Una voz atravesaba cada noche miles de hogares españoles. No llevaba soldados ni municiones, pero también pretendía conquistar mediante el miedo.
Sevilla, verano de 1936. En un estudio de radio, Gonzalo Queipo de Llano se coloca ante el micrófono después de que las fuerzas sublevadas hayan asegurado el control de la ciudad. Fuera, las detenciones y ejecuciones se multiplican. Dentro, el general improvisa discursos dirigidos tanto a sus partidarios como a quienes todavía resisten. Su tono combina triunfalismo, insultos y amenazas. La emisión termina, pero sus palabras continúan circulando por cafés, hogares y cuarteles.
La
radio era entonces el medio de comunicación más inmediato. Permitía
transmitir mensajes a grandes distancias sin esperar a la prensa del
día siguiente. Queipo de Llano comprendió muy pronto su poder y
utilizó Radio Sevilla como instrumento de propaganda durante los
primeros meses de la Guerra Civil.
Sus
intervenciones buscaban presentar el avance sublevado como
inevitable. También pretendían quebrar la moral de la población
republicana.
El general
anunciaba
victorias, exageraba fuerzas propias y difundía rumores sobre
derrotas enemigas. No siempre distinguía entre información militar
y provocación. Sus palabras estaban cargadas de desprecio hacia
adversarios políticos y sociales. La violencia verbal acompañaba a
una represión real que ya se desarrollaba en Andalucía.
Muchos oyentes recibían aquellas emisiones sin posibilidad de
comprobar lo que escuchaban. Otros las
sintonizaban clandestinamente desde zonas republicanas. La voz del locutor se convirtió así en parte de la experiencia cotidiana de la guerra. Los discursos eran comentados, resumidos y reproducidos por periódicos favorables al levantamiento. Su alcance superó ampliamente los límites de Sevilla.
Lo que muchos ignoran... es que no existe un archivo sonoro completo de todas aquellas intervenciones. Una parte importante de lo que conocemos procede de transcripciones periodísticas, testimonios y recopilaciones posteriores. Por eso, los historiadores recomiendan diferenciar las frases documentadas de las citas atribuidas con posterioridad. Sin embargo, el carácter intimidatorio general de sus discursos está ampliamente acreditado. Queiporecurrió de manera repetida a amenazas, burlas y lenguaje deshumanizador. La radio no fue un elemento secundario de su estrategia.
Funcionó como un arma psicológica destinada a crear incertidumbre y demostrar control. Las emisiones también revelan cómo la tecnología moderna podía ponerse al servicio de una violencia muy antigua: dominar al adversario mediante el terror. Incluso dentro del propio bando sublevado, su estilo generó incomodidad con el paso del tiempo. Cuando el nuevo aparato propagandístico comenzó a centralizarse, aquellas improvisaciones fueron perdiendo protagonismo.
Queipo
de Llano no inventó la propaganda radiofónica, pero mostró hasta
dónde podía llegar en una guerra civil. El micrófono amplificó su
voz y convirtió el miedo en un mensaje capaz de atravesar ciudades
enteras.
Recordar estas emisiones no significa reproducir sus amenazas. Significa comprender que la palabra también puede preparar, justificar o acompañar la violencia. La historia de la radio
sevillana demuestra que una guerra se libra igualmente en la mente de quienes escuchan.
¿Sabías que la radio fue utilizada como arma psicológica durante la Guerra Civil?
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