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lunes, 4 de mayo de 2026

 


Lucía Topolansky rompe el silencio tras la muerte de Mujica y revela el secreto que él nunca confesó

Parte 1

El día en que enterraban al expresidente más humilde de la república, su propio hermano intentó arrebatarle a la viuda una caja de madera diciendo que allí estaba la prueba de una vergüenza familiar.

La multitud que había llegado hasta la vieja chacra de Las Higueras quedó congelada. Nadie esperaba un escándalo frente al portón de alambre donde durante décadas Julián Arce había recibido a vecinos, estudiantes, campesinos y mandatarios extranjeros con la misma camisa gastada y las mismas manos manchadas de tierra. Había muerto a los 91 años, en su cama angosta, con su perra Mora acostada junto a los pies y su compañera Clara Medina sosteniéndole la mano.

Julián había podido vivir en la residencia presidencial, dormir bajo techos de mármol, viajar rodeado de escoltas y acumular favores de empresarios. Pero eligió quedarse en esa casa pequeña, de techo bajo, donde el viento entraba por las rendijas y donde el único lujo era ver amanecer sobre los surcos de maíz. Por eso, cuando la noticia de su muerte se extendió por la capital, miles llegaron con flores, velas y cartas. Para unos era el presidente austero que donó casi todo su salario. Para otros, el exguerrillero que sobrevivió 14 años de cárcel. Para Clara, seguía siendo el hombre que le pedía silencio para escuchar crecer la tierra.

Pero aquella mañana, antes de que el cortejo saliera hacia el salón legislativo, apareció Ramiro Arce, el hermano menor de Julián, acompañado por 2 sobrinos y un abogado. Ramiro no había visitado la chacra en años, salvo para reclamar terrenos, fotografías y cualquier cosa que pudiera convertirse en herencia.

Esa caja no se va contigo, Clara.

Clara, vestida de negro sencillo, apretó la caja contra el pecho. Mora gruñó desde el escalón de la entrada, como si entendiera que algo oscuro acababa de romper el duelo.

Esta caja me la dejó Julián.

Julián era de todos —respondió Ramiro, alzando la voz para que los periodistas escucharan—. Y si aquí hay cartas, dinero o secretos políticos, la familia tiene derecho.

La familia también tenía derecho a acompañarlo cuando tosía sangre por las noches —dijo Clara sin gritar—. Pero entonces nadie vino.

El murmullo se volvió un incendio. Las cámaras se acercaron. Un sobrino acusó a Clara de manipular la memoria del expresidente para controlar su legado. Otro insinuó que el famoso hombre humilde quizá no había sido tan transparente como todos creían. Aquella frase cayó como una piedra en el corazón de los presentes. Durante años, los enemigos de Julián habían intentado demostrar que su pobreza era teatro. Nunca pudieron. Ahora, su propia sangre sembraba la duda frente a su cadáver.

En medio de la tensión, Esteban Ríos, un antiguo guardia de prisión de 78 años, se abrió paso entre la gente. Caminaba con bastón, pero su voz salió firme.

Yo sé qué hay en esa caja.

Todos lo miraron.

Usted no sabe nada —escupió Ramiro.

Esteban bajó la cabeza ante Clara.

Perdóneme por venir hoy. Yo fui uno de los guardias del pabellón subterráneo. No de los peores, pero tampoco de los buenos. Su esposo me salvó de convertirme en una bestia completa.

Clara cerró los ojos. Durante un segundo, dejó de ver periodistas, parientes y flores. Vio el pasillo húmedo de la prisión, los gritos, las botas, el metal golpeando puertas. Vio a Julián más joven, encerrado en una celda donde apenas podía estirar los brazos, alimentando hormigas con migas de pan porque eran las únicas criaturas que no lo miraban con odio.

Él nunca quiso contar eso —susurró Clara.

Pero ahora quieren mancharlo —dijo Esteban—. Y la verdad merece salir antes que la codicia.

Ramiro soltó una risa amarga.

¿La verdad? La verdad es que mi hermano abandonó a su familia por la política y ahora todos lo tratan como santo.

Clara lo miró con una tristeza feroz.

No era santo. Era un hombre que aprendió a no pudrirse por dentro.

Entonces abrió la caja frente a todos. No había dinero. No había joyas. Solo un cuaderno viejo, 1 piedra pulida, unas semillas secas, un collar de cuentas de madera y más de 200 sobres atados con hilo.

Al verlos, Esteban comenzó a llorar.

