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miércoles, 28 de enero de 2026

 



Hace 81 años, las puertas de Auschwitz fueron finalmente abiertas por tropas soviéticas.

Y el mundo comenzó a ver —de frente— una magnitud de horror que ningún idioma puede describir por completo.

Lo que encontraron no fue un campo de batalla, sino un cementerio de vivos.

Cuerpos reducidos al límite de la existencia.

Barracas llenas de enfermedad y silencio.

Montañas de zapatos, gafas y maletas: la evidencia muda de vidas robadas.

El complejo de Auschwitz fue establecido por la Alemania nazi en la primavera de 1940, en la Polonia ocupada. En poco más de cuatro años, aproximadamente 1,1 millones de personas fueron asesinadas allí: cerca de un millón de judíos, junto con gitanos romaníes, prisioneros polacos, prisioneros soviéticos y otros perseguidos por el odio nazi.

Hombres, mujeres, niños. Familias enteras. Convertidos en números. Luego borrados.

La liberación no trajo solo alegría.

Trajo shock.

Trajo duelo.

Trajo la devastadora certeza de que, para millones, la ayuda llegó demasiado tarde.

Y aun así, entre las ruinas, hubo sobrevivientes —frágiles, marcados, pero vivos. Su existencia se convirtió en una responsabilidad: recordar, testimoniar y advertir sobre hasta dónde puede llegar la deshumanización cuando no se detiene a tiempo.

Cada año, este día no es solo una fecha.

Es un acto de memoria.

Recordamos nombres cuando es posible, rostros cuando los tenemos, historias que no deben desaparecer. Honramos a quienes fueron asesinados y escuchamos a quienes sobrevivieron —no como ecos del pasado, sino como voces que aún exigen humanidad, dignidad y justicia.

Porque Auschwitz no fue un accidente de la historia.

Fue el resultado de decisiones.

De propaganda creída.

De vecinos que miraron hacia otro lado.

De la crueldad convertida en norma.

Recordar no es solo llorar.

Es asumir responsabilidad.

Es oponerse al antisemitismo, al racismo y a toda forma de odio que empieza con palabras… y termina en fosas comunes.

Que las víctimas sean recordadas.

Que los sobrevivientes sean honrados.

Y que el mundo nunca olvide lo que ocurre cuando dejamos de protegernos unos a otros.



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