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sábado, 29 de noviembre de 2025



 

| EL EMÉRITO EN MODO ‘YO NO FUI’: LA RECTA FINAL DEL CINISMO REAL

Juan Carlos I reapareció en la televisión francesa con la misma actitud de siempre: la del señor que nunca pagó una factura, nunca firmó un recibo y nunca dio explicaciones porque “España soy yo”. Y claro, cuando le preguntan por sus escándalos, suelta lo que viene siendo su filosofía vital:

👑 No hay razón para tener remordimientos”.

Traducción: me pillaron, pero no me pasa nada. El hombre que convirtió una monarquía en un cajero automático personal asegura que no tiene motivos para arrepentirse. Normal: jamás tuvo que enfrentarse a la justicia. Para eso están otros.

🗣️ Espero que me perdonen y que los españoles comprendan lo que he hecho”.

Otra vez el chantaje emocional de siempre: él “hizo cosas”. Cosas como cuentas opacas, comisiones saudíes, cacerías vergonzosas, amantes con silenciador y un exilio dorado en Abu Dabi. “Comprender”, dice. Comprender que mientras tú no llegabas a fin de mes, él vivía como si fuese Jeff Bezos con bula papal.

💢 Todos los hombres cometemos errores”.

Sí, todos cometemos errores. Pero no todos los errores generan 65 millones de euros en comisiones, ni todos los errores acaban en portadas internacionales, ni todos los errores implican que Hacienda mire hacia otro lado como si estuviera bizca.

Lo repite con calma, con sonrisa de anuncio dental, como si fuese un abuelo entrañable y no el protagonista de uno de los mayores escándalos institucionales del país. Y aún así, sigue ahí: blindado, protegido, intocable.

Mientras tanto, en España, los que denuncian corrupción acaban perseguidos; los que la protagonizan terminan en yates.

Lo del emérito no es una entrevista.

Es un recordatorio: la impunidad también envejece, pero nunca se jubila.

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