Clara tomó el cuaderno con manos temblorosas. La primera página tenía una frase escrita por Julián: “Si un día intentan convertir mi pobreza en espectáculo o mi silencio en mentira, cuenta lo que pasó en la celda 7”.

Y cuando Clara levantó la vista, los periodistas dejaron de respirar, porque entendieron que el verdadero secreto de Julián Arce no estaba en lo que había rechazado, sino en lo que había sobrevivido sin dejar que el odio lo gobernara. ...


 Gabriel López


 Alicia Merabiglia

¡El ISLAM es monstruoso! Perdón...a ver... a ver...perdón...¡ pero si es la Biblia!

 Ricardo Jorba Estorch


 




 Martin RS


 Joseluis Rodriguez Blazquez


 


Berlín, 1923. En un parque cualquiera, una niña lloraba desconsolada: su muñeca favorita había desaparecido y, por más que buscaba entre los árboles y los bancos, no aparecía. Su pequeño mundo se había derrumbado.

Un hombre delgado, de mirada seria pero profunda, se acercó. Podría haber seguido de largo, podría haber repetido lo que dicen todos los adultos: “ya pasó, te comprarán otra”. Pero aquel hombre era Franz Kafka, y decidió hacer algo distinto.

Con voz suave le dijo:

- No llores. Tu muñeca no está perdida… está de viaje.

La niña lo miró sorprendida, y Kafka sacó una carta cuidadosamente escrita:

- "Querida amiga, no llores por mí. Me fui de viaje para conocer el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras."

Desde ese día, cada tarde la niña regresaba al parque y allí estaba Kafka, esperándola con una nueva carta. La muñeca narraba mares brillantes, montañas lejanas y ciudades llenas de luces. Poco a poco, el dolor de la pérdida se transformó en asombro y esperanza.

Semanas después, Kafka apareció con una muñeca nueva. La niña la tomó entre sus manos y frunció el ceño:

- No se parece a la mía…

Entonces Kafka le entregó la última carta:

- "Mis viajes me han cambiado. Ahora soy diferente, pero sigo siendo yo."

La niña sonrió y abrazó la muñeca con fuerza. Había comprendido algo que muchos tardamos toda la vida en entender: todo cambia, pero el amor nunca desaparece, simplemente se transforma.

📌 Nota: El gesto de Kafka con la niña y las cartas es real, pero varios detalles (como la carta escondida dentro de la muñeca y la frase final) son añadidos literarios posteriores. La historia es una mezcla de realidad y leyenda, transmitida para inspirar sobre el poder del amor y la imaginación.


 María Marín


 


Su cuerpo nunca dejó de crecer, pero quienes lo conocieron recordaban más su bondad que su altura.

Robert Pershing Wadlow nació en 1918 en Alton, Illinois, y pasó a la historia como el hombre más alto jamás registrado. Poco antes de su muerte, en 1940, medía 2,72 metros. Tenía apenas 22 años.

Su tamaño extraordinario no fue una simple rareza física. Se debió a una alteración en la glándula pituitaria que hizo que su organismo produjera demasiada hormona de crecimiento. Desde niño comenzó a superar a todos a su alrededor, hasta convertirse en una figura imposible de ignorar. Sus zapatos eran enormes, su ropa debía hacerse a medida y caminar se volvió cada vez más difícil.

Pero Robert no fue recordado como un espectáculo humano. Fue descrito como un joven amable, educado y paciente, alguien que soportaba las miradas constantes con una serenidad poco común. En una época en la que muchas personas diferentes eran exhibidas sin sensibilidad, él intentó vivir con dignidad dentro de un cuerpo que el mundo observaba sin descanso.

Su vida fue breve, pero dejó una huella enorme. Robert Wadlow no solo fue el hombre más alto de la historia. Fue también un recordatorio de que detrás de cada récord hay una persona, una familia, una lucha diaria y una humanidad que ninguna medida puede resumir.


 


 



 

Una cabeza reducida podía parecer un trofeo. Para ellos, era otra cosa.

En la Amazonía, entre lo que hoy es Ecuador y Perú, el pueblo shuar desarrolló durante siglos una práctica que desconcertó al mundo exterior: las tsantsas, las llamadas “cabezas reducidas”. Vistas desde fuera, se interpretaron como un acto de violencia sin sentido. Pero dentro de su cultura tenían un significado mucho más complejo.

