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martes, 18 de noviembre de 2025

 


CARTA ABIERTA AL JUEZ PEINADO: CUANDO LA JUSTICIA SE CONFUNDE CON EL RUIDO

Por Javier F. Ferrero

Señor Peinado,

lo suyo ya no es un expediente judicial: es un género literario. El auto exprés, la imputación relámpago, el archivo milagroso. Un ritmo tan errático, tan políticamente eficaz y tan mediáticamente oportuno que cualquier estudiante de Derecho reconocería el patrón: cuando un juez pierde la sobriedad, gana el espectáculo.

No voy a afirmar aquí que usted actúe movido por intereses ajenos a la toga. No necesito hacerlo. Basta con analizar sus tiempos, sus autos y sus silencios para comprender que lo que debería ser un procedimiento garantista se ha convertido en una anomalía que erosiona la credibilidad institucional.

Lo suyo, señor Peinado, no parece una instrucción: parece una insinuación permanente. Una ventana siempre entreabierta para que los de siempre —los que no ganan en las urnas lo que colonizan en los juzgados— puedan meter la cabeza y contaminar el debate público.

Imputaciones preventivas, filtraciones que aparecen antes incluso que los autos, archivos súbitos…

Un movimiento pendular que no busca esclarecer, sino generar sombra. Y la sombra, cuando se fabrica desde un juzgado, deja de ser casualidad: se convierte en herramienta.

Usted no habrá roto ninguna ley, pero sí ha quebrado algo igual de importante: la percepción de neutralidad.

Porque un juez puede equivocarse, pero no puede permitirse parecer un actor político. Y usted, señor Peinado, se mueve con la precisión de quien sabe dónde quiere colocar la sospecha, no dónde quiere encontrar la verdad.

Vivimos en un país donde el lawfare ya no es una teoría conspirativa: es una práctica observable. Y cada vez que la “casualidad” procesal coincide con el calendario político, cada vez que una imputación se filtra antes de que la persona afectada pueda defenderse, cada vez que un archivo llega apenas once días después de una imputación sin sustancia, la justicia se devalúa y el fango gana.

Le dirán que usted es valiente. Pero la valentía no consiste en desestabilizar gobiernos ni en alimentar titulares. La valentía judicial consiste en aplicar el derecho incluso cuando eso incomoda a los poderosos que le aplauden. Y eso, hasta ahora, no se lo hemos visto.

Señor Peinado, usted puede archivar cuando quiera, imputar cuando quiera, reabrir cuando quiera. Pero la historia será más severa que cualquier fiscal. Y lo juzgará no por sus autos, sino por el clima que ayudó a generar: un clima donde la sospecha vale más que la prueba, donde la filtración pesa más que la resolución, donde la justicia se usa como arma política y no como garantía democrática.

No le escribo para convencerle: le escribo para dejar constancia.

Porque lo que usted está haciendo no es solo un caso: es un síntoma.

Y los síntomas de una justicia erosionada tardan décadas en curarse.

Aquí seguiremos, nombrándolo cuando toque, señalando lo que otros callan y recordando que la democracia se defiende también frente a los jueces que confundieron la imparcialidad con protagonismo.

Atentamente,

Javier F. Ferrero

Director de Spanish Revolution


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