Buscar este blog

jueves, 29 de enero de 2026

 



La neutralidad de Franco — España jugando a dos bandos sin disparar oficialmente.

Franco no fue neutral.

Fue oportunista.

España no entró oficialmente en la Segunda Guerra Mundial.

Eso es lo que se repite.

La realidad es menos cómoda.

Franco debía su poder a Hitler y Mussolini.

Pero sabía que entrar en la guerra era suicida.

Así que hizo otra cosa.

Jugó a dos bandos.

Mandó la División Azul a morir en el frente ruso.

Vendió wolframio a la Alemania nazi.

Permitió espionaje, logística y tránsito encubierto.

Y al mismo tiempo…

Negoció con los Aliados.

Prometió contención.

Vendió la idea de “neutralidad”.

España no disparó oficialmente.

Pero ayudó cuando convenía.

Calló cuando convenía.

Miró hacia otro lado cuando convenía.

No fue prudencia.

Fue cálculo frío.

Franco no evitó la guerra por principios.

La evitó porque sabía perderla antes de empezarla.

Si ayudas a ambos bandos y no asumes ningún costo…

¿fuiste neutral o simplemente cobarde con uniforme?

RJVL

#historia #segundaguerramundial #franco #mitoshistoricos #poder #error #fblifestyle


 


 




 



En las plantaciones de esclavos de Estados Unidos, para combatir la alta tasa de muerte entre los esclavos negros, los dueños de las plantaciones obligaban a las mujeres negras esclavas a tener hijos desde los 13 años.

A los 20 años, los esclavistas blancos esperaban que las mujeres negras esclavas tuvieran como mínimo 5 hijos, explotaban triplemente a las esclavas en los campos y como incubadoras de esclavos, violándolas también asiduamente.

Como "incentivo", los dueños esclavistas de las plantaciones prometían la libertad de la mujer esclavizada una vez que diera a luz a 15 hijos a los que esclavizar.

📸 : Una esclava negra que apenas sobrepasa los 18 años posa con sus 9 hijos, en una plantación de esclavos del sur de EEUU.

La historia que no te cuentan de la "civilización occidental".

https://x.com/DaniMayakovski/status/2016821448246022429?s=20


 



EL SILENCIO DEL VATICANO

Pío XII y el Holocausto: ¿prudencia o complicidad?

El Vaticano no gritó.

Y el silencio también pesa.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el mundo ardía.

Y Roma observaba.

Pío XII conocía las deportaciones.

Los informes existían.

Los testimonios llegaban.

Judíos expulsados.

Trenes llenos.

Campos funcionando.

Pero no hubo condena pública directa.

No hubo denuncia frontal.

No hubo ruptura visible.

El Vaticano habló en generalidades.

En mensajes ambiguos.

En llamados abstractos a la paz.

Mientras tanto, las deportaciones continuaban…

a pocos kilómetros del Vaticano.

Los defensores hablan de prudencia.

De diplomacia.

De miedo a represalias.

Los críticos hablan de algo más incómodo:

cuando el poder moral calla, el crimen avanza.

No se trata de lo que hizo en secreto.

Se trata de lo que no dijo en público.

El silencio no dispara.

Pero deja disparar.

PREGUNTA INCÓMODA FINAL

Si tu voz podía incomodar al verdugo y elegiste callar,

¿fue neutralidad… o renuncia moral?

RJVL

#historia #holocausto #poder #error #mitoroto #segundaguerramundial #fblifestyle


 

Piña, digno sucesor de García Castellón: las tres actuaciones que le delatan desde principio de año

El juez de la Audiencia Nacional que sustituye a García Castellón ha protagonizado un trío de decisiones polémicas que favorecen el relato de la derecha política y mediática

29-1-26

ElPlural



Antonio Piña entró en la Audiencia Nacional para cubrir la vacante por jubilación de Manuel García Catellón en un juzgado clave para la institución de justicia. Nacido en el municipio pontevedrés de Tui en la década de los sesenta, Piña estudió Derecho en la Universidad de Santiago de Compostela y ocupa actualmente el número 2046 del escalafón judicial de 5.630 jueces y magistrados.

