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sábado, 14 de febrero de 2026

 


 


 




 


 


 


 


 


 


 




 

LA GUERRA ESA, QUE DICEN, QUE PERDIMOS TODOS

2ª parte

Si uno lo analiza fríamente la cosa es demasiado simple. El ejército, garante de la integridad territorial del Estado y defensor, bajo juramento, de los ciudadanos que lo integran, decide que el gobierno, al que ha elegido libremente el pueblo, no es el que debería ser en función de su propio criterio y probablemente inducido por intereses arcanos. Bajo ese criterio, una parte importante de ese ejército, decide dar un golpe de Estado por la fuerza con la intención de tomar el poder e instaurar otro régimen de signo contrario más acorde a sus intereses, creencias y gustos. Al no conseguirlo, y viendo la oposición ciudadana a dicho golpe, decide que todo aquel que se oponga será detenido, encarcelado o fusilado sumariamente, sin acusación formal, ni cargos, ni juicio previo. Y ya de paso sacar al ejército afín a la calle e ir conquistando a cañonazos, plaza a plaza, todo el territorio nacional quitándose de en medio a todo el que se oponga. Eso sí, buscando aliados afines dentro y fuera de las fronteras. Es decir, un ejército equipado y mantenido por los ciudadanos mediante sus impuestos, que en vez de protegerlos, que es su cometido, se dedica a encarcelarlos, hacerlos desaparecer o fusilarlos al alba, respondiendo a intereses particulares e ideológicos. En fin, resumido eso es lo que pasó.

Pero déjenme decirles que un ejército así no lo integran soldados, sino principalmente suboficiales, oficiales, jefes y generales fanáticos, sicarios asesinos, que responden a apegos espurios, tendencias ideológicas conservadoras, e intereses oscuros que nada tienen que ver con la “Patria” y con su defensa. Son esos que dicen <<”Salvar a la patria”>> y que siempre lo hacen cuando nadie les ha pedido ayuda, excepto la oligarquía, la aristocracia, la nobleza, la banca, los latifundistas, los del clero, la burguesía, y los ilusos que creen que ese ejército, subvencionado por la derecha (Banca Marx, III Reich, fascismo italiano y compañía) les van a resolver sus problemas de habitabilidad, sustento, sanidad, educación y progreso. En definitiva ese ejército sublevado es lo que era, como quedó demostrado.

PERIODO 1939 - 1947

Los peores años de la dictadura fueron los ocho siguientes al finalizar la “Contienda”. Llamarla guerra es un eufemismo macabro para darle justificación al genocidio que se realizó en nuestro país ya que para que haya una guerra tiene que haber una declaración formal de la misma. En la guerra son combatientes y, a menudo, civiles colaterales; en el genocidio, los civiles son seleccionados por su identidad e ideología. La represión fue brutal dentro y fuera de nuestras fronteras. Se hicieron purgas meticulosas de ciudadano en ciudadano, barrio por barrio, pueblo por pueblo, ciudad por ciudad. Nadie escapaba al control del régimen. Se estimulaba y premiaba a los ciudadanos que delataban a sus vecinos aunque fuera sin pruebas, ya se era culpable antes del juicio. Juicios farsa sin garantías procesales ecuánimes y sin ni siquiera defensa. Había prisa por purgar y se hacían juicios sumarísimos de hasta 20 personas a la vez. Eso da una idea de qué tipo de justicia se impartía en aquellos años y siempre juzgados por la justicia militar. Ya saben el dicho <<La justica militar es a la justicia lo que la música militar es a la música”>>

Pero no hubo sólo cientos de miles de desaparecidos forzosos entre hombres y mujeres, también estaba la desaparición forzada infantil. Niños robados a sus padres y familias para reasignarlos a familias adeptas al régimen franquista. En esos “secuestros” tuvo mucho que ver la Sacrosanta Iglesia Católica que colaboró con el régimen franquista para salvar a esas “criaturitas” de caer en las garras del diabólico comunismo, y que dicha práctica trascendió hasta la década de los 70-80. Acuérdense del caso de Sor María. Y ya que hablamos de la curia católica alineada con el régimen, también habría que hablar del papel que jugó la Iglesia durante y después de la guerra. Los casos flagrantes de delación a ciudadanos trasgrediendo el secreto de confesión. El cobro de sustanciosas “Dádivas”, en metálico o en propiedades por emitir informes de buena conducta cristiana para exonerar a presos, incluso se daban casos de exigencia de “Favores de cama” a las mujeres e hijas de los encarcelados. Nunca existió en el bando vencedor el sentimiento de reconciliación, ese que ahora tanto reivindican: lo que se quería era una cruel venganza; y cuanto más larga, mejor.

