En la Antigua Grecia, Roma y hasta en culturas samurái de Japón, las relaciones entre personas del mismo sexo eran vistas con bastante naturalidad, especialmente entre hombres, e incluso formaban parte de la educación, la filosofía, la guerra y la vida social.
No era un “tema secreto”, ni un “asunto prohibido”, ni algo escondido bajo la alfombra: simplemente existía.
Lo irónico es que, siglos después, con tanto progreso científico, medicina avanzada, museos, universidades y tecnología, las ideas sobre el amor retrocedieron, hasta llegar al punto de castigarlo con cárcel, tortura y desprecio.
La
modernidad no siempre trae evolución… a veces trae borrado
histórico.
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