Para los shuar, no se trataba solo del cuerpo, sino del espíritu. Creían que, al reducir la cabeza del enemigo vencido, podían contener su fuerza y evitar que regresara para vengarse. Era un acto ligado a la guerra, sí, pero también a una visión espiritual del equilibrio, del poder y de la protección dentro de la comunidad.

El proceso era largo, ritual y reservado. No era algo cotidiano ni masivo. Cada paso estaba acompañado de cantos, normas y un sentido simbólico que iba más allá del resultado final. La tsantsa no era un objeto decorativo en su origen. Era una pieza cargada de significado dentro de un sistema de creencias.

Con el tiempo, todo cambió.

El contacto con el mundo exterior transformó esa práctica. La demanda de coleccionistas y comerciantes distorsionó su sentido original, y lo que antes era un ritual limitado empezó a convertirse en un objeto de intercambio. Eso aceleró su desaparición. Las leyes en Ecuador y otros países terminaron prohibiendo su comercio, y muchos museos comenzaron a devolver las piezas a sus lugares de origen.

Hoy, las tsantsas siguen siendo una de las imágenes más impactantes asociadas a la Amazonía. Pero también son un recordatorio de algo más profundo: lo fácil que es juzgar una cultura desde fuera sin entenderla, y lo rápido que el mundo moderno puede transformar, simplificar o destruir el significado de una tradición.

Detrás de cada símbolo que parece extraño, hay una historia que no siempre se ve a primera vista.



 

BASTA YA. Europa, ya es hora de despertar.

Trump acaba de anunciar la retirada de 5.000 soldados de Alemania. El motivo? Que el canciller alemán se atrevió a criticar su guerra con Irán. Una guerra, por cierto, que Estados Unidos inició sin avisar a ningún aliado de la OTAN.

Así trata Washington a sus "socios": con insultos, amenazas y castigos.

Ha llamado a España "horrible". A Italia "de ninguna ayuda". Amenaza con retirar tropas de quien no le obedezca. Impone aranceles como si Europa fuera un enemigo. Y encima exige que mandemos nuestras marinas de guerra a sus conflictos.

Esto no es una alianza. Es un chantaje.

Durante décadas, Europa delegó su defensa en Estados Unidos. Fue cómodo, fue barato, y fue un error histórico. Porque esa dependencia nos ha dejado exactamente donde estamos hoy siendo amenazados por el presidente del país que supuestamente nos protege.

Un continente de 450 millones de personas, con las economías más potentes del mundo, incapaz de garantizar su propia seguridad sin el permiso de alguien que nos insulta desde las redes sociales. La vergüenza no es solo de Trump. Es también nuestra.

La respuesta no puede ser seguir suplicando. Tiene que ser clara

Defensa europea autónoma, ya.

Aranceles a los aranceles, sin complejos.

Si quieren nuestras bases, que paguen por ellas. Y si no, que se vayan.

Lo que hoy Trump anuncia como castigo puede ser la oportunidad que Europa necesitaba para dejar de ser un protectorado y convertirse en un actor real en el mundo.

No es anti-americanismo. Es dignidad. Yanquis fuera.

¿Hasta cuándo vamos a seguir mirando hacia otro lado?

Miguel Fernández


 Joan Ignasi masutier


 Domingo Ruiz Gonzalez


 Julia Muñoz Vela


 

El PP y Vito Quiles: Alma Alfonso le cede su despacho en el Congreso para grabar un vídeo contra Sánchez, su mujer y la prensa

La diputada valenciana del PP permite el uso de su despacho en la Cámara Baja al agitador de extrema derecha para grabar un vídeo de autopropaganda contra el Gobierno y el resto de periodistas

Lorfeto Ochando

4-5-26

ElPlural



El pasado jueves, el agitador de extrema derecha, Vito Quiles, publicaba un vídeo en sus redes sociales en el que afirmaba que iba a querellarse contra la mujer del presidente, Begoña Gómez y las mujeres que la acompañaban el día que Quiles la acosó. Además, aprovechaba ese vídeo para cargar contra el Gobierno, así como contra el resto de periodistas que ejercen su trabajo dignamente. Más allá del vídeo en sí mismo, lo que es inaceptable es que lo grabó dentro del Congreso de los Diputados, concretamente desde el despacho de la diputada del PP por valencia, Alma Alfonso, evidenciando así la connivencia (aunque sea por la puerta de atrás, pues el PP la niega) entre Quiles y el Partido Popular.

