La Policía intenta detener a Vito Quiles por orden judicial y él dice que estaba “comprando el pan”
La Policía intentó localizar este miércoles 1 de julio al agitador de extrema derecha Vito Quiles para notificarle una resolución judicial relacionada con alguna de las causas por las que está siendo investigado. Según fuentes policiales citadas en la información, los agentes acudieron a su puesto de trabajo con una orden de detención, pero se marcharon al no encontrarle. Quiles, fiel a ese teatro permanente de víctima con megáfono, contó después en redes que habían intentado detenerle y se mofó diciendo que estaba comprando el pan. Muy épico todo. La justicia llama a la puerta y el personaje responde con épica de bar.
Su defensa asegura que acudirá con él a la Policía de forma voluntaria. La previsión es que lo haga este jueves 2 de julio, para que pueda ser trasladado esa misma mañana al juzgado correspondiente y evitar pasar una noche en el calabozo. Ni las fuentes policiales ni su propia defensa han concretado qué juzgado dictó la orden ni el motivo exacto de la resolución. Lo que sí se sabe es que Quiles tiene al menos dos causas penales abiertas. Una por acudir a la casa de la presidenta de Red Eléctrica, Beatriz Corredor, y proclamar que no asumía sus responsabilidades tras el apagón de abril de 2025. Otra en Sevilla, donde una jueza le procesó por supuestas calumnias contra el secretario general de FACUA, Rubén Sánchez.
Quiles, como era de esperar, lo ha presentado como una persecución política. Ha escrito en X que un juez ha ordenado detenerle tras una “campaña de denuncias masivas del entorno de Sánchez” después de su “encuentro” con Begoña Gómez, y ha acusado al Gobierno de utilizar la justicia contra sus rivales. El guion de siempre. Cuando estos personajes señalan, acosan, irrumpen, gritan, persiguen o montan espectáculos, dicen que hacen periodismo. Cuando un juzgado les reclama, dicen que hay dictadura. Es la vieja trampa de la extrema derecha mediática: vivir del ruido, tensionar el espacio público, convertir cada causa judicial en propaganda y cada obligación legal en martirio patriótico. Pero una orden judicial no es censura. Y tener un micrófono no convierte a nadie en intocable.
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