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sábado, 29 de noviembre de 2025

 


Angeles Alonso Rodríguez

España: país secuestrado por el franquismo emocional

1️⃣

España arrastra un problema que nadie quiere nombrar: el franquismo emocional. No es una ideología explícita, es un clima. Una educación sentimental hecha de silencios, tabúes y miedos heredados. Y sigue marcando nuestra conversación pública en 2025.

2️⃣

Ese clima nace de los consensos del 78. Una Transición que congeló el conflicto en vez de resolverlo. Se negoció con el ejército aún caliente, con jueces franquistas en sus tribunales y con torturadores ocupando despachos. Se cambió la superficie, pero no el subsuelo.

3️⃣

Por eso el Rey sigue siendo el gran intocable. No solo jurídicamente: también culturalmente. Criticar a la monarquía se señala como ruptura del “clima institucional”, pero llamar rojos a los antifascistas es folclore político. España fue reformada, no refundada.

4️⃣

El franquismo emocional funciona como un cerrojo simbólico. Marca lo que se puede decir sin consecuencias. Señala lo “peligroso”, lo “exagerado”, lo “antisistema”. Es el poder vigilando la lengua: no hables demasiado, no molestes demasiado, no mires demasiado atrás.

5️⃣

Ejemplo: hablar de memoria democrática es “abrir heridas”. Pero permitir fundaciones franquistas, no. Perseguir a raperos por sus letras, sí. Investigar los negocios del emérito, cuidado. Censurar un mural feminista, adelante. La asimetría siempre cae hacia el mismo lado.

6️⃣

Mientras tanto, los medios que repiten la liturgia del 78 marcan los límites del debate. Cuando alguien cuestiona el marco, se le tacha de radical. Pero los radicales de verdad —los que blanquean dictaduras, los que reivindican 1939— siguen ocupando platós.

7️⃣

La justicia no es ajena a esta atmósfera. No hablamos de conspiraciones, hablamos de cultura institucional: jueces formados en un país que nunca depuró su franquismo, policías que arrastran protocolos heredados, partidos que aún celebran “la Transición modélica”.

8️⃣

¿Resultado? Un país donde la ultraderecha puede desfilar sin consecuencias, mientras la protesta antifascista es criminalizada. Un país donde la nostalgia franquista es “opinión”, pero el antifascismo es “extremismo”.

9️⃣

El franquismo emocional no se ve: se respira. En cada redacción donde se evita publicar algo para no molestar. En cada universidad donde no se nombra lo evidente. En cada tertulia donde se habla de convivencia mientras se oculta la impunidad estructural del Estado.

🔟

Cuando señalas este clima, te dicen que exageras. Que España ya es moderna. Que el pasado es pasado. Pero el pasado solo es pasado cuando se repara. Y aquí no se reparó: se archivó. Como si la democracia fuese un trámite administrativo.

1️⃣ 1️⃣

Si España quiere ser una democracia adulta, tiene que atravesar su trauma, no esconderlo. El franquismo emocional seguirá gobernando nuestros silencios hasta que aprendamos a decir en voz alta todo lo que aún nos prohíben sentir.

1️⃣ 2️⃣

No es solo política. Es cultura democrática. Es libertad. Es dignidad.

Y es, sobre todo, la pregunta que define a este país:

¿Hasta cuándo vamos a permitir que el franquismo siga decidiendo por nosotras y nosotros?

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