Al ver el vídeo, ElPlural.com, como es su obligación, se ha puesto en contacto con la diputada por Valencia del Partido Popular, Alma Alfonso, cuyo despacho utilizó el extremista para hacer el vídeo. Alfonso habló con una redactora durante poco más de un minuto y pidió que la llamaran 20 minutos más tarde porque, según dijo, estaba con un ‘tema familiar’. Este periódico la ha llamado varias veces sin éxito.

Además, este medio se ha puesto en contacto con el gabinete de comunicación del Partido Popular en el Congreso de los Diputados, y lo ha intentado con el de la calle Génova 13. En una primera llamada, la persona responsable de comunicación de la Cámara Baja afirmó no saber nada sobre el hecho de que Alma Alfonso cediera su despacho a Vito Quiles para grabar un vídeo contra Gómez, Sánchez, el Gobierno y los periodistas, y pidió tiempo para averiguar lo sucedido.

Tras darles tiempo, más de 12 horas para ser exactos, a corroborar la información obtenida por ElPlural.com a través de diversas fuentes, así como por el hecho de que el despacho de la diputada del PP no solo tiene una banderita de la Comunitat Valenciana que aparece en el vídeo, sino una lámina que pertenece a Patrimonio Nacional y que está catalogada, por lo que ha sido relativamente sencillo saber a quién pertenecía el despacho, este periódico no ha obtenido ninguna respuesta pese a las tres llamadas a la diputada afectada, otros cinco intentos de hablar con la responsable de prensa del PP del Congreso, y tres más con el jefe de comunicación del Partido Popular en Génova 13.

El PP vuelve a la época Gürtel

Los responsables del gabinete de comunicación del PP en la Cámara Baja han decidido, con respecto a la cesión de un despacho pagado por todos los españoles para grabar un vídeo de autopropaganda del agitador de extrema derecha, que lo mejor es no contestar a las llamadas de este periódico, tal y como hacía el partido del charrán en las peores épocas de la Gürtel, cuando a lo máximo que podía aspirar la prensa era a ver a Mariano Rajoy a través de un plasma en la sede del partido.

Pero esconder la cabeza cual avestruz no implica que algo no haya pasado. El vídeo, grabado con la connivencia, como mínimo de una diputada del PP, está ahí, con el ataque al PSOE, Sánchez y Gómez y lo que es peor, las mentiras sobre los periodistas que sí trabajan con honestidad cada día ya sea en el Congreso o fuera de él, contrastan las informaciones, y engrandecen el oficio.


domingo, 3 de mayo de 2026

 Fernando Magallanes


 

BOMBA POLÍTICA: EL ABOGADO DE Begoña Gómez CONTRAATACA Y PONE EN EL PUNTO DE MIRA AL PP, AL JUEZ Juan Carlos Peinado… Y HASTA A LA FAMILIA DE José María Aznar.

Encuentra el video completo en los comentarios



 Angel Jimenez Muñoz


 Fernando Gonzalez Arrugaeta

Paca la Culona, alias Miss Islas Canarias, Generalísismo Criminalísimo por la Gracia de Dios., el mayor asesino de Europa después de Hitler del que estaba enamorado.

 


A los 13 años, pulía ataúdes por unas monedas. A los 32, se convirtió en James Bond. A los 39, conoció a la mujer que lo amaría durante 45 años, y ella no tenía idea de quién era.

Sean Connery nació en un pequeño apartamento obrero de Edimburgo en 1930. Su padre conducía camiones. Su madre limpiaba casas para ganarse la vida. No había dinero para lujos. Apenas había dinero para lo esencial. La familia dormía en una sola habitación, y el joven Sean aprendió muy pronto que la vida no le regalaría nada.

A los 13 años, dejó la escuela. No porque quisiera. Porque su familia necesitaba cada chelín que él pudiera llevar a casa. Así que se levantaba antes del amanecer y repartía leche por las frías calles escocesas. Cuando terminaba un trabajo, empezaba otro. Colocó ladrillos. Condujo camiones. Trabajó en piscinas. Y durante un tiempo pulió ataúdes en un taller, rodeado de silencio y del peso de los finales ajenos.

Para ganar unas monedas más, posó como modelo para estudiantes de arte en el Edinburgh College of Art. No había glamour en nada de eso. Solo un joven haciendo cualquier trabajo honrado que pudiera encontrar.

A los 16 años, se unió a la Marina Real. Volvió a casa unos años después con úlceras y una baja médica, pero también con algo más silencioso creciendo dentro de él. Hambre. La sensación de que su vida estaba destinada a ser más grande que las calles de las que venía.

