual. Un dato que tiene un enorme impacto social. Porque el empleo no es una variable técnica: es la base de la dignidad, la estabilidad y el futuro de millones de familias.

A esta evolución positiva se suma un factor clave: los salarios. Según los informes de CaixaBank Research y otros servicios de estudios, los sueldos crecerán por encima de la inflación, que se mantendrá en torno al 2%. Traducido a la vida real: las familias recuperan poder adquisitivo, llegan mejor a fin de mes y sostienen el consumo interno, uno de los grandes pilares del crecimiento.

También las pequeñas y medianas empresas lo perciben. Casi la mitad de las pymes prevé vender más en 2026. Lejos del apocalipsis económico que anuncia la derecha, el tejido productivo muestra confianza, estabilidad y expectativas de crecimiento. Y eso ocurre porque hay certidumbre, reglas claras y un mercado laboral menos frágil.

Nada de esto sería posible sin las políticas impulsadas por el Gobierno de Pedro Sánchez. La reforma laboral, la subida del salario mínimo, la protección del empleo durante las crisis, la gestión de los fondos europeos o la apuesta por la transición digital y ecológica han cambiado el rumbo de la economía española. Han demostrado que se puede crecer sin empobrecer a los trabajadores.

Frente a este modelo, el PP y Vox quedan cada vez más retratados. Votaron contra la reforma laboral que hoy sostiene el empleo. Se opusieron a la subida del salario mínimo que hoy impulsa el consumo. Rechazaron las medidas sociales que hoy explican la fortaleza de la demanda interna. Y lo hicieron porque nunca creyeron en ellas.

No es que no les interesen estos datos. Es que les perjudican políticamente. Porque desmontan su relato del desastre permanente y evidencian que su proyecto económico —basado en recortes, precariedad y salarios bajos— no solo es injusto, sino ineficaz. Necesitan que las cosas vayan mal para tener razón. Y por eso jamás celebran que vayan bien.

Cuando Feijóo y Abascal niegan el crecimiento, minimizan la bajada del paro o cuestionan la mejora de la productividad, no están haciendo oposición responsable. Están atacando un modelo que pone el empleo y el bienestar de las familias en el centro. Un modelo que demuestra que la política sirve para mejorar la vida de la gente.

Este debate no es técnico, es democrático. Porque si hoy España lidera el crecimiento en Europa es porque una mayoría social votó un proyecto político distinto al de la austeridad y los recortes. Porque el voto decidió proteger el empleo en lugar de destruirlo. Subir salarios en lugar de devaluarlos. Invertir en modernización en lugar de resignarse al atraso.

Nada garantiza que este camino sea irreversible. Cada elección cuenta. Cada voto importa. Porque el mismo PP que hoy niega los datos ya ha demostrado en el pasado lo que hace cuando gobierna: recortar, precarizar y aumentar la desigualdad. Y Vox ni siquiera disimula su desprecio por los derechos laborales y las políticas sociales.

España está creciendo más y mejor. Con más productividad, menos paro y más bienestar. Y lo está haciendo porque hay un gobierno que ha apostado por un modelo económico al servicio de la mayoría. Defenderlo no es ideología: es sentido común democrático. Y sostenerlo en el tiempo depende, como siempre, de algo tan sencillo y tan poderoso como el voto.



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