Y los golpistas se hartaron de venganza hasta empalagarse. Tan es así que tras de la “Contienda”, que no guerra, extendieron sus tentáculos incluso más allá de nuestras fronteras. A los republicanos huidos se les persiguió incluso fuera de España. Tras cruzar la frontera de los pirineos, huyendo de la represión franquista, los putos “Gabachos” les hicieron un recibimiento hostil y recluyeron en campos de “refugiados” a más de 550 mil españoles en condiciones infrahumanas. Campos que no eran campos, sino arenales vallados con alambre de espino en playas batidas por el viento, las olas y la humedad. Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Le Barcarès, Gurs, etc. Sin el menor tipo de consideración y de auxilio por parte de las autoridades francesas y pasando hambre, frio, enfermedades, plagas, etc. muchos murieron en aquellos campos, algunos tuvieron posibilidades y emigraron a América, se calcula que unos 50 mil. Otros (300 mil) viendo la falta de colaboración y la mala disposición de los gabachos, decidieron regresar a España con las consecuencias que ello podía reportar. Imaginen en qué condiciones estaban para preferir enfrentarse a una larga condena e incluso a la muerte. Por último cerca de 200 mil optaron por quedarse y subsistir buscando labores y trabajos en régimen de semiesclavitud, trabajando por poco más que el cobijo y la comida. Francia, la tierra de la “Grandeur” que se envanecía de ser la cuna de la <<”Liberté, Égalité, Fraternité”>> no era más que un espejismo, un trampantojo, un bluf. Al final no eran mejores que los franquistas. Eran xenófobos, clasistas, ecpáticos e insolidarios. Pero no estaban lejos de sentir en sus propias carnes lo mismo que les pasó a los refugiados españoles.

Si para franceses las cosas se pusieron mal, imaginen como se pusieron para los españoles que se quedaron en el país galo. Seis meses después, el 1 de septiembre de 1939, al amigo austriaco de Franco, aquel del bigotito ridículo, le da por invadir Polonia y el 10 de mayo de 1940 los nazis atacan a Francia. En poco más de un mes, el 14 de junio, entran en Paris sin pegar un tiro. El 22 de ese mismo mes firman el armisticio y se crea el conocido como “Gobierno de Vichy”, (Pronazi) a cuyo frente estaba el colaboracionista Mariscal Philippe Pétain ¿A dónde fue la “Grandeur française”, ese “Chauvinisme” tan francés? Con ese gobierno “Títere” a los españoles se les puso el tema “Muy crudo”. Los campos de refugiados pasaron a ser campos de concentración. El trabajo en semiesclavitud se convirtió en trabajo forzado, es decir en esclavitud a secas.

Pétain mandó a Madrid, al palacio del Pardo, la lista de republicanos en sus campos de concentración con objeto de que Franco extraditara a aquellos españoles retenidos. Franco hizo una lista con los que le interesó y del resto, la inmensa mayoría, dijo <<”Estos no son españoles, hagan con ellos lo que quieran”>> Así que el gabacho colaboracionista se los entregó al “amiguito” de Franco, ya saben, aquel del bigotito ridículo, y este los terminó llevando al campo de concentración austriaco de Mauthausen-Gusen. Los nazis les pusieron en el uniforme de preso un triangulo invertido azul que significaba “Apátrida” con una ese mayúscula en el centro que significaba en alemán (Spanier). Allí fueron 7.533 españoles de los cuales sobrevivieron aproximadamente 2.000. También hubo españoles en otros campos de concentración como Dachau, Buchenwald, Ravensbrück (mujeres) y Sachsenhausen, todos ellos en Alemania.

