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lunes, 26 de enero de 2026

 


No todas las opiniones valen lo mismo.

Algunas se construyen sobre datos, derechos y memoria.

Otras sobre miedo, bulos y privilegio.

Ponerlas al mismo nivel no es neutralidad.

Es una trampa.

La democracia no consiste en escuchar cualquier cosa

sin consecuencias.

Consiste en proteger lo común frente a quienes quieren destruirlo.

Llamar “opinión” al racismo,

al machismo,

al negacionismo

o a la mentira organizada

no es pluralismo.

Es blanqueo.

Cuando todo vale, gana el que grita más.

Cuando todo es relativo, la verdad pierde.

Y ahí empieza el camino.

Confundirlo no es ingenuidad.

Es abrirle la puerta al fascismo.


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