La brujería es sin duda una expresión supersticiosa del ser humano. Pero el cristiano es contradictorio: por una parte censura esa práctica, considerándola pecaminosa, porque su libro sagrado dice: “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos.” (Levítico 19:31) E incluso ordena: “A la hechicera no dejarás que viva.” (Éxodo 22:18) Pero por otra parte la Biblia contiene actos de magia realizados por “hombres de Dios” (Éxodo 7:8-12), así como conjuros (Números 5:20-26, Levítico 14:1-32), y hasta artefactos encantados (1 Samuel 6:19).
Y en el caso de Jesús, además de haber sido visitado por unos magos de oriente cuando nació (Mateo 2:1-12), él mismo realizó, ya siendo adulto, muchos actos de magia para supuestamente demostrar que era el Mesías y el hijo único de Yahvé-Jehová. Y no sólo actos de “magia blanca”, sino también de “magia negra”, como cuando se enfureció porque una higuera no le dio frutos para aplacar su hambre, cuando no era temporada de frutos para esta planta, y en vez de hacer aparecer mágicamente unos cuantos panes y peces, lo que hizo fue realizar un maleficio a la planta, que la dejó seca ante sus asombrados discípulos (Marcos 11:12-14, Mateo 21:18-19).
En fin, la Biblia es una colección de cuentos, y por tanto es contradictoria, porque no corresponde a la realidad.
[Godless Freeman]
No hay comentarios:
Publicar un comentario