Al resto se les dieron dos alternativas. Unirse a las Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE) o enrolarse en el ejército o en la Legión Extranjera Francesa. Algunos escaparon y se unieron a la resistencia francesa en la lucha contra los nazis. Cuando acabó la II Guerra Mundial en el 45 muchos españoles en el exilió habían pasado 9 años de calamidad en calamidad. No fue mejor el destino de los que no pudieron huir o que se quedaron. El régimen franquista estigmatizó a cualquiera que tuviera la más mínima relación con “Los rojos”. Esposas, hijos, padres, hermanos, y demás familia serían señalados y marginados de aquella sociedad nacional-catolicista en donde no se les daba tregua, ni cobijo, ni perdón. Una sociedad fanatizada y sometida por la superstición religiosa y el miedo a un régimen represor, asesino y vengativo.

Continuará...

Fernando Rodríguez Calleja

¡ZASCA EN TODA LA BOCA!

 


 


 


 


¿Cuántos españoles estuvieron en campos de concentración nazis?

En 2019 fallecía el último español que estuvo internado en el campo de concentración nazi de Buchenwald, Alemania.

Vicente García, o Vincent, tal y como rezaba su pasaporte francés, huyó de Cataluña hacia Francia cuando las tropas franquistas entraron en Barcelona. Lo hizo solo, con 14 años. Tras un año en Francia, las tropas nazis invadieron el país y él, que se dedicaba a hacer trabajos para la Resistencia francesa, fue detenido por los alemanes y deportado a un campo de concentración nazi en Alemania: Buchenwald.

Allí le raparon el pelo, le quitaron todas sus pertenencias y le entregaron un uniforme a rayas. Estaba identificado con un número y un triángulo azul con una “s” en su interior. Era el símbolo de los apátridas. Españoles que habían luchado en el bando republicano durante la Guerra Civil, y que los nazis, tras consultar al gobierno franquista, despojaron de toda nacionalidad. Vicente fue uno de los 9.328 españoles que estuvieron internos en campos de concentración nazis.

El campo de concentración en el que más españoles estuvieron internos fue el de Mauthausen, en Austria. De hecho, los franceses lo conocían como “el campo de los españoles”. Fueron estos quienes llegaron en primer lugar, e incluso lo construyeron bajo el yugo nazi. Otros campos como Dachau, Ravensbrück, Bergen Belsen, Auschwitz, Flossenbürg, Natzweiler, Neuengamme, Sttuthof, Sachsenhausen, Gross-Rosen, Aurigny, Guernesey y Neu Bremm también tuvieron españoles en su interior. Estos son los números:

Mauthausen: 7.532 (de los que murieron 4.427)

Dachau y Buchenwald: 1.100

Ravensbrück: 170

Otros: 526

Del total de los 9.328 españoles deportados a campos de concentración, murieron 4.816, sobrevivieron 3.809 y desaparecieron 334. Muchos de los supervivientes no pudieron volver a España tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial debido al régimen franquista. Cuando este finalizó en 1975, muchos de ellos pidieron de nuevo la nacionalización española.


 


 


 


 


 


   Alcohólicos (anónimos) conocidos.


 



 


 


 


 


 

   Foto:Luis Viadel


 


 


Al nacer, los médicos dijeron que lo internaran: nunca caminaría ni hablaría. A los seis años, ya había memorizado la Biblia. Cuando murió, había memorizado 12.000 libros. Su cerebro no tenía el puente entre los hemisferios. La ciencia aún no puede explicarlo.

Cuando Kim Peek nació en Salt Lake City en 1951, los médicos supieron de inmediato que algo era profundamente distinto.

Su cabeza era anormalmente grande —macrocefalia, la llamaron—. Su cerebelo estaba dañado. Y el cuerpo calloso —el conjunto de millones de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios del cerebro— estaba ausente.

Su cerebro no tenía puente. El lado izquierdo y el derecho no podían comunicarse como en la mayoría de las personas.

A los nueve meses, los médicos ofrecieron a sus padres una recomendación tajante: internarlo.

Nunca caminaría, dijeron. Nunca hablaría. Nunca aprendería nada significativo. Sería una carga, una tragedia, una vida que no valía el esfuerzo.

Sus padres —Fran y Jeanne Peek— se negaron.

Lo que ocurrió durante los siguientes cincuenta y ocho años desmontó silenciosamente casi todo lo que creemos entender sobre el cerebro humano.

