La historia no es fe, es evidencia escrita con sangre; no hay dioses en los cielos cuando caen bombas, solo silencio, y quienes hablan de destino divino terminan justificando la destrucción humana.
La guerra no es sagrada: es poder, control y propaganda; ninguna bandera ni religión limpia crímenes contra inocentes, y el dolor no distingue creencias, pero sí deja al descubierto la hipocresía.
Pensar es resistir, cuestionar es romper cadenas invisibles; la humanidad avanza cuando deja de justificar el horror con mitos y empieza a enfrentarlo con razón.
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