En 1953, casi por impulso, participó en el concurso Mr. Universe. Quedó entre los primeros de su categoría. Y allí, otro competidor le habló de una audición teatral para un musical llamado South Pacific. Sean nunca había actuado. No tenía formación. Apenas sabía enfrentarse a un guion. Pero fue de todos modos.

Esa sola decisión lo cambió todo.

Durante casi una década, sobrevivió con papeles pequeños. Apariciones en televisión. Películas menores. Algunos directores de reparto le decían que su fuerte acento escocés era un problema. Otros pensaban que era demasiado rudo, demasiado obrero, demasiado poco pulido para ser protagonista.

Él siguió adelante.

Entonces, en 1962, una película llamada Dr. No buscaba a un rostro relativamente nuevo para interpretar a un espía británico llamado James Bond. Los productores no estaban del todo seguros de Connery. Pero Dana Broccoli, esposa del productor Albert Broccoli, tuvo una influencia clave para convencerlos de que él era el hombre indicado. Fue elegido. La película explotó. Y el repartidor de leche de Edimburgo se convirtió en el espía más famoso del mundo.

Después de eso, la fama lo siguió a todas partes. Premios. Portadas. Multitudes. El muchacho que una vez pulió ataúdes era ahora un ícono mundial.

Pero el momento más importante de su vida todavía estaba por llegar.

En 1970, en un torneo de golf en Marruecos, conoció a una pintora franco-marroquí llamada Micheline Roquebrune. Ella vio a un hombre alto, encantador, de mirada amable. Notó la manera en que se movía. No sabía que era James Bond. No había visto sus películas. Para ella, era simplemente Sean.

Y tal vez eso era exactamente lo que él había buscado toda su vida.

Se casaron en 1975 y permanecieron juntos durante 45 años, hasta su último aliento en 2020. En un mundo que lo adoraba como una leyenda, ella siempre vio al hombre.

La vida de Sean Connery no es solo una historia sobre ascender de la pobreza al estrellato. Es una historia sobre ser visto de verdad. Porque el amor más profundo no es el que te encuentra por lo que el mundo dice que eres. Es el que te encuentra a pesar de todo ese ruido, y se queda por el alma que hay debajo.

A veces, el mayor reconocimiento de la vida no viene de millones de desconocidos. Viene de una sola persona que te mira y, simplemente, te ve.

Fuente: Encyclopaedia Britannica ("Sean Connery", fecha no disponible)


 


*𝗖𝗼𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼 𝗣𝘂𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗠𝗮𝗱𝗲𝗿𝗮

En la fosa común del patio nº 1 del cementerio de Albacete, situada a espaldas de los grandes mausoleos de la aristocracia local, una pequeña placa recuerda a un niño nacido en 1937 y muerto en 1940. O sea, nacido y muerto en tiempos bestiales. Se llamaba José, pero todos lo conocían como Pepico. Su corta existencia es como una pequeña metáfora de la historia de España. Su padre, también José, luchó por defender la República frente al golpe de estado de los generales. Colaboró con las Brigadas Internacionales, combatió en la batalla del Ebro y en 1939 cruzó la frontera huyendo de la salvaje represión desatada por Franco. Lo que le esperaba al otro lado de los Pirineos no era precisamente la “libertad, igualdad y fraternidad” que cabía esperar de la cuna de la Ilustración. Como es bien sabido, los refugiados y las refugiadas españoles fueron recluidos en campos de concentración que carecían de las condiciones mínimas para una vida digna. Los más pequeños caían como moscas a causa de las enfermedades y el hambre. José entró en Argelès. Luego se alistó en el Regimiento de Marcha de Voluntarios Extranjeros. Fue capturado por los alemanes. Estuvo ingresado en Mauthausen, Gusen y Ebensee, donde fue liberado. Su biografía parece más la de un héroe mitológico que la de un simple mortal.

Mientras tanto, Ramona, su mujer, intentaba sobrevivir con sus dos hijas y sus dos hijos. Resulta fácil imaginar en qué condiciones. La dictadura que ahora algunos añoran convirtió la vida de los vencidos en un auténtico infierno. En cierta ocasión, Pepico enfermó. Ramona reunió lo que pudo de sus escasos ahorros y, acompañada de su hija Rosa, llevó a la criatura a la consulta privada del pediatra Luis Martínez de la Ossa, que les exigió esperar fuera mientras lo examinaba. Según el testimonio de ambas, el futuro alcalde de Albacete salió al poco y voceó bien alto para que todos lo oyeran: “¡Oye, un hijo de rojo menos!”. Pocas horas después, Pepico murió… En 1947, después de muchas peripecias, lo que quedaba de la familia consiguió salir de España y juntarse con José en Francia. Y ahí comienza otra etapa.