Kim no caminó hasta los cuatro años. Luchó con las habilidades motoras toda su vida. No podía abotonarse una camisa ni atarse los zapatos. No podía manejar dinero ni comprender su valor. No podía cruzar una calle solo con seguridad.

Necesitaba apoyo constante para las tareas básicas del día a día.

Pero a los dieciséis meses —antes de que la mayoría de los niños hablen con frases completas— Kim comenzó a memorizar libros enteros.

A los tres años ya sabía leer. Y recordar. Todo.

A los seis, había memorizado la Biblia. No pasajes. No versículos favoritos. La Biblia completa.

Kim desarrolló una forma extraordinaria de síndrome del sabio. Pero, a diferencia de la mayoría de los sabios, que muestran brillantez en un área muy concreta —música, matemáticas o arte—, Kim dominó al menos quince disciplinas distintas.

Historia. Geografía. Literatura. Música clásica. Estadísticas deportivas. Matemáticas. Cálculos de calendario. Códigos postales. Prefijos telefónicos. Ubicación de estaciones de televisión. Carreteras y autopistas de Estados Unidos.

Podía leer dos páginas a la vez —una con cada ojo— y terminar un libro voluminoso en menos de una hora.

Y recordaba casi todo. Aproximadamente el 98 % de lo que leía permanecía con él de forma permanente.

A lo largo de su vida, Kim memorizó alrededor de 12.000 libros.

Doce. Mil. Libros.

Podía recitar a Shakespeare a pedido —cualquier obra, cualquier escena—. Pregúntale cómo conducir de San Diego a Portland y trazaba la ruta al instante, nombrando cada autopista, cada ciudad, cada giro. Dile tu fecha de nacimiento y te diría qué día de la semana fue, qué canciones encabezaban las listas, qué películas se estrenaron, qué grandes acontecimientos mundiales ocurrieron.

Era, literalmente, una biblioteca viviente.

En 2004, científicos de la NASA estudiaron el cerebro de Kim mediante tecnologías avanzadas de imagen para intentar comprender cómo era posible tal procesamiento sin la estructura que conecta la mayoría de los cerebros humanos.

Construyeron modelos tridimensionales. Analizaron las vías neuronales inusuales que había desarrollado para compensar. Compararon su estructura cerebral con todo lo que conocían sobre neurología.

No encontraron una respuesta clara.

Kim Peek siguió siendo un misterio —incluso para la neurociencia moderna con sus herramientas más avanzadas—.

Su cerebro se había reorganizado de formas que parecían imposibles, creando conexiones que la ciencia aún no puede explicar del todo.

Pero aquí está la parte más importante de la historia de Kim —la que desafía todo lo que creemos saber sobre la inteligencia—:

Todo ese conocimiento, toda esa capacidad extraordinaria, no se traducía en lo que solemos llamar “funcionamiento”.

Kim dependía de su padre, Fran, para casi todo. Vestirse. Bañarse. Orientarse en la vida diaria. Comprender señales sociales y conceptos abstractos.

No podía accionar un interruptor de luz —el movimiento lo confundía—.

Le costaba entender metáforas o sarcasmo.

No podía tener un empleo ni vivir de manera independiente.

Su mente podía albergar doce mil libros, recordar cualquier dato de décadas de lectura, trazar el sistema de autopistas de Estados Unidos.

Pero no podía abotonarse una camisa.

¿Era eso un déficit? ¿O simplemente otra forma de lo que significa ser humano?

Nuestras definiciones de inteligencia parecen muy pequeñas cuando se enfrentan a Kim Peek.

En 1984, el guionista Barry Morrow conoció a Kim en una convención en Texas. Quedó tan conmovido por este hombre gentil y extraordinario —tan interpelado por lo que representaba— que pasó cuatro años escribiendo un guion inspirado en él.

Ese guion se convirtió en la película Rain Man.

Dustin Hoffman pasó tiempo con Kim antes del rodaje, estudiando sus movimientos, su forma de hablar, su manera de interactuar con el mundo. Cuando la película ganó cuatro premios Óscar en 1989, Hoffman reconoció públicamente la influencia de Kim.

Puede que yo sea la estrella de la película”, dijo, “pero tú eres el cielo que la inspiró”.

Después de Rain Man ocurrió algo inesperado.

