Clara Campoamor: la mujer que humilló al machismo con una sola verdad
A Clara Campoamor no la derrotó nadie.
La expulsaron.
La difamaron.
La despreciaron.
Pero jamás la derrotaron.
Clara hizo lo que ningún hombre de su tiempo se atrevió a hacer:
plantarse en el Congreso de los Diputados en 1931 y decirles en la cara que la democracia española era una farsa si dejaba fuera a las mujeres.
Y dolió.
Dolió tanto que todavía, casi un siglo después, hay quien intenta minimizarla.
Porque la verdad arde, y Clara ardió más que nadie.
“Yo defiendo el voto de la mujer porque defiendo a la mujer.”
Clara Campoamor ganó el sufragio femenino sola, sin ayuda de los partidos, sin la protección de los poderosos, sin el aplauso de los progresistas de salón que pedían libertad pero se la negaban a la mitad del país.
La llamaron imprudente.
La llamaron irresponsable.
La llamaron loca.
Porque así se insulta a una mujer cuando tiene razón.
Y la tenía.
Mientras ella hablaba de igualdad, ellos hablaban de miedo.
Mientras ella pedía justicia, ellos hablaban de “oportunidad política”.
Mientras ella defendía los derechos de millones de mujeres pobres, ellos defendían sus propios asientos.
Clara no buscó cariño.
Buscó justicia.
Y por eso la odiaron.
Ganó el voto femenino y perdió su escaño.
Ganó la libertad de todas y perdió su país.
Ganó la batalla moral y fue expulsada de la historia oficial durante décadas.
Murió en el exilio, como tantos republicanos, esperando un gesto, un reconocimiento, una disculpa.
Murió sin ver a España pedir perdón por haberle dado la espalda a la mujer que hizo posible su democracia.
Y aun así, Clara es la victoria.
Porque la historia, tarde o temprano, siempre termina castigando a los cobardes y salvando a los valientes.
Ella no fue un símbolo.
Fue un puño en la mesa.
Fue un portazo a la hipocresía.
Fue un grito en un país lleno de silencios.
Fue la llama que aún quema cada vez que alguien intenta cuestionar los derechos de las mujeres.
Clara Campoamor no luchó por su tiempo.
Luchó por el nuestro.
Y por eso sigue siendo incómoda.
Gracias a ella, votamos.
Gracias a ella, contamos.
Gracias a ella, existimos en igualdad.
Y si hoy hay quien quiere retroceder, que recuerde una cosa:
España ya tuvo una mujer que les ganó la partida.
Se llamaba Clara Campoamor.
Y sigue viva en cada voto, en cada derecho y en cada mujer que no baja la cabeza.
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Fuentes y bibliografía
• Campoamor, Clara. El voto femenino y yo. Mi pecado mortal. Editorial Horas y Horas.
• Morán, Gregorio. El precio de la libertad: Historia de Clara Campoamor. Ediciones Akal.
• Núñez Díaz-Balart, Mirta. Mujeres en guerra. Editorial Espasa.
• Archivo del Congreso de los Diputados. Debates de 1931.
• Fundación Clara Campoamor. Documentación y archivo biográfico.
• Diario oficial de sesiones de las Cortes Constituyentes, 1 de octubre de 1931.
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Texto original de Pilar González. Todos los derechos reservados.
SÍGUEME para descubrir la historia que nunca te contaron.
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