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domingo, 15 de febrero de 2026

 


Jose Saramago nació el 16 de noviembre de 1922 en la aldea de Azinhaga, Portugal, en el seno de una familia de campesinos sin tierra cuyos escasos recursos marcaron su infancia y su sensibilidad social. Su traslado a Lisboa a los 2 años no alivió las dificultades económicas, lo que le obligó a abandonar los estudios secundarios para formarse como cerrajero mecánico en una escuela industrial. Este origen proletario y el contacto temprano con la dureza del trabajo manual cimentaron su compromiso con el marxismo y una visión crítica del poder que atravesaría toda su producción literaria. La carencia de libros en su hogar durante su niñez contrastó con su formación autodidacta en las bibliotecas públicas nocturnas, donde desarrolló un estilo narrativo que desafiaría las estructuras gramaticales convencionales para priorizar la oralidad y el flujo continuo del pensamiento.

Su madurez literaria y el reconocimiento internacional llegaron de manera tardía, tras décadas de trabajar en la administración pública, el periodismo y la traducción. El estallido de la Revolución de los Claveles el 25 de abril de 1974 fue un acontecimiento determinante en su vida, ya que su despido del diario Diário de Notícias durante el proceso de transición democrática le impulsó a dedicarse por completo a la escritura de ficción. En sus grandes novelas de la década de 1980, como Memorial del convento, Saramago comenzó a explorar la relación entre el individuo y la gran historia, rescatando a los sujetos anónimos y marginados frente a los monumentos del poder absoluto. Su ateísmo militante y su confrontación con la Iglesia católica y el gobierno portugués, especialmente tras la censura de El Evangelio según Jesucristo en 1992, le llevaron a un exilio voluntario en la isla de Lanzarote.

La concesión del Premio Nobel de Literatura el 8 de octubre de 1998 consolidó su figura como un observador lúcido de las miserias y esperanzas de la condición humana. Sus obras posteriores, caracterizadas por parábolas sociales como Ensayo sobre la ceguera, reflejan una preocupación creciente por la deshumanización en el mundo contemporáneo y la fragilidad de las estructuras democráticas frente al capital global. El estilo de Saramago, con sus oraciones extensas y la ausencia de signos de puntuación tradicionales para el diálogo, buscaba devolver al lector la responsabilidad de interpretar el ritmo de la historia. Hasta su fallecimiento el 18 de junio de 2010, mantuvo una postura ética inquebrantable, utilizando su prestigio para denunciar las injusticias y proponer una literatura que funcionara como un acto de resistencia frente a la indiferencia colectiva.


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