Kim —que había vivido la mayor parte de su vida en relativa discreción, conocido solo por su familia y un pequeño círculo de investigadores— encontró un propósito más allá de la memorización.

Él y su padre recorrieron casi tres millones de millas durante dos décadas, hablando ante cerca de sesenta millones de personas, muchas de ellas estudiantes con discapacidades o diferencias de aprendizaje.

Sí, Kim demostraba sus habilidades. Respondía preguntas, realizaba cálculos de calendario, recitaba pasajes de los libros que la gente mencionaba.

Pero, más importante aún, enseñaba algo más.

Enseñaba que la inteligencia tiene muchas formas, no una sola.

Que la discapacidad y la capacidad extraordinaria pueden coexistir en la misma persona, en el mismo cerebro, en la misma vida.

Que “diferente” no es lo contrario de valioso.

Que nuestras categorías —inteligente, discapacitado, funcional, limitado— son demasiado simples para abarcar la realidad humana.

El doctor Darold Treffert, uno de los mayores expertos mundiales en el síndrome del sabio, estudió a Kim durante años. Dijo:

Aproximadamente una vez por siglo aparece un sabio verdaderamente excepcional, y Kim es uno de ellos. Su memoria no solo es profunda, sino notablemente amplia”.

La mayoría de los sabios tienen islas de habilidad en mares de discapacidad. Kim tenía continentes.

Kim Peek murió de un ataque al corazón el 19 de diciembre de 2009. Tenía cincuenta y ocho años.

Su padre, Fran —quien lo cuidó cada día de su vida y bromeaba diciendo que criar a Kim requería “30 horas al día, 10 días a la semana”— falleció en 2014.

Barry Morrow donó su estatuilla del Óscar a la ciudad de Salt Lake City en honor a Kim. Se encuentra en una biblioteca —apropiado para un hombre que era, él mismo, una biblioteca—.

Pero el verdadero legado de Kim nunca tuvo que ver con premios ni fama.

Es el recordatorio de que la mente humana guarda misterios que aún no hemos cartografiado.

Que nuestras definiciones de inteligencia son más pequeñas que la realidad.

Que las categorías que usamos para entendernos —inteligente, discapacitado, funcional, limitado— son construcciones incompletas.

Kim Peek podía memorizar 12.000 libros pero no podía abotonarse una camisa.

Podía calcular qué día de la semana cayó el 25 de diciembre de 1642, pero no entendía por qué las personas se daban la mano al saludarse.

Podía recitar óperas enteras, pero le costaba comprender por qué su padre se reía de los chistes.

¿Cuál de esas habilidades importa más? ¿Cuál define la inteligencia? ¿Cuál mide el valor de una vida?

Las propias preguntas revelan cuánto nos falta por comprender.

En algún lugar de Salt Lake City hubo una biblioteca donde un hombre leía dos páginas a la vez con ojos distintos, absorbiendo el conocimiento del mundo mientras luchaba por atarse los zapatos.

Y dentro de esa contradicción vive una verdad a la que apenas empezamos a acercarnos:

Aún no sabemos todo lo que la mente humana puede hacer.

Aún no sabemos qué significa realmente la inteligencia.

Aún no sabemos cuántas formas de genialidad hemos llamado discapacidad.

Kim Peek nació con un cerebro que, según los médicos, no debería haber funcionado —sin la estructura que conecta sus dos mitades y con daños que parecían impedir el aprendizaje—.

Dijeron que lo internaran.

Memorizó 12.000 libros.

La ciencia todavía no puede explicar completamente cómo.

Y quizá ese sea el punto.

Quizá Kim Peek existió para recordarnos que la realidad es más grande que nuestras teorías, que el potencial humano supera nuestras categorías, que la mente es más compleja y sorprendente de lo que podemos medir.

Fue la prueba de que nuestro entendimiento es incompleto.

Fue una ventana hacia algo que apenas alcanzamos a vislumbrar.

Y por eso, quince años después de su muerte, Kim Peek sigue siendo inolvidable.

No por lo que sabía.

Sino por lo que demostró que aún no sabemos.