Tal y como ha desvelado en un prolífico seguimiento Los Genoveses, colaborador de ElPlural, desde 2004 ha estado vinculado a la Asociación Profesional de la Magistratura (APM), llegando a formar parte de sus comisiones ejecutivas a nivel nacional. Su nombramiento como vocal del Consejo Rector de la Escuela Gallega de Administración Pública en 2012, a propuesta de Alberto Núñez Feijóo, puso de manifiesto su cercanía con el partido, una trayectoria que lo convierte en un juez de confianza para el PP en órganos judiciales clave.

El 27 de noviembre de 2024, la Comisión Permanente del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) decidió nombrar a Piña como sustituto del magistrado conservador García Castellón, quien ocupaba el Juzgado Central de Instrucción número seis de la Audiencia Nacional.

Tras formarse en la Escuela Judicial, Piña ocupó plazas en Carballino, Lugo y Ourense, donde desarrolló la mayor parte de su carrera. Entre 2005 y 2014 ejerció como juez decano de Ourense, simultaneando funciones de gestión con la presidencia de la Sala de Gobierno del Tribunal Superior de Justicia de Galicia (TSXG). Fue profesor asociado de Derecho Privado en la Universidad de Vigo y, entre 2014 y 2019, presidió la Audiencia Provincial de Ourense, siendo único candidato y respaldado por figuras de peso dentro de la APM.

La elección sorprendió a muchos por tratarse de un magistrado con experiencia territorial limitada y que, según el escalafón judicial, era un candidato de rango medio en la carrera profesional. Sin embargo, su perfil conservador y su activismo dentro de la APM parecen haber pesado más que sus años de servicio en Galicia.

Asimismo, su carrera no ha estado exenta de polémica. En 2015 se le abrió un expediente disciplinario por dictar resoluciones fuera de sus competencias y por ocupar la vocalía de la Escuela Gallega de Administración Pública sin autorización del CGPJ. Aunque en 2016 la Comisión Disciplinaria archivó el expediente por unanimidad, el caso evidenció tensiones entre su ejercicio judicial y sus compromisos externos, una circunstancia que críticos del sector señalan como indicio de su capacidad para navegar entre lo administrativo y lo político.

Zapatero, Cospedal y Puente, sus tres logros

Piña ha sido acusado de actuar con comodidad institucional frente a casos que involucran a altos cargos del PP, como se interpreta en su actuación durante procesos sensibles en Galicia. Su llegada al JCI número seis, en sustitución de García Castellón, lo coloca como nuevo ariete judicial en causas que afectan a gobiernos anteriores, incluido el de José Luis Rodríguez Zapatero, y garantiza la continuidad de una línea conservadora en la instrucción de delitos de corrupción y financieros complejos.

En otro orden de cosas, el actual juez de la Audiencia Nacional ha rechazado la solicitud del PSOE, que ejerce la acusación popular en el caso Kitchen, de citar en calidad de investigada a la que fuera secretaria general del PP María Dolores de Cospedal pese a los nuevos indicios contra ella. Piña adopta esta decisión después de que la Fiscalía Anticorrupción, que dirige Alejandro Luzón, informara en contra de la imputación de Cospedal, su exmarido Ignacio López del Hierro y el Partido Popular, como personas jurídicas.

En su resolución, el instructor carga duramente contra el PSOE. Dice que su escrito “resulta contrario a la verdad en su fundamentación, desconocedor de la buena fe procesal, y lo que es bastante peor, erróneo en los términos en los que se presenta”. En el escrito de los socialistas se describía al juez Piña censurando la respuesta del jefe policial de la investigación cuando, en sede judicial, intentaba explicar el contenido de unos audios cuyo contenido se podía “referir a los hechos” de la pieza 7 o caso Kitchen. Antes de que pudiera extenderse más, el actual titular del Juzgado de Instrucción número seis, Antonio Piña, le interrumpió bruscamente. “¡No, no la pieza número 7 está valorada, enviada y cerrada!”, exclamó el juez, según el escrito que ahora rebate el juez.

Para Piña, el derecho de acción que le corresponde al PSOE en virtud de su actuación como acusación popular no le permite realizar manifestaciones “que exceden del usus foris hasta alcanzar carácter injurioso en referencia a la actuación de este instructor y del Ministerio Fiscal a los que imputa 'la ocultación de pruebas incriminatorias'”. “Esta afirmación aparece desmentida en el propio curso de los autos”, dice el juez.