Todo esto lo cuenta el periodista escritor francés Gilbert Grellet en su obra Un invierno despiadado, una documentadísima historia del franquismo que tiene a los Ocaña como hilo conductor de su relato. A partir de ahora, contamos lo que sabemos por nuestra propia experiencia. Sabemos, por ejemplo, que, cuando en 2022 se instalaron en Albacete los stolpersteine (“piedras de la memoria” en homenaje a los deportados a campos de concentración nazis), Juan, el hermano menor, y su familia, después de hacer 800 o 900 kilómetros, fueron a aparcar ni más ni menos que en la calle Martínez de la Ossa. Sabemos que, desde entonces, Juan, nacido en 1940, ha hecho de la eliminación de esa calle un objetivo de vida. Como escribió el psiquiatra Viktor Frankl, somos seres “en busca de sentido”. Sabemos que en esa causa justa entre las causas justas le acompañan la Asociación Fosa de Alcaraz y el Grupo de Amigas y Amigos Antonio Machado. Sabemos que, en julio de 2024, estas organizaciones presentaron ante el Ayuntamiento de Albacete una instancia solicitando el cambio de nombre de esa calle por constituir un vestigio del franquismo incluido en el Catálogo Provincial, elaborado por el grupo de comunicación Vocesenlucha y publicado por el Instituto de Estudios Albacetenses, un organismo oficial adscrito a la Diputación. Sabemos que un año después presentaron un recurso de reposición. Sabemos que, en marzo de este mismo año, el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática envió a nuestro alcalde un requerimiento para cambiar el nombre de esa calle en cumplimiento de la Ley de Memoria Democrática. Sabemos que el alcalde no se ha dignado a contestar a nada.

Y sabemos más cosas. Sabemos que silencios como el de Manuel Serrano hacen más profundas las fosas en que aún yacen las víctimas de la dictadura. Y sabemos que prolongan hasta el infinito el dolor de sus familias. Pero también sabemos que, pese a todo, Pepico vive. Vive en el carácter incombustible de su hermano, y probablemente en sus rasgos físicos. Vive en todas las personas que siguen reclamando “verdad, justicia y reparación” para quienes lucharon por la democracia. Y vive en los hombres y mujeres que cada día plantan cara al fascismo emergente. Sí, no cabe duda. Pepico vive. Todos nuestros “Pepicos” viven porque, como le gusta repetir a este colectivo, la lucha sigue.

@CPuenteMadera

*El Colectivo Puente Madera está formado por Esteban Ortiz, Vanessa Pérez, Elías Rovira y Javier Sánchez.


 Joan Ignasi Masutier


 


 Mari Carmen Moreno


 


La mandíbula de Don Corleone empezó como un truco casi infantil.

Durante la prueba de cámara para El Padrino, Marlon Brando se metió algodón en las mejillas para cambiar la forma de su rostro. Quería que Vito Corleone pareciera más viejo, más pesado, más animal, como un hombre que hablaba desde el fondo de la garganta y no desde la boca. Francis Ford Coppola quedó impresionado con aquella transformación.

Para el rodaje, ese efecto improvisado se convirtió en una prótesis real. El maquillador Dick Smith y el dentista Henry Dwork ayudaron a crear una pieza bucal que empujaba las mejillas y cambiaba la mandíbula de Brando. No era solo maquillaje. Era una pequeña arquitectura dentro de la boca, capaz de alterar la voz, el gesto y la presencia completa del personaje.

Y ahí está lo fascinante.

Uno de los personajes más imitados del cine nació en parte de una incomodidad física. Brando no solo actuó a Don Corleone. Lo construyó desde la postura, desde los silencios, desde esa voz apagada y desde una mandíbula que parecía cargar años de poder, cansancio y amenaza.

La pieza de plástico no era un detalle menor.

Era la frontera entre Marlon Brando y Vito Corleone.

Un pequeño objeto dentro de la boca ayudó a crear una de las presencias más grandes de la historia del cine.


 Raf Ateus


 Periko Palotes


 Mariano Valderas Alba


 Pablo Diaz Nombela


 


En 1895, un niño de solo 12 años bajó de un barco en Boston.