Fuente: The New York Times ("Kim Peek, Inspiration for ‘Rain Man,’ Dies at 58", 22 de diciembre de 2009)


 


 


 


 


 


|La tormenta perfecta del fascismo en España: dinero, impunidad y odio como estrategia

El avance de la ultraderecha en España no es una anomalía ni una rabieta pasajera. Es el resultado de una arquitectura política, mediática y económica construida durante décadas. Crece Vox en Aragón y Extremadura. El Partido Popular normaliza su agenda mientras finge sorpresa. Y el ruido se impone sobre cualquier análisis serio. Pero detrás de cada escaño ultra hay algo más que descontento: hay inversión, impunidad histórica y una estrategia de demolición democrática.

La tendencia es global, sí. Pero en España tiene raíces propias. El franquismo nunca fue depurado. No hubo una ruptura democrática real, sino una transición pactada que dejó intactas demasiadas estructuras de poder. La impunidad del fascismo no es un recuerdo: es un sedimento activo que hoy vuelve a germinar. No se enseñó en las aulas lo que significó la dictadura. No se señalaron responsabilidades. Se optó por el silencio y el olvido como política de Estado. Ahora se paga el precio.

Aragón sirve de espejo. Tierra que presume de fueros, del Justicia desde el año 1115, de rebeldías históricas. Tierra que frenó trasvases del Ebro y que alojó experiencias libertarias durante la guerra civil. Hoy ve cómo Vox escala posiciones en plazas simbólicas como la del Pilar. El regionalismo crítico se diluye en folclore costumbrista. El anticatalanismo se explota electoralmente. Y mientras tanto, el Gobierno autonómico impulsa 28 proyectos de centros de datos que, si se ejecutan, consumirían cinco veces la energía de Aragón. Azora con 300 megavatios, ACS con otros 300, Blackstone con 650. Energía para fondos de inversión, no para vecinas y vecinos. Pan financiero para hoy, dependencia estructural para mañana.

DINERO, ALGORITMOS Y LAWFARE

No hay tormenta sin combustible. Y aquí el combustible es el dinero. Una lluvia ingente de financiación privada sostiene la promoción de la ultraderecha en redes, medios y think tanks. No hablamos solo de donaciones visibles. Hablamos de entramados internacionales, de fundaciones opacas, de empresarios que ven en el autoritarismo un blindaje para sus privilegios.

A eso se suma la manipulación algorítmica. Las redes sociales no son neutrales. Amplifican el miedo, la ira y la mentira porque eso genera interacción. Estudios como los del MIT sobre la difusión de noticias falsas ya demostraron en 2018 que las mentiras se propagan más rápido que la información veraz. La ultraderecha lo entendió antes que nadie. El bulo no es un error: es un arma.

En paralelo, el lawfare se convierte en herramienta política. La judicialización constante contra el Gobierno, contra Pedro Sánchez y su entorno, no busca solo esclarecer hechos, sino instalar sospecha permanente. Titulares que hablan de corrupción sin pruebas sólidas. Insinuaciones sobre prostitución, mafias o tramas familiares. Repetición hasta que algo queda. La lapidación mediática sustituye al debate democrático.

El Partido Popular alimenta esa dinámica. Feijóo oscila entre tender la mano y la alfombra a Vox. Felipe González reaparece cuando el PSOE flaquea para erosionar a su propio partido. La derecha económica observa. Y sectores judiciales actúan o miran hacia otro lado. El resultado es un clima donde el insulto cotiza al alza y la moderación se penaliza.

VOTAR CONTRA UNO MISMO

Hay otro elemento decisivo: el voto condicionado. Muchas personas acuden a las urnas sin información suficiente y con la percepción moldeada por años de propaganda. Se vota contra la sanidad pública, contra las pensiones, contra los derechos de las mujeres, creyendo que se castiga a una élite política. José Luis Sampedro ya advertía que sin información objetiva no hay ciudadanía crítica.

La sociedad del espectáculo completa el círculo. De la televisión basura a la jungla digital. Influencers convertidos en opinadores políticos. Plataformas donde la indignación es un modelo de negocio. Medios que abandonan el rigor para practicar un terrorismo informativo permanente. El odio como reclamo comercial.

En Teruel, donde Vox se sitúa como segunda fuerza, algunos explican el voto por “el porte de Abascal” o la defensa del toro y la caza. La política convertida en estética y nostalgia. No se votan programas: se votan símbolos y agravios.