El informe policial que recogía las evidencias referidas es el Oficio UAI (Unidad de Asuntos Internos) 3334/23 de 27 de octubre de 2023. En su página seis, el inspector jefe al frente de la investigación informa al juzgado de los audios que acompañan a su escrito. “La publicación consta de 18 carpetas, y en ella se incluyen todos los archivos de audio anteriormente subidos a la plataforma WeTransfer, otros que a continuación se enumeran, de los que se adjunta como Anexo 01 los denominados MDCospedal, para su adecuada valoración sobre su posible vinculación con los hechos objeto de investigación (pieza 7) por parte de su autoridad”. Esa valoración que solicita el policía nunca se hizo. 

En uno de los audios, Cospedal reconoce que tenía acceso a los informes de la caja B del Partido Popular antes del juez porque se los suministraba el ministro del Interior en persona. Sin embargo, Piña dice que no hay nada nuevo en esos audios y que ya estaban incorporados a la causa. Para el juez es relevante que se obtuvieran en fuentes abiertas y dice que se ahora se aportan “sin que la audición completa de los mismos aporte nuevos elementos relevantes”.

El magistrado defiende que los tres audios objeto de examen no constituyen elementos nuevos para motivar una instrucción independiente a la denominada Operación Kitchen (el operativo policial puesto en marcha supuestamente con el objetivo de sustraer al tesorero del PP Luis Bárcenas material relacionado con la investigación judicial del caso Gürtel) y solicitar una acumulación posterior a ese procedimiento, que ya se encuentra en la Sala de lo Penal para su enjuiciamiento.

Tras el descarrilamiento ferroviario en Adamuz, el mismo juez ha abierto diligencias tras una querella presentada por la asociación Libertad y Justicia contra el ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, a pesar de que no tiene competencia para ello. Puente es aforado por lo que sólo puede ser investigado y, en su caso, juzgado por el Tribunal Supremo. 




miércoles, 28 de enero de 2026

 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


Esta gran mujer estalló indignada cuando los políticos del PP y VOX reían a carcajadas el NO de sus señorías al ajuste de las pensiones. Lástima que no tenía micrófono y la echaron del hemiciclo a cajas destempladas. Les llamó solamente SINVERGUENZAS porque es más educada que ellos.


 


 


 



EL GRAN BULO DE LAS GALERAS: POR QUÉ BEN-HUR NOS ENGAÑÓ A TODOS 🏛️

Seguro que tienes la imagen grabada: **Charlton Heston** con cara de sufrimiento, un tambor atronador marcando el ritmo y un látigo acariciando las espaldas de unos pobres esclavos encadenados a sus remos. Es cine del bueno, sí, pero como lección de Historia es un **suspenso de manual**.

Hoy vamos a hacerle justicia a la Marina romana, porque la realidad era mucho más fascinante (y menos sádica) de lo que nos contó Hollywood.

1. ¿Esclavos? No, profesionales del remo 💰

En la Antigua Roma, ser remero no era un castigo, era un **empleo**. La inmensa mayoría de los remeros eran hombres libres, ciudadanos de las clases más humildes (*proletarii*) o aliados de la República y el Imperio. Cobraban su salario y, lo más importante, eran profesionales.

Mover una mole de madera con tres o cinco filas de remos en mitad de una tormenta o en pleno combate requería una coordinación de nivel olímpico. ¿De verdad crees que los romanos iban a dejar la maniobrabilidad de sus mejores barcos en manos de gente que solo quería que el capitán muriera entre terribles sufrimientos?

2. La motivación: El arma secreta 🛡️

Imagina que eres un general romano. Estás en medio de una batalla naval contra Cartago o los piratas cilicios. ¿Qué prefieres tener debajo de la cubierta?

Opción A: Mil esclavos encadenados que, en cuanto el barco reciba un impacto, se van a hundir con él sin poder escapar y que, obviamente, no tienen ningún interés en que ganes.

Opción B: Hombres libres que luchan por su paga, por su vida y por su honor, y que si el barco se hunde, pueden saltar al agua e intentar salvarse.

Los romanos eran pragmáticos hasta la médula. No encadenaban a los remeros porque un remero muerto de miedo o resentido es un remero inútil.

