Frasco LuisPereda de los Rios
Ernesto Navarrete Alcal, el verdugo más sanguinario del CC Castuera
Ernesto Navarrete Alcal fue uno de los mandos más brutales del aparato concentracionario franquista. Tras el final de la guerra fue nombrado jefe del campo de concentración de Castuera, donde su actuación inauguró —en palabras del historiador Antonio López Rodríguez— «el primer capítulo de horror» del recinto. Su presencia era sinónimo de violencia arbitraria: soldados destinados allí afirmaban que cada vez que Navarrete aparecía, algo terrible ocurría, y que incluso disparaba por la espalda a militares que consideraba “flaqueando”.
1. Castuera como laboratorio de terrorDurante los meses de abril y mayo de 1939, bajo su mando directo, se ejecutaron vejaciones sistemáticas, castigos físicos, incomunicaciones prolongadas y asesinatos indiscriminados. El campo funcionó como un dispositivo de eliminación selectiva: incomunicados, sospechosos, prisioneros recién llegados y detenidos considerados “peligrosos” eran los principales objetivos.
2. Método de ejecución: La Gamonita
El procedimiento más habitual consistía en sacar a los presos de los barracones —especialmente de las celdas de incomunicados— y trasladarlos a la bocamina de La Gamonita, a poca distancia del campo. Allí eran arrojados al vacío y después se les lanzaban bombas de mano para rematar los cuerpos. Las investigaciones coinciden en que cientos de prisioneros fueron asesinados mediante este método.
3. Impronta represiva
Navarrete dejó en Castuera un patrón de actuación basado en:
Violencia preventiva contra presos y soldados.
Eliminación extrajudicial como herramienta disciplinaria.Terror ejemplarizante para consolidar el control del campo.Su
figura encarna la lógica del primer franquismo: mandos medios con iniciativa represiva, autonomía operativa y ausencia total de límites legales.
4. Idea central
Navarrete Alcal fue un agente de exterminio dentro del sistema concentracionario franquista. Su paso por Castuera marcó el período más letal del campo y estableció un modelo de violencia que condicionó toda su existencia posterior.
Bibliografía: LÓPEZ RODRÍGUEZ, Antonio D. (2009): Cruz, bandera y caudillo. El campo de concentración de Castuera, Badajoz