Mientras tanto, los gobiernos democráticos reaccionan tarde o con timidez. La regulación de plataformas avanza despacio. La lucha contra la desinformación es insuficiente. La memoria democrática no se integra con la contundencia necesaria en el sistema educativo. Se subestima el riesgo.

La tormenta perfecta del fascismo en España no es un fenómeno meteorológico inevitable. Es una construcción política sostenida por impunidad histórica, dinero estratégico, manipulación tecnológica y una ofensiva judicial y mediática constante.

No se trata solo de frenar a un partido, sino de desmontar un ecosistema que convierte el resentimiento en negocio y la mentira en método.


 


QUISAS TE HAYA PASADO .....EN ALGUN MOMENTO DE TU VIDA ..

POR QUE SOY ANARQUISTA

Me puse político después de sufrir mi primer ataque racista a los siete años. No entendía ninguna teoría política, solo sabía que me habían ofendido, y sabía que había otra manera. Unos años más tarde, cuando tenía quince años, un vehículo policial marcado me paró cuando caminaba en Birmingham a primeras horas de la mañana, tres policías salieron del coche, me empujaron hacia la puerta de una tienda y luego me golpearon. arriba. Regresaron a su auto y se marcharon como si nada hubiera pasado. No había leído nada sobre política policial, ni nada sobre la llamada ley y orden, solo sabía que me habían ofendido. Cuando obtuve mi primer trabajo como pintor, no había leído nada sobre la teoría de las luchas de la clase trabajadora o cómo los ricos explotaban a los pobres, pero cuando mi jefe aparecía cada dos días en un superdeportivo diferente,

Crecí (como la mayoría de las personas que me rodean) creyendo que el anarquismo significaba que todos se estaban volviendo locos y el fin de todo. Soy muy disléxico, por lo que a menudo tengo que usar un corrector ortográfico o un diccionario para asegurarme de que he escrito las palabras correctamente. Escuchaba palabras como Socialismo y Comunismo todo el tiempo, pero incluso los socialistas y comunistas con los que me encontré tendían a despedir a los anarquistas como un grupo marginal, a quien siempre culpaban si había problemas en las manifestaciones o soñadores. Incluso ahora, acabo de marcar un corrector ortográfico y describe el anarquismo como caos, desorden, caos y desorden. Me gusta el desorden, pero para la persona "promedio", el desorden significa caos, desorden y caos. Las mismas cosas que se les dice que teman más.

Lo mejor que he hecho por mí mismo es aprender a pensar por mí mismo. Comencé a hacer eso a una edad temprana, pero es realmente difícil hacerlo cuando hay cosas a tu alrededor todo el tiempo que te dicen cómo pensar. El capitalismo es seductor. Limita su imaginación, y luego le dice que debería sentirse libre porque tiene opciones, pero sus opciones se limitan a los productos que le presentan, o los límites de su imaginación ahora limitada. Recuerdo haber visitado São Paulo hace muchos años cuando introdujo su Ley de Ciudad Limpia. El alcalde no se convirtió repentinamente en anarquista, pero se dio cuenta de que las personas de marketing continuas y ubicuas a las que estaban sujetos no solo eran feas, sino que distraían a las personas de sí mismas. Así que se retiraron más de 15,000 vallas publicitarias de marketing. Autobuses, taxis, Todos los anuncios de neón y de papel estaban prohibidos. Al principio parecía un poco extraño, pero en lugar de mirar, o tratar de no mirar anuncios publicitarios, caminé, y mientras caminaba miré a mi alrededor. Descubrí que solo compré lo que realmente necesitaba, no lo que me dijeron que necesitaba, y lo más notable fue que me reuní y hablé con personas nuevas todos los días. Estas conversaciones tendieron a ser relevantes, políticas y significativas. El capitalismo nos mantiene compitiendo entre nosotros, y las personas que manejan el capitalismo realmente no quieren que hablemos unos con otros, no de manera significativa