No traía lujos. Solo vestía unos zapatos gastados y apenas podía balbucear unas palabras en inglés. Venía de las montañas del Líbano junto a su madre, sus dos hermanas y su medio hermano. No perseguían una certeza; perseguían una esperanza. Eran pobres, estaban de luto y eran completos extraños en un mundo que no los quería recibir.

La escuela fue su primer campo de batalla.

Se burlaban de su acento. Sus compañeros lo tomaban por "lento" y lo llamaban "sucio" simplemente por el color aceitunado de su piel. El mundo lo veía como alguien indeseable, pero sus maestros notaron algo que los demás ignoraban.

No era ruidoso, era observador. No hablaba con facilidad, pero sus dibujos desbordaban una sabiduría silenciosa. Con el tiempo, no solo dominó el idioma, sino que moldeó una voz que el planeta entero llegaría a reconocer.

Su nombre era Khalil Gibran.

Pero cuando el éxito parecía asomarse, la tragedia golpeó con furia.

En pocos años, la enfermedad le arrebató a su medio hermano, a su querida hermana y, finalmente, a su madre. Gibran quedó devastado. Su única hermana sobreviviente se convirtió en su pilar: trabajó incansablemente en un taller de costura para mantenerlo y permitirle seguir estudiando.

Él nunca olvidó ese sacrificio. Por eso, años después declararía: «La palabra más bella en los labios de la humanidad es la palabra ‘Madre’.»

Gibran no escribía sobre el amor desde la comodidad, sino desde el dolor, la gratitud y una claridad forjada en el fuego de la adversidad. En 1923, publicó "El Profeta", una obra que se convirtió en un fenómeno mundial. Fue traducido a más de 100 idiomas y se leyó en bodas, funerales y momentos de crisis.

Desde estrellas de rock como Elvis Presley y John Lennon, hasta presidentes como JFK, millones de personas se vieron reflejadas en sus ensayos poéticos.

Él nunca necesitó alzar la voz para ser escuchado. Solo escribía.

Nos enseñó que «del sufrimiento surgen las almas más fuertes» y que «los caracteres más imponentes están marcados por cicatrices».

Hoy, un siglo después, esa alma marcada sigue tocando corazones en cada rincón del mundo. Nada mal para aquel niño al que una vez, en una calle de Boston, llamaron indeseable.

#DatoCurioso #interesante #historia #sorprendente



 J. Andres Vivas


 


APODOS HISTÓRICOS DE REYES (Y REINAS) CON MUY MALA LECHE

Olvidaos de los "Sabios" y los "Grandes"; la historia real se escribió con motes que eran auténticos dardos envenenados. Aquí os dejo algunas joyas del escarnio histórico:

1. Juan I de Inglaterra, "Espada Blanda" (Softsword): No solo le llamaron "Sin Tierra". Sus barones le pusieron este mote no por su alcoba, sino por su alergia a las batallas campales. En un siglo XII donde el rey debía ser un tanque, que te llamen "Espada Blanda" es decirte que eres un cobarde de manual que prefiere pagar para no pelear.

2. Enrique IV de Castilla, "El Impotente": El mayor éxito de la propaganda política española. La nobleza rebelde se inventó que el rey no podía "cumplir", lanzando el bulo de que su hija, Juana, era en realidad de Beltrán de la Cueva. Una campaña de *fake news* medieval que cambió el destino de España.

3. Ivailo de Bulgaria, "El Rábano" (*Bardokva*): Imagina que un porquero lidera una revuelta campesina y llega a ser zar. La aristocracia bizantina, incapaz de digerir que un tipo que olía a pocilga les venciera, le llamó "Rábano" (o "Lechuga"). Para ellos, un vegetal del huerto nunca sería un soberano de sangre azul.

4. Constantino V, "Coprónimo": Literalmente, "el del nombre de estiércol". Sus enemigos, los defensores de las imágenes sagradas, se inventaron que de bebé se había defecado en la pila bautismal. Fue la forma de los monjes de decir que toda su política religiosa no valía más que lo que él dejó en la fuente.

5. Carlos II de España, "El Hechizado": El pobre Carlos no estaba embrujado, era el resultado de un árbol genealógico que parecía una escalera. Pero en el siglo XVII, era más fácil culpar a los demonios y a los exorcismos que admitir que el sistema de bodas entre los Austrias era un desastre genético total.

6. Pipino el Breve: Vale, suena a chiste, pero en una época donde la estatura se medía por la capacidad de intimidar, que te llamen "el corto" es empezar la partida con desventaja. Eso sí, el tipo compensó sus pocos centímetros fundando una dinastía que dio a luz a Carlomagno. No era el tamaño, era el imperio.