3. El mito del tambor 🥁

Ese "pum-pum-pum" incesante del tamborero de Ben-Hur es pura fantasía. En la realidad, el ritmo lo marcaba el **"celeusta"** (el oficial de mando) usando una flauta o su propia voz. ¿Por qué? Porque el sonido de la flauta cortaba el ruido del mar y la madera mucho mejor que un tambor, permitiendo que los remeros sincronizaran sus movimientos como un reloj suizo.

4. ¿Hubo esclavos alguna vez? 🧐

Solo en casos de **extrema necesidad**. Si la situación era desesperada y faltaban hombres, se recurría a comprar esclavos para las galeras... pero con un matiz muy importante: **se les manumitía (liberaba) antes de subirlos al barco**. Roma quería soldados y marinos, no prisioneros. Solo en épocas mucho más tardías (hablamos del siglo XVI y XVII, con las galeras cristianas y otomanas) el remo se convirtió en un castigo penal sistemático.

En resumen...

La próxima vez que veas a Ben-Hur sufriendo en la bodega, disfruta de la película, pero recuerda que el tipo de al lado probablemente estaría allí por un sueldo digno, una ración de vino y la esperanza de jubilarse con una parcelita de tierra.

¿Te ha roto los esquemas o ya sospechabas que Hollywood nos la estaba jugando? Déjame tu opinión en los comentarios, que prometo no usar el látigo. 👇

#HistoriasdelaHistoria #HistoriaCanalla

 


 



Con Franco no éramos racistas.

A leer un poquito a ver si más de uno deja de subir tonterias.

Con Franco no éramos racistas. Éramos pobres, obedientes, blanquitos de muchas noches en blanco de hambre. Los moros venían con bayoneta y chilaba, extraños y exóticos, como salidos de una postal antigua de África para morir por una patria que no era suya. Cuando Franco trajo a España casi cien mil mercenarios marroquíes, los «patriotas» aplaudían con furia y fervor, como quien bendice una cruzada. Venían a matar. Ahora vienen a trabajar. Entonces tenían la bendición del general, de obispos y cardenales y hasta del cura del pueblo. Hoy son los últimos, los más pobres, los que recogen los tomates, los ajos, porque a los españoles nos duelen los riñones, los que trabajan en la construcción y quienes recogen la basura que nosotros no queremos tocar.

Antes se les aplaudía desde los balcones, con el NO-DO repitiendo su desfile como un rezo militar. Matar por España era digno de procesión. Ahora, si vienen a recoger tomates, se les recibe con bates y sospecha, y si uno hace una barbaridad, se considera a todos culpables.

Con Franco no éramos racistas. Solo teníamos un enemigo: el que pensaba diferente a lo que mandaba el enano del Pardo, aunque tuviera los ocho apellidos castellanos, porque si eran catalanes, vascos o valencianos, ya eran aún más sospechosos.

A esos españoles, el cura daba hostias —y no eran simbólicas. Y los guardias, a los disidentes , los apaleaban y no para sacudir el polvo.

Al moro se le reservaba un lugar de honor en las filas, porque su paso marcial era útil para escoltar al caudillo, ese hombre pequeño que firmaba penas de muerte en la sobremesa, con un brazo amputado a la pobre Santa Teresa, sin remordimientos de conciencia.

No venían migrantes entonces. ¿Quién iba a venir? No éramos destino, ni refugio, ni esperanza. Éramos un decorado rígido, olor a misa, incienso y naftalina. Los que salían éramos nosotros, con las maletas de cartón apretadas en trenes grises, a vendimiar y ganar en un mes, lo que en España necesitaríamos cinco, a servir cafés en Suiza, a tragar desprecio en francés o alemán. Luego volvíamos con un Mercedes de segunda mano, presumiendo de patria como quien presume de cicatriz: como en España, en ningún lugar.

Con Franco no éramos racistas. Nadie venía de América o de África a trabajar, porque aquí el trabajo era castigo y el hambre, rutina. Sonaban las canciones de Juanito Valderrama y Dolores Abril en aquel programa de onda corta llamado «España para los españoles», aunque algunos afinábamos el oído para captar las ondas lejanas de «Radio España Independiente», donde cabía la esperanza.