No voy a continuar con el capitalismo, el socialismo o el comunismo, pero está claro que una cosa que todos tienen en común es su necesidad de poder. Luego, para respaldar su impulso por el poder, todos tienen teorías, teorías sobre el poder y lo que quieren hacer con el poder, pero ahí radica el problema. Teorías y poder. Me convertí en anarquista cuando decidí abandonar las teorías y dejar de buscar el poder. Cuando dejé de preocuparme por esas cosas, me di cuenta de que la verdadera anarquía es mi naturaleza. Es nuestra naturaleza. Es lo que estábamos haciendo antes de que llegaran las teorías, es lo que estábamos haciendo antes de que nos animaran a competir unos con otros. Se han escrito algunas grandes cosas sobre el anarquismo, y supongo que eso es teoría anarquista, pero cuando trato de hacer que mis amigos lean estas cosas (estoy hablando de libros grandes con grandes palabras), Tienen dolores de cabeza y se alejan. Entonces, apago la publicidad (la televisión, etc.) y me siento con ellos, y les recuerdo lo que pueden hacer por sí mismos. Les doy ejemplos de personas que viven sin gobiernos, personas que se organizan, personas que han recuperado su propia identidad espiritual, y entonces todo tiene sentido.

Si seguimos hablando de teorías, entonces solo podemos hablar con personas que son conscientes de esas teorías, o tienen teorías propias, y si seguimos hablando en torno a las teorías, excluimos a muchas personas. Las mismas personas que necesitamos alcanzar, las mismas personas que necesitan librarse de las cadenas de la esclavitud capitalista y moderna. La historia de Carne Ross es inspiradora, no porque escribió algo, sino porque la vivió. Me encanta el trabajo de Noam Chomsky y me encanta la forma en que la abuela de Stuart Christie lo convirtió en un anarquista, pero estoy aquí porque entiendo que la policía racista que me golpeó tiene el estado detrás y el estado mismo es racista. Estoy aquí porque ahora entiendo que el jefe-hombre que me explotó para hacerse rico no se preocupaba por mí. Estoy aquí porque sé cómo los Marrons en Jamaica se liberaron y tomaron las colinas y demostraron a todas las personas esclavizadas que ellos (los Marrons) podían arreglárselas. No me malinterpretes, me encantan los libros (soy escritor, por cierto), y sé que necesitamos personas que piensen profundamente, todos debemos pensar profundamente. Pero mis mayores inspiraciones provienen de las personas de la vida cotidiana que dejan de buscar el poder para sí mismos, o buscan a los poderosos para rescatarlos, y hacen la vida por sí mismos. He conocido a personas que viven el anarquismo en India, Kenia, Jamaica, Etiopía y Papua Nueva Guinea, pero cuando les digo que son anarquistas, la mayoría me dirá que no han oído hablar de esa palabra, y lo que están haciendo es natural. y sin complicaciones. Soy anarquista porque me han hecho daño, y he visto que todo lo demás falla.

Pasé los fines de los setenta y los ochenta viviendo en Londres con muchos activistas exiliados del ANC. Después de una larga lucha, Nelson Mandela fue liberado y los exiliados regresaron a sus hogares. Recuerdo haber visto una foto del primer gobierno elegido democráticamente en Sudáfrica y darme cuenta de que conocía a dos tercios de ellos. También recuerdo haber visto una foto del recién elegido gobierno de Blair (Nuevo Laborista) y darme cuenta de que conocía a una cuarta parte de ellos, y en ambas ocasiones recuerdo cómo me llené de esperanza. Pero en ambos casos, no pasó mucho tiempo para ver cómo el poder corrompió a tantos miembros de esos gobiernos. Estas eran personas a las que llamaría y dirían: "¿Qué estás haciendo?", Y la respuesta siempre fue algo como "Benjamin, no entiendes cómo funciona el poder". Bueno lo haré. Joder el poder, y vamos a cuidarnos unos a otros.

La mayoría de la gente sabe que la política está fallando. Eso no es una teoría o mi punto de vista. Pueden verlo, pueden sentirlo. El problema es que simplemente no pueden imaginar una alternativa. Les falta confianza. Simplemente borré toda la publicidad, apagué la "visión de mentira" y comencé a pensar por mí mismo. Entonces realmente empecé a conocer gente y, créanme, no hay nada mejor que conocer gente que se lleva la vida, dirigiendo granjas, escuelas, tiendas e incluso economías, en comunidades donde nadie tiene poder.

Por eso soy anarquista.

Benjamín Zephaniah es escritor, poeta y anarquista. Su último libro es La vida y las rimas de Benjamin Zephaniah (Simon and Schuster).