7. Guillermo I de Inglaterra, "El Bastardo": Su origen extramatrimonial era el insulto favorito de sus rivales. En el asedio de Alençon, los locales colgaron pieles de animales en las murallas para recordarle que su abuelo era un curtidor humilde. Guillermo respondió conquistando Inglaterra y demostrando que un bastardo puede ser más rey que cualquier legítimo.

8. Justiniano II, "Rinotmetos": Tras un golpe de Estado, le cortaron la nariz para incapacitarlo (la ley decía que un emperador debía ser físicamente perfecto). Pero Justiniano era un psicópata con recursos: se puso una prótesis de oro, regresó al poder y mandó ejecutar a sus enemigos mientras él mismo les pisaba el cuello en el Hipódromo.

9. Boleslao V de Polonia, "El Casto": Lo que hoy parece un piropo monacal, en el siglo XIII era una burla sobre su falta de descendencia y su "poca autoridad" marital. El pueblo no veía un santo, veía a un rey que, por influencia de su mujer, dejó al reino huérfano de herederos por un voto de pureza que nadie pidió.

10. Ramón Berenguer II y Berenguer Ramón II: "Cabeza de Estopa" vs. "El Fratricida"

Esta pareja de gemelos gobernó junta, pero el pueblo no los medía por el mismo rasero. A Ramón Berenguer II le llamaron "Cabeza de Estopa" (Cap d’Estopes) por su mata de pelo rubio platino, casi blanco, que le daba un aire de héroe de leyenda. Era el guapo, el carismático, el favorito. En cambio, cuando apareció muerto en un espeso bosque de camino a Gerona, las miradas se clavaron en su hermano. A Berenguer Ramón II le encasquetaron el mote de "El Fratricida". No importó que no hubiera juicio oficial: el mote fue su sentencia de muerte política. Uno pasó a la historia por su pelazo y el otro por, presuntamente, liquidar a su copia exacta por envidia. Un culebrón catalán de manual.

11. 1. Eduardo II de Inglaterra, "El Rey Gay": En el siglo XIV, la corte no tenía los filtros de hoy. Eduardo II no solo fue un desastre militar (perdió contra los escoceses de mala manera), sino que su obsesión con sus "favoritos" (primero Piers Gaveston y luego Hugh Despenser) era escándalo público. El pueblo, que no era muy sutil, le puso este mote para mofarse de que prefería las caricias de sus amigos a las de su reina, Isabel de Francia. Spoiler: la reina se vengó con un atizador al rojo vivo. Ahí lo dejo.

12. María I de Inglaterra, "Bloody Mary" (La Sanguinaria): Si hoy pides un Bloody Mary en un bar, le estás haciendo los coros a la propaganda protestante del siglo XVI. A María la historia la condenó a ser una villana de película de terror por mandar a la hoguera a 300 infieles en su intento de recatolicizar Inglaterra. Sin embargo, lo que la mala leche de sus cronistas omite es que su hermana, la "angelical" Isabel I, ejecutó a muchísimos más católicos. La diferencia es que Isabel ganó la guerra del marketing y María se quedó con el mote de psicópata y una receta de cóctel a base de zumo de tomate. Una injusticia histórica que se sirve muy fría.

13. Urraca I de León y Castilla, "La Temeraria": Ser la primera mujer en gobernar por derecho propio en la Europa medieval te garantizaba, como mínimo, que los monjes cronistas te pusieran verde. La llamaron "Temeraria" no por su valentía en el campo de batalla, que la tenía., sino como un eufemismo de "loca peligrosa". El mote buscaba deslegitimarla: no era una estratega, era una mujer "sin juicio". Hoy sabemos que de temeraria no tenía un pelo; fue una superviviente nata en un nido de víboras.

14. Isabel II de España, "La de los Tristes Destinos": Aunque en los libros de texto luce este mote tan melancólico y romántico, en la calle la mala leche era mucho más cruda. Casada por obligación con su primo Francisco de Asís (un tipo del que se decía que "usaba más encajes que ella"), la reina buscó el afecto fuera del lecho conyugal con un entusiasmo que escandalizó a la Europa puritana. Mientras la prensa oficial hablaba de sus "tristes destinos" políticos y sus exilios, el pueblo la llamaba "la ninfómana" o "la reina castiza". Fue la víctima perfecta de una época que perdonaba los bastardos a los reyes, pero que no soportaba que una reina tuviera la misma libertad de alcoba que sus antepasados varones.

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