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sábado, 25 de abril de 2026

 

La historia del primer republicano exhumado y reconocido genéticamente, a través de su nieto: “A mi abuelo le obligaron a pagar su propio asesinato”

Emilio Silva fue asesinado en Villafranca del Bierzo (León) en 1936 y reconocido en una fosa común en el año 2000: "Hay muchos jóvenes, sobre todo chicos, que fantasean con una dictadura"

Rubén Rozas

25-4-26

ElPlural




Desde el año 2000 se han exhumado más de 17.000 cuerpos de fosas comunes de la Guerra Civil y la dictadura franquista. El reconocimiento de quienes años después se hallan en cunetas es concebido por parte del país como un ejercicio de justicia para los familiares de cada una de estas personas, pero también como un imprescindible para la reconciliación con nuestra Historia, incluso con nosotros mismos.

Sin embargo, cada vez se erigen más voces en un sentido contrario, amparado por los discursos reaccionarios de la derecha y la extrema derecha. Todavía resuenan las faltas de respeto del expresidente Aznar cuando hablaba de “huesos” para referirse a los restos de quienes lucharon por la libertad, así como las de otros dirigentes populares; una hoja de ruta que cobra fuerza con una ultraderecha necesaria para alcanzar gobiernos y que replican también y, posiblemente, sobre todo, los más jóvenes.

"Yo fui apaleado por ser zurdo, y mi padre tuvo que dejar el colegio tras el asesinato de su padre"

Emilio Silva nos atienda a punto de entrar en un colegio para dar una charla. “A veces hay una desinhibición de chicos que fantasean con que una dictadura sea una solución. Yo solo vengo a hablar de la historia de mi familia y la mía propia. Yo nací en el 65 y fui torturado por ser zurdo, apaleado en las escuelas del franquismo para obligarme a escribir con la derecha, y mi padre, a los 9 años, tuvo que dejar el colegio tras el asesinato de su padre para picar carreteras o cuidar rebaños con el objetivo de que su familia pudiera comer”, relata.

Silva, fundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y pionero en la exhumación e identificación de desaparecidos por la represión franquista, presenta Nébeda (Alkibla, 2025), una novela que tiene como eje principal, precisamente, a su abuelo; y a El Bierzo, una de las zonas más represaliadas por el bando sublevado y, después, por Franco.

De Azaña, a un primo del duque de Alba: "Le señaló políticamente"

El padre de su padre, llamado como él, nació en 1892 y emigró a Argentina primero, y a Estados Unidos, después. Hasta que en 1925 regresa a España, donde se queda al conocer a su mujer. Silva nieto cuenta que era “admirador de Manuel Azaña", lo que "le señaló políticamente" en Villafranca del Bierzo, donde dirigió una especie de ultramarinos.

Su perdición, más allá de su conocida simpatía por la República y su militancia en Izquierda Republicana, fue escribir en un periódico local respondiendo a un primo del duque de Alba, algo totalmente inusual en aquellos años y que “causó revuelo”. Con el tiempo contado para el Golpe de Estado de 1936, el del protagonista de la novela también lo estaba.

“Villafranca es ocupada por tropas franquistas. La Falange se hace con el Ayuntamiento y empieza a cobrarle un ‘impuesto semanal’ bajo amenaza para mantener la seguridad de las milicias”, expone. “Básicamente le obligaron a pagar su propio asesinato”, lamenta. Así, el 16 de octubre de ese año lo detienen y se lo llevan de noche a otro pueblo, a 33 kilómetros de distancia. Allí, lo matan junto a otros civiles.

"Exhumaciones ha habido siempre"

El hito que representa su abuelo en término de justicia en el presente es que fue la primera persona que fue reconocida genéticamente tras analizar sus restos. “Exhumaciones ha habido siempre”, nos cuenta el entrevistado. “Incluso en la fosa de mi abuelo, dos días después ya hubo una exhumación de un cuerpo”, añade. Evidentemente, no tenía nada que ver con las de ahora.

“Antes, una familia sabía dónde estabas y, con la descripción de la ropa, en el caso este concreto, los tres chavales obligados a enterrarlos sabían dónde estaban. Se los llevaron de ahí a escondidas en un carro”, relata.

Tras la muerte del dictador, en la década de los 70, “hay muchas”, ya sí con un sentido más democrático, pero todavía “sin identificaciones genéticas ni identificación". “Los familiares iban con un pico y una pala y se llevaban todos los restos a un cementerio”, diferencia.

"Mi padre no me dejaba hablar de ello"

Silva expresa en conversación con este periódico el “miedo” que ha despertado siempre este tema en su familia, un temor que se “transmite generacionalmente”. De hecho, el libro llevaba tiempo gestándose, pero no es hasta los últimos meses que llega a las librerías; mientras que la creación de la asociación coincide con los trabajos de exhumación de su abuelo.

“Al principio mi familia solo quería identificarlo a él para enterrarlo con mi abuela, y yo no pensaba meterme en más ‘líos”, señala, aludiendo a razones personales. “Necesité un tiempo para dar la cara y no sentirme amenazado. Mi padre siempre me había educado para que supiera de mi abuelo, pero me advertía que ni se me ocurriera contar nada fuera de casa”, especifica.

Sin embargo, las ganas de saber siempre le pudieron más: “Cuando iba en verano a El Bierzo, me llamaba la curiosidad. Mi abuela guardaba en el desván una balanza y papeles de las que había sido su tienda. Siempre que preguntaba, mi padre me contaba algo y terminaba asustándome (…) Necesité mi propio proceso para hablar de esto”.

"Esos civiles que estuvieron en una cuneta durante décadas eran padres de la democracia"

En cuanto al escenario actual, Silva apunta: “En 25 años me han acusado de querer ganar una guerra que perdí nos llaman subcampeones y este tipo de cosas. Pero yo hablo de la historia de mi familia, la mía propia y la de este país; vivo en una ciudad que mantiene el Arco de la Victoria que celebra la victoria de Franco y Mussolini, lo cual significa que aplaude el sufrimiento de familiares como la mía”.

“No podemos cambiar el pasado, pero podemos conversar sobre él y transformar su significado”, tiene claro. “Mi abuela hizo su transición a la democracia en la Segunda República cuando votó en 1933 y 1936; lo que hizo tras la muerte de Franco fue recuperar la democracia, no empezar de cero. Debemos acordarnos que esos civiles que estuvieron en una cuneta durante décadas eran padres de la democracia”.


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