Decíamos que los racistas eran otros: los alemanes, los franceses, los suizos. Nosotros no éramos racistas, éramos tan imbéciles que gritábamos «Spain is different», con la boca llena de orgullo, en inglés de escuela vieja, sin saber muy bien que sí, que éramos diferentes, pero para mal y para vergüenza nuestra. Para ellos, los europeos, África comenzaba en los Pirineos, para nosotros Europa.

Ahora sí lo somos. Racistas sin el valor de confesarlo, con un pero, los más, sin pero, otros.

Nos irrita el acento del que limpia el baño, del que recoge nuestras cerezas, del que sirve la cerveza en la terraza. Nos molesta su necesidad, su urgencia, su existencia, que sean pobres, el espejo viejo, sin azogue, en el que no queremos recordarnos.

Decimos que no somos racistas, pero en Torre Pacheco hubo patrullas con calaveras bordadas y esvásticas en la gorra, y gente que se cree más romana que humana, más aria que vecina. Y hoy, aunque bien alimentados, somos los hijos y nietos de esos emigrantes que se fueron a buscarse la vida al extranjero o en nuestra propia patria.

Hoy se han regularizado 500.000 migrantes: personas que llevan años trabajando a nuestro lado, sin derechos, invisibles, sosteniendo sectores enteros sin reconocimiento alguno. A partir de ahora seguirán trabajando, cotizando a la Seguridad Social, pagando impuestos y formando parte, por fin, de un marco legal digno. Todos los partidos —salvo los de siempre— estaban de acuerdo. Sin embargo, como el racismo y la xenofobia siguen dando réditos electorales, una vez más, el hombre de paja de la reina de la charca, ha decidido sumarse a la campaña de odio, repitiendo el mismo guion de la extrema derecha, y luego dice que no es presidente porque no quiere....

Nos falta memoria, quizá neuronas, o tal vez sea que la Historia se repite o simplemente cambia de piel o de uniforme.


 



Hace 81 años, las puertas de Auschwitz fueron finalmente abiertas por tropas soviéticas.

Y el mundo comenzó a ver —de frente— una magnitud de horror que ningún idioma puede describir por completo.

Lo que encontraron no fue un campo de batalla, sino un cementerio de vivos.

Cuerpos reducidos al límite de la existencia.

Barracas llenas de enfermedad y silencio.

Montañas de zapatos, gafas y maletas: la evidencia muda de vidas robadas.

El complejo de Auschwitz fue establecido por la Alemania nazi en la primavera de 1940, en la Polonia ocupada. En poco más de cuatro años, aproximadamente 1,1 millones de personas fueron asesinadas allí: cerca de un millón de judíos, junto con gitanos romaníes, prisioneros polacos, prisioneros soviéticos y otros perseguidos por el odio nazi.

Hombres, mujeres, niños. Familias enteras. Convertidos en números. Luego borrados.

La liberación no trajo solo alegría.

Trajo shock.

Trajo duelo.

Trajo la devastadora certeza de que, para millones, la ayuda llegó demasiado tarde.

Y aun así, entre las ruinas, hubo sobrevivientes —frágiles, marcados, pero vivos. Su existencia se convirtió en una responsabilidad: recordar, testimoniar y advertir sobre hasta dónde puede llegar la deshumanización cuando no se detiene a tiempo.

Cada año, este día no es solo una fecha.

Es un acto de memoria.

Recordamos nombres cuando es posible, rostros cuando los tenemos, historias que no deben desaparecer. Honramos a quienes fueron asesinados y escuchamos a quienes sobrevivieron —no como ecos del pasado, sino como voces que aún exigen humanidad, dignidad y justicia.

Porque Auschwitz no fue un accidente de la historia.

Fue el resultado de decisiones.

De propaganda creída.

De vecinos que miraron hacia otro lado.

De la crueldad convertida en norma.

Recordar no es solo llorar.

Es asumir responsabilidad.

Es oponerse al antisemitismo, al racismo y a toda forma de odio que empieza con palabras… y termina en fosas comunes.

Que las víctimas sean recordadas.

Que los sobrevivientes sean honrados.

Y que el mundo nunca olvide lo que ocurre cuando dejamos de protegernos unos a otros.