¿Qué sabe Mazón para que Feijóo lo siga protegiendo?
El PP activó un plan de contención: Mazón
pasaba a ser diputado raso en las Corts Valencianes, conservando el
aforamiento y sumando nuevos privilegios
Miguel Angel Heredia
Díaz
ElPlural
2-2-26
Catorce meses. Ese es el tiempo que Alberto
Núñez Feijóo ha sostenido a Carlos
Mazón mientras la verdad se deshacía delante de
todos. Catorce meses en los que el líder del Partido
Popular ha respaldado a un president cuestionado por
la gestión de la DANA, mintiendo a los
españoles o, lo que es incluso peor, mintiendo a sabiendas. Y ahora,
cuando ya no era posible aguantar más, Feijóo no ha cortado
amarras: ha diseñado un refugio.
Porque la salida de Mazón de la presidencia de la Generalitat
Valenciana no ha sido una dimisión en sentido
político. Ha sido una retirada protegida. Un
retiro dorado, aforado y remunerado, con sueldo extra y sin apenas
obligaciones. Y ante este escenario, la pregunta deja de ser retórica
para convertirse en una exigencia democrática: ¿qué
sabe Mazón para que Feijóo lo siga protegiendo?
Carlos Mazón dimitió el pasado 3 de noviembre tras meses de
presión social, política y mediática. La gestión de la DANA del
29 de octubre había dejado demasiadas sombras,
demasiadas contradicciones y un cerco judicial cada vez más
estrecho. Pero lejos de asumir responsabilidades hasta el
final, el Partido Popular activó un plan de contención: Mazón
pasaba a ser diputado raso en las Corts Valencianes,
conservando el aforamiento y sumando nuevos privilegios.
Desde entonces, su actividad parlamentaria ha sido prácticamente
inexistente. Tres plenos en dos meses. Llegadas tarde. Ausencias sin
consecuencias. Y una agenda despejada gracias a un
acuerdo entre PP y Vox para retrasar el inicio del
periodo de sesiones hasta este mes de febrero. Menos control, menos
exposición, más tiempo. Todo cuidadosamente calculado.
A ese blindaje se suma un detalle nada menor: Mazón
ha sido nombrado portavoz de la comisión de reglamento de las Corts,
lo que lleva aparejado un complemento salarial de más de 8.000 euros
anuales. El problema es que esa comisión no se reúne
desde 2020. Es, en la práctica, una comisión fantasma. Un
cargo sin trabajo real, pero con retribución. Un premio encubierto.
Además, mantiene los beneficios asociados a la oficina de
expresidentes: despacho, asesores, chófer y seguridad.
Todo ello mientras su presencia pública es mínima y su
responsabilidad política, inexistente. Un modelo de retiro que no
responde a la lógica institucional, sino a la
lógica de la autoprotección.
El elemento central de todo este entramado es el aforamiento.
Mientras Mazón conserve el acta de diputado, la jueza de Catarroja
no puede obligarlo a declarar en la causa que investiga la gestión
de la DANA. Y esa circunstancia no es menor. De hecho, lo explica
casi todo.
El cerco judicial se ha ido estrechando de forma evidente. Han
declarado exconselleras, asesores, personal de confianza. Se ha
producido incluso un careo clave entre la exconsellera
Salomé Pradas - imputada en la causa - y el
exjefe de gabinete de Mazón, hoy asesor suyo. Pradas ha señalado
directamente al expresidente. La magistrada ha citado a declarar a
todo su entorno más próximo. Solo falta él.
La jueza lo ha invitado hasta en tres ocasiones a declarar
voluntariamente. Tres veces ha dicho no. Y
Feijóo lo sabe. Sabe que mientras Mazón siga aforado, la justicia
avanza más despacio. Sabe que cada mes ganado es oxígeno político.
Y, aun así, lo mantiene.
Por eso no es creíble el discurso de que Mazón ya no es un
problema para el Partido Popular. Lo es. Y lo es especialmente para
Feijóo. Porque durante catorce meses, el líder popular no
solo lo sostuvo, sino que construyó un relato falso
sobre su papel durante la tragedia. Mintió sobre los
mensajes, minimizó responsabilidades y cambió de versión cada vez
que los hechos lo desmentían.
Romper ahora con Mazón implicaría asumir que todo
aquello fue una farsa. Implicaría admitir que el Partido
Popular protegió a un dirigente por encima de las víctimas.
Implicaría reconocer que se utilizaron las instituciones como
escudo. Y ese es un coste que Feijóo no quiere pagar.
Hoy comparece en la Comisión de Investigación de la
DANA del Congreso. Y tendrá que dar muchas explicaciones.
No solo sobre lo ocurrido, sino sobre lo que vino después. Sobre por
qué Mazón sigue protegido. Sobre por qué el aforamiento sigue
intacto. Sobre por qué se ha optado por el silencio en lugar de por
la transparencia.
En las Corts Valencianes, Compromís ha intentado que la Cámara
se pronuncie sobre si Mazón debe seguir siendo diputado tras su
gestión de la DANA. También ha propuesto retirarle la consideración
de Molt Honorable. Ambas iniciativas han sido bloqueadas o
dejadas morir. El PP no quiere debates incómodos. Vox, como de
costumbre, facilita la parálisis con su abstención.
Mientras tanto, las asociaciones de víctimas han sido claras: la
permanencia de Mazón impide normalizar las relaciones
institucionales. Han pedido que deje el acta para poder mantener
reuniones formales con la Generalitat. Pero esa foto no interesa. No
interesa a quienes prefieren el silencio a la explicación.
Desde el PSOE lo resumen sin rodeos: la dimisión de Mazón no fue
un acto de responsabilidad, sino un movimiento
defensivo. Un paso al lado para protegerse judicialmente. Y
añaden algo fundamental: si no estaba en condiciones de seguir como
president, tampoco debería aferrarse a un escaño para conservar
privilegios.
Aquí ya no hablamos solo de Mazón. Hablamos de
Feijóo. De su liderazgo. De su concepto del poder. De su
disposición a sostener un escándalo con tal de no asumir costes
políticos. Cada día que Mazón sigue aforado es una decisión
consciente del líder del Partido Popular.
Y por eso la pregunta sigue creciendo, haciéndose más incómoda,
más inevitable: ¿qué sabe Mazón para que Feijóo lo
siga protegiendo?
Porque no hay lealtad que justifique esto. No hay
estrategia que lo explique del todo. No hay excusa
institucional válida. Solo queda una certeza: cuando la política se
convierte en refugio personal y el aforamiento en escudo, la
democracia pierde. Y el silencio, en este